Historia Alternativa
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Fuerzas

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La Guerra Franco-Española, que tiene lugar en el periodo comprendido entre 1635 y 1656, año en el que finaliza con la victoria española en Valenciennes, firmándose poco después el acuerdo entre ambos países conocido como la Paz de los Pirineos, es una guerra que debe ser analizada dentro del contexto de la guerra de los Treinta Años, si bien tiene entidad propia diferenciada, y continúa después de que aquella finalizara con la Paz de Westfalia. Asimismo, hay que analizarla teniendo en cuenta otros conflictos, como los que España mantenía con las Provincias Unidas, en la conocida como Guerra de los Ochenta Años.

Antecedentes[]

La rivalidad entre España y Francia se remonta ya a finales del siglo XV, en tiempos del reinado de los Reyes Católicos. Durante el siglo XVI, tienen lugar una serie de conflictos entre ambos países. Inicialmente, estos se desarrollan por la preeminencia sobre los dominios en Italia: Reino de Nápoles (campañas del Gran Capitán), por el Milanesado (batalla de Pavía en 1525) y nuevamente por el dominio de Nápoles, aunque en este caso, el campo de acción acaba trasladándose a la frontera de Francia con los Países Bajos (batalla de San Quintín en 1557 y batalla de Gravelinas en 1558), conflicto que concluye con la asunción del predominio español en 1559 tras la firma de la Paz de Cateau-Cambrésis.

Aunque oficialmente se vive un periodo de paz entre ambos Estados durante el resto del siglo, dada la convulsa situación interna que experimenta Francia por los conflictos entre católicos, calvinistas y los diferentes partidos durante las Guerras de Religión, España interviene periódicamente en favor de la Liga Católica, bien con subvenciones, bien con entradas de tropas, procedentes principalmente de los Países Bajos, finalizando la participación española que implicaba la prorrogación española del conflicto con la Paz de Vervins.

Durante el reinado de Felipe III, se vive cierta relajación de la tensión en las relaciones con Francia, culminando con los acuerdos matrimoniales de 1615 entre ambas casas durante la regencia de María de Médici.

Tras el ascenso de Luis XIII al trono, las relaciones entre ambas naciones volverían a ser tensas, viviendo su apogeo una vez el Cardenal Richelieu fue nombrado primer ministro.

Encajonamiento de Francia[]

Dado el contexto geopolítico a principios del siglo XVII, los gobernantes franceses podían entender que Francia estaba rodeada por territorio español y deducir que esto suponía una amenaza para su supervivencia, o en todo caso, una limitación de la posibilidad de ampliar sus fronteras a costa de vecinos más débiles. Al norte, se encontraba con Flandes en manos españolas, al sur con la propia España, al este con una Saboya ambivalente y una Lombardía bajo soberanía de los Austrias, una Lorena hispanófila, un Franco Condado, herencia borgoñona de Carlos V, los territorios del arzobispado de Colonia con presencia de guarniciones españolas, y una Alsacia bajo la influencia de los Habsburgos austríacos. Mirase donde mirase, se sentía rodeada por España, o en su defecto, por los Habsburgos, bien fueran estos de la rama austriaca. Esto suponía un freno para sus propias ambiciones expansionistas

Una nueva política exterior, destinada a mantener como mínimo a tales enemigos en debilidad y a aprovechar en lo posible las ganancias territoriales que de tal debilidad se derivara, acabó imponiéndose. Agobiada por los problemas interiores (guerra intermitente con los hugonotes), no pudo Francia intervenir en el exterior con decisión hasta imponerse a los disidentes religiosos (asedio de La Rochelle, 1628). A partir de aquí, resuelto el principal problema interior, pudo lanzarse Francia a una campaña en el exterior.

Precedentes (1620-1631)[]

La Valtelina (década de 1620)[]

Una de las formas que disponía Francia de debilitar a España era amenazando la principal vía de comunicaciones que, partiendo de Milán, transportaba por vía terrestre soldados y materiales a los campos de batalla de Flandes, conocida como El Camino Español, estando la vía marítima amenazada por la presencia en el canal de la Mancha de corsarios ingleses y neerlandeses. Una de las variantes del camino que rodeaban Suiza, pasaba por la Valtelina, valle suizo poblado por católicos pero bajo dominio de las protestantes Ligas Grises o cantones grisones. Esta variante oriental del camino fue imprescindible para España, una vez el Ducado de Saboya se puso bajo la órbita francesa, a comienzos de la década de 1620. España defendió el derecho de los católicos de la Valtelina a emanciparse, para así tener control sobre el valle. Francia intervino en favor de los grisones para poseer el control sobre el valle, ocupándolo en 1624, y de esa manera, tener mano en las comunicaciones españolas con Flandes. El conflicto se apaciguó tras la intermediación papal: Paz de Monzón (1626), aunque el conflicto persistió.

El Palatinado Renano (1620-1622)[]

Una nueva etapa del camino que unía Milán y Bruselas, y una nueva piedra en el muro que encerraba a Francia, vinieron a incorporarse cuando en 1620, reclamado por el emperador, un ejército al mando de Ambrosio Spinola partió de los Países Bajos rumbo al Palatinado Renano o Bajo Palatinado, para dividir las fuerzas que Federico V del Palatinado pudiese reunir en la defensa de su recién adquirida corona electoral de Bohemia. Entre ese año y el siguiente, se ocupan gran cantidad de plazas fuertes sin excesiva oposición del enemigo comandado por Ernesto de Mansfeld, que rehuye el combate, hasta que en 1622, y sin posibilidad de que su amo Federico, derrotado en la batalla de la Montaña Blanca se recuperase, marcha para servir a los neerlandeses, donde es derrotado en la batalla de Fleurus (1622), dejando el Palatinado a disposición de los españoles sin oposición.

Norte de Italia (1628-1631)[]

En el norte de Italia existían pequeños Estados diseminados entre los más importantes estaban Génova, Venecia, Saboya y la Lombardía bajo dominio español. Entre ellos se encontraban los ducados de Mantua yMontferrato, que aunque sin continuidad geográfica, pertenecían a la misma casa. La muerte sin hijos del duque en 1627 provocó la disputa entre dos sucesores: el primero apoyado por Francia, y el otro por España, lo que acabó derivando en una guerra de sucesión sostenida por las dos potencias, que terminó tras la intervención imperial en 1631, sellándose en la Paz de Cherasco, un acuerdo que España juzgó desfavorable.

Intervención francesa en el Imperio y primera fase (1630-1648)[]

Era notorio que las relaciones entre las dos ramas de los Habsburgos, gobernantes respectivamente en Madrid y Viena, eran buenas, sin que por ello existiera una colaboración estrecha que pudiera sugerir una alianza sin fisuras. No obstante, bien porque debilitando la rama austriaca se debilitaba un aliado de España, bien porque la propia debilidad del Imperio era de por sí atractiva, Francia se inmiscuyó a partir de 1630 en los asuntos imperiales, apoyando la disensión y favoreciendo a los enemigos del emperador, primero de forma encubierta, después de manera declarada aunque indirecta (subvencionando a Suecia por valor de cuatrocientos mil táleros anuales para que interviniera militarmente en Alemania: Tratado de Bärwalde), y por último con la propia intervención militar a partir de 1635.

La subvención francesa a la Suecia de Gustavo II Adolfo permitió que ésta, cuyos ejércitos habían desembarcado en Alemania en julio de 1630, prosiguiera sus combates campeando por territorio alemán, de manera que en 1632 había tropas suecas en Baviera: habían llegado ya al sur.

En 1633, Madrid toma la decisión de formar un ejército que, partiendo de Milán, pacificara el sur de Alemania, con vistas entre otras cosas a permitir el paso del cardenal-infante Fernando de Austria, y con él, las tropas que habían de acudir a los Países Bajos: imponían una etapa pacificada del Camino Español.

El ejército de Alsacia, como se le denominó, al mando del Duque de Feria acudió en socorro del amenazado duque de Baviera, y liberó varias ciudades ocupadas por los ejércitos protestantes durante el año 1633, aunque su influencia no fue en modo alguno determinante.

No obstante, el año siguiente, 1634, el propio Cardenal-Infante, hermano de Felipe IV partía de Milán hacia Bruselas acompañado de un ejército abundante, con la misión de hacerse cargo del gobierno de los Países Bajos. Uniéndose a las tropas de Fernando III, acudiría al encuentro del ejército sueco-protestante, derrotándolo en la batalla de Nördlingen.

La batalla tuvo como consecuencia que el poderío sueco se resintiera y que Francia, empeñada en el debilitamiento del imperio, desconfiando de su derrotado aliado, se animase a la intervención directa, declarando la guerra a España el 19 de marzo de 1635 (mediante el envío de un emisario a Bruselas). Francia ya había ocupado el año anterior las guarniciones en Alsacia que Suecia le había cedido. No obstante, no recibió la declaración de guerra del emperador hasta marzo de 1636, aún a pesar de que Bernardo de Sajonia-Weimar campeaba ya por Alemania a sueldo de Francia por 1,6 millones de táleros anuales, desde el otoño pasado. A continuación, con un nuevo tratado con Suecia (Tratado de Wismar, 30 de junio), renovó Francia su alianza contra el imperio.

Primera campaña de Francia (1636-1648)[]

La llamada Primera campaña de Francia de 1636 fue un conjunto de operaciones militares desarrolladas por el ejército español tras la entrada del Reino de Francia en la Guerra de los Treinta Años. La guerra abierta entre España y Francia comenzó con una victoria prometedora para los franceses en la batalla de Les Avins en 1635, pero al año siguiente las tropas españolas del Ejército de Flandes, estacionadas en los Países Bajos del Sur y comandadas por el Cardenal-infante Fernando de Austria, pudieron repeler la invasión francesa y contraatacaron con una invasión del noreste de Francia y una serie de campañas relámpago derrotando a las tropas francesas en batallas como La Capelle, Châtelet, Vervins y Corbie, haciendo que estas se tambaleasen, además de dañar seriamente a la economía de la región, muy importante para el esfuerzo de guerra francés. Parecía que los tercios españoles tenían las manos libres para marchar sobre París, pero los españoles se vieron obligados a retirarse debido a que sus líneas de abastecimiento se habían extendido demasiado, a lo que se suma el debilitamiento de los rebeldes holandeses, retirándose el Ejército español de regreso a Flandes para emprender una última campaña contra los rebeldes y así terminar de una vez por todas con la Guerra de Flandes, principal carga económica de España.

La retirada española dio a los franceses la oportunidad de reagruparse y organizar una segunda invasión de Flandes. También enviaron fuerzas a través de Alsacia y Lorena para cortar el Camino Español, línea de suministros de vital importancia para el Ejército de Flandes que recibía suministros desde España a través del puerto de Génova. Los franceses, además, lanzaron una ofensiva sobre Cataluña para obligar a España a concentrar fuerzas en los Pirineos, que unido a la sublevación de 1640, dejó la mayor parte del Principado bajo dominio francés. Pero una serie de acontecimientos permiten a España recomponer la situación: en 1642, muere el cardenal Richelieu y un año después lo sigue el rey francés Luis XIII. Sube al trono Luis XIV, con tan sólo cinco años, mientras que su regente, el Cardenal Mazarino, comienza a trabajar para restaurar la paz.

Cuando comenzaron las negociaciones de paz que conducirían a la Paz de Westfalia (1647-1648), Francia insistió en que España quedara excluida de la misma, pero su demanda fue rechazada. Francia adquirió nuevas posiciones en Alsacia, cerrando definitivamente el Camino Español, pero en contraposición España reconoce la independencia de las Provincias Unidas del Norte a la vez que estas reconocen el dominio español en los Países Bajos del Sur, dejando así las manos libres a los españoles para concentrar todos sus esfuerzos en la guerra con Francia.

Campaña en Italia (1639-1646)[]

En Italia, Francia luchó con el apoyo más o menos reticente de su estado cliente, el ducado de Saboya, contra los españoles, en el ducado de Milán. Pero la marcha de la campaña se vio confusa debido al estallido de la Guerra Civil Piamontesa (1639-1642) entre los partidarios de la duquesa Cristina de Francia (apoyados por esta) y los del príncipe Tomás de Saboya (apoyado por España). El cerco de Turín (1640) fue el acontecimiento más famoso tanto de dicha guerra como del escenario italiano del conflicto hispano-francés, terminando en victoria española y en nombramiento del príncipe Tomás como duque de Saboya, abandonando la alianza con Francia y pasando a la órbita española. En 1646 una flota francesa, comandada por Jean Armand de Maillé-Brézé, que se dirigía a conquistar los presidios españoles de Toscana y someter a dicho ducado a protectorado francés, fue derrotada por la escuadra española del Conde de Linhares, en la decisiva batalla de Orbetello. De esta forma, Italia se mantuvo firmemente dentro de la órbita española.

Guerra Tardía y final (1648-1656)[]

En 1648 estalló una gran revuelta contra la autoridad real en Francia, conocida como la Fronda. La guerra civil continuó hasta 1653, cuando prevalecieron las fuerzas reales, y al concluir la misma, todo el país, cansado de la anarquía y disgustado con los nobles, llegó a considerar al partido del Rey como el partido del orden y el gobierno estable, y así la Fronda preparó el camino para el absolutismo de Luis XIV.

En Italia, la guerra a lo largo de la frontera entre el Piamonte y el Ducado de Milán fue mantenida con continuas escaramuzas e incursiones por parte de los españoles. En dos ocasiones, 1647-1649 y 1655-1659, Francia logró abrir un segundo frente contra Milán al ganar la alianza de Francesco I d'Este, Duque de Módena, pero esto nunca logró el resultado deseado de romper las defensas españolas. En el sur, las fuerzas francesas fueron expulsadas por el ejército y las fuerzas navales españolas, sin embargo, una flota francesa capturó a Piombino y Porto Longone, lo que alentó al duque de Módena a aliarse con la Corona francesa y le dio una nueva base de operaciones contra los españoles en la península italiana. Prácticamente todas las campañas francesas en Italia durante la guerra tenían como objetivo cortar el Camino Español hacia Flandes, pero todas fracasaron.

Los franceses, debilitados por la Fronda, no pudieron contener el avance de las fuerzas españolas. Aprovechando las divisiones francesas, las fuerzas españolas, bajo el archiduque Leopold Wilhelm, salieron de los Países Bajos, apoderándose de varios fuertes del norte de Francia en febrero-marzo de 1652. Debilitado por las disputas internas y amenazados por los españoles desde el norte una vez más, los franceses se vieron obligados a retirar la mayoría de sus fuerzas de los Pirineos. Así, los españoles aprovecharon para abrir un tercer frente en el sur de Francia: Un nuevo ejército español, comandado por el Príncipe Heredero Baltasar Carlos de Habsburgo cruzó con dificultad los Pirineos y las guarniciones francesas agotadas en Narbona y Toulouse se rindieron a las fuerzas españolas en octubre y diciembre de 1652 respectivamente.

En 1653, el agotamiento general había llegado al punto de que ni los invasores ni los defensores pudieron reunir suministros para poder pasar a la ofensiva hasta julio. En un momento, cerca de Péronne, Condé tenía a Turenne en grave desventaja, pero no pudo aprovechar la situación debido a que el general español, conde Fuensaldaña, era consciente del cansancio de sus hombres y los dos ejércitos se separaron sin luchar. En 1654 el incidente principal fue el asedio y el socorro de Arras. En la noche del 24 de agosto al 25 de agosto las líneas de circunvalación dibujadas alrededor del lugar por el príncipe fueron asaltadas brillantemente por el ejército de Turenne, y Condé ganó el mismo crédito por su retirada segura del cuerpo sitiador al amparo de una serie de audaces cargas de caballería lideradas por él mismo, como de costumbre, espada en mano. Pero la victoria en Arras quedó en nada ante los éxitos de Príncipe Baltasar en el Sur, conquistando el importante puerto de Marsella en noviembre de ese año.

En 1655, los franceses sufrieron otro golpe importante en Italia con su derrota en la Segunda Batalla de Pavía, que abrió el camino a las tropas españolas para para conquistar Módena, rompiendo la débil pero hábil defensa dirigida por el Duque de Módena. En cambio, las tropas francesas de Turenne capturaron las fortalezas de Landrecies y St. Ghislain. El Príncipe Baltasar Carlos continuó con su campaña en el Sur, tomando Burdeos en agosto de ese mismo año, pero días después se le ordenó delegar su mando militar y volver a Madrid, donde se produciría la abdicación de su padre y su coronación como Carlos II.

En 1656 se produjo el momento decisivo: El 18 de mayo el ejército francés al mando de Turenne comenzó el cerco de la estratégica plaza fuerte de Valenciennes (actual Francia), defendida por una guarnición española al mando de Francisco de Meneses. El bien organizado asedio desgastó poco a poco a los defensores. A finales de junio, el nuevo gobernador de los Países Bajos, Juan José de Austria (hijo bastardo de Felipe IV y por lo tanto medio hermano del nuevo Rey Carlos II), decidió acudir en auxilio de Valenciennes, cuya situación empezaba a ser insostenible. El ejército francés, formado por 115 escuadrones de caballería y 31 de infantería, estaba repartido en dos divisiones a ambas orillas del río Escalda, una al mando de Turena y la otra al de la Ferté, con los problemas de comunicación que ello implicaba. La noche del sábado 15 de julio, cuando la plaza estaba a punto de rendirse, apareció el ejército español, formado por 81 escuadrones de caballería y 27 de infantería. El ejército de don Juan se atrincheró a una legua del enemigo, preparándose para la ofensiva. Condé cayó sobre el sector a cargo del mariscal de la Ferté con tal sorpresa y vigor que destrozó la resistencia francesa. Juan José de Austria destacó por su valiente actuación, liderando una brillante carga sobre el campamento francés. Turenne rechazó un falso ataque de 4.000 españoles sobre su campamento y acudió en ayuda de la Ferté, pero fue inútil, por lo que se vio obligado a levantar el sitio y huir precipitadamente a Quesnoy, siendo perseguido y finalmente obligado a rendirse. Los españoles capturaron a 80 oficiales franceses -incluido el propio Turenne- y 8.200 soldados, así como su bagaje y todas sus provisiones, incluyendo un tren de asedio de 50 cañones y la correspondencia de los mandos franceses con su Corte, lo que permitió conocer el alcance de sus fuerzas. Tan sólo lograron escapar 5.000 franceses, tras tirar sus armas y huir en desbandada.

Ante el golpe que resultó de esta derrota decisiva y tras un análisis de la situación de la Monarquía en general, finalmente Mazarino accedió a capitular ante Carlos II. La Paz de los Pirineos se firmó el 5 de septiembre de 1656, poniendo fin a la guerra. 

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