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Gran Guerra Sudamericana
Desembarco
Desembarco chileno en Pisco.</br>
BatallaArica
Batalla Naval de Arica
Fecha 5 de mayo de 1914 - 8 de junio de 1918.
Lugar América del Sur
Causas Invasión boliviano-argentina de la Puna de Atacama y del Chaco.
Invasión peruana al Departamento de Tacna
Ataque argentino sobre Punta Arenas.
Resultado Victoria de la Alianza de Chile, Brasil, Paraguay, Ecuador y Panamá. Tratado de Paz de Montevideo
Consecuencias Paso definitivo de Tacna, el Tarata y Arica, una salida al Lago Titicaca y mayores territorios patagónicos a Chile, pasando Río Gallegos a su territorio; el Acre pasa de Perú y Bolivia a Brasil, territorios amazónicos pasan a Ecuador, el Chaco Boreal pasa a Paraguay y Panamá gana un pequeño territorio al sur del Darién. Firma de acuerdos entre Chile y Argentina e inicio de una relación de alianza entre ambos países. Secesión de Bolivia de la República Oriental de Santa Cruz. Antecedente de la Guerra Colombo-Venezolana de 1948.
Beligerantes
Alianza Oceánica

Chile Flag of Chile
Brasil Plantilla:Geodatos Brasil (1889-1960)
Paraguay Flag of Paraguay
Ecuador Bandera Ecuador
Panamá Plantilla:Geodatos Panama
Apoyo internacional
Reino Unido Flag of the United Kingdom
México Flag of Mexico

Estados Unidos Bandera Estados Unidos
Coalición Andina

ArgentinaBandera Argentina
Perú Bandera Perú
BoliviaFlag of Bolivia
Colombia Flag of Colombia
Venezuela Flag of Venezuela
Apoyo internacional
Francia Flag of France
Alemania Flag of Germany
Italia Flag of Italy

Países Centroamericanos Flag of Costa Rica Flag of Honduras Flag of El Salvador Flag of Guatemala
Figuras políticas
José Manuel BalmacedaFlag of Chile
Arturo Alessandri PalmaFlag of Chile
Venceslau BrásPlantilla:Geodatos Brasil (1889-1960)
Eduardo SchaererFlag of Paraguay
Leónidas PlazaBandera Ecuador
Belisario Porras Plantilla:Geodatos Panama
Victorino de la Plaza Bandera Argentina

Hipólito Yrigoyen Bandera Argentina
Óscar Benavides Bandera Perú
Ismael Montes Flag of Bolivia
José Concha Flag of Colombia

Victorino Márquez Flag of Venezuela
Comandantes
José Miguel Varela Flag of Chile

Emilio Körner Flag of Chile
Jorge MonttFlag of Chile
Luis Goñi Flag of Chile
Tertuliano PotiguaraPlantilla:Geodatos Brasil (1889-1960)
Hermes RodriguesPlantilla:Geodatos Brasil (1889-1960)
Alexandrino de Alençar Plantilla:Geodatos Brasil (1889-1960)
Carlos Concha Bandera Ecuador

Manuel Quintero Plantilla:Geodatos Panama
José Uriburu Bandera Argentina

Lorenzo Vintter Bandera Argentina
Julián Irízar Bandera Argentina
Andrés Cáceres Bandera Perú
Melitón Carvajal Bandera Perú
José M. Pando Flag of Bolivia
Ismael Montes Flag of Bolivia
Ramón González Flag of Colombia
Rafael Reyes Flag of Colombia
Juan Gómez Flag of Venezuela

Cipriano CastroFlag of Venezuela
Unidades militares
604.000 soldados.

150 buques de guerra 6 submarinos

25 aviones.
610.000 soldados.

143 buques de guerra 5 submarinos

27 aviones.
Bajas
340.000 militares. 50.000 civiles. 460.000 militares. 100.000 civiles.
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La Gran Guerra Sudamericana (también llamada solamente Gran Guerra en Latinoamérica, Guerra Latina, Segunda Guerra del Pacífico, o Guerra de los Andes, entre otros) fue un gran conflicto bélico desatado en 1914 y hasta 1918, que enfrentó a por un lado a la Coalición Andina de Perú, Bolivia, Argentina, Venezuela y Colombia, contra la Alianza Oceánica de Chile, Brasil, Ecuador, Paraguay y Panamá. Sólo Uruguay (país donde se firmó la paz definitiva por el Tratado de Montevideo) las demás repúblicas de Centroamérica (aunque algunos países de allí apoyaron secretamente a la Coalición), el Caribe y México (que apoyó discretamente a la Alianza), se mantuvieron neutrales en la región, aunque con diversos grados de apoyo a los poderes involucrados. Argentina sin embargo desde 1916, se retiraría del conflicto y buscaría la paz especialmente con Chile, negociando los Acuerdos de Paz de Montevideo, lo cual ayudaría a la victoria final de la Alianza Atlántico Pacífica. Surge una guerra civil en Bolivia paralela al conflicto, que se saldaría con la Declaración de Independencia de la República Oriental de Santa Cruz.

Ha sido el conflicto más sangriento de la historia de Latinoamérica con cerca de 1.000.000 de muertes entre militares y civiles, cambiando la conformación territorial de la región para siempre y teniendo grandes consecuencias demográficas, políticas, sociales y económicas, además de multimillonarias pérdidas materiales. Las potencias mundiales enfrascadas al mismo tiempo en la Primera Guerra Mundial, no pudieron (y no quisieron) mediar en la pugna, aunque varias tomaron partido por alguno de los bandos, como EEUU y Reino Unido por la Alianza y Francia, Italia y Alemania por la Coalición.

Antecedentes lejanos

Entre mediados y fines del siglo XIX, se desarrollaron varios conflictos entre las nuevas repúblicas de Latinoamérica. La Gran Guerra de 1914 no se entiende sin primero, destacar varios conflictos previos que le sirvieron de sustento.

Guerra de la Triple Alianza

Esta guerra ocurrida durante 1864 y 1870, enfrentó a Brasil, Argentina y Uruguay contra el Paraguay, que resistió por varios años hasta ser derrotado con un enorme desastre demográfico que incluyó la pérdida de casi el 75% de su población masculina.

El Paraguay perdió territorios ante Brasil y Argentina; una revisión de esas cesiones estuvo latente en el ánimo paraguayo, lo cual le enemistó particularmente con Argentina cuando ésta incursionó y ocupó Corrientes, Misiones y conquistó en los años siguientes el Chaco. Las acciones militares argentinas causaron resquemor con los argentinos, debido a la cercanía a la frontera.

Guerra del Pacífico

La guerra que enfrentó a Chile con la Alianza de Perú y Bolivia (1879-1884) dejó como saldo una victoria chilena y el traspaso territorial de Antofagasta, Tarapacá, Arica y Tacna a Chile, además del litigio sobre la Puna de Atacama. El Tratado de Ancón de 1883 establecía la realización de un plebiscito, lo cual no se llevó a cabo y derivó en sendas crisis diplomáticas por los pasos a seguir; las posiciones eran irreconciliables, y la unidad política que se formó tras la victoria balmacedista en la Guerra Civil de 1891 tuvo consenso en llevar a cabo una política diplomática mucho más agresiva y con mayor uso de la fuerza militar como elemento disuasivo.

Chilenización de Tacna, Arica y Tarapacá.

La Crisis Diplomática de 1911 es un antecedente directo de la Gran Guerra, evento que detonó la expulsión del clero peruano de Tacna, Arica y el avasallador proceso de Chilenización de Tacna y Arica.

Este proceso se dio de forma muy fuerte desde el mismo fin de la guerra y más después de 1891, cuando además del gran programa de modernización de Tacna y Arica se sumó el decreto de expulsión de varios peruanos opositores a la chilenización de las zonas involucradas. Se sabe incluso que el gobierno de Ramón Barros Luco comenzó a apoyar subrepticiamente la acción de las Ligas Patrióticas, desde principios de 1905. Esto llevó a la Masacre de la Catedral de Tacna, trágico evento un mes antes del estallido de la Guerra cuando el 5 de abril (aniversario Batalla de Maipú) un piquete del regimiento Esmeralda disparó a una muchedumbre de manifestantes peruanos, matando a 20 e hiriendo a 13.

Ocupación de la Puna de Atacama.

Entre febrero y abril de 1898, ante la nula resolución del Litigio de la Puna de Atacama, el gobierno de Julio Bañados envió a 2000 soldados apoyados por artillería a tomar posesión de la Puna. Esto llevó a varios enfrentamientos menores con fuerzas bolivianas y argentinas, además de milicias locales. En conjunto, a fundaron fuertes fronterizos y se elaboraron planes de desarrollo para los poblados ocupados de la Puna, como Santa Rosa de Pastos Grandes y Antofagasta de la Sierra (hoy Santiago de Los Andes) crisis diplomática llevó al Tratado de 1899, pero el rencor quedó presente en los dos países.

Acuerdos de Navidad de 1896

Artículo principal: Acuerdos de Navidad de 1896
Los acuerdos que sucedieron a la Crisis del Baltimore de 1896 dieron pie a un nuevo entendimiento con Estados Unidos tras una cuasi-guerra. Grover Cleveland y Julio Bañados celebraron acuerdos que limitaban las respectivas esferas de influencia, y daban beneficios a Chile sobre el Canal de Panamá. Esto no fue bien visto por los países sudamericanos, que veían con preocupación el expansionismo chileno tras la Guerra del Pacífico, en particular por Colombia (era su territorio por entonces) y Venezuela, país casi limítrofe con el Istmo. En cambio los independentistas panameños lo vieron como señal de amistad y protección por parte de Chile, lo que determinó la participación del país en la Alianza.

Pactos de Junio de 1904

Rafael Orrego González

Rafael Orrego, canciller chileno que negoció y firmó los Pactos a bordo del O'higgins.

Los Pactos de Junio fueron una serie de acuerdos ratificados y firmados por Chile, Bolivia, Argentina y Perú en la ciudad de La Serena, a bordo del acorazado chileno ARCH O'higgins. Se consiguió la paz definitiva con Bolivia, la fijación de límites con Argentina y la fijación de condiciones para un plebiscito sobre Tacna y Arica con el Perú. Sin embargo, la manifiesta desigualdad de fuerzas que Chile aprovechó para imponer sus intereses y la actitud pasada chilena en cuanto a los territorios en disputa, causaron que los Pactos fuesen vistos como "desiguales" e injustos, provocando su desahucio antes de la Guerra.

Antecedentes directos y estallido del conflicto

Crisis diplomática con Perú

La crisis diplomática de 1911 con Perú provocada por la expulsión del clero peruano de la zona de Tacna y Arica fue uno de los antecedentes inmediatos de la Guerra. Tras la crisis, se sucedieron varios actos de violencia especialmente en Tacna, donde ocurrieron tres eventos clave: la "Noche de las Cruces" donde las Ligas Patrióticas se coordinaron la noche del 23 de octubre de 1912 para salir a marcar las casas de residentes peruanos, provocando la migración hacia Perú de miles de ellos; la protesta o "batalla campal" del Paseo Cívico el 3 de enero de 1913 donde Ligas Patrióticas se enfrentaron a golpes, palos y cuchillo contra una muchedumbre peruana que protestaba en la plaza; y finalmente la Masacre de la Catedral, donde en medio de una protesta por la obligación de celebrar el 5 de abril a los peruanos residentes, el regimiento Esmeralda 7º de Línea abrió fuego contra los manifestantes causando 20 muertos y 13 heridos. Perú se puso en pie de guerra y aprovechando las adquisiciones militares que había hecho desde los Pactos de Junio en 1904, el 1 de enero de 1914 da un "Ultimátum de Año Nuevo" conminando a Chile a desalojar Tacna y Arica en el plazo de 3 meses.

Alianza Defensiva Andina

Perú y Bolivia

Perú no estaba solo: había llamado a otros países disconformes con los términos que Chile imponía al resto de Sudamérica, en especial la ocupación de la Puna, los Pactos de Junio y los Acuerdos de Navidad con EE.UU. Así, el gobierno peruano entró en negociaciones primero con Bolivia, que aún resentía la pérdida del litoral; suscribe un Tratado Defensivo el 10 de octubre de 1913, con el fin de aliarse nuevamente y volver a disputar los territorios a Chile. Pero no sería como la última vez: desde allí, ambos gobiernos se unen y buscan la alianza con la Argentina, cuyo poder económico y militar creciente sería determinante para una nueva Alianza contra Chile y para imponer sus propios términos. Pero la Argentina se mantendría como espectador "expectante" ante el ultimátum, aunque prometió ayuda material en caso de ataque. Así Perú y Bolivia participaron del ultimátum a Chile, el cual fue acogido con preocupación por el gobierno de José Manuel Balmaceda. A la vez, convocaron a Colombia y Venezuela.

Posición de Argentina

Argentina se hallaba en medio de un gran proyecto de rearme desde la humillación en la Ocupación de la Puna en 1899. Había adquirido varios blindados, cruceros y acorazados, además de transportes; también había modernizado al Ejército y había adquirido las primeras aeronaves para conformar una incipiente Fuerza Aérea dependiente del Ejército y la Armada, aunque aún no llegaba a los progresos que habían hecho los pioneros de la aviación en Chile, aprovechando la gran bonanza económica del país. Los argentinos se sumaron con interés al problema Tacna-Arica, intentando mediar y ofreciendo secretamente, medios al Perú. Este país aceptó, y entró en negociaciones durante la segunda mitad de 1913 con Perú y Bolivia. Pero sería recién en febrero de 1914 cuando Argentina formalmente presionaría a Chile por el asunto y el ultimátum Tacna-Arica, declarando los Pactos de Junio insanablemente nulos el 2 de marzo, reclamando sus derechos sobre la Puna de Atacama y sobre Tierra del Fuego y Magallanes. Se suma al ultimátum que vence el 1 de abril y mueve tropas hacia los puntos en conflicto; el 15 de abril se suma oficialmente por aprobación del Congreso a la Alianza Defensiva Andina.

Estallido de la Guerra

El 1 de abril, vence el ultimátum peruano-boliviano, y ambos bandos mueven tropas hacia el río Sama. El Gobierno chileno refuerza la frontera y envía a los acorazados Pinto, O'higgins y Errázuriz a la primera línea defensiva, mientras que moviliza al crucero Esmeralda y el blindado Blanco Encalada hacia Magallanes, debido a la amenaza argentina. Mueve hombres a Tacna, Arica y por el sur a defender los pasos cercanos a Puerto Montt y la Patagonia. Se minaron varios de los pasos fronterizos por el norte y el sur, mientras se fortificó completamente Tacna, el puerto de Arica y Punta Arenas por el sur. Por primera vez, Chile enfrentaba una guerra prevista y con preparación.

Brasil observó con atención el proceso. El gobierno brasileño (encabezado por Venceslau Brás) no veía con buenos ojos la carrera armamentista de Argentina, y desde hacía unos años también se había estado armando para mantener el equilibrio. Chile al ser un país con influencia en el Pacífico, no tenía un interés contrario al Brasil y además siempre había tenido una buena relación con ese país, desde los tiempos de la Guerra del Pacífico. Desplegó preventivamente a su Marina de Guerra, previendo el estallido de un conflicto. Colombia y Venezuela por su parte, iniciaron secretamente aprestos bélicos: la influencia de Chile en el canal de Panamá, sus continuas intervenciones en la región y su actitud durante la Guerra del Pacífico habían causado la animadversión de esos países, por lo que entraron en negociaciones con el Perú, Bolivia y Argentina. Ecuador como aliado histórico de Chile y enemigo del Perú, advirtió a través de su cancillería a Chile del peligro, y ofreció sus propios medios viendo la oportunidad de reivindicarse desde la Guerra Peruano-Ecuatoriana de 1858. El terreno estaba cada vez más caliente. Oficialmente, la Alianza Andina cambió su nombre a "Coalición Andina".

Finalmente, ocurrió lo que toda la región temía. Perú, Bolivia y Argentina coordinaron la "Operación Tormenta" que consistía en una rápida invasión sobre el norte, sur y zona central chilenas: El Perú y Bolivia atacarían las provincias de Tacna y Arica y mandarían a la Marina peruana a bombardear Arica, a la vez que una tropa boliviano-argentina lanzaría un ataque sorpresa sobre las guarniciones chilenas de la Puna de Atacama. Más al sur, Argentina usando su gran poder bélico, atacaría simultáneamente Punta Arenas, la zona de Aysén, mandaría a la Escuadra por Magallanes y luego de romper la resistencia de la Armada chilena bloquearía y atacaría los puertos de la costa chilena, mientras el grueso de la fuerza argentina atacaba el valle central de Chile y lo cortaba a la mitad; las tropas de la Alianza Perú-Boliviana bajarían desde el Norte y por un asalto final a Valparaíso, desembarcarían y eventualmente ocuparían Santiago de Chile. Todo se haría más rápido si Colombia y Venezuela se unían a la Coalición. Las negociaciones diplomáticas para suspender el ultimátum

El ataque no se hizo esperar: el día designado, la madrugada del 5 de mayo de 1914, se desató el enfrentamiento. El Ejército del Perú unido a milicias de la "Resistencia Tacneña" y una división del Ejército Boliviano recién formada, cruzaron la línea del río Sama y se lanzaron hacia Tacna luego de destruir la poca resistencia encontrada en la frontera. El Ejército Boliviano se unió al Argentino y atacaron Antofagasta de la Sierra, derrotando a la guarnición que allí había, ocupándola y desatando la Gran Guerra Sudamericana.

Balance militar absoluto de los beligerantes

Al inicio, Chile luchó en solitario contra la Triple Coalición del Perú, Bolivia y Argentina. De estos países, el de mayor poder bélico era sin duda la Argentina, favorecida por una gran bonanza económica derivada de su modelo agro-exportador e industrial, y contaba con un gran número de buques de guerra además de un arma pionera: aviones. Sin embargo, Chile también contaba con un gran poder bélico, capaz de equiparar a la Argentina y con mayor cantidad de buques y también aviones. El Perú y Bolivia aún no contaban con una fuerza aérea, aunque ya iniciaban compras para equiparar a los del Cono Sur. Brasil contaba ya con aviones, y poseía además de un gran número de hombres disponibles, una decente fuerza de buques. Colombia y Venezuela contaban con poco poder naval, y casi tuvieron que improvisarlo para apoyar a la Coalición aunque sí contaban con gran cantidad de soldados.

El Ecuador se había armado decentemente, y contaba con nuevos buques capaces de sostener un esfuerzo bélico, además de un Ejército dispuesto y con influjo de la "escuela chilena" que repartió su experiencia a través de la región. Panamá, independizado hacía apenas 10 años, contaba con escaso poder naval pero puertos bien fortificados y un Ejército dispuesto.

Poder naval comparado

Argentina, Chile y Brasil llevaban desde fines del s. XIX una gran carrera armamentista: la emergencia de Chile como un poder considerable luego de la Ocupación de la Puna y los Acuerdos de Navidad causaron que la carrera se acelerara, ordenando la construcción de los primeros Dreadnoughts y Submarinos años antes de la Primera Guerra Mundial, por lo que lograron recibirlos en 1913 antes que esa guerra estallara. Chile había llevado a cabo durante el gobierno de Julio Bañados un monumental esfuerzo para crear su propia industria naval militar, lo que culminó con la construcción en 1908 del crucero "Portales" y otras fragatas y transportes. Argentina respondió creando la suya, que justo antes de la Gran Guerra logró construir el monitor "Los Andes" y apresuró la adquisición de su primer submarino en 1913, el "Bouchard".

Chile:

Acorazados: ARCH "Presidente Pinto", "Presidente Errázuriz", "Almirante Latorre", "O'higgins", "Almirante Cochrane". Cruceros: ARCH "Esmeralda", "Portales", "Blanco Encalada", "Capitán Prat". Destructores: "Carrera", "Almirante Lynch" Monitores: ARCH "Huáscar" (2º), "Lautaro", "Papudo". Fragatas: "Covadonga" (2º), "Abtao" (2º), "Valdivia". Submarinos: "Iquique", "Antofagasta", "Angamos".

Argentina:

Acorazados: ARA "Rivadavia", "Moreno", "Almirante Brown". Cruceros: ARA "Independencia", "Garibaldi", "Libertad", "Pueyrredón", "Rosas". Destructores: "Catamarca" Monitores: ARA "Los Andes", "Liniers", "Piedrabuena". Submarinos: "Bouchard".

Brasil:

Acorazados: "Minas Gerais", "Sao Paulo", "Río de Janeiro". Cruceros: "Riachuelo", "Pedro II", "Amazonas", "Río Grande do Sul", "Bahía". Monitores: "Mato Grosso", "Conde de Eu", "Isabel". Submarinos: "F1", "F2" y "F3".

Perú:

Acorazados: BAP "Bolognesi", "Grau", "Pachacútec". Cruceros: BAP "Iquique", "Pacocha". Monitores: "Arequipa", "Manco Cápac" (2º). Submarinos: "Ferré", "Palacios".

Venezuela

Cruceros: "Mariscal Sucre", "Restaurador". Otros: "Caracas", "Cristóbal Colón", "Miranda".

Colombia

Cruceros: "Pinzón", "Cartagena". Cañoneros: "Hércules", "Boyacá".

Ecuador

Cruceros: "Cotopaxi", "Guayaquil". Cañoneros: "Abdón Calderón", "Enrique Valdéz". Otros: "Libertador Bolívar", "Tarqui", "Patria".

Panamá

Cruceros: "Darién", "Victoriano Lorenzo". Otros: "Buneau", "Amador". Cañoneros de la Escuadra del Caribe (4).

Bolivia:

Vapores lacustres y fluviales: "Ingaví", "Bolívar", "Sucre". Lanchas torpederas: "Tambillo", "Ballivián", "Santa Cruz" y otras en armado.

Paraguay:

Vapores lacustres y fluviales: "Curupaytí", "Humaitá", "Solano López", "Gran Chaco". Lanchas torpederas: alrededor de 10.

Poder aero-terrestre

Alianza: en términos de balance relativo, Chile poseía la mejor preparación del bloque, con cerca de 100000 hombres del Ejército, y más del doble de movilizados cívicos, 5 aviones de guerra más 4 de transporte, cientos de piezas de artillería y una gran fuerza de caballería, contando con múltiples bases a lo largo del territorio nacional y una preparación elevada en el modelo alemán que contemplaba varias estrategias destinadas precisamente a casos como este. Le seguía Brasil, con una enorme cantidad de más de 250000 soldados del Ejército y aún más movilizados cívicos, con una decente cantidad de artillería, 5 aviones y capacidad de lanzar ofensivas en todas sus fronteras. Paraguay se hallaba más recuperado del desastre de la Triple Alianza, y además de contar con un par de aviones militares, podía movilizar a casi 100000 hombres de línea y más movilizados. Ecuador y Panamá eran los beligerantes más débiles, debido a su falta de recursos y poca población, pero aún así lograron movilizar grandes cantidades de hombres en poco tiempo.

Coalición: Argentina era el beligerante más poderoso por su población y recursos, con casi 180000 soldados de línea y más movilizados, una poderosa escuadra, una naciente Fuerza Aérea, gran cantidad de caballería bien equipada y capaz de sostener una guerra a gran escala. Le seguía Perú, ya recuperado de la Guerra del Pacífico y que hasta contaba con una pequeña fuerza de submarinos; era capaz de movilizar casi 200000 soldados de línea. Colombia y Venezuela podían movilizar una gran cantidad de efectivos (más de 150000 cada uno) pero eran débiles en el resto de recursos, en especial una flota adecuada. SIn embargo, contaban con gran cantidad de caballería y artillería. Pero su falta de recursos y preparación se haría latente en el fallido intento de invasión a Panamá durante fines de 1915 y principios de 1916.

Operación Tormenta y "Gran Guerra Patria".

Invasión de la Coalición a Chile

El ataque peruano-boliviano por Tacna fue arrollador y la resistencia chilena contó con pocos hombres, ya que el Ejército de Chile y la Armada tuvieron que distribuirse por cuatro frentes distintos: Tacna-Arica, la Puna de Atacama, Magallanes y Puerto Montt, además de mantener un fuerte contingente de 10000 hombres en Santiago para defender ante un más que seguro ataque argentino al valle central. Los 6000 hombres del coronel Luis Altamirano defendieron con saña la línea del río Sama, pero tuvieron que emprender una retirada hacia el sur ante el avance de 15000 soldados peruanos y bolivianos apoyados por artillería pesada, comandados en persona por los generales José Manuel Pando de Bolivia y Óscar Benavides, quien además era jefe del Estado Peruano en ese momento. Mientras tanto, los cuarteles en Chile se llenaban de voluntarios para ir a luchar contra los invasores. Al mismo tiempo, el general y jefe de Estado boliviano Ismael Montes se unía al coronel argentino José Uriburu, formando una gran fuerza de 18000 hombres que atacó la Puna de Atacama, ocupando Antofagasta de la Sierra en el primer enfrentamiento de la guerra, el Combate de Antofagasta de la Sierra. La guarnición chilena (8000 hombres) de la zona tuvo que replegarse hacia Calama, debido a la superioridad numérica enemiga. La Marina de Guerra del Perú con su nuevos acorazados BAP "Unión" y "Chipana" bloqueó el puerto de Arica, mientras la naciente fuerza aérea peruana ejecutaba bombardeos sobre las posiciones chilenas en Tacna. Chile empleó a su vez su Fuerza Aérea, superando en el aire a los pocos aviones peruanos en el primer Combate Aéreo de Tacna, por lo que el general Benavides tuvo que volver al avance terrestre como estrategia.

Por el sur, la Armada Argentina llegó al Estrecho de Magallanes y bombardeó establecimientos costeros en Tierra del Fuego desembarcando tropas en ella, mientras el Ejército de 20.000 hombres comandado por el general Lorenzo Vintter cruzó el río Gallegos y luego la frontera. Allí se enfrentó a las fuerzas del general Emilio Körner Henze, que llevó a cabo una hábil estrategia de guerrillas y desgaste que mermó a las fuerzas argentinas antes de llegar a la península de Brunswick; para el primer mes, la invasión peruano-boliviana por el norte había logrado apenas llegar a conquistar la mitad de Tacna, que se convirtió en una zona de guerra y fue abandonada por la mayoría de sus habitantes y la invasión argentina por la Puna no logró pasar hacia Calama y el sur no había logrado pasar hacia la península de Brunswick.

Las fuerzas argentinas luego penetraron por Aysén y cortaron el territorio hasta la desembocadura del Palena, tomando un par de poblados y las Guaitecas luego de la derrota chilena en Puerto Aysén pero siendo rechazados por el Ejército y milicias locales al intentar invadir Chiloé. Chile quedaba cortado en dos, y Magallanes aislada, defendida sólo por las tropas del general Körner y con suministros limitados. Aviones argentinos cruzaron la frontera e hicieron un amago de bombardeo sobre Punta Arenas, pero fueron repelidos por la artillería antiaérea. En Chiloé, una eficaz organización de milicias chilotas (los "Brujos") y Ejército lograron repeler el ataque en Quicaví y Aucar, donde los argentinos desembarcaron.

Aún así, el 1 de junio un brutal choque entre las tropas de Körner y las de Vintter terminó con una victoria estratégica chilena a costa de varias pérdidas en la Batalla de Cabeza de Mar, haciendo retroceder a los argentinos más allá de Laguna Blanca. En Tierra del Fuego, los argentinos lanzaron un ataque sobre Porvenir, pero la baja cantidad de hombres empleada hizo fracasar el ataque el 18 de mayo y luego el 3 de junio, cuando la lucha se trasladó a la frontera dentro de la isla. Allí en extremas condiciones, ni las posiciones argentinas ni las chilenas avanzaban ni un metro en medio de una guerra de trincheras. Porvenir y Ushuaia funcionaban como bases de cada bando.

El general Altamirano resolvió tomar una medida desesperada ante el avance peruano-boliviano y los refuerzos bolivianos llegados desde la frontera del lago Titicaca: el 28 de mayo voló durante la noche con explosivos la Avenida Bolognesi, dejando a tajo abierto el río Caplina bajo esa avenida y poniéndolo como barrera natural entre la zona ocupada por Perú-Bolivia y la resistencia chilena. La batalla por el control de la ciudad siguió inconclusa, mientras más al sur en Caleta Vítor se rechazó el 4 de junio un intento de desembarco de fuerzas peruanas por las fortificaciones del lugar y la acción de la infantería chilena defensora. En San Pedro de Atacama se trabó feroz batalla el 10 de junio contra las fuerzas argentino bolivianas que invadian desde la Puna, donde el coronel Ibáñez del Campo logró contener con sus 11000 hombres el avance enemigo, obligándole a retroceder. Pero al mismo tiempo, columnas argentinas incursionaban por el paso de Agua Negra y se enfrentaban a defensores chilenos en varios poblados, antes que fuesen repelidos por soldados de la Fuerza Aérea que se habían organizado con el Ejército y la Guardia Nacional, comandados por el comandante Marmaduke Grove. Los 6000 efectivos reunidos por Grove lograron detener el avance argentino en la batalla de Monte Grande, en una lucha sangrienta a costa de grandes pérdidas.

El coronel Ibáñez logró mantener la defensa en la línea de Calama y Atacama Alta, pero una tropa conjunta de Perú, Bolivia y Argentina de casi 12000 hombres atravesó la frontera por Ollagüe, intentando atravesar la línea del río Loa. El 8 de junio una partida de 500 hombres fue tomada por sorpresa en Quillagua por una avanzada de la Coalición, siendo derrotada y debiendo replegarse. Pero el coronel Ibáñez, sin desguarecer San Pedro de Atacama, avanzó con los refuerzos llegados desde Santiago en el transporte Pudeto y la mitad de su tropa, hacia Calama. Allí supo que el ejército andino había cruzado el Loa por Quillagua y pretendía envolver al suyo, cortando las comunicaciones con el norte; tuvo que presentar batalla en las afueras de María Elena el 16 de junio, donde se dio un brutal y desigual choque con los argentinos, peruanos y bolivianos comandados por el veterano general peruano Andrés Cáceres en persona, que guió hábilmente a sus hombres envolviendo al ejército chileno. Pero Ibáñez se percató de la estrategia de Cáceres, y dispersó a su tropa para atacar a la línea peruana que iba en la vanguardia, mientras rompía con caballería la retaguardia compuesta de argentinos y bolivianos. A pesar de la inferioridad numérica (9000 vs. 12000) y las fuertes bajas chilenas, Ibáñez logró repeler con éxito el ataque, causando el desbande de la línea boliviana y atrapando a la peruana, mientras la argentina quedaba al centro. El general Cáceres dio orden de retirada, replegándose al norte del río Loa. Ibáñez fue ascendido por esta acción a General, por el presidente Balmaceda, y le valió tal fama que cimentó su camino posterior a la presidencia. Sin embargo, Cáceres mantenía un gran ejército, y tomó los poblados al norte del Loa, cortando el territorio chileno y aislando a Tacna-Arica del resto del país, pues sabía que por sus fuertes bajas el general Ibáñez no lo seguiría.

El coronel Arturo Puga estaba a cargo del frente de Puerto Montt, y logró detener el avance inicial de los argentinos que invadieron por Lonquimay y desde Bariloche. Dando por perdido Aysén debido a que no podía dispersar sus fuerzas, envió un contigente de caballería que sorprendió una incursión argentina en Lonquimay el 26 de mayo, rechazándola en el Combate de Laguna Aluminé. Sin embargo el grueso del Ejército Argentino se lanzó por el paso de Bariloche, mientras amenazaba por más al sur la tropa argentina venida por Aysén que estaba por cruzar el Seno de Reloncaví. Puga subestimó la fuerza contraria y su avanzada fue derrotada en el Desastre de Peulla tratando de contener a los casi 5000 argentinos con sus 3500 hombres, pero logró replegarse hacia Ensenada y reunirse con el resto de su fuerza dejando 2000 hombres y artillería en Lonquimay mientras partía con 4800 soldados. Esta vez presentó batalla el 10 de junio en Petrohué, logrando esta vez una reñida victoria que hizo retroceder a los argentinos más cerca de la frontera.

A estas alturas, el conflicto de Chile con la triple alianza fronteriza ya estaba siendo denominada como "Gran Guerra Patria". El presidente Balmaceda ordenó la movilización total de las Fuerzas Armadas a lo largo de todo el territorio nacional, a la vez que preparaba defensas terrestres, fortificaciones y defensa antiaérea alrededor de Santiago de Chile, en previsión de un inminente ataque argentino desde Mendoza.

Operaciones Navales

En el mar, el monitor "Los Andes" y el acorazado "Almirante Brown" bombardearon el puerto de Punta Arenas (15 de mayo), pero no lograron hacer daños de consideración y debieron retirarse ante el fuego de los fuertes y la llegada del "Cochrane" y el crucero "Esmeralda" acompañado del submarino "Iquique ". La escuadra chilena salió al encuentro de su par argentina, encontrándose el 18 de mayo en la punta Dungeness y trabando combate. El Almirante Brown sufrió daños de consideración y varios muertos, al igual que el Los Andes. El Cochrane fue también castigado, mientras el Esmeralda por su rapidez logró evadir la artillería enemiga. Los buques se retiraron, y el resto de la Armada chilena llegó a cubrir el estrecho de Magallanes, mientras el Brown y el los Andes se reparaban en un fondeadero de Río Gallegos. Pero el Los Andes se unió al Pueyrredón, el Libertad y el submarino Bouchard, que forzaron la entrada de Dungeness el 11 de junio en combate con el Cochrane y la fragata Covadonga, que debieron replegarse a Punta Arenas. La escuadra Argentina estaba lista para el ataque sobre Punta Arenas y estaba comandada directamente por el almirante Julián Irízar, mientras el almirante Luis Goñi comandaba la defensa. Sin embargo, sería problemático atacar la plaza, ya que el ejército argentino de Vintter no había logrado vencer la resistencia del general Körner, quien lo hizo retroceder más allá de Laguna Blanca.

Por el norte, los acorazados Capitán Prat y Presidente Pinto atacaron al Bolognesi y el Pacocha que se encontraban a la altura de Arica, infligiendoles varias bajas. Sin embargo, el submarino peruano Ferré entró en acción y tomó por sorpresa al Prat, desarmando el ataque de los acorazados chilenos y favoreciendo el contraataque peruano, debiendo huir hacia el sur mientras el Pinto atacaba con cargas de profundidad para impedir la persecución del Ferré. Desde Valparaíso, el Carrera y el Errázuriz salieron hacia Arica junto a los submarinos Iquique y Antofagasta, mientras el Angamos y el destructor Lynch salían hacia el sur a enfrentar a la flota argentina. El 22 de mayo a la altura de Mejillones, el Bolognesi y el Ferré encontraron solitaria a la fragata Valdivia, que se reaprovisionaba en el puerto; la Valdivia enfrentó el desigual combate, siendo hundida por un torpedo dirigido del Ferré. En este Combate Naval de Mejillones fallecieron 103 marinos, mientras otros 82 fueron tomados prisioneros en el Bolognesi; causó un gran impacto en la opinión pública chilena, además de aumentar el fervor patriótico llenando los cuarteles de voluntarios a enlistarse.

Sin embargo, la revancha llegaría pronto: el ARCH Carrera la mañana del 27 de mayo detectó al submarino Ferré, que intentaba hacer una maniobra secreta para hundirlo mientras se hallaba cerca de Tocopilla. Los marinos chilenos inmediatamente ordenaron seguirlo con sigilo, como si se tratase de movimiento casual; cuando el submarino estuvo cerca, hizo amago de lanzar un torpedo que fue esquivado por poco por el Carrera, que respondió con cargas de profundidad y torpedos. Una hora y media después, el Ferré fue hundido, perdiendo la Marina del Perú una de sus más importantes armas. Para no arriesgarlo, no se quiso enviar al frente también al submarino "Palacios".

El Rivadavia y el Catamarca sin embargo, lograron burlar el bloqueo chileno y salir al Pacífico abierto, marchando secretamente hacia Juan Fernández para reunirse al Grau de la marina peruana que también enfilaba hacia allá para tomar a la guarnición isleña por sorpresa. El 2 de junio llegaron a Robinson Crusoe y luego de una breve lucha con la pequeña guarnición, ésta cayó ante el superior poder de fuego enemigo y la plaza fue ocupada. El Rivadavia aprovechó su gran velocidad para incursionar en la costa central chilena, causando gran sobresalto al aparecer por la costa de Talcahuano; sin embargo no pudo hacer fuego sobre el puerto debido a que fue rechazado por las fortificaciones. El Garibaldi también logró burlar la vigilancia de la Armada chilena el 14 de junio y cruzó al Pacífico, uniéndose a la fuerza del ARA Rivadavia y los BAP Pachacútec y Grau, componiendo una "Escuadra del Pacífico" que se dispuso a llevar a cabo la fase principal de la contienda: el ataque completo al valle central chileno. Pero, el 23 de junio ocurrió un encuentro clave: los ARA Pueyrredón y Rosas se encontraron con el Lynch, el Esmeralda y el submarino Angamos: tras un épico combate de 4 horas donde fue clave la rapidez de los cruceros, el Angamos logró asestarle un golpe definitivo de torpedo al Pueyrredón, que ya había recibido un cañonazo del Esmeralda. El buque argentino fue hundido, mientras el Rosas logró huir hacia el Atlántico.

Invasión al Valle Central de Chile y revés de la Coalición.

Preparativos de la Coalición

Los altos mandos de las fuerzas de la Coalición ya estaban teniendo varias diferencias. A la poca disciplina del ejército boliviano se sumaba el enorme esfuerzo bélico que estaba haciendo Argentina a lo largo de toda su frontera, la pérdida del Ferré por el Perú, la incapacidad de avanzar más allá de Tacna y el fracaso en tomar las plazas de Punta Arenas, Puerto Montt, La Serena y Antofagasta: el único triunfo hasta el momento contra la sólida defensa chilena era la ocupación de la Puna de Atacama, de Juan Fernández y el corte del territorio chileno a las alturas de Aysén y el río Loa. Desde mayo hasta julio, no se había podido superar las defensas como se esperaba, ya que el mismo presidente argentino Victorino de La Plaza había dicho que "en dos meses mediante una rápida invasión, tendríamos tomado por el norte hasta Copiapó y por el sur desde Magallanes a Valdivia, bombardeando Valparaíso y obligando a Santiago a negociar en nuestros términos". Sin embargo eso no había sido logrado.

Pero la situación se volvía más compleja: Brasil protestaba enérgicamente por la invasión a su tradicional amigo Chile, y amenazaba con intervenir. Ecuador y Paraguay también manifestaba una postura amigable con el país invadido. Por el contrario, Colombia y Venezuela aguardaban expectantes los acontecimientos, mientras la diplomacia argentina, boliviana y peruana trataban de motivar su adhesión a la Coalición. Los presidentes Concha y Márquez de esos países eran abiertamente hostiles a Chile, y se hallaban en aprestos bélicos. Pero durante julio, Brasil dio a entender su posición: la entrada de más contendientes en contra de Chile sería una declaración de guerra también contra ellos.

Luego de María Elena, el Perú y Bolivia enviaron tropas por territorio argentino a concentrarse en Mendoza. El grueso del Ejército Argentino y su Fuerza Aérea esperaban también allí, concentradas. Se decidió llevar a cabo la invasión del valle central chileno incluso con la situación del norte y el sur inconclusas, con confianza en que si se amenazaban Santiago y Valparaíso, se obligaría a Chile a rendirse. Andrés Cáceres fue relevado de su puesto en el norte y enviado a Mendoza, lo mismo con el general Ismael Montes que decidió partir con una fuerza boliviana. Las fuerzas de la Coalición en Mendoza sumaban casi 50000 hombres, además de cientos de piezas de artillería y algunos aviones. Desde el Perú y aprovechando la ocupada Juan Fernández, los transportes Ayacucho, Junín y Viracocha habían transportado 7000 soldados e infantes de marina para desembarcarlos cerca de Valparaíso. El ataque sería apoyado por la Escuadra del Pacífico (ARA Rivadavia, Garibaldi y BAP Grau y Pachacútec) que bombardearía Valparaíso. Ante esto, el presidente Balmaceda ya había dispuesto la defensa de la zona central, a cargo del general José Miguel Varela Valencia.

El general Varela ordenó la movilización total de los cuerpos restantes del Ejército y la Guardia Nacional que quedaban, logrando reunir casi 48000 hombres. Las fortificaciones de Valparaíso, Quintero y San Antonio se dispusieron a la defensa, mientras el almirante Policarpo Toro Hurtado disponía a lo que quedaba de la Armada, los acorazados Latorre y Errázuriz, los monitores Huáscar y Lautaro y las fragatas Papudo y Abtao. También, el joven teniente coronel Manuel Ávalos, como el aviador de mayor experiencia, fue designado por el general Varela para comandar la defensa aérea ante el inminente ataque de la aviación argentina a Santiago. La Papudo, la Abtao y el Lautaro se fueron a resguardar San Antonio; los más poderosos Latorre, Errázuriz y Huáscar se quedaron en la rada de Valparaíso. En Mendoza, los generales Montes, Uriburu y Cáceres dieron la fecha del ataque definitivo: el 2 de julio de 1914. La estrategia era un ataque conjunto por aire, mar y tierra: por tierra, el Ejército de la Coalición entraría con su grueso por el actual paso Los Libertadores, mientras otros 10000 hombres entrarían por San José de Maipo (ya que esa ruta era más dura y necesitaban distraer). La Coalición tomaría los Andes, San Felipe y amenazaría Santiago por el norte, mientras el general Montes distraía por San José de Maipo y luego se unía a Cáceres y Uriburu por el norte, en Colina. A la vez, desde Mendoza la aviación argentina bombardearía Santiago para desmoralizar y forzar la rendición de La Moneda. En el mar, la Escuadra del Pacífico atacaría Valparaíso, mientras los transportes peruanos artillados Ayacucho, Junín y Viracocha desembarcarían una tropa de casi 7000 hombres en Laguna Verde, contando con unirlas a los 40000 de Cáceres y Uriburu luego de ocupar Valparaíso. Se contaba también con que los defensores de Valparaíso no podían superar los 10000, ya que el grueso del ejército chileno defendía Santiago.

El ataque masivo

El día 2 de julio a las 04:00 AM, las tropas de la Coalición fueron trasladadas en todos los vehículos y caballos disponibles, además del ferrocarril operativo hasta más allá de Uspallata: la Argentina disponía ya de prototipos de carros y camiones de uso militar similares a los que ya se estaban usando para traslado en la Primera Guerra Mundial que acababa de estallar (Chile, Brasil y Perú también los tenían). Mientras tanto, la división del general Montes avanzaba hacia el paso de San José de Maipo, con el fin de llegar a ese poblado y de allí encontrarse con el grueso del Ejército o bien, envolver por el sur a Santiago. En plena oscuridad, las 38000 tropas de la Coalición comenzaron el cruce de los Andes, mientras los 12000 de Montes cruzaban por el sur. Pero el general Varela estaba prevenido de lo que ocurría: dispuso la defensa de 2500 hombres de caballería que partiesen al paso Los Libertadores y San José de Maipo, para dinamitar las vías férreas y los caminos, hostilizando el paso de la Coalición. Por mientras, apenas 6000 hombres tendrían que impedir el paso de Montes. En este contexto, la caballería de Varela enfrentó los combates de Laguna Portillo y Lo Valdés, cerca de Baños Morales. Ambos encuentros fueron inconclusos y tuvieron el fin de demorar el paso de las tropas y darle chance a Varela de concentrar las tropas en donde pudiese presentar batalla favorablemente.

En el mar, la madrugada del 2 de julio la Escuadra del Pacífico fue avistada por las fortificaciones de Valparaíso, hacia el sur de Playa Ancha. Sólo 6000 hombres defendían el puerto, al mando del coronel Guillermo Novoa, y los buques de la Armada que lo resguardaban estaban bajo el mando conjunto del capitán de navío Edgardo Von Schroeders. La Escuadra de la Coalición se dirigió a la rada, mientras el BAP Grau se separaba del grupo y cubría a los tres transportes artillados peruanos que trasladaban a los 7000 hombres, con el fin de desembarcar en Laguna Verde. Mientras, por el sur y el norte, las escuadras del Perú y Argentina atacarían simultáneamente Arica y Punta Arenas, para impedir que los buques chilenos allí pudieran irse hacia el sur a ayudar a la defensa de la zona central. A las 08:00 AM, los fuertes de Valparaíso respondían los primeros fuegos provenientes del Garibaldi, el Rivadavia y el Pachacútec, los buques más poderosos de la Coalición. El capitán Von Schroeders tuvo que tomar una decisión: envió al Huáscar a apoyar la defensa contra el desembarco andino en Laguna Verde, mientras el coronel Novoa envió a 5000 hombres a ese punto mientras dejaba 2000 en el puerto. A las 10.00 AM, la batalla ya estaba trabada entre el Latorre y el Errázuriz apoyados por los fuertes porteños contra la escuadrilla argentino-peruana. En Laguna Verde, a las 08.30 AM los fuertes de la caleta abrieron fuego contra el BAP Grau y los transportes, mientras las tropas comenzaban a intentar el desembarco.

El Huáscar entró en combate con el Grau, que cubría el desembarco, siendo tomado por sorpresa por el monitor. Las tropas de la Coalición fallaron el desembarco cuando no pudieron sostener una cabeza de playa a las 10:30, y el transporte Viracocha fue alcanzado por la artillería defensora a las 11 hrs siendo hundido en unos minutos. El pánico cundió en los soldados atacantes que intentaron regresar y abordar los otros dos transportes, copándolos y causando desorden. A las 11:30 hundido el Viracocha tuvieron que emprender la retirada, y el Grau que no había logrado dañar ni ser dañado por el Huáscar, huyó hacia Valparaíso cubriendo la retirada de los transportes. En el puerto el combate arreciaba: el muelle principal y un fuerte estaban dañados, pero el Latorre y el Errázuriz habían acertado algunos daños al Garibaldi. A la llegada del Huáscar y el Grau, se sumaron al combate y el Huáscar recibió un impacto del Pachacútec que inutilizó su torre principal. Pero el Latorre lo auxilió, acertando un proyectil que barrió la cubierta del Grau y cobró varias víctimas. La situación se volvió desventajosa para la Coalición, que comenzó a verse superada por la Armada y las defensas del puerto; la escuadrilla comenzó a retirarse hacia mar abierto para ponerse fuera del alcance de los fuertes y llevar la lucha allí. En eso arribó la fragata Abtao, volviendo la contienda pareja de 4vs4. Hacia las 13.00 el Grau estaba dañado seriamente, mientras la Abtao hacía agua por varios impactos de los argentinos. El Latorre terminó por hundir al Grau, mientras el Rivadavia dejó fuera de combate a la Abtao; pero la escuadra Andina optó por retirarse, viendo fracasado el fin de desembarcar y bombardear Valparaíso. La Batalla Naval de Valparaíso había acabado a las 14 hrs.

Mientras tanto, el Ejército del general Varela organizaba la defensa de Santiago y guiaba a la Coalición hacia un lugar donde pudiese presentar batalla favorable. En el cajón del Maipo, el 3 de julio la división de Montes bajó hacia el Embalse el Yeso, pero la defensa chilena estaba ya posicionada esperándoles. Un contingente de caballería apoyada por infantería de montaña trabó combate con los invasores, pero el enfrentamiento quedó inconcluso a pesar de múltiples bajas, y el avance continuó pero Montes tuvo que tomar otra ruta por las montañas para evadir a la hostil caballería chilena. Por Los Andes, el general Varela planeó frenar el avance andino que ya había llegado al pueblo, y mandó una fuerte avanzada a impedir la ocupación y frenar a las tropas enemigas: el 4 de julio en la madrugada la avanzada de 18000 hombres tomó por sorpresa a las tropas de Cáceres y Uriburu, iniciando la Batalla de Los Andes. Varela dirigió la batalla en persona, pero la gran superioridad numérica del adversario se hizo notar cuando Cáceres comenzó a romper el cerco chileno alrededor del pueblo. Con enormes pérdidas por ambos bandos, Varela optó por retirarse de Los Andes y ésta fue ocupada por la Coalición. Sin embargo, Varela había logrado lo que quería: hostilizar, mermar y agotar a la tropa atacante, obligándola a presentar batalla en terreno desfavorable. Ni Cáceres ni Uriburu querían avanzar por Chacabuco, ya que pasar por ese llano podría ser favorable a un ataque chileno desde los cerros; así que decidieron rodearlo e irse por Tiltil, para caer sobre Colina y ahí presentar la última batalla que decidiría la suerte de Santiago. Mientras, el ejército de Ismael Montes había rodeado Santiago por Los Maitenes y Apoquindo, con la intención de caer sobre el oriente de la capital mientras el grueso del ejército luchaba en Colina. En Los Andes, la Coalición había transportado una flotilla de avionetas desde Mendoza para ejecutar un bombardeo sobre Santiago. La batalla por la capital se avecinaba, y por primera vez en su historia republicana Chile tendría que defender su capital de una invasión.

Batalla Aeroterrestre de Santiago

El 5 de julio en la tarde, Cáceres y Uriburu movieron a su división hacia el sur de Tiltil, en una silenciosa marcha. Establecieron campamento en el estero Chacabuco, en un pequeño valle. Luego de pasar la noche, a las 04.30 AM el ejército de la Coalición inició su marcha hacia el sur, en espera de encontrar al ejército chileno cerca de Lampa. Efectivamente, el general Varela había dispuesto una sólida línea defensiva de casi 40000 hombres, cifra similar a la de los atacantes. El presidente Balmaceda estaba preparado para partir a Concepción en ferrocarril blindado y establecer allí la capital provisoria del país, si Santiago caía y era ocupada. Miles de voluntarios se enrolaron para defender la capital y ponerse bajo las órdenes de Varela. Los andinos a las 5.30 AM se encontraban cercanos al pueblo de Lampa; el general Varela preparó a las tropas para la batalla: ésta sería librada en un terreno que el mismo Varela había escogido, con cerros que frenaban el avance de los andinos y estaban fortificados por los chilenos. En cambio los andinos tendrían que atravesar una llanura que les ponía directamente bajo el fuego de los defensores. A las 6.30 AM comenzaron los primeros fuegos de artillería, mientras la división de Cáceres atacaba los cerros donde se atrincheraban los defensores. Al mismo tiempo, la división de 11000 hombres de Montes que había rodeado Santiago por el oriente, entraba en batalla contra los 8000 defensores chilenos al norte de Lo Barnechea comandados por el coronel Carlos Vergara. Para peor, a las 7.30 AM, la flotilla de 10 aviones de la Coalición despegaron con rumbo a bombardear Santiago; pero la flota aérea del teniente coronel Manuel Ávalos los esperaba lista para la defensa, con la misma cantidad de aviones.

A las 8.30 AM la batalla en Lo Barnechea y en Lampa era intensa. Ninguno de los dos bandos lograba imponerse al otro en Lampa, pero en Barnechea el coronel Vergara logró atrapar al ejército de Montes en el llano, mientras lo diezmaba con fuego de artillería. La aviación argentino-peruana ya iba llegando a Santiago, mientras las campanas y alarmas de la capital sonaban para que la gente se pusiera a cubierto y la defensa antiaérea se dispusiera. La flotilla pasó sobre el Mapocho y comenzó a bombardear la ciudad, dañando con un par de bombas algunas casas al pie del San Cristóbal y parte de la Estación Mapocho. El teniente coronel Ávalos salió con su escuadrilla y topó cerca de Quinta Normal al enemigo, abriéndose los fuegos de ametralladora. Una bomba cayó cerca de la Plaza de Armas, pero el que la lanzó fue abatido y capotó en el Mapocho. El mismo Ávalos abatió a otro avión argentino, mientras uno peruano logró dañar a un avión chileno que debió descender de emergencia. Sin embargo al cabo de una hora, la escuadrilla de la Coalición había perdido 6 aviones por el fuego de la fuerza chilena y los cañones antiaéreos dispuestos en el cerro San Cristóbal, el Renca y el Santa Lucía, además del fuego abundante que hacían las tropas en tierra. Los chilenos habían perdido 3 aviones y uno dañado. La escuadrilla andina debió retirarse hacia Los Andes.

La tropa del general Montes a las 10 AM ya se hallaba contenida y derrotada, huyendo desbandada hacia el norte y el oeste. Montes trató de organizar a su ejército, para ir a reunirse con Cáceres y el grueso de la Coalición. Pero a las 11 AM, la situación también era desesperada para la Coalición en Lampa: los aviones restantes de la Fuerza Aérea chilena salieron nuevamente a bombardear las posiciones andinas, causando el desconcierto, ya que los aviones restantes de la Coalición no prestaron apoyo; y el general Varela lideró en persona una brutal carga de caballería con los regimientos Granaderos, Cazadores y Húsares, para contener el avance del general Cáceres. La tropa del general Uriburu había retrocedido y la caballería argentina se batía defendiendo el retroceso de la infantería peruana y boliviana, pero no era suficiente. Las bajas ya eran enormes en ambos bandos: y el golpe definitivo vino con el ataque aéreo que lideró el teniente coronel Ávalos, que diezmó a la caballería argentina de reserva y desarmó las líneas de la Coalición. El veterano general Cáceres se empecinó en seguir la batalla, pero el general Uriburu vio que no se podría seguir avanzando y dio la orden de retirada, contradiciendo a Cáceres. El general Varela hizo avanzar a la restante caballería del nuevo regimiento de Cazadores del Aconcagua, una milicia armada por los locales de Los Andes y San Felipe que en los días previos habían hostilizado en acciones guerrilleras al ejército andino. Finalmente Cáceres dio la orden de retirada, viendo que el resto del ejército abandonaba sus posiciones. Santiago se había salvado, pero a costa de una pírrica victoria: un saldo de 9000 bajas chilenas, contra casi 13000 de la Coalición.

Entrada de Brasil, Colombia, Venezuela, Ecuador y Paraguay: Gran Guerra Sudamericana.

Chile estaba devastado: cortado en tres partes, invadido su territorio central, nortino y austral; su Armada fragmentada y su Ejército luchando junto a milicias locales contra los invasores. Tacna estaba cortada en dos y devastada por la batalla; Aysén ocupado por los argentinos y Magallanes luchando por repelerlos, mientras la Armada Argentina hostilizaba a los puertos y buques chilenos, bloqueando Punta Arenas. Las tropas de Cáceres, Montes y Uriburu se habían retirado a Los Andes a recuperarse. Por otro lado, la Coalición tampoco había conseguido todo lo que quería, ya que la invasión les estaba costando demasiados recursos y soldados. Por descoordinación de las comunicaciones, recién el 9 de julio la Armada Argentina del sur atacó Punta Arenas, armándose una gran batalla naval contra los buques chilenos surtos en el puerto y los fuertes puntaarenenses. El brutal choque terminó con buena parte del puerto destruido, cientos de muertos por bando y el hundimiento del ARA Rosas y el ARCH Covadonga, mientras los otros buques resultaron parcialmente dañados. Nuevamente el enfrentamiento naval en los mares del sur terminaba inconcluso.

Tras esto, la diplomacia argentina y peruana pugnaron por la entrada de Venezuela y Colombia a la Coalición. El 22 de julio la cancillería colombiana puso como condición que dé triunfar sobre Chile, se negociariasobre los derechos chilenos en el Canal de Panamá (ganados en los Acuerdos de Navidad) y la venezolana que también ellos obtendrían derechos comerciales y de navegación en el Canal, dada su cercanía. En Venezuela era fuerte el rencor hacia Chile por haber apoyado el bloqueo extranjero al país en 1904, debido a la deuda que contrajeron con el gobierno de Julio Bañados. Si bien en esa ocasión el Gobierno chileno no envió buques, apoyó diplomáticamente a las potencias agresoras.

Ante los ofrecimientos de la Coalición, ambos países se unieron a ella formalmente el 2 de agosto. Inmediatamente tropas colombianas y venezolanas embarcaron rumbo al Perú, con el fin de unirse al ataque sobre Tacna, mientras los pocos buques que poseían se unían a la escuadra de la Coalición. Pero el Brasil golpeó la mesa, aduciendo que la agresión de ahora 5 países contra Chile era ilegítima y desproporcionada; el Gobierno de Vencesláu Brás finalmente tomó bando y el 6 de agosto firma con el Gobierno de Balmaceda el Tratado de la Alianza Defensiva. Las tropas brasileñas se mueven hacia la frontera con la Argentina, desatándose el combate el día 10 de agosto. Ya podía hablarse propiamente de una "Guerra Sudamericana".

La flota del Brasil se movió hacia el sur, con intención de hostilizar los puertos argentinos y llegar a reunirse en Magallanes con su par chilena. La Argentina resolvió tomar una decisión: mover una parte de sus barcos a defender su costa, y dejar la mayoría de los demás no en Magallanes, sino moverlos hacia la zona central chilena para unirlos a las armadas del Perú y Colombia. La armada de Venezuela tendría que cruzar por Panamá, con su canal casi recientemente habilitado debido a la mayor prisa que pusieron los gobiernos de Chile y Estados Unidos para tenerlo preparado antes de la fecha proyectada (agosto). Mientras, los gobiernos de Ecuador y Paraguay comenzaban a tomar posición respecto a la contienda: Ecuador reclamó a Perú que diera pie a nuevas negociaciones por los asuntos no resueltos tras la Guerra Peruano-Ecuatoriana de 1858, en especial sobre el territorio amazónico y los derechos de navegación en los ríos del interior. Paraguay vio la oportunidad de reivindicar algunos conflictos con Argentina derivados de la Guerra contra la Triple Alianza, aunque de principio la participación de su antiguo rival Brasil causó rechazo; pero ya en consideración de que también sostenía controversias con Bolivia por la región del Chaco, el Paraguay decidió de inmediato prohibir el tránsito de tropas bolivianas y argentinas por su territorio, pero no de las brasileñas. El Ecuador dio por nulos los acuerdos tras la Guerra de 1858, y envió tropas hacia la frontera sur con Perú, y también al norte ante un eventual ataque colombiano. El día 15 de agosto se dio el primer combate de forma accidental entre tropas peruanas al norte del Cenepa con soldados ecuatorianos apostados en la frontera, con varios muertos pero sin resultados concluyentes.

Esta actitud fue repudiada por los países de la Coalición, que finalmente les declararon la guerra a ambos países el 18 de agosto. El Paraguay movió sus tropas hacia el Chaco para enfrentar a parte del Ejército Boliviano, y hacia el sur para contener a las tropas argentinas y unirse al Brasil. El 22 de agosto, los representantes de Chile, Paraguay, Brasil y Ecuador, ante el consorcio de intereses entre los cuatro países en enfrentar a un enemigo común, firman el Tratado Defensivo de la Alianza Atlántico-Pacífica.

Campaña de los Dos Océanos

Frente de Chile

Movimientos tras el fracaso de la invasión al valle central chileno.

Mientras, en Chile seguían los combates durante agosto, pero sin resultados concluyentes ni grandes batallas, aunque el general Varela planeaba ya recuperadas sus fuerzas, atacar a la Coalición congregada en la ocupada ciudad de Los Andes. Por el norte, la ciudad de Tacna seguía cortada en dos partes, pero el general Altamirano estaba logrando resistir al embate del ejército perú-boliviano del general Benavides. Pero el 20 de agosto el ejército colombiano y una división venezolana ya había llegado con 10000 hombres a reforzar el ataque de la Coalición, y la fuerza chilena fue superada abismantemente en número y medios; Altamirano resolvió resistir hasta que se confirmó que fuerzas bolivianas pretendían bajar del altiplano hacia Arica, la cual estaba casi desprotegida. El 2 de septiembre tuvo que retirarse hacia Arica con sus tropas, cayendo la devastada Tacna en poder de la Coalición. Pero los andinos también estaban desgastados: el frente ecuatoriano que acababa de estallar había consumido muchos recursos, y por el Amazonas peruano y boliviano se descolgaba una fuerza brasileña comandada por el general Alexandrino de Alencar, que amenazaba con invadir sus territorios. Arica quedó sitiada ante el avance andino, que sin embargo no logró superar el río Lluta. Por la zona sur, el ejército argentino debió retirarse de la zona y replegarse hacia Neuquén debido a la necesidad de más hombres para contener a los brasileños en el frente de la Mesopotamia Argentina.

El general Varela en el centro decidió un crucial ataque sobre la fuerza andina estacionada en Los Andes: aprovechando que el general Uriburu debió salir con buena parte de sus hombres hacia la frontera con Paraguay y Brasil a contener su ataque, Varela movió cerca de 30000 hombres hacia Los Andes, atacándola el 5 de septiembre. El coronel Manuel Ávalos reunió a la Fuerza Aérea y atacó a las fuerzas andinas de la ciudad, perdiendo 1 avión por la artillería enemiga y produciendo un tremendo enfrentamiento con las fuerzas que le quedaban al general Andrés Cáceres, en número de 28000. La 2º Batalla de Los Andes terminó al otro día, con el pueblo devastado y Cáceres batiéndose en retirada hacia la frontera. Hasta sus últimos días el general peruano criticaría con ira el abandono del argentino Uriburu, con quien se enemistó y tendría varios roces; para él, el fracaso de la invasión a la zona central y la retirada se debieron a su falta de mando y su retirada prematura. La batalla dejó 10000 muertos entre ambos bandos, y significó la liberación de la zona central de Chile. El general Cáceres sin siquiera consultarlo a sus pares argentinos y bolivianos, retiró a sus tropas hacia el norte para volver a enfrentar a los chilenos en Arica y Tacna. Mientras, su par boliviano Ismael Montes decidió también volver al norte para atacar la línea del Loa.

La estrategia argentina ante la entrada de Brasil y Paraguay cambió: se retiraron las tropas del centro y sur de Chile, para concentrarse sólo en Atacama y en Magallanes, ya que el resto debió marchar a Corrientes y Entre Ríos. La Armada Argentina también debió retirar buena parte de sus unidades en Magallanes para enfrentar a su par brasileña que podía atacar directamente la costa cercana a Buenos Aires. Las demás unidades enfilaron hacia el Océano Pacífico, para reunirse con los buques del Perú, Colombia y Venezuela y así destruir los principales puertos chilenos. Pero primero, la Escuadra de la Coalición atacaría la última base chilena en el Pacífico: la plaza fuerte de Isla de Pascua. Las tropas del general Lorenzo Vintter en Magallanes se hallaban en pésimas condiciones, sin apoyo suficiente desde el mando central que estaba obstinado en el norte de Chile y estaban cayendo diezmadas por los ataques de la sólida defensa orquestada por el general Emilio Körner. La división chilena de Tierra del Fuego logró avanzar en sus posiciones y llegar hasta el Atlántico, acorralando en el tercio sur de la isla a los defensores argentinos que pugnaban porque Ushuaia no cayera rendida. Ya sin el apoyo de la Armada, las tropas de Vintter se vieron en serios problemas, e incapaces de sostener el bloqueo de la Península de Brunswick tuvieron que retirarse a a la frontera luego de la terrible Batalla de Monte Aymond el 8 de septiembre, donde Körner logró derrotar y hacer retroceder a los argentinos, a costa de varias bajas y ser herido él mismo.

En el norte, se reanudaron las hostilidades con gran fuerza. El general Carlos Ibáñez del Campo fue encargado de avanzar para lograr la reocupación de la Puna de Atacama. Reforzada la línea del Loa con tropas llegadas de Santiago, Ibáñez se dispuso a enfrentar a la Coalición estableciendo una base en Calama. El 16 de septiembre Ibáñez tomó la decisión de enviar una avanzada a reocupar Antofagasta de la Sierra; pero la mala estimación de la fuerza enemiga que allí se hallaba (la que acababa de llegar con el general Cáceres) provocó un desastre en la Batalla de Santa Rosa, donde una exigua fuerza de 3500 hombres enfrentó a una fuerza andina de casi 6000, debiendo retirarse con grandes pérdidas nuevamente hacia San Pedro de Atacama. Allí Ibáñez se reorganizó y esta vez envió una fuerte expedición comandada por él mismo que avanzó por la Puna y volvió a ocupar Antofagasta de la Sierra, esperando allí a la fuerza de la Coalición comandada por el general Montes. El 20 de septiembre entraron en combate en la Batalla de Antofagasta de la Sierra, logrando el general Ibáñez expulsar a los andinos hacia Salta con grandes pérdidas. Las fuerzas de Montes se reagruparon en la ciudad argentina, pero ante sus bajas y deserciones tuvieron que retirarse por el Altiplano hacia Arica, en espera de unirse a Cáceres y Benavides que sitiaban Arica.

Por el sur, las fuerzas argentinas de Lorenzo Vintter se habían replegado hacia Río Gallegos. El general Emilio Körner recibió la orden del gobierno de Balmaceda de conservar su posición, y atacar durante octubre aquella ciudad con los refuerzos llegados desde Santiago. También las tropas chilenas de la Araucanía y Los Lagos habían logrado repeler a los invasores, recuperando la frontera y dejando libre de fuerzas argentinas la zona de Los Lagos. El último gran encuentro se dio el 3 de octubre en la Batalla de Conguillío, un singular enfrentamiento donde luchó casi exclusivamente la caballería y donde la fuerza chilena obtuvo una pírrica y sufrida victoria estratégica al lograr expulsar a los enemigos hacia sus bases en Aluminé. Pero aún el Ejército Argentino estaba ocupando Aysén, y el coronel Arturo Puga se dirigió a expulsarlos con refuerzos del centro mientras dejaba una fuerte tropa defendiendo la zona entre Valdivia y Puerto Montt. Con 10000 hombres cruzó el Seno de Reloncaví hacia el sur y tomó posesión de Hualaihué tras un par de días, el 16 de octubre. Los argentinos habían establecido su base cerca de Chaitén, donde se quedaron luego de la fallida invasión a Chiloé intentando rearmar fuerzas y esperar las órdenes del mando central. Pero detectaron a las fuerzas chilenas, y decidieron reitrarse más hacia Aysén para no dejar desprotegidas las bases ya ocupadas más al sur. El primer encuentro entre avanzadas se dio el el Combate de Alto Palena el 20 de octubre, que quedó inconcluso moviéndose ambas fuerzas más al sur. Las duras condiciones hacían mella en ambos ejércitos, pero prosiguieron las escaramuzas durante fines de octubre hasta que chocaron las fuerzas en Puerto Cisnes, la cual fue ocupada por los chilenos. Los argentinos, mermados por las luchas anteriores con las milicias chilotas y por la falta de suministros, se replegaron hacia el valle del río Simpson. Los combates recrudecieron, hasta que las fuerzas argentinas decidieron presentar batalla en Cerro La Paloma el 4 de noviembre, con resultado favorable a los chilenos pero con grandes pérdidas. Luego de esto, los argentinos se replegaron en una penosa marcha hacia su territorio, dejando el coronel Puga una guarnición permanente en la zona para que armase defensas, mientras él regresaba a Puerto Montt.

Liberación del norte chileno.

Mientras tanto, Arica estaba prácticamente cercada, solamente libre su costado sur que daba al desierto costero. El puerto fue bombardeado por la Marina del Perú el 21 de octubre, y el ejército de la Coalición amenazaba la ciudad comandado por Cáceres, Benavides e Ismael Montes. El mando argentino se hallaba ausente, lo cual comenzó a generar resquemores en la tropa que no deseaba someterse al mando de Perú y Bolivia; por otro lado la llegada de tropas colombianas y venezolanas no hizo más que aumentar las rencillas. No era poco frecuente ver riñas entre soldados de la Coalición de distintos países. Mientras tanto, el Ecuador logró enviar 3500 voluntarios y artillería a Iquique burlando el bloqueo naval peruano y argentino, los que se sumaron a las fuerzas del general Ibáñez. En ese momento, Ibáñez decidió realizar acciones decisivas para recuperar las comunicaciones al norte de la línea de Pisagua. Pero aún la campaña naval no se decidía, y debió esperar para poder lanzarse a la defensa de Arica y auxiliar a las fuerzas chilenas sitiadas. Pero durante diciembre, logró realizar exploraciones hasta caleta Camarones, donde sostuvo un combate el 19 de diciembre. Casi un mes después apenas, la decisiva victoria de la Alianza en la Batalla Naval de Isla de Pascua (13 de enero) logró expulsar a la Escuadra Andina del centro y sur chilenos, moviendo la guerra al norte de Iquique.

En eso, el presidente Balmaceda tomó una polémica decisión: el general José Miguel Varela fue enviado a reemplazar a Ibáñez por su mayor conocimiento del terreno (adquirido durante la Guerra del Pacífico) mientras Ibáñez sería el general encargado de la ofensiva que se llevaría a cabo contra Argentina una vez expulsadas todas sus fuerzas del territorio chileno. Varela tomó el mando en el norte y se decidió a realizar la liberación del sitio de Arica, contando ahora con refuerzos venidos del Brasil y mayor cantidad de soldados nacionales. Con casi 50000 efectivos, Varela se lanzó sobre Arica en febrero. El plan de batalla era el siguiente: mientras la Escuadra Aliada (con los buques de Chile, Brasil y Ecuador) buscaría el combate decisivo contra la Escuadra Andina que bloqueaba el puerto de Arica, las fuerzas terrestres al mando del general Varela atacarían a las fuerzas andinas que sitiaban la ciudad. El 13 de febrero, las fuerzas de Varela desembarcaron en caleta Vítor y se encaminaron hacia Arica. Al otro día, comenzó uno de los enfrentamientos más grandes de la guerra junto a las posteriores batallas de Madre de Dios, de El Alto, de Paso de los Libres, de Lurín y Cabo Polonio: la Batalla naval y terrestre de Arica. La Escuadra de la Alianza logró una decisiva victoria sobre la Escuadra de la Coalición, la que perdió sus mejores elementos; en tierra, las fuerzas comandadas por el general José Miguel Varela lograron una victoria estratégica (aún con grandes pérdidas) al lograr la retirada de la Coalición hacia Tacna y el desbande de buena parte del Ejército Boliviano. La batalla duró dos días, el 14 y el 15 de febrero hasta la noche. Arica sin embargo, quedó devastada. El Ejército Aliado acampó en la ciudad, y llevó a cabo tareas de reparación, atención de heridos y apagado de incendios. La población chilena de Arica vitoreó la entrada de los vencedores. Mientras la escuadra de la Coalición se marchó a reconcentrarse en El Callao, la Aliada permaneció en la rada ariqueña.

El Ejército Andino se hallaba deteriorado y posicionado en Tacna. Buena parte de las tropas bolivianas y algunas venezolanas (este último país nunca tuvo un sentimiento popular de la guerra demasiado fuerte, ni comprometido con ella) habían sufrido enormes deserciones. Pero fuerzas peruanas, argentinas y colombianas aún constituían el grueso de la tropa comandada por Cáceres y Montes además del general argentino José Smith. Durante un mes, ambos ejércitos permanecieron en Tacna y Arica respectivamente, recuperando fuerzas. La Coalición no estaba en posición de atacar nuevamente en Arica a la Alianza, pero ésta sí tenía capacidad de recuperar Tacna ya que a principios de marzo recibió fuertes refuerzos de Brasil provenientes del Altiplano, que habían cruzado desde el frente del Acre en la llamada "Marcha Amazónico-Andina" donde el general Alexandrino de Alencar cruzó con 15000 hombres las líneas enemigas del Acre, atravesando la selva, el altiplano y finalmente el desierto lleno de enemigos para llegar a reforzar a Varela en Arica y recuperar Tacna. El 9 de marzo comenzaron los preparativos, y el 25 de marzo los generales se decidieron a marchar sobre la Coalición en Tacna. El ejército aliado avanzó por la costa y luego hacia el interior por el valle del Caplina, sin embargo la avanzada se enfrentó con la Coalición en La Yarada, donde Cáceres logró una victoria momentánea el 27 de marzo en la Batalla de La Yarada; gracias a esto el avance aliado se retrasó tres días, aunque ya la Coalición no podía sostener la defensa más tiempo debido a sus bajas y deserciones.

El punto álgido de la tensión entre la Coalición llegó a niveles graves cuando el presidente y general Benavides decidió sacar del mando al veterano general Cáceres (temeroso de su creciente fama y poder) y quedarse él sosteniendo la defensa; enviando a Cáceres al frente del Ecuador. Esto fue reprobado por los demás generales de la Coalición, quebrando el mando. Según historiadores, también fue un punto crucial para la grave derrota sufrida días después: la ausencia de la hábil estrategia de Cáceres fue decisiva para perder la ventaja obtenida en La Yarada. El 30 de marzo la Alianza atacó la ciudad de Tacna, envolviendo la ciudad por el sur y el este con dos divisiones (Varela y De Alencar), sorprendiendo a la ineficaz línea defensiva opuesta por Benavides, Montes y Smith. La batalla duró hasta el 5 de marzo, cuando finalmente las fuerzas de la Coalición deciden desocupar la ciudad para no sufrir mayores pérdidas. La Alianza también sufrió pérdidas de consideración, y la ciudad quedó destruida. Las fuerzas de la Coalición debieron retirarse hacia Moquegua: con la 2º Batalla de Tacna, el teatro del norte de Chile quedaba despejado.

Contraataque chileno en Magallanes.

El fin de la Campaña vino desde el sur, cuando el general Emilio Körner Henze recibió los refuerzos desde Valparaíso: con un poderoso contingente de casi 35000 hombres invadió la provincia argentina de Santa Cruz, mientras por Aysén también tropas chilenas atravesaban la frontera con el fin de apoyar el contraataque. Esta vez, las tropas argentinas del general Lorenzo Vintter no contaban con el apoyo de su Escuadra, y ni siquiera demasiado apoyo de Buenos Aires ya que las fuerzas argentinas se centraron en contener la invasión brasileño-paraguaya en Corrientes y en impedir que la Alianza ayudara a Chile a liberar el norte de su país. Las fuerzas de Körner ya habían liberado Puerto Natales el 14 de marzo, y ya marchaban hacia la costa atlántica, chocando el 21 de ese mes con el Ejército Argentino y venciendo en la Batalla de Lago Salada. Tras el enfrentamiento, Körner avanzó sobre Río Gallegos. Mientras tanto el coronel Puga por Aysén trabó un combate con resultado inconcluso cerca del río Avilés, lo cual le obligó a detenerse y no proseguir durante unos días. El general Körner avanzó más aún, atacando la ciudad de Río Gallegos el 1 de abril: sin embargo el general Vintter opuso una fuerte defensa que causó grandes pérdidas a los chilenos, que hizo durar el ataque hasta el 4 de abril cuando la posición argentina se hizo insostenible por la falta de suministros, y la ciudad tuvo que se desocupada por los argentinos retirándose hacia Puerto Santa Cruz.

El 5 de abril en la madrugada, las tropas chilenas entran a la pequeña ciudad, ocupándola y poniéndole fin a la invasión de Chile. La guerra se movía al fin fuera del territorio chileno, y ya decidida mayormente la suerte de la campaña naval, la Alianza contraatacaría a la Coalición en su propio territorio: Perú, Bolivia, Argentina y finalmente Colombia y Venezuela.

Frente Orinoco-Amazónico (o del Nor-Amazonas).

Entrada de Panamá a la guerra.

Los venezolanos intentaron pasar su Armada a través del nuevo Canal de Panamá, para unirse a la Escuadra de la Coalición durante septiembre. Sin embargo Panamá, amigo de Chile, se opuso. Esto provocó la violenta respuesta venezolana, que forzó el paso por el Canal el 22 de septiembre con sus buques crucero Mariscal Sucre y la fragata Miranda (con apoyo del cañonero colombiano Boyacá que los esperaba al otro lado) las que lo cruzaron ante la atónita mirada de los habitantes ribereños de aquel. Ante esta flagrante agresión, el gobierno de Panamá declaró inmediatamente la guerra a Venezuela y la Coalición, firmando la adhesión a la Alianza Atlántico Pacífica el 24 de septiembre. Panamá envió 6000 hombres a Ecuador y 2000 a Chile en una secreta operación de embarque que burló el bloqueo de la Coalición, desde el puerto de Colón. Por mientras, en el Darién se apostaron 10000 soldados panameños a impedir cualquier invasión colombiana. Por su parte los colombianos y venezolanos proyectaron invadir Panamá y neutralizar su ayuda a la Alianza.

Operaciones terrestres en el frente.

Apenas Ecuador entró a la guerra y suscribió la Alianza Defensiva Atlántico-Pacífica, movilizó a sus tropas y marina. La frontera con el Perú vio combate desde el 15 de agosto cuando en el Alto Cenepa soldados ecuatorianos enfrentaron a los peruanos, sin grandes resultados. El Ejército del Perú tuvo que movilizar efectivos a la frontera para enfrentarlos, comandados por el coronel Manuel María Ponce y Brousset. Hasta mediados de septiembre se sucedieron varias escaramuzas, hasta que la primera gran batalla se dio cuando los ejércitos chocaron en la Batalla de Zapotillo el 14 de septiembre, saldada con una estratégica victoria peruana al conseguir el repliegue ecuatoriano. Los ecuatorianos no claudicaron y sostuvieron sus posiciones en la frontera, intentando llegar ahora a Tumbes que fue defendida por los peruanos con grandes pérdidas.

La frontera norte del Ecuador también vio combate: el 27 de septiembre tropas colombianas atacaron Tulcán, intentando tomarla con una fuerte cantidad de hombres, pero fueron rechazados por el Ejército del Ecuador. Sin embargo, Colombia envió una división de su Ejército a través de la selva de Iquitos a fines de ese mes y logró reunirse con las fuerzas peruanas en las cercanías de esa ciudad, avanzando durante octubre por territorio ecuatoriano e invadiéndolo por el sur. Tropas venezolanas también se unieron a los colombianos en la frontera norte, atacando nuevamente Tulcán y tomando la ciudad el 19 de octubre. Por el sur los ecuatorianos en franca desventaja numérica contra una tropa atacante de casi 20000 hombres, luchaban por no ceder más terreno a la Coalición, a pesar de que ya habían perdido hasta Copataza luego de una batalla sostenida el 24 de octubre. Pero la situación cambió cuando tropas brasileñas atravesaron la selva en buques de río desde Manaos (Brasil) y desembarcaron en la ciudad de Leticia, tomándola por sorpresa en la Batalla de Leticia el 5 de noviembre. Desde allí, los brasileños invadieron la Amazonía Peruana y colombiana, dispuestos a llegar a Ecuador y aliarse allí con ellos para expulsar a la Coalición.

Los andinos tuvieron que replegarse de territorio ecuatoriano dejando allí una fuerza menor, para defender la zona de Iquitos y la frontera colombiana amenazadas por el avance brasileño. Pero el Ejército de Brasil no sólo avanzó en esa zona, sino también envió una pequeña división a Roraima en la frontera con Venezuela para frenar las primeras incursiones de ese país contra territorio brasileño. Las incursiones venezolanas fueron detenidas en los combates de Sao Gabriel y la Batalla de Boa Vista, donde fueron rechazados. Las tropas brasileñas enviaron desde Boa Vista hacia la frontera para contraatacar durante fines de noviembre, y lograron ganar terreno casi hasta el río Caroni. Mientras en territorio peruano-colombiano, tropas de la Coalición lograron derrotar a los brasileños temporalmente en la Batalla de Mazán, cuando intentaban llegar hasta Iquitos. Esto retrasó el avance pero no impidió que enviaran tropas de refuerzo a Ecuador por el río Napo, ya que luego de la Batalla de Ampiyacu todo el territorio entre la frontera colombiana y el Amazonas-Napo quedó en poder brasileño. Esto determinó que en diciembre las tropas de la Alianza (Brasil, Ecuador y Panamá con exclusión de Chile y Paraguay que aún peleaban en sus frentes) se decidieran a caer sobre Iquitos. La Batalla de Iquitos duró casi una semana desde el 11 al 18 de diciembre, donde las tropas de la Alianza lograron imponerse ante la Coalición. Se sucedió de facto una breve tregua hasta Año Nuevo, donde se reanudaron los combates en la zona amazónica sin un claro vencedor.

Durante enero la Alianza logró expulsar brevemente a la Coalición de territorio ecuatoriano, y amenazar el territorio al sur de Iquitos pero la respuesta fue rápida y la ofensiva no logró traspasar el río Marañón. Por la costa peruana, sólo el 4 de febrero la Alianza logró traspasar la frontera peruano-ecuatoriana y ponerle asedio a la ciudad peruana de Tumbes, que se mantuvo en una indecisa batalla durante todo el mes. Más hacia el oriente los ecuatorianos lograban llegar hasta Chulucanas, pero tampoco fueron capaces de avanzar hacia el sur ante la resistencia peruana. Por el norte, los brasileños ya casi llegaban al río Caquetá, pero la victoria colombiano-venezolana en la Batalla de Puerto Pizarro el 1 de marzo impidió una mayor entrada en territorio ecuatoriano. Ya desocupado el teatro de operaciones de Chile Norte y obtenida la supremacía naval de la Alianza tras Arica, 5000 soldados chilenos fueron desembarcados en Guayaquil el 17 de marzo para apoyar el frente Nor-Amazónico contra la Coalición, que estaba haciendo retroceder a la Alianza con las efectivas estrategias del general Andrés Cáceres, enviado allí por Benavides. El 20 de marzo en un golpe magistral, el general Cáceres derrota a las tropas aliadas en Tumbes y las envía de vuelta tras la frontera ecuatoriana, mientras ordena un ataque estratégico que liquida las líneas de la Alianza en el Amazonas peruano, acorralándola en Iquitos. También el 22 de marzo Cáceres ordena un ataque que vuelve a entrar en Ecuador y conquista hasta Cariamanga, siendo contenido apenas por los nuevos refuerzos chilenos. Esta exitosa ofensiva de Cáceres que termina el 16 de abril en la Batalla de Loja donde la Coalición ocupa aquella ciudad, marca el fin de la Campaña de los Dos Océanos en el frente nor-amazónico.

Frente de los Cien Ríos.

Este frente fue llamado así debido a la compleja red de ríos que la atravesaban en todo su conjunto, desde la Mesopotamia Argentina, pasando por Misiones y Corrientes hasta la selva del Chaco. Los combates se dieron en un hostil y húmedo ambiente plagado de estos accidentes geográficos.

El 1 de septiembre, las tropas aliadas de Paraguay y Brasil invadieron la provincia argentina de Misiones, enfrentando el primer combate en San Pedro contra las fuerzas argentinas. Simultáneamente los aliados iniciaron un ataque al oriente boliviano en el Chaco, donde se enfrentaron con el Ejército Boliviano en medio de la selva, y teniendo por base a la ciudad brasileña de Corumbá. Los bolivianos fueron cediendo terreno, pero comenzaron a defenderse por medio de una estrategia de línea de trincheras que retrasaron el avance aliado. Recibidos refuerzos del Perú y voluntarios colombianos, pudieron resistir con mayor fuerza y detener a los aliados en la batalla de Mbarigui. En la Mesopotamia argentina, la feroz resistencia del general Uriburu llegado desde Chile frenó de principio el ataque aliado en la Batalla de Campo Grande, pero posteriormente las tropas del general Potiguara avanzaron hasta acercarse a Posadas el 2 de diciembre.

Durante diciembre y la mitad de enero del año entrante, las fuerzas de la Alianza comenzaron a ganar terreno ante la Coalición. Los buques fluviales de Argentina intentaron realizar un ataque sobre Encarnación, desatando una enorme batalla fluvial el 16 de enero donde la escuadra fluvial paraguaya se enfrentó a los argentinos, perdiendo varias embarcaciones ambos y rechazando el ataque. Las tropas paraguayas y brasileñas tomaron esto como una señal positiva y el 23 se lanzaron a sitiar Posadas, donde se libró una brutal batalla por el control de la ciudad que quedó devastada. El 4 de marzo la ciudad cae en control de la Alianza, así como toda la provincia de Misiones. Uriburu retiró sus tropas un poco más al sur, y la guerra amenazó la zona del Iberá. Uriburu sabía que no podría sostener la guerra allí por más tiempo, y decidió defender Entre Ríos por donde las fuerzas aliadas estaban intentando alcanzar más al sur. El Sitio de Corrientes se prolongaba y los aliados no lograban tomar la ciudad, además de haber sido rechazado un ataque aliado con buques fluviales con el fin de desembarcar.

Pero el general Potiguara sabía que debía avanzar hasta la provincia de Corrientes para ganar terreno y para cortar las líneas de comunicación de la ciudad de Corrientes, su capital. El 19 de marzo las tropas de Potiguara y las de Uriburu chocaron en Ituzaingó, a la orilla del río Paraná donde los paraguayos desembarcaron refuerzos: pero Uriburu se percató del movimiento de la Alianza y atacó con su división, constituida por soldados argentinos y bolivianos. La Batalla de Ituzaingó duró hasta el día siguiente, y a costa de enormes pérdidas (casi 18000 hombres perecieron entre ambos bandos) Uriburu logró obtener una victoria estratégica al hacer retroceder a la Alianza y desbandar a la tropa paraguaya, que fue cazada cuando aún no desembarcaba del todo.

En el Chaco, los paraguayos lograron obtener una victoria en los llanos de Curichi, haciendo retroceder a los bolivianos e internándose en territorio de Bolivia, lo cual alarmó a ese país. Con esta batalla terminó la campaña en el frente de los Cien Ríos.

Frente del Acre (o del Sud-Amazonas).

El general Alexandrino de Alencar concentró tropas en Rondonia a fines de agosto, para iniciar el frente de hostilidades contra Bolivia en la zona del Acre. Desde Manaus llegaron tropas a través del río Madre de Dios hasta Porto Velho, y el 3 de septiembre De Alencar invadió el norte boliviano con el fin de llegar eventualmente a través del río Madre de Dios a la frontera con Perú, y allí aplastar a ambos países entre los frentes de Chile y el Chaco respectivamente. Sin embargo la resistencia del Ejército y las milicias de Bolivia fue más intensa de lo esperado, y se dieron choques sucesivos en Cachuela Esperanza y Yata. De Alencar dispuso una flota de vapores llegada del Amazonas para internarse en territorio boliviano y apoyar a sus tropas, topándose con los barcos de la Armada Boliviana en el combate naval de Cachuela Esperanza, donde los brasileños lograron forzar el paso de la pequeña vuelta del río hacia el sur. La idea era llegar a la ciudad de Riberalta.

El 2 de octubre las tropas brasileñas atacaron la ciudad y lucharon varias horas con los bolivianos, derrotándoles y tomando la ciudad. Sin embargo tres días después intentando avanzar por Buzeta, De Alencar fue sorprendido y derrotado en la selva, debiendo volver a Riberalta. Mientras tanto, los bolivianos recibían un contingente de 4000 soldados peruanos para apoyar en ese frente. Las fuerzas brasileñas recibieron un pequeño refuerzo a su vez de tropas paraguayas, y reanudaron la ofensiva. De Alencar atacó los poblados de Nueva Santa Fe y Puerto Grande durante noviembre, logrando victorias y conquistando la mitad del territorio al norte del Madre de Dios. La ofensiva boliviana para recuperar Riberalta a través de una flota de río fracasó de forma abrupta, y el Año Nuevo llegó con la fuerza brasileño-paraguaya avanzando por todo el territorio. Pero los bolivianos conocían bien el terreno, y le propinaron una derrota a Alencar en la batalla de Conquista el 9 de febrero. Sin embargo las enfermedades ya hacían mella en ambos bandos y en especial los bolivianos, cuyos suministros eran insuficientes debido a que Bolivia mantenía frentes más intensos en el Chaco, en el norte de Chile y asistiendo a los argentinos en Corrientes.

El enfrentamiento decisivo fue en la gran Batalla de Manuripi, que más bien fue una serie de combates entre la Alianza y la Coalición del 17 al 26 de marzo, cuando es derrotada la fuerza boliviana. Alexandrino De Alencar había delegado el mando, ya que debió acudir con 15000 hombres en auxilio del Frente del Norte Chileno, donde se trabarían las decisivas batallas de Arica y Tacna. El general De Alencar atravesó con gran esfuerzo las líneas enemigas, entrando en combate en San Silvestre contra los bolivianos, Puerto Maldonado con los peruanos y cruzando el Altiplano a través de la ruta del Titicaca, donde los peruanos advirtieron su presencia pero no detuvieron su avance (debido a que sus fuerzas estaban concentradas en Chile y en Ecuador) aunque entraron en combates en Macusani, Ayaviri y cerca de Puno. Este Cruce de los Andes o Marcha de Marzo fue una de las operaciones más arriesgadas de toda la Guerra. Pero con Manuripi, la resistencia boliviana estaba quebrada y los peruanos debieron intervenir para asegurar su frontera, que había sido vulnerada escandalosamente por la división del general De Alencar.

Campaña Naval de los Dos Océanos.

Costa pacífica del Cono Sur.

La flota brasileña apenas suscrita la Alianza Atlántico-Pacífica, se puso en pie de guerra zarpando desde Río de Janeiro hacia el sur (Argentina) con los buques Minas Gerais, Sao Paulo, Pedro II, Riachuelo, Conde de Eu y Amazonas, junto a la fuerza de submarinos. El Río de Janeiro y Río Grande Do Sul zarparon hacia la costa de Venezuela para enfrentar a la Coalición allí. El 2 de agosto, los buques brasileños iban cerca de Montevideo con el fin de bloquear la costa argentina, en especial hostilizando los puertos del sur. y unirse a la escuadra chilena en Magallanes. Los argentinos mantuvieron sus buques restantes en el Río de la Plata, ante la previsión de un ataque brasileño. El 16 de septiembre tras un viaje lleno de inclemencias climáticas, los brasileños llegan a Magallanes. El almirante Goñi se reunió con su par Hermes Rodrigues en Punta Arenas, informándole que la escuadra argentina que bloqueaba el puerto se había retirado luego del gran enfrentamiento ocurrido allí previamente y que un resto se había ido a atacar los puertos chilenos del Pacífico junto a la escuadra peruana. Rodrigues dejó al Amazonas y el Riachuelo reforzando a los chilenos, y fue con el resto a unirse a la Escuadra Aliada que haría frente a la Coalición, que se había retirado a alta mar luego del ataque a Valparaíso.

El almirante Rodrigues logró reunirse con la escuadra chilena en Talcahuano, donde fue informado por el ahora ascendido a comodoro Edgardo Von Schroeders que la Escuadra de la Coalición había abandonado la costa chilena para partir hacia la Isla de Pascua, y tomar aquella base, cortando la línea de suministros que llegaban desde el Pacífico lejano. La parada obligada sin embargo, era la isla de Juan Fernández, donde la Coalición aún mantenía su ocupación desde que ocuparan el archipiélago durante la primera fase de la campaña. Sin embargo la información era errónea: la Escuadra Andina primero intentaría amagar el puerto y base naval de Talcahuano por sorpresa, pero el mando andino no contaba con que los aliados se reunirían en ese puerto y no en Valparaíso. El choque era inminente. El almirante peruano Melitón Carvajal no se percató de que Talcahuano ya no estaba desprotegido, y se topó en una neblinosa noche con la Escuadra Aliada en pleno. Los andinos contaban en el Pacífico con los buques ARA Garibaldi, Rivadavia, Moreno, BAP Pachacútec, Pacocha, Bolognesi, ARC Pinzón y Boyacá y los ARV Mariscal Sucre y fragata Miranda. La Alianza había concentrado los ARCH Latorre, O'Higgins, Cochrane, Portales, Huáscar y Carrera; MB Minas Gerais, Sao Paulo, Pedro II y Conde de Eu, con el submarino F1; el crucero ecuatoriano Guayaquil y la fragata Abdón Calderón, y el crucero panameño Darién.

Pero solamente ocho de los buques de la Alianza estaba en Talcahuano; los demás estaban a la altura de Coquimbo, siguiendo el rastro de buques de la Coalición que se dirigían al norte. Tampoco todos los andinos estaban allí, solamente cinco de ellos. En medio de la noche los buques andinos comenzaron a intercambiar disparos con los aliados y los fuertes del puerto; el almirante Carvajal se percató de la presencia aliada y de que ya no contaba con el factor sorpresa, y durante la madrugada del 2 de octubre se fueron hacia alta mar, sin bajas en ningún bando. El comodoro Von Schroeders optó por no perseguirlos, ante las malas condiciones climáticas. Carvajal envió al Moreno y el Mariscal Sucre hacia el sur, con el fin de atacar los puertos sureños de Chile mientras unía el resto de la escuadra para ir a Chile Insular. Von Schroeders y Rodrigues previeron la medida y enviaron también al O'higgins y al Pedro II hacia el sur en persecución de los andinos. En Calbuco se encontraron el 17 de octubre, entrando en una fiera batalla que terminó con daños para ambos contendientes y la retirada hacia el norte de los andinos mientras en Puerto Montt se reparaban los buques aliados. Carvajal vio una oportunidad y navegó hacia la Isla de Pascua, logrando reunirse a principios de noviembre con el resto de su escuadra. Von Schroeders decidió no esperar y lanzar sus fuerzas a Juan Fernández para liberarla de la ocupación, llevando 2500 hombres de infantería de marina; el 23 de noviembre atacan la isla donde se encontraban sólo la fragata venezolana Miranda y el blindado peruano Bolognesi. Este último logró escapar, tras un fiero combate de ambos buques y las defensas terrestres ocupadas por 1500 hombres de la Coalición, pero la Miranda fue seriamente dañada y capturada justo antes de que sus marinos intentaran volarla. Pasó a engrosar los buques chilenos.

Este golpe no detuvo sin embargo al almirante Carvajal en su propósito de conquistar la base de Rapa Nui. El 17 de diciembre inició el bloqueo y asedio a la isla, cuya guarnición al mando del teniente coronel Tobías Barros Ortiz compuesta de 1500 hombres tuvo que repeler con las defensas costeras de Hanga Roa un ataque masivo de la escuadra andina en pleno. Sin embargo de perder durante los tres primeros días a casi 400 hombres, Barros logró contener al enemigo con el poderoso sistema defensivo de fuertes instalado en la isla bajo el mandato del presidente Julio Bañados, y rechazar dos intentos de desembarco, aunque la resistencia no podía durar más de unas dos semanas. Pero el asedio sería inútil, y ya advertida la Alianza, el almirante Goñi ordenó a Von Schroeders que lanzara su fuerza junto a Rodrigues para romper el asedio. Carvajal decidió presentarles batalla cuando llegaran, lo cual se verificó el 13 de enero al llegar la Escuadra Aliada. La batalla puso a prueba la pericia de ambas fuerzas, que se trenzaron en una enorme refriega naval. Pero el mayor número de buques aliados y los fuertes de Hanga Roa pusieron la victoria en manos de la Alianza, que rompió el asedio y auxilió a los escasos 750 hombres que quedaban a Tobías Barros. Carvajal con varios buques dañados, que fueron parchados sobre la marcha hacia el puerto peruano de Ilo. La fragata ecuatoriana Abdón Calderón sufrió daños considerables, pero fue reparada en el puerto.

El almirante Carvajal debía atender el llamado de la Coalición a bloquear Arica, donde las tropas terrestres estaban viviendo duros momentos sitiando la ciudad. Las tropas de los generales José Miguel Varela y Alexandrino de Alencar se aproximaban a la ciudad para liberarla del asedio, y era necesario bloquear el puerto. Así, la escuadra andina completa reparó sus averías en el puerto de Ilo, y se reunió con el submarino Palacios donde venía el almirante colombiano Rafael Reyes, el submarino Bouchard de la Argentina y el resto de la fuerza andina. A principios de enero pusieron proa a Arica, bloqueando el puerto. El comodoro Von Schroeders y el almirante Hermes Rodrigues reunieron a la escuadra aliada completa, en vista de que tendrían que enfrentar a una enorme fuerza de la Coalición. Los submarinos Iquique y Antofagasta se unieron a la Escuadra Aliada, concentrándose todas las fuerzas en Quintero. Sólo un par de buques menores quedaron resguardando los puertos cuando se terminaron las reparaciones, y zarparon el resto al norte llegando a Iquique el 11 de febrero. El mando aliado contactó a las tropas de tierra, que debían ser transportadas y desembarcaron en Vítor el 13 de febrero. Al otro día en la madrugada, las fuerzas navales y terrestres se encontraban en Arica.

La batalla fue gigantesca, y duró desde la madrugada hasta el anochecer. El ARA Rivadavia y el BAP Bolognesi lucharon casi exclusivamente contra los acorazados Minas Gerais y el poderoso ARCH Latorre, mientras los demás buques intercambiaban fuego a media y corta distancia. Los submarinos Bouchard y Palacios se enfrentaban bajo la superficie contra el Iquique, el Antofagasta y el F1 brasileño. Las baterías costeras de Arica hacían fuego sobre la Escuadra Andina, y la batalla en tierra también recrudecía. A mediodía los buques aliados veían una derrota inminente, cuando el Conde de Eu fue dejado inutilizado por un torpedo del Palacios, y el Portales estaba a punto de hundirse habiendo recibido varios impactos del Garibaldi. La Coalición había perdido al cañonero colombiano Boyacá, y el venezolano Miranda estaba seriamente dañado. Pero una notable maniobra del almirante Rodrigues al envolver con sus buques restantes a los peruanos y espolonear con el Sao Paulo al BAP Bolognesi cambió el curso del enfrentamiento; ante la inesperada movida los peruanos quedaron separados de sus pares argentinos, y Von Schroeders aprovechó para concentrar fuego a corta distancia sobre la línea de flotación del Bolognesi con los poderosos cañones del ARCH Latorre. El buque peruano comenzó a hundirse, y cundió el desconcierto. Los submarinos aliados rodearon al Palacios y lo torpedearon, logrando inutilizarlo y haciéndolo emerger en la playa, donde varó. El Bouchard quedó solitario, y buscó el amparo del Rivadavia pero el Minas Gerais atacó con cargas de profundidad y el Cochrane con el Huáscar rodearon al Garibaldi, destruyendo su cubierta, su artillería y perforando el blindaje. A las 5 PM la batalla se decidió con la pérdida del crucero protegido venezolano ARV Mariscal Sucre. El Bouchard estaba gravemente comprometido, y debió escapar hacia el sur, mientras el Pachacútec varaba en la playa. El submarino chileno Iquique fue alcanzado por proyectiles del Bolognesi cuando emergió, hundiéndolo. Pero la batalla estaba ganada por la Alianza, y la Coalición debió dispersarse, hacia Ilo.

La Coalición perdió al submarino Palacios, al ARA Garibaldi, al ARV Miranda, al BAP Pachacútec y el BAP Bolognesi; la Alianza perdió al submarino Iquique, y los buques Conde de Eu y Portales. La Coalición ya no contaba con sus mejores elementos, y su fuerza submarina había quedado destruida; la Marina del Perú sólo quedaba con buques menores y la Argentina perdió su mejor crucero protegido, debiendo llevar lo que le quedaba de vuelta al Atlántico para enfrentar ahora al Brasil en sus aguas. Terminó en esta batalla la campaña naval de esta parte de la guerra, y no volvería a operarse en el mar hasta las últimas operaciones y batallas contra los restos de la Escuadra Andina.

Operaciones en la costa del Caribe colombo-venezolano y Panamá.

Los buques brasileños Río de Janeiro y Río Grande do Sul zarparon hacia la costa venezolana para atacarla o en su defecto unirse a la pequeña flota de Panamá. El 11 de septiembre lograron llegar a la costa venezolana, donde atacaron el puerto de Carupano casi impunemente. Viendo que las fortificaciones de Caracas y de la Isla Margarita eran formidables, decidieron pasar a la costa atlántica colombiana para reunirse con la pequeña Escuadra del Caribe panameña con la que se encontró el 18 de septiembre en Colón. Los 3 cañoneros panameños, una torpedera y el crucero Victoriano Lorenzo se unieron a los acorazados brasileños. La Escuadra del Caribe ahora marchó hacia la costa colombiana, donde bloquearon Barranquilla y Cartagena. La Coalición reunió a las fuerzas disponibles en el Caribe (escasas luego de que el grueso de las flotas marcharan al Pacífico): el Hércules y el crucero Pinzón, y los cañoneros venezolanos Caracas, Cristóbal Colón y el crucero Restaurador. Con estas unidades podía hacerle frente a la Alianza, la cual sostuvo un duro combate en Cartagena contra la nueva escuadra andina, debiendo retirarse los aliados con algunos daños y decidiendo reunir para mejores resultados a toda la escuadra abandonando el bloqueo de esa ciudad y concentrándolo sólo en Barranquilla. Así, esta ciudad costera fue bombardeada por la Alianza el 5 de octubre.

La escuadra colombo-venezolana protegía el puerto de Cartagena tras el combate, y salió a cazar a la escuadra aliada luego del bombardeo a Barranquilla. Los aliados repararon algunas averías producidas por los fuertes de ese puerto volviendo a Colón el 18 de octubre, por lo que los andinos no los encontraron. Recién el 2 de noviembre los aliados volvieron a hostilizar los puertos de la costa atlántica colombiana, buscando bombardear Cartagena el 7 de ese mes, encontrándose con la escuadra andina en Isla de Tierra Bomba, donde se enfrentaron en una de las más grandes batallas navales de la guerra. Aquí el éxito favoreció a la Alianza, que logró hundir al cañonero Caracas y averiar seriamente al Pinzón, que tomaron la decisión de retirarse hacia la costa venezolana confiando en que los poderosos fuertes de Cartagena impedirían el ataque aliado.

Operaciones en la costa atlántica argentino-brasileña.

Campaña de Los Andes

Frente de los Andes Centrales e invasión de Bolivia

Una vez repelida la invasión al territorio chileno, la Alianza decidió ejecutar el plan de ataque sobre territorio enemigo. El noroeste de Argentina, el sur peruano y Bolivia serían los primeros objetivos, de un movimiento "de abanico" que conquistaría con tres Divisiones los territorios propuestos. La Primera División de casi 35.000 hombres comandados por el general De Alencar inició su avance cruzando el río Sama y el desierto hacia Moquegua. La Tercera División

El Ejército de la Alianza avanzó a mediados de mayo de 1915 hacia Puno, esperando ocupar la ciudad y asegurar el Lago Titicaca. Allí la Segunda División trabó breve combate con fuerzas perú-bolivianas, que sin embargo no opusieron mayor resistencia. Ocupada Puno por los Aliados, se planeó la invasión de Bolivia a través del Altiplano: Bolivia no lograba cubrir todos los frentes de guerra, y la situación favorable que había antes de que se formara la Coalición ahora operaba en su contra. La Segunda División de casi 30.000 hombres de Chile, Brasil y Ecuador, cruzó la frontera boliviana entrando a su primer combate en la Batalla de Desaguadero, donde lograron romper las líneas de los escasos defensores y llegar a principios de junio a Viacha, a escasos kilómetros de la capital boliviana. El general Pando organizó apresuradamente la defensa, oponiendo una fuerza de 25.000 soldados de todos los países de la Coalición, aunque con escasa artillería. El general Varela intentó hacer tratativas de armisticio, pero fracasaron: la madrugada del 9 de junio de 1915 iniciaba la intensa Batalla de Viacha, donde chocaron nuevamente los ejércitos de la Coalición y la Alianza. Dos días después y con terribles pérdidas de ambos lados, el general Varela lograba conquistar posiciones en El Alto, sellando la victoria para la Alianza. La capital boliviana fue ocupada dos días después.

Frente de Argentina

Invasión del Perú y Batalla de Madre de Dios.

Invasión del Darién panameño por la Coalición.

Últimas acciones navales relevantes y bloqueo de la costa argentina.

Campaña de Los Andes del Norte

Retirada de Argentina: armisticio de Asunción

Último esfuerzo naval de la Coalición: Batalla Naval de Isla del Rey.

Invasión del Nor-Amazonas

Tratado de Montevideo y consecuencias de la Gran Guerra.

Apoyo extranjero a los beligerantes.

De los países latinoamericanos, Uruguay fue el único que se mantuvo absolutamente neutral. Los países de Centroamérica y el Caribe apoyaron en una y otra medida a alguno de los bandos, y México solidarizó desde un primer momento con Chile y la Alianza aunque no quiso unirse militarmente por sus problemas internos derivados de la Revolución Mexicana y la intervención estadounidense.

Los países europeos y los EE .UU adoptaron políticas que convinieran a sus intereses en la Primera Guerra Mundial; mientras varios de los países en la Entente (aunque no todos) apoyaron a la Coalición, otros de la Alianza apoyaron a su homónima americana. En especial los Estados Unidos debieron apoyar por razón estratégica a la Alianza al contrario que sus aliados, debido al interés comprometido en Panamá y los Acuerdos de Navidad con Chile. Sin embargo la asistencia se redujo principalmente a envíos de armas, pertrechos y ayuda diplomática con los países de Europa en cuanto a bloquear algunas adquisiciones, que fueron las menos debido a que los europeos necesitaban los suministros y armas para la Primera Guerra Mundial por lo que a ninguno de los dos bandos les llegaron demasiados elementos por esta vía.

Uruguay intentó mediar entre ambos bandos durante todos los años que duró la guerra, teniendo éxito sólo al final cuando medió entre Chile, Argentina y Brasil para el Armisticio de Asunción y en la rendición de la Coalición que dio paso al Tratado de Montevideo.

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