Historia Alternativa
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El Consulado de Corregencia Imperial fue un gobierno provisional que ostentó el poder ejecutivo tras la firma de los Pactos de Tacubaya en 1823. El Consulado existió por un año y medio dentro del contexto de las Guerras Republicanas, en especifico durante la Primera Guerra Republicana y la rebelión yucateca de 1825.

A este órgano y periodo de la historia mexicana fue designado así debido a su parecido con el Consulado Romano, periodo de la historia política de la Antigua Roma donde la República era gobernada por dos hombres notables elegidos por el Senado que tenían facultades administrativas, pero ambos cónsules no eran superiores uno del otro.

El Consulado fue considerado como un sistema de "corregencia" debido a que dentro de los Pactos de Tacubaya al ser considerado el Emperador como representante y subordinado de la Constitución, al no existir esta no se puede considerar como el verdadero regente del Imperio.

Poderes y capacidades del Consulado[]

El Consulado Imperial fue un organismo de naturaleza ejecutiva extraordinaria, ya que tenía la facultad de administrar los fondos del Estado y ejecutar las leyes sin la necesidad directa de consultarlo con el Congreso de la Unión. Incluso su carácter de extraordinario le brindaba ciertas facultades como el legislar sin requerir la intervención del Congreso.

Las leyes que decretaran los cónsules solo duraban hasta que el Imperio se reorganizara con la nueva constitución, sin embargo, podían perpetuarse si durante las deliberaciones en la redacción de esta misma se contemplara el añadirlas. Además estas leyes podían ser revocadas si una mayoría en la Cámara de Senadores votaba por derogar la ley.

Las únicas limitaciones del Consulado era la imposibilidad de justificar o declarar guerras sin la previa aprobación del Congreso.

Antecedentes[]

La independencia de México no fue lo suficientemente impactante como otros movimientos independentistas como para quitarse el peso de la incertidumbre política proveniente de los sectores reaccionarios, lastre del pasado colonial del país, y del pujante sector liberal, gente proveniente de la nueva clase media e intelectuales influenciados por la modernidad.

El establecimiento del Imperio Mexicano no vino a mejorar las cosas. El control político del país se veía partido en tres grandes ramas: Iturbidistas, grupo mixto de liberales, reaccionarios y militares, Borbonistas, aristócratas que buscaban un Borbón en el trono, y, finalmente, los Republicanos, liberales radicales influenciados por la vecina república de los Estados Unidos. No solo estas facciones eran las únicas que incitaban a la revuelta, las logías masonicas de los ritos yorkino y escoces eran los que manejaban los hilos de la política mexicana. La incertidumbre provocada por el choque de estos tres no permitía la formación de un gobierno estable, mucho menos cuando el general Agustín de Iturbide fue coronado emperador por el Congreso en 1821.

Ahora conocido como Agustín I de México, el principio de su reinado vino marcado por las fricciones y conspiraciones dentro de su gobierno para destronarlo y proclamar una república. Estas condiciones (más su tendencia al conservadurismo) lo llevaron a establecer políticas absolutistas y represivas en contra de su pueblo y antiguos colegas, como la disolución del Congreso y el encarcelamiento de Guadalupe Victoria y varios otros políticos liberales. La presión que generó vino a llegar a su punto cumbre cuando el ex-general Antonio López de Santa Anna proclamó el Plan de Veracruz en contra de Agustín I y su Imperio con el fin de instaurar una república.

La acción de Santa Anna dio inició a la Primera Guerra Republicana en la cual el Imperio se enfrentó a una rebelión masiva de republicanos y liberales que querían destronarlo. La situación de Agustín era desesperada, el punto era tal que Iturbide estuvo obligado a pactar con los revolucionarios conglomerados en la Junta Revolucionaria para encontrar una solución pacífica al conflicto. Solo unos pocos diputados y militares de la Junta aceptaron reunirse y junto al emperador firmaron los Pactos de Tacubaya que buscaba la re afirmación de la monarquía constitucionalista, la supresión de los poderes políticas de las logias, restableció las libertades suprimidas y, sobre todo, creó el Consulado Imperial para lidiar con la falta de gobierno que asolaba a la nación.

La capitulación y enjuiciamiento de los miembros de la Junta Revolucionaria (a excepción de Santa Anna y Victoria) dio fin a la Primera Guerra Republicana dando el primer periodo de paz y estabilidad que había tenido el país en los últimos 16 años hasta los siguientes intentos de revolución y ejercicios bélicos que caracterizarían a México dentro los últimos 200 años.

Elección de los cónsules[]

El Consulado, como su homologo romano, iba a ser dirigido por dos cónsules electos; uno de ellos por proposición y voto de los miembros de la Junta Revolucionaria que habían acordado negociar con Agustín I y otro elegido por el mismo emperador.

De entre los miembros de la Junta hubo tres candidatos con los siguientes resultados:

  • Valentín Gómez Farías → 10 votos
  • José María Luis Mora → 9 votos
  • Carlos María Bustamante → 6 votos

Tras las elecciones Valentín Gómez Farías fue electo cónsul del imperio de parte de los miembros de la Junta.

Por el otro lado, el segundo cónsul elegido por Agustín I fue Lucas Alamán; si bien en un principio se encontraba en el extranjero fue contactado por el mismo emperador para solicitar su ayuda en el caos interno que imperaba en el naciente imperio.

Participación durante la Primera Guerra Republicana[]

El Consulado se formó el 22 de febrero de 1824 durante la Primera Guerra Republicana por lo que los primeros actos oficiales de los cónsules fueron dirigidos a acabar con la guerra civil que había en el país.

El primero de sus actos fue la proclamación de la Ley de Sedición y Perdón. El documento estaba dirigida hacia los miembros restantes de la Junta Revolucionaria que continuaran con la lucha armada en contra del Imperio; en dicha ley se establecía que todo aquel que siguiera apoyando la causa republicana o siga participando activamente en la guerra para destronar a Agustín I sería acusado de sedición y procesado en una corte extraordinaria para juzgarlos por sus crímenes al Estado; por el otro lado, todo aquel que decidiera rendir sus armas y jurar lealtad a los pactos, a la futura constitución y al emperador sería perdonado de todas sus acciones previas y durante la guerra.

De los 20 miembros de la Junta Revolucionaria que quedaban, solo 5 aceptaron el perdón y pasaron a formar parte de la política del Imperio; los otros 15 fueron procesados con cargos de traición, pero solo 2 fueron ejecutados, José María Tornel y Gabriel Valencia, debido a su cercanía al traidor de Santa Anna; mientras que los otros 13 fueron exiliados debido a la presión de los grupos liberales y republicanos que se encontraban dentro del jurado.

Conflictos civiles posteriores a la I Guerra Republicana[]

Pacificación de las provincias del sur[]

Intento secesionista de la provincia de Yucatán[]

La derrota de la Junta y el exilio de muchos republicanos mexicanos no ocasionó que la llama del sentimiento republicano se apagara. Los dos caudillos republicanos más fuertes, Antonio López de Santa Anna y Guadalupe Victoria, habían logrado escapar del país antes de ser capturados; Santa Anna se estableció en los Estados Unidos y Victoria en la Gran Colombia.

Los dirigentes de ambos países en esa época, John Quincy Adams y Simón Bolívar respectivamente, veían al Imperio como una amenaza y un insultó para el continente por lo que ambos se contactaron a través de sus embajadores para organizar una insurrección que destronara al monarca Iturbide. El resultado de dichas entrevistas fueron los acuerdos de Baltimore, ambos gobiernos quedaban, según lo estipulado en los acuerdos, en financiar dos expediciones realizadas por los antiguos caudillos mexicanos para proclamar dos repúblicas desertores del Imperio en la región del Río Grande y la península de Yucatán.

La expedición realizada por Santa Anna fue un rotundo fracaso. El mal tiempo evitaron que Santa Anna llegara a Santander y la impetuosidad de los conspiradores locales hicieron que el levantamiento fuera aplastado brutalmente por las fuerzas imperiales. Por el otro lado, Victoria desembarcó en Bacalar, dentro de la provincia de Yucatán, en la cual proclamó el Plan de San Felipe, junto al militar Miguel Barragán, con el cual puso de su lado tanto a las guarniciones locales del lado oriental y norte de la provincia como de varios caciques mayas que estaban contra el gobierno imperial. Victoria llegó a Mérida en cuestión de semanas y contando con el apoyo de un gran sector de la élite política y militar de Yucatán, siendo casi todos ellos antiguos sanjuanistas, proclamó la República Libre y Federal de Yucatán el 19 de septiembre de 1825.

La noticia de la llegada de Victoria y la proclamación de la república provocaron una gran crisis dentro del gobierno del Imperio ya que su integridad y eficacia estaban puestas en duda, algo que los dos cónsules no iban permitir. Por un lado, Alamán hizo negociaciones con los británicos para que no reconocieran de ninguna forma a la nueva república y que la apoyara a bloquear la península navalmente; mientras tanto, Farías mandaba a los generales Nicolas Bravo y Joaquín Gutiérrez a pacificar esa "provincia rebelde". Los éxitos de ambos generales en Ciudad del Carmen y la reconquista de Campeche y la negativa del gobierno colombiano de brindar apoyo a la causa independentista llevó a Victoria a la desesperación replegando todas sus tropas cerca de Mérida para la confrontación final. Esta confrontación se dio en la batalla de Umán donde, a pesar de los mejores esfuerzos de los yucatecos, los imperiales tuvieron una decisiva victoria que los dejó tomar de nuevo Mérida sin derramar ni una gota de sangre en la ciudad.

Una vez terminada la guerra, todos los involucrados (esta vez incluidos Victoria y Barragán) fueron procesados y enjuiciados por sus crímenes contra el Imperio, siendo varios de ellos exiliados y con sus bienes embargados por el Estado, mientras que otros fueron sentenciados a muerte.

Política Interna[]

Reforma fiscal y deuda pública[]

La Hacienda mexicana se encontraba en un verdadero caos. El país no contaba con los medios fiscales ni burocráticos para poder recaudar impuestos de su mermada y mal distribuida población; además de que había heredado la deuda pública del Virreinato que ascendía a 32 millones de pesos. También para el año de 1821, el agente mexicano Francisco Borja Migoni llegó a un acuerdo con la firma B.A Goldschmidt, quien se comprometió a prestar a México en un lapso de 15 meses un total de 15 millones de pesos; el préstamo se terminó convirtiendo en otra deuda que inundaría todavía más al ya endeudado Imperio Mexicano.

Del préstamo recibido por la casa británica el 50% fue usado para pagar sueldos de los militares y de funcionarios y un 30% fue a parar en la compra de varios bergantines y otras flotas de pésima calidad para evitar una futura invasión española. Los aspectos militares fueron las principales preocupaciones de los altos mandos destinando casi el 90% del presupuesto nacional en esto.

El cónsul Farías al ver la díficil situación del erario decide destituir a Antonio Medina y hace regresar al lic. Rafael Pérez Maldonado, primer secretario de Hacienda, para que él pueda poner orden al caótico régimen fiscal.

El secretario Maldonado al entrar de nuevo en funciones promueve, gracias el poder extraordinario de los cónsules, una serie de medidas de austeridad y proteccionistas para aumentar los ingresos del Estado. Las medidas que impuso fueron:

  • Elevación de un 25% a los impuestos a lo población en general.
  • Supervivencia del estanco de tabaco.
  • Reorganización de la burocracia fiscal.
  • Recorte de los gastos militares en un 40 - 50% por un plazo de 4 años.
  • Subida del 50% al arancel de importaciones extranjeros.
  • Eliminación del impuesto conocido como la "alcabala".

Las medidas fueron drasticas y mal vistas por los militares y los nobles del país a tal punto que se les llegaron a nombrar como "leyes maldronianas", en alusión al término de medidas draconianas.

La reforma fiscal fue uno de los actos más importantes de Maldonado, tomandole todo el periodo del Consulado y el primer periodo del gobierno constitucional de Lucas Alamán. Su reforma consistió en una ampliación del cuerpo de burocratas fiscales, la conducción del primer censo para poder captar los ingresos de forma justa y eficiente y la creación del Banco Imperial Mexicano.

La cuestión de la deuda con España y la contraída con la casa B.A Goldschmidt fue también un deber que debía cumplir. Para la época ya debía 47 millones de pesos con ambas deudas combinadas por lo que Maldonado debió de llevar a cabo medidas drásticas. La condición en la que se encontraba Hacienda era horrible y la reforma fiscal iba más lenta de lo que se tenía planeado por lo que dividió proporcionalmente la deuda en las 24 provincias que dividían al Imperio en ese momento volviendo a tener que re estructurarse al aplicarse la nueva división territorial prevista por la reciente constitución.

La reforma fiscal y la re estructuración de la deuda hecha por Maldonado fue efectiva y benéfica, a pesar de varios levantamientos e insurrecciones como la de Yucatán, dando como resultado que para el fin de su periodo durante el Consulado la deuda acumulada de 47 millones de pesos se redujera a 40 millones, para su salida como ministro de Hacienda al finalizar el periodo de Alamán la deuda se había reducido a 19 millones de pesos.

Política exterior[]

La situación diplomática del Imperio Mexicano era delicada, ya que las potencias vecinas como EE.UU. y la Gran Colombia no veían nada bien una monarquía en territorio americano y países europeos, como el Reino Unido, que lo veían como un posible protectorado o títere económico o España que al no reconocer los tratados de Córdoba planeaba la reconquista de la Nueva España.

Ante lo crítico que era la situación diplomática el cónsul Alamán decide tomar el control del Ministerio de Relaciones Exteriores. Al no tener una constitución que formalice la situación de los diplomaticos y la relaciones del gobierno con el exterior Alamán dicta la Ley de Trato y Amistades Extranjeras que le permite el nombrar hasta a 5 ministros plenipotenciarios a la vez, pero todos con autonomía limitada al tener que pedir autorización para todo tratado con el mismo cónsul Alamán, pasando por alto al cónsul Farías. Esta ley le permitió manejar las relaciones diplomáticas con el extranjero como le placiera; la estrategia que siguió con cada nación fue la siguiente:

  1. Estados unidos: El primer enviado a EE.UU., Jose Manuel Zozaya, comunicó sus impresiones sobre lo que pensaba el gobierno estadounidense del Imperio; dentro sus cartas estaban las intenciones expansionistas de EE.UU por sobre el territorio de Texas y los demás Estados del norte. El escogido para la difícil misión fue Sebastían Camacho, abogado de profesión, quien fue enviado como ministro plenipotenciario en la Casa Blanca. Estando ahí por un periodo aproximado de 3 meses, Camacho consiguió que se respetara el tratado Adams-Onís que se había ratificado 4 años antes y firmó el Tratado de Amistad y Paz en la cual EE.UU. no intervendría en ningún asunto de la política interior y exterior del Imperio Mexicano si este daba ciertas concesiones comerciales a los comerciantes en los puertos de Veracruz y Mérida.
  2. Gran Colombia: Las relaciones entre ambos países era turbia debido a la fricción de los ideales de Bolívar de una república panamericana y el descubrimiento de la intervención del gobierno grancolombino en la Primera Guerra Republicana; además de que existía cierta disputa por los territorios centroamericanos. El ministro elegido por Alamán fue Manuel de la Peña y Peña, quien ya lo era en ese mismo lugar. Desgraciadamente, su estancia ahí fue de un par de semanas debido a diferencias que hubo entre Peña y el representante del ejecutivo grancolombiano este fue expulsado del país agravando enormemente las tensas relaciones ya existentes entre ambos países.
  3. Reino Unido: Siendo una de las primeras potencias y principal proveedor de manufacturas y prestamista de México, el Reino Unido fue un objetivo primordial para la administración del Consulado. Para desempañar tal importante tarea Alamán escogió al joven Joaquín María del Castillo y Lanzas como ministro pleniponteciario en el Reino Unido. El ministro del Castillo se entrevistó con el también diplomatico Henry George Ward quien, representando los intereses comerciales de los ingleses antes las politicas proteccionistas del Consulado, logró firmar el Tratado de Amistad y Comercio, logrando así del Castillo el reconocimiento de su independencia en ese mismo año y un socio comercial que ayudaría a combatir la influencia norteamericana.
  4. Imperio del Brasil: Brasil como otro naciente imperio en las Américas también sufría un periodo de inflexión debido a su guerra contra las Provincias Unidas del Río de la Plata y la personalidad frívola e irresponsable de su monarca, Pedro I. El encargado de dicha tarea fue el mismo ministro de la Peña quien se traslado de Bogotá a Río de Janeiro para entrevistarse con Pedro de Araújo Lima sobre la relación que llevarían ambos imperios. Al final, y con Pedro I dando su aprobación, se firmó la Alianza Imperial en la que se estipulaba lo siguiente: 1. El príncipe Ángel de Iturbide se casaría con la princesa Francisca de Braganza. 2. El Imperio Mexicano y el Imperio del Brasil formarian una alianza defensiva. 3. Ambos países tendrían concesiones comerciales en sus puertos con los comerciantes de ambos países.
  5. Santa Sede: La cuestión del Patronato fue una de las principales preocupaciones diplomáticas que enfrentaba el Imperio, ya que se debía de tener un reconocimiento oficial de la Santa Sede para poder resolverse. El escogido por Alamán para resolver el problema diplomático fue al sacerdote Francisco Pablo Vázquez quien se entrevistó con el papa León XII en persona. Tras unas largas negociaciones, finalmente, Vázquez logró convencer al papa para que se nombraran obispos en México más allá que el de Puebla; además de consiguiendo el reconocimiento oficial de la Santa Sede de la independencia del Imperio Mexicano.
  6. Austria: El Imperio Austriaco fue uno de los objetivos de Alamán para tener su reconocimiento y un nuevo socio comercial; además de que la creencia de que el emperador era un Habsburgo haría que fuera más susceptible a negociar que los Borbones franceses y españoles. El duque Johannes Rauss (o Juan Raus) fue enviado por Lucas Alamán para negociar en persona con el ministro Klemens von Metternich. Desgraciadamente, von Metternich era un absolutista que daba su total apoyo a España y (por el momento) terminó las relaciones diplomáticas con el Imperio Mexicano.
  7. Prusia: La negativa austriaco hizo que Alamán cambiara de opinión y decidiera iniciar relaciones con el Reino de Prusia. El mismo Raus visitó la corta prusiana de Federico Guillermo III y se entrevistó con el conde de Gneisenau, quien convención al rey prusiano para darle el reconocimiento al naciente Imperio Mexicano e iniciaran relaciones comerciales, sobre todo en el ámbito militar.
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