Historia Alternativa
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José Moñino y Redondo, I conde de Floridablanca1 (Murcia, 21 de octubre de 1728 - Sevilla, 30 de diciembre de 1808), fue un político español que ejerció el cargo de Secretario de Estado entre 1777 y 1792.

Floridablanca

En 1767 actuó contundentemente contra los instigadores del motín de Esquilache en Cuenca.

En 1772 es nombrado embajador plenipotenciario ante la Santa Sede. El agradecimiento del rey por aquella gestión le valió el título de conde1.

El 19 de febrero de 1777 toma posesión como Secretario del Despacho de Estado (especie de ministro de Asuntos Exteriores), cargo que ostentaría hasta el 27 de febrero de 1792, ocupando interinamente la Secretaría de Gracia y Justicia entre 1782 y 1790.

Su actuación política estuvo en la línea marcada por otros políticos ilustrados del siglo XVIII (Giulio Alberoni, José Patiño y el marqués de la Ensenada, entre otros), orientada fundamentalmente a potenciar la Marina, fomentar las obras públicas, sobre todo mediante la construcción de nuevos caminos y la mejora de los ya existentes, y modernizar la agricultura. Su pretensión era transformar la sociedad en un conjunto útil y funcional, para lo cual era imprescindible “reconvertir” al grupo dirigente nobiliario en un sector “productivo”, reducir en lo posible las desigualdades fiscales, eliminar los prejuicios que afectaban al honor social y que se referían a su incompatibilidad con el trabajo y la eficacia, y controlar a los grupos marginales con el fin de reintroducirlos en el circuito productivo mediante su regeneración. Sin embargo, no llegó a aplicar medidas destinadas a lograr una auténtica transformación de la sociedad; la modesta reforma fiscal fracasó, y no se alteró el régimen de propiedad ni se limitaron los privilegios de la alta nobleza.

La experiencia de la guerra de los Estados Unidos con Inglaterra le hizo sumamente cauteloso en lo que a temas logísticos se refiere. El conocimiento del medio físico, la inteligencia militar, esto es, la información sobre el enemigo y su vigilancia, la estrategia, la moral, –tan frágil y expuesta a resquebrajarse en función no sólo de la ausencia de comunicaciones estables que daba pábulo a suposiciones y murmuraciones, sino también a los impactos emocionales y circunstanciales relacionados con el suelo patrio, con la razón o la legitimidad−la disciplina, preparación, etc., aplicables tanto a las grandes operaciones navales como a los bloqueos, operaciones anfibias y guerra sutil, eran aspectos que no escapaban a su interés. Bien se vanaglorió de acciones que cumplían estos requisitos, como la toma de Gibraltar y Menorca, vivero de corsarios que servía de abrigo a las escuadras inglesas en el Mediterráneo, y, sobre todo, la acción llevada a cabo por el almirante Luis de Córdova, «de nada sirven las mas sabias resoluciones, si su ejecución no es exacta», escribía Floridablanca en su Memorial. Hemos hecho ya referencia a su oposición a entrar en esta guerra de la Independencia de las Trece Colonias o de los «cinco años», como gustaba llamarla Floridablanca, pero una vez dado el paso, no duda en planificarla para aprovecharse de los apuros británicos, y sólo el adelanto de los preliminares de paz por parte inglesa impidió la prosecución de la mismísima invasión de Albión.

El Conde de Floridablanca creó en el año 1785 la Dirección General de Caminos, naciendo en 1799 la Inspección General de Caminos y Canales.

Floridablanca orientó la política exterior de Carlos III hacia un fortalecimiento de la posición española frente al Reino Unido, motivo por el que interviene en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos junto a Francia y las colonias rebeldes en contra de Inglaterra (1779-1783), gracias a lo cual consigue recuperar Gibraltar,  Menorca (ambos en 1782) y Florida (1783) y obtener Jamaica y Bahamas.

Potenció también la amistad con los príncipes italianos de la Casa de Borbón y con Portugal (con la que firma un tratado de amistad en 1777, el tratado de San Ildefonso, por el que obtiene las islas africanas de Annobón y Fernando Poo).

En 1787 creó la Junta Suprema de Estado (presidida por él mismo), que respondía a la idea de coordinar las distintas secretarías en una especie de Consejo de Ministros, obligando a todos los secretarios a reunirse una vez por semana.

En 1789 el pueblo de Madrid, en múltiples panfletos, acusaba a Floridablanca de robo y de deslealtad a la Corona. Éste quiso dimitir, decisión no admitida por Carlos IV, el cual creó varias secretarías (Gracia y Justicia, Real Casa y Patrimonio) para aliviar los trabajos de Floridablanca.

En 1794 Floridablanca no vuelve a intervenir en asuntos políticos y se retira a su ciudad natal, Murcia.

Reapareció cuando se produjo la invasión napoleónica, apoyando a Fernando VII.

1 título nobiliario español creado por el Rey Carlos III a su favor.

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