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El águila bicéfala sobre fondo amarillo es el símbolo del Sacro Imperio Romano Germánico y representa a la rama austriaca de los Habsburgo. De este símbolo viene tanto las denominaciones "imperiales" y "aguiluchos" como el color amarillo usado por los Austracistas, frente al blanco (color dinástico francés) usado por los Borbónicos.

Austracista o Austriacista es la denominación que la historiografía actual da a los partidarios del Archiduque Carlos de Austria como candidato a la Corona de España en el marco de la Guerra de Sucesión Española (1701-1710). Los austracistas recibieron los apelativos de "imperiales", "aguiluchos", "vigatans", "maulets", "archiduquistas", "carolistas" o "carlistas". Sus antagonistas, los borbónicos ("angevinos", "felipistas" o "botiflers"), eran los partidarios de Felipe de Borbón, nieto de Luis XIV de Francia.

Historia

Dentro de España, los austracistas fueron hegemónicos básicamente en los territorios de la Corona de Aragón; mientras que los territorios de la Corona de Castilla y el Reino de Navarra fueron mayoritariamente borbónicos. No obstante, hubo partidarios de ambos candidatos en ambas coronas, confirmando el carácter de la Guerra de Sucesión en España como guerra civil entre españoles por posicionar a su respectivo candidato a la Corona de toda España y de sus posesiones.

El austracismo en la Corona de Castilla

A diferencia de lo que sucedió en la Corona de Aragón donde la causa de Carlos III tuvo un amplio y diverso apoyo social, en la Corona de Castilla en un primer momento el austracismo se dio en una parte de la alta nobleza, del clero, de los funcionarios de tipo medio y de algunos grupos de comerciantes perjudicados por el comercio francés, mientras que fueron escasas las muestras de austracismo entre las clases populares, volcadas en favor de Felipe de Anjou, lo cual se explica tanto a la feroz propaganda borbónica como a la fidelidad dinástica (obedeciendo a la persona designada por su legítimo rey anterior) y la concepción providencialista de la monarquía. El fuerte regalismo implantado en Francia por Luis XIV también fue un factor que atrajo a una parte del clero a la causa austracista.

El líder del austracismo castellano fue en un primer momento Juan Tomás Enríquez de Cabrera, almirante de Castilla, que ya antes de la muerte de Carlos II había encabezado, junto con la reina el "partido alemán" que intentó presionar al rey para que en su testamento nombrara como su sucesor al segundo hijo del emperador Leopoldo I, el archiduque Carlos o Carlos III, y que en cuanto Felipe de Ajou ocupó el trono marchó a Portugal, donde consiguió que su rey abandonara la alianza con los Borbones y se integrara en la Gran Alianza en apoyo de Carlos III. En 1703 publicó un Manifiesto en el que denunciaba que la voluntad del rey fallecido Carlos II había sido violentada cuando redactó su testamento en favor de Felipe de Anjou para satisfacer la ambición de Luis XIV de «conquistar» España y además argumentaba que no se había respetado el testamento de que Felipe de Anjou renunciara a sus derechos sucesorios a la Corona de Francia, para evitar que se pudiera producir la unión dinástica de las dos Monarquías. "Por todo ello colegía que los súbditos podían sentirse libres del «contrato mutuo» del juramento de fidelidad, ya que Felipe V los sometía a la «esclavitud» de una «nación forastera»". En ese sentido, también denunció que "a pesar de las «quiméricas» promesas, el comercio interior y el de las Indias habían sido acaparados por los franceses, del mismo modo que éstos copaban puestos decisivos en el gobierno de la monarquía". Otra acción destacable fue la formación de los primeros regimientos leales a Carlos III, formados mayormente por castellanos y en cuyas banderas podía leerse el lema Pro Lege, Rege et Patria, revelando así que el elemento clave en el ideario del austracismo castellano fue el factor dinástico -la legitimidad de la Casa de Austria frente a la «ilegítima» Casa de Borbón-, unido al sentimiento antifrancés (debe recordarse que Francia fue de los principales enemigos de España a lo largo de dos siglos). A la muerte de Juan Tomás Enríquez de Cabrera, en 1705, Manuel Joaquín Álvarez de Toledo, conde de Oropesa, se convirtió en el nuevo líder de los austracistas castellanos y en uno de los hombres de confianza de Carlos III.

A medida que avanzó la guerra, y sobre todo tras la toma austracista de Madrid , el apoyo a la causa austracista fue creciendo entre las capas burguesas y populares castellanas, tanto por la campaña propagandística austracista para desmentir la borbónica como a la actuación y simpatía que despertaron Carlos III.

El austracismo en la Corona de Aragón.

Los antecedentes del movimiento austracista en la Corona de Aragón tuvieron su origen ya en noviembre del año 1700 tras la muerte de Carlos II, momento en el que se da a conocer su testamento en Madrid, en el cual el fallecido monarca nombraba heredero a Felipe d’Anjou, nieto de Luis XIV. Este hecho provocó, ya en ese mismo momento, un primer cuestionamiento por parte de algunos miembros del Consejo de Aragón, ya que, según las leyes de la Corona de Aragón, el rey no podía nombrar un sucesor sino tenía un hijo legítimo. Este primer problema de carácter interno, fue rápidamente tapado ya que la solución ideal y legal habría sido convocar un segundo Compromiso de Caspe, y por tanto reunir a representantes de todos los reinos de la Corona y elegir al nuevo rey entre todos los candidatos legítimos, lo cual era totalmente inviable para el funcionamiento interno de la Monarquía.

Posteriormente, con la llegada de Felipe de Anjou a la península, y su proclamación como rey, las autoridades de los reinos de la Corona de Aragón tuvieron un segundo desagrado con el cambio dinástico, debido a las primeras medidas del gobierno de Felipe V, ya que, a pesar de la buena disposición de Felipe V a nivel personal, (no por nada, fue el primer rey en convocar las cortes catalanas en más de 60 años), las políticas centralizadoras que estaban llevando a cabo los ministros del rey, muchos de ellos franceses, supusieron, desde una perspectiva legal, una agresión a los derechos forales de los distintos reinos de la Corona de Aragón. Como consecuencia a esto último, empezó a surgir, por parte de las clases políticas de los reinos de la corona, un temor, cada vez mayor, a que las nuevas políticas absolutistas, de corte francés, supusieran a la larga la desaparición de los fueros y privilegios aragoneses, catalanes, valencianos, castellanos, etc…, en pos a una centralización de la monarquía, lo que acabaría también con el sistema polisinodial y autónomo que hasta ahora habían disfrutado bajo el amparo de los Austrias.

Un borbónico, Agustín López de Mendoza, conde de Robres, ya señaló en su obra Historia de las guerras civiles de España publicada durante la guerra que una de las causas de que los estados de la Corona se hubiera pasado a la causa del Archiduque fue que «juzgasen poco seguras sus exenciones bajo el cetro de un monarca criado en una corte sumamente absoluta».

Toda esta situación provocó que los partidarios de replantear el testamento de Carlos II y por tanto de apoyar las pretensiones del archiduque Carlos de Austria, crecieran en todos los estratos de las sociedades catalanas, aragonesas, valencianas etc…, formando de esta manera, ya para el inicio de la Guerra de Sucesión, un bando austracista en auge, bando que alcanzaría su máximo esplendor, con las sublevaciones producidas entre 1704 y 1705, en Aragón, Cataluña y Valencia, y que tuvieron como consecuencia más directa, la llegada del archiduque Carlos a Barcelona a finales de 1705, siendo proclamado como rey de España el 7 de noviembre del mismo año y jurando los fueros.

En conclusión podríamos decir que, al contrario que en Castilla, donde el principal motor ideológico de los austracistas era el factor dinástico, en la Corona de Aragón, los principales motivos que llevaron a grandes sectores a apoyar a Carlos III, fueron principalmente la defensa de las respectivas instituciones y leyes propias de los distintos reinos de la Corona, amenazadas por el absolutismo borbónico, y, en definitiva, la defensa de la gran autonomía, que hasta ese momento dichos territorios tenían dentro de la Monarquía Hispánica, esperando que Carlos III al ser un miembro de la dinastía de los Austrias, continuará con la política de sus predecesores. Otro factor que destacó fue el sentimiento anti-francés mayoritario en toda España en general y sobretodo en la sociedad catalana en particular, la cual veía a los franceses como enemigos tradicionales, en especial después de la ocupación francesa en el contexto de la Guerra Franco-Española (1635-1659), de la humillante Paz de los Pirineos de 1659, y los respectivos ataques de las tropas francesas a territorio del Principado durante las sucesivas guerras entre Francia y España durante la segunda mitad del s.XVII. De hecho, son numerosos los impresos y folletos austracistas que utilizan el sentimiento antifrancés para socavar los apoyos al "felipismo". En uno de ellos se decía que «Francia ni es católica ni protestante ni mahometana, ni de secta alguna hasta ahora conocida, es una nueva hidra universal compuesta de tantas cabezas que se acomoda en todo lo que toca a su interés».

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