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Alejandro Leopoldo I
Emperador Constitucional de México, y
Archiduque de Austria
Alejandro Leopoldo retrato

El emperador Alejandro en su juventud
Reinado 15 de Septiembre de 1810 - 2 de Marzo de 1852
Coronación 15 de Septiembre de 1810
Nombre real Alejandro Leopoldo Juan José
Otros títulos
Rey de la América Septentrional y Gran Maestre de la Orden de Nuestra Señora de Guadalupe, Nádor de Hungría y Archiduque de Austria
Nacimiento 14 de Agosto de 1772
Florencia, Toscana Flag of the Grand Duchy of Tuscany (1840)
Fallecimiento 2 de Marzo de 1852 (80 años)
Ciudad de México, México Plantilla:Geodatos hs mx
Entierro Panteón imperial, México Plantilla:Geodatos hs mx
Regente Augusta I de México
Sucesor María Francisca de México
Consorte Augusta I de México
Dinastía Casa de Habsburgo-Lorena
Padre Leopoldo II del Sacro Imperio Romano Germánico
Madre María Luisa de España

Grandes Armas de México Habsburgo-Iturbide

Alejandro Leopoldo I de México (Alexander Leopold Johann Joseph en alemán, 14 de Agosto de 1772, Florencia, Toscana - 2 de Marzo de 1852, Ciudad de México, México) fue un militar y noble austríaco, Nádor de Hungría y primer emperador de México. Por nacimiento, ostentó la dignidad de Archiduque de Austria, debido a su filiación con la poderosa Casa de Habsburgo. Era hijo del emperador Leopoldo II del Sacro Imperio Romano Germánico y María Luisa, infanta de España. También fue Gran Maestre de la Orden de Nuestra Señora de Guadalupe.

Comenzó una carrera en el ejército a temprana edad y estuvo al servicio de su hermano, el emperador Francisco I, además de ser nombrado Nádor de Hungría durante el reinado de su padre. Debido a su devoción por la fé católica, fue designado como comandante de la Guardia Papal de Roma en 1798. Acompañó al papa Pío VII en su travesía hacia las Américas, en su huida de la Francia napoleónica que aspiraba conquistar Roma y apresarle junto con ella. Se le ofreció la corona del imperio de forma casi improvisada, al tratarse de un pretendiente perfecto pero que no había sido considerado en un primer lugar, sino a instancias de su protegido el papa Pío. Con su promoción, aceptó convertirse en emperador y fue así coronado el 15 de Septiembre de 1810 en la ciudad de México, recibiendo los tratos de Emperador de México, Rey de la América Septentrional y Gran Maestre de la Orden de Nuestra Señora de Guadalupe.

Primeros años

El Archiduque Alejandro Leopoldo nació en Florencia, Toscana, como el sexto -pero cuarto hijo varón- del gran duque Leopoldo II de Toscana y de la Infanta María Luisa de España. Durante sus estudios, destacó en matemáticas y química. Tenía un buen físico, y su padre lo quería para seguir una carrera militar, con la intención de nombrarlo finalmente presidente de la Hofkriegsrat, el Consejo de Guerra de las Austrias.

Por vía paterna, era nieto de la emperatriz María Teresa I de Austria y del emperador Francisco I del Sacro Imperio Romano Germánico, siendo por lo tanto sobrino de la reina María Antonieta. Por vía materna, era nieto del rey Carlos III de España y de María Amalia de Sajonia.

Carrera militar

Nádor de Hungría

En 1790, su padre, Leopoldo sucedió a su hermano José II, como Leopoldo II, emperador del Sacro Imperio Romano y Rey de Hungría y Bohemia. Hungría había sido gobernada por gobernadores desde 1765, pero el Emperador-Rey quiso restablecer la oficina del Nádor, y permitió elegir a un nuevo cargo público. El archiduque Alejandro Leopoldo fue el elegido, convirtiéndose así en el primer miembro de la Casa de Habsburgo-Lorena en ocupar el puesto. En 1792 murió su padre, y a partir de entonces, Alejandro Leopoldo sirvió a su hermano mayor que lo había sucedido como emperador Francisco I de Austria.

Como Nádor, el archiduque Alejandro llevó inicialmente un gobierno moderado. Sin embargo, cambió de política después de que una conspiración jacobina en 1794 lo dejase profundamente decepcionado. El objetivo del complot era hacer Hungría independiente de la monarquía de los Habsburgo, con Alejandro Leopoldo como su rey. Castigó severamente a los rebeldes y reemplazó a los dignatarios moderados. El mismo año, Tadeusz Kościuszko, con el deseo de asegurar la neutralidad de Austria durante una sublevación contra la Rusia Imperial y el Reino de Prusia, ofreció la corona de Polonia al archiduque. La oferta fue rechazada.

Comandante de la Guardia Papal

El Archiduque, al sufrir problemas de salud, dejó Hungría en 1795 para irse a reposar a Viena. En sus memorias, escritas durante su estancia allí, muestra su visión de un mundo más conservador, sosteniendo que las diferencias entre las clases no debían ser separadas, sobre todo cuando se trataba de la educación. Durante el tiempo que pasó en Viena, preparó un espectáculo de fuegos artificiales para su prima y cuñada María Teresa de las Dos Sicilias, quien iba a pasar el verano en la ciudad. El espectáculo fue un éxito y demostró la habilidad química del príncipe.

Cuando el Archiduque recuperó la salud, buscó entrar en la Hofkriegsrat, como deseó su padre. Sin embargo, el puesto había sido ocupado por el conde Ferdinand Tige, quien estaba presidiendo la campaña austríaca de la Segunda Coalición contra Francia. Por tal razón, su hermano Francisco, en reconocimiento de su palatinado en Hungría, le promocionó ante el Papa dentro de la Guardia Pontificia de Roma, urgida por la invasión napoleónica de Italia, donde alcanzó el rango de coronel en 1799. En 1802 fue designado por Pío VII como el comandante de la Guardia. El joven Archiduque contaba ya con treinta años. Alejandro entonces se propuso restablecer la paz en Roma, excitada por los sentimientos revolucionarios y liberales de la ocupación francesa, que provocara varios levantamientos en el Estado y su entorno. De esta forma aseguró su posición frente al Papa, que lo declaró el San Miguel de las Austrias.

En 1808, frente a la próxima nueva invasión francesa de la Santa Sede, Pío VII fue convencido por los entusiastas argumentos de un trío de frailes españoles de huir de Roma y establecerse en la Nueva España. El coronel Alejandro, comandando una escuadra de guardias suizos, acompañó al papa en su silenciosa fuga de Roma y abordó junto con él una fragata británica fondeada en Ostia, que los transportó a Lisboa, donde un navío de guerra escoltó al pequeño séquito papal hasta el puerto de Veracruz. Inmediatamente después de su tumultuosa recepción en la ciudad de México, el 12 de diciembre de 1808, Pío VII celebró la misa en el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe y proclamó que la Virgen era la Patrona Universal y Emperatriz de las Américas y Reina de México. El propio Papa sentó su residencia en Chapultepec, donde el palacio fue rápidamente ampliado y reformado.

En el tiempo que el coronel Alejandro estuvo al mando de la Guardia, se enamoró de los hermosos paisajes de su nuevo país y de su gente, como expresase en una carta a su hermano, el emperador Francisco:

El valle de México es como un inmenso manto de oro rodeado de enormes montañas matizadas con todos los colores desde el rosa pálido hasta el violeta o el más profundo azul cielo, unas rocosas y quebradas y oscuras como los Cárpatos, las otras, cubiertas de bosques como las verdes montañas Apeninas, y entre todas ellas las más hermosas eran el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl. Oh, hermano, ¡cómo habrá actuado la Providencia para que yo tenga la dicha de ver éstas tierras!

Ofrecimiento de la corona de México

Gracias a la autonomía política que, acrecentada por la invasión napoleónica a la España, el virrey Revillagigedo había establecido desde su reposición por tiempo indefinido en el cargo, habíase tenido tiempo para plantearse la independencia formal y completa de la Nueva España. En 1810, los preparativos para concretar el hecho estaban listos. Tan sólo quedaba pendiente un punto muy importante: no había aún quien fuera el próximo soberano del país. El propio virrey Güemes nunca se había casado y no ambicionaba convertirse en rey. Nombrar, por otro lado, a un criollo cualquiera habría suscitado celos y disensión en el interior de los sectores más influyentes, como la nobleza, el clero y la naciente aristocracia militar, y en ese tiempo ningún Borbón estaba disponible, exceptuando al Archiduque.

Como las primeras discusiones sobre el asunto terminaron sin verdaderas propuestas de opciones viables, pronto el asunto se volvió más desesperado. En esta coyuntura, Pío VII propuso el nombre del coronel, quien, naturalmente, le había acompañado hasta el palacio virreinal. El Papa elogió sus virtudes ante la mirada incrédula del joven Alejandro, tras lo cual todos los presentes comenzaron a aclamarlo.

En un primer momento, el Archiduque rechazó la proposición, alegando que "No podía aceptar un honor como aquél sin merecerlo", y en tal pensamiento se mantuvo, retirándose, previo consentimiento del Papa, del Palacio. Sin embargo, cuatro días después, fue totalmente convencido cuando un animado grupo de ciudadanos se reunió frente a la Catedral de la Asunción para asistir a misa, y le vitoreó tras el sermón, nombrándole Emperador, y Su Alteza Serenísima.

A instancias de Pío VII, quien como obispo de Imola había publicado una famosa carta en la que confirmaba la compatibilidad del catolicismo y la democracia, Revillagigedo convocó a un congreso nacional, conocido como la Asamblea del Anáhuac, formada por delegados de todos los ayuntamientos del virreinato, pero que también incluía a representantes de los capítulos de la catedral y de órdenes religiosas. El resultado fue la aprobación universal de la proclamación de la independencia y la fundación simultánea del Imperio de México, con Alejandro Leopoldo de Austria como su soberano. El 15 de septiembre de 1810, Pío VII ofició en la coronación, colocando la corona en la cabeza de su soldado austriaco, quien adoptó el título de Alejandro Leopoldo I, “Emperador de México, Rey de la América Septentrional y Gran Maestre de la Orden Imperial de Nuestra Señora de Guadalupe”.

Desde temprano sonaron las salvas de veinticuatro cañones, se adornaron balcones y las fachadas de los edificios públicos fueron engalanadas, así como atrios y portales de iglesias. En la catedral se colocaron dos tronos, el principal junto al presbitero y el menor cerca del coro. Poco antes de las nueve de la mañana, los miembros del Congreso y del Ayuntamiento ocuparon sus lugares destinados. Tropas de caballería e infantería hicieron valla al futuro emperador y a su séquito. Otras insignias les fueron impuestas a los recién coronados por los generales y damas de honor. En la ceremonia, el predicador celebró el establecimiento de una monarquía católica que protegería a México de las incursiones de las máximas execrables de Rousseau y Voltaire, y entre otras palabrejas igualmente glorificables, exclamó: Vivat Imperator in gloria aeterna.

Emperador de México

Últimos años y muerte

Matrimonio y descendencia

El emperador realizó un viaje por Alemania entre 1811 y 1812 en búsqueda de una princesa consorte, encontrándola en la princesa Augusta de Prusia y así la invitaba a convertirse en su consorte. La unión se formalizó el 6 de Noviembre de 1813, y dio paso a la descendencia de tres príncipes y tres princesas:

  • María Alejandra (22 de Octubre de 1814 - 13 de Marzo de 1881), la heredera del trono imperial. Se casó con Agustín Jerónimo de Iturbide, hijo del general Agustín de Iturbide.
  • Leopoldo Carlos (2 de Noviembre de 1816 - 2 de Abril de 1867).
  • Fernando (5 de Febrero de 1818 - 1 de Diciembre de 1884).
  • Juan Vicente (23 de Junio de 1824 - 18 de Septiembre de 1898).
  • Alejandra Augusta (13 de Febrero de 1827 - 24 de Mayo de 1901).
  • Victoria (20 de Junio de 1830 - 18 de Octubre de 1888).
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