Historia Alternativa

Mestizaje

Hispanoamérica es un crisol de remanentes de distintas costumbres aborígenes hermanadas con la cultura hispana de facto. La idiosincrasia, el idioma y la sociedad hispanoamericana es definida pues por el mestizaje cultural y étnico, creando la cultura hispanoamericana contemporánea.

Mestizaje[]

Los europeos no llegaron a un desierto. En las tierras americanas había reinos, comunidades constituidas, culturas, religiones. Así lo reconocieron los documentos de los reyes católicos de España. En realidad, la visión más principista y de auténtica preocupación por actuar moralmente pertenecía a Isabel; así lo expresa incluso en su última voluntad. Después de su muerte el rey Fernando no tuvo la misma voluntad. De todas maneras, es sabido que en el terreno americano la acción no fue muy coherente con los principios expresados en los papeles.

...Los españoles se llevaron todo y dejaron todo...

Hubo conflicto, violencia, pero también hubo amor, verdad y entrega heroica:

  • Se llevaron vidas humanas, oro, plata, patatas, maíz, chocolate, azúcar, tomate, tabaco; también nuevas especies de animales, aves y plantas. Lesionaron culturas, ultrajaron lugares de culto, desarticularon sociedades, se apropiaron de tierras y bienes, despreciaron la lengua y el pensamiento.
  • Dejaron vidas propias, su lengua, la fe cristiana, la crítica a los sacrificios humanos, elementos de reflexión sobre los grandes principios, la sistematización de lenguas aborígenes, nuevas costumbres, modelos de organización familiar, social, laboral y comercial, nuevas tecnologías, la escritura, la imprenta y la circulación de libros, estilos arquitectónicos, las viñas, las ovejas, el trigo, la vaca y el caballo, también enfermedades nuevas.

Con lo que dejaron, con lo que quedó, se constituyó un nuevo sujeto. La clave de comprensión de este encuentro radica en el mestizaje. No se trata solamente de individuos, del mestizaje biológico que fue muy grande (posibilitado y favorecido por la secular experiencia ibérica de mestizaje y por las normas de inspiración católica, que obligaban al matrimonio y prohibían el amancebamiento de europeos e indias), sino sobre todo del mestizaje cultural, de la constitución de un nuevo pueblo. Incluso se mestizaron especies de animales, de aves y de plantas.

El mestizaje no significa una simple yuxtaposición, sino que dos realidades humanas y culturales completas en sí mismas se mezclan generando una nueva. Por ello le cabe también la noción de simbiosis, porque se trata de dos sujetos vivos que generan un nuevo modo de vivir.

Las comunidades precolombinas eran regionales, aún los imperios (inca y azteca) no tenían dimensión continental. Tampoco tenían una apertura a las otras etnias; las relaciones eran de distancia, hostilidad o dominio. No es raro que el nombre de una etnia aborigen equivalga a la designación de “hombre”, cerrando la amplitud de este término en la propia comunidad. Tampoco había una única cultura ni un universo simbólico común, ni un sistema cronológico compartido en la extensión del subcontinente.

Ante el otro, ante el español se unieron en un nosotros. Los otros que los europeos resultaron los aborígenes y los mestizos. Ambos ligados a la propia tierra. La misma palabra indígena, que expresa al originario del propio lugar ante los que llegan, se originó en el hecho americano.

La autoconsciencia de identidad no se dio de manera simple, como en los pueblos o naciones que tienen siglos de constitución, de lazos étnicos internos y expresión de un universo simbólico propio. En los hispanoamericanos mestizos fue un acto progresivo, advertido, tensionado, fundacional y heroico. El universo simbólico propio que se generó, en general y con acentos diversos en la extensión del subcontinente, es el barroco americano.

Lo que dejaron los europeos constituyó un factor determinante en la gestación de algo nuevo: un pueblo nuevo, incorporado a la ecúmene como un nosotros propio (complejo y tensionado en su interior), pero con una unidad subyacente de base cultural y religiosa, en búsqueda de su unidad política organizada e independiente.

El desarrollo de la conquista y evangelización es contemporáneo a la construcción de la Basílica de San Pedro y la Iglesia del Gesú de Roma, también de la excomunión de Lutero y del Concilio de Trento, del auge de las universidades de Salamanca y de Paris, de la consolidación de la unidad española luego de la expulsión de los moros y del Imperio Español que incluía los Países Bajos y parte de Alemania donde despuntaba la nueva ciencia.

La Europa que primero llegó a América era la que vivía una modernidad barroca, de mayor continuidad con la tradición antigua y medieval, no la de la ruptura.

Esa Europa aportó su matriz y su iniciativa fecundante, no las únicas, sino en encuentro, conflictivo y amoroso al mismo tiempo, con la matriz y la fuerza fecundante aborigen en la gestación de lo nuevo.

Como dice Bolívar en su carta de Jamaica (1815), la situación de los componentes del pueblo americano era difícil, digamos muy singular. Ya no eran aborígenes, tampoco españoles. Ya eran "otros", singulares y excéntricos.

La tierra, las costumbres, el mestizaje, las condiciones de vida, los acontecimientos y la distancia respecto a España, generaron una nueva realidad con un nuevo sujeto histórico. La diversidad de imagen de hombre generó una diversidad de pueblo.

Ciertamente el mestizaje no fue ni es una realidad uniforme ni homogénea. Se da de distintos modos y en diversas combinaciones. El más presente es el cultural y el religioso. Aún en los sectores poblacionales que no tuvieron mestizaje biológico.

Si no se entiende el papel del mestizaje, si no se descubre esa mediación transversal, biológico-cultural-religioso-política, no se lee adecuadamente la realidad hispanoamericana tal como se inserta en cuanto sujeto mundial.

La radical diferencia cultural entre un francés y un alemán o un italiano (con toda la Unión Europea de por medio) no se da entre los hispanoamericanos, pese a distintos regionalismos. La base étnica aborigen de América al momento de la llegada de los españoles, si bien tenía rasgos comunes, poseía importantes diferencias regionales, que han marcado el mestizaje. Por otra parte, no existía en la extensión del continente una autoconciencia ni una unidad sociopolítica. Existían diversas unidades regionales: el sentido de Nación continental se originó con la llegada del Imperio Español; solamente en el mestizaje se constituyó el nuevo sujeto histórico continental que llamamos Hispanoamérica.

El sustrato común lo ha dado lo hispánico, en su mestizaje con el sustrato en parte común y en parte diverso de lo aborigen, por ello las características regionales provienen de lo aborigen y otros aportes: africanos, en algunas zonas, y también europeos, en otras (particularmente en Sudamérica). También hay diferencias surgidas por los distintos desarrollos históricos, aunque también aquí hay coincidencias fundamentales.

Por debajo del mosaico de estados federados hay un sustrato común; por ello no son sociedades concluidas en sí mismas, sino que conforman una sola gran nación. Ese sustrato es lo hispánico mestizado con lo indígena. No hay un fondo amerindio común; lo común es lo hispánico. Lo indígena le pone características regionales, a las que se suman otros aportes y el mismo curso histórico, para dar las diferencias regionales.

Por lo que queda asumido de la matriz europea, el nuevo sujeto surge como un "otro occidente".

Por lo que viene de lejanas migraciones originarias, tiene también algo de común con algún oriente de raíces asiáticas. En algunas regiones también se incorporaron, biológica y culturalmente, forzadas migraciones africanas.

Pero el sujeto cultural hispanoamericano se constituye por el mestizaje hispano-aborigen-africano o hispano-africano. Algunos autores detallan dieciséis formas de mestizaje. En la cúspide de la pirámide social se encontraban los españoles puros, nacidos en la metrópolis. Los aportes posteriores produjeron modificaciones más o menos fuertes, pero en un sujeto ya constituido. A propósito de este punto es oportuno indicar dos elementos fundamentales:

  • En primer lugar, que el mestizaje no es solamente biológico, sino fundamentalmente cultural: aunque haya troncos familiares sin mezcla de sangre, la cultura común es simbiótica, no es ya ni la aborigen (de lejana procedencia asiática) ni la africana ni la europea.
  • En segundo lugar, que la vivencia del sujeto histórico cultural hispanoamericano es el crisol que culminó con los Estados Unidos de Hispanoamérica. Es autoconciente, porque incluso si Hispanoamérica nunca hubiera sido concebida como nación, las naciones resultantes aún heredarián la cultura e idiosincrasia hispanoamericana que las mantendría hermanadas entre sí.