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Guerra Sudamericana
Escuadra Chilena 1978
ARA Belgrano sinking Soldado de infantería en el sector de Monte Aymond, en la Región de Magallanes
Despliegue de los Mowag 4x4 del CIM Regimiento Blindado n°2 de Antofagasta en 1978
Hms antelope explota

Escuadra chilena rumbo a la batalla. Hundimiento del ARA Belgrano. Soldado de infantería en el sector de Monte Aymond. Infantería de Marina tras desembarcar. Regimiento Blindado n°2 en su avance sobre Perú. Fragata brasileña destruida por ataque argentino.
Fecha 16 de agosto de 1978 - 7 de enero de 1980
Lugar Sudamérica, Océanos Pacífico y Atlántico
Resultado
Beligerantes
Coalición Chilena
Flag of Chile Chile
Bandera Ecuador Ecuador
Flag of Paraguay Paraguay
Bandera Brasil Brasil (d. 1979)

Apoyo internacional: Bandera Estados Unidos Estados Unidos
Flag of the United Kingdom Reino Unido
State flag of Venezuela (1954–2006) Venezuela
Eje Andino
Bandera Argentina Argentina
Bandera Perú Perú
Flag of Bolivia Bolivia

Apoyo internacional: Bandera Unión Soviética Unión Soviética
Bandera Cuba Cuba
Bandera Israel Israel
Bandera Libia (1977-2011) Libia
Figuras políticas
Bandera Presidente de Chile Eduardo Frei M.
Bandera Ecuador Guillermo Rodríguez
Flag of Paraguay Alfredo Stroessner
Bandera Brasil Ernesto Geisel
Bandera Brasil Joao Figueiredo
Standard of the President of Argentina Emilio Massera
Standard of the President of Argentina Guillermo Suárez
Standard of the President of Argentina Roberto E. Viola
Bandera Perú Francisco Morales
Bandera Perú Edgardo Mercado
Flag of Bolivia Juan Pereda Asbún
Flag of Bolivia Alberto Natusch
Flag of Bolivia Luis García Meza
Comandantes
Flag of Chile Augusto Pinochet
Flag of Chile José Toribio Merino
Flag of Chile Nicanor Díaz
Flag of Chile Fernando Matthei
Flag of Chile Nilo Floody
Flag of Chile Raúl López Silva
Flag of Chile Patricio Carvajal
Flag of Chile Julio Canessa
Bandera Ecuador Francisco Solorzano
Bandera Ecuador Guillermo Durán
Bandera Ecuador Luis Leoro Franco
Bandera Ecuador Luis Morejón
Flag of Paraguay Andrés Rodríguez
Flag of Paraguay Porfirio P. Ruiz Diaz
Flag of Paraguay Víctor Aguilera T.
Bandera Brasil Fernando Bethlem
Bandera Brasil Joelmir Macedo
Bandera Brasil Geraldo Henning
Bandera Brasil
Bandera Brasil
Bandera Brasil
Bandera Argentina Luciano Menéndez
Bandera Argentina Leopoldo Galtieri
Bandera Argentina José A. Vaquero
Bandera Argentina Armando Lambruschini
Bandera Argentina Ramón Agosti
Bandera Argentina Humberto Barbuzzi
Bandera Argentina Martín Balza
Bandera Argentina Carlos Büsser
Bandera Perú Óscar Molina
Bandera Perú Pedro Richter
Bandera Perú Rafael Hoyos
Bandera Perú Justo Araguez
Bandera Perú Ramón Miranda
Bandera Perú Luis Arias Graziani
Bandera Perú Otto Eléspuru
Bandera Perú Miguel de la Flor
Bandera Perú Jorge Fernández
Flag of Bolivia David Padilla A.
Flag of Bolivia Luis Arce Gómez
Flag of Bolivia Celso Torrelio
Fuerzas en combate
Flag of Chile 600.000
Bandera Ecuador 250.000
Flag of Paraguay 200.000
Bandera Brasil 1.500.000
Total: 2.550.000
Bandera Argentina 980.000
Bandera Perú 700.000
Flag of Bolivia 250.000
Total: 1.930.000
Bajas
Muertes: 330.500 aprox.
  • 250.000 (Militares)
  • 80.500 (Civiles)
Heridos: +700.000 (entre civiles y militares)
Muertes: 450.000 aprox.
  • 300.000 (Militares)
  • 150.000 (Civiles)
Heridos: +900.000 (entre civiles y militares)
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La Guerra Sudamericana fue un conflicto militar que se desarrolló entre 1978 y 1980, enfrentando a varios países de América del Sur, agrupados en dos alianzas militares informales: La Coalición Chilena integrada por Chile, Brasil, Paraguay y Ecuador, y el denominado Eje Andino (también conocido como Eje Buenos Aires-La Paz-Lima) formado por Argentina, Bolivia y Perú.

Hasta el día de hoy ha sido la mayor contienda bélica de toda la historia sudamericana, con más de cuatro millones de soldados movilizados, pertenecientes a sietes países, los cuales en su mayoría alcanzaron un estado de guerra que los obligó a destinar casi todos sus recursos al esfuerzo bélico. A su vez, el conflicto provocó un enorme número de bajas, tanto civiles como militares, de manera directa (combates) o indirecta (enfermedades) convirtiéndolo en el más sangriento de América del Sur superando los números de la Guerra de la Triple Alianza ocasionada en el siglo XIX.

Originado por la disputa chileno-argentina por la posesión de la estratégicas islas del Canal Beagle, la guerra comenzó en agosto de 1978 involucrando en un principio solo a estos dos países, pero con el correr de los meses otras naciones vecinas terminaron ingresando al conflicto, adhirieron a un bando u otro, motivados por razones tanto históricas como geopolíticas.

Aunque el enfrentamiento comenzó favorable para las fuerzas del denominado Eje Andino, el involucramiento definitivo de Brasil en enero de 1979, así como la presión de la comunidad internacional llevaron un decisivo cambio en la marea en beneficio del bando chileno, cuyas tropas tomaron la iniciativa en todos los frentes, forzando la completa retirada de las fuerzas invasoras de Argentina y su aliados, las cuales pasaron a tener que defender sus propios territorios luego que se rechazara un cese general de hostilidades. Igualmente la conducción del conflicto por parte de Argentina y sus aliados se vio empeorada debido a una serie de golpes de estado motivados por rencillas internas.

La guerra finalizó por partes, comenzando con la caída de La Paz y la rendición incondicional boliviana firmada en octubre de 1979. Le siguió Argentina, que firmó un armisticio con Chile, Brasil y Paraguay el 20 de noviembre de 1979, y por último Perú que aceptó su rendición con un armisticio ante Chile, Ecuador y Brasil el 7 enero de 1980.

El acuerdo de paz definitivo llegaría recién al año siguiente por medio del Tratado de San José de Costa Rica de 1981, suscrito por los siete países beligerantes, y con el respaldo de la Organización de Naciones Unidas. Aunque estos acuerdos involucraron modificaciones en algunas fronteras, así como medidas de carácter económica que favorecieron a los países vencedores, también se contemplaron medidas en favor de la reconstrucción de los derrotados, apuntando no sólo a evitar nuevos resentimientos en la población, sino que además todos los países pudieran llevar adelante una reconciliación y avanzar a una integración como la lograda por Europa tras la Segunda Guerra Mundial. En razón de esto un punto clave del tratado de Paz fue radicar unánimemente en los regímenes militares del Eje Andino (y no en los países ni su gente) la responsabilidad por el conflicto.

Antecedentes

La causa inmediata de la Guerra Sudamericana fue el ataque argentino a las islas del canal del Beagle, controladas entonces por Chile, y cuya soberanía llevaba años en disputa entre ambos países. A medida que el conflicto progresaba, otros países del continente se unieron a la lucha motivados por diferentes causas, históricas y geopolíticas principalmente.

Conflicto del Beagle

El 22 de julio de 1971, los presidentes Jorge Alessandri (Chile) y Alejandro Agustín Lanusse (Argentina) firmaron un Compromiso de Arbitraje, mediante el cual ambos países se sometieron al arbitraje de la Reina Isabel II de Inglaterra para resolver la disputa de soberanía sobre las islas ubicadas dentro y al sur del canal del Beagle. Fueron casi seis años de exhaustivo análisis por parte del tribunal arbitral, con cada parte pudiendo presentar sus argumentos jurídicos y evidencias históricas para sostener sus respectivos casos frente a la Corte. Finalmente, el 2 de mayo de 1977, el "Foreign Office" del Reino Unido entregó a los representantes de las misiones diplomáticas de Argentina y de Chile en Londres la sentencia recaída en el Laudo Arbitral del caso en cuestión, la cual dictaminó lo siguiente:

Arbitralaward1977

Martillo del laudo y límite laudado (línea roja).

  1. Las islas Picton, Nueva y Lennox así como los islotes adyacentes pertenecerían a Chile.
  2. Al dar el Tratado Límites de 1881 a la Argentina una costa en el canal Beagle, automáticamente el derecho internacional le concedía derechos marítimos sobre el canal, descartando la teoría de la costa seca. Conforme a lo anterior el tribunal trazó el límite al interior del canal de tal manera que ambos tuviesen libre navegación a sus puertos en el canal. En particular, dentro del canal, el islote Snipe fue otorgado a Chile y la isla Gable y las islas Becasses fueron otorgadas a la Argentina.
  3. El límite marítimo era la línea de puntos equidistantes a las costas chilenas y argentinas más cercanas. (Aproximadamente una línea desde la salida oriental del canal Beagle en dirección sureste).

El gobierno de Chile aceptó la sentencia, y la convirtió en ley chilena, con el presidente Eduardo Frei Montalva promulgando los decretos de Líneas de Bases (Decreto N° 416 del Ministerio de RR.EE.) y nombró alcaldes de mar.

Mientras del lado de Argentina, la Junta Militar que dirigía al país con el General Roberto Eduardo Viola en la presidencia de la misma, analizó durante casi nueve meses la sentencia, aunque protestando fuertemente durante todo ese país frente a la implementación legal y administrativa que Chile ya empezaba a realizar.

Eventualmente, el 25 de enero de 1978 el canciller argentino Óscar Antonio Montes comunicó al embajador chileno en Buenos Aires, que el gobierno de Argentina declaró «insanablemente nula» la decisión de la Corte, esto, según argumentaron, por haber deformación de las tesis argentinas, por abuso de las prerrogativas de la corte, por contradicciones lógicas, por errores de interpretación, por errores geográficos e históricos y por parcialidad. También se le consideró ilegal dentro de la legislación argentina por haber sido solicitado por un gobierno de facto, porque la solicitud no había sido aprobada por el congreso y por haber sido elaborado por la Reina Isabel II.

En respuesta, el recién asumido canciller chileno Bernardo Leighton, notificó al embajador argentino el 26 de enero rechazando terminantemente la "Declaración de Nulidad".

Tras la declaración de nulidad por parte de Argentina, ambos países quedaron ante la posibilidad cierta de una guerra, un escenario que había aumentado exponencialmente durante los meses anteriores, debido a la lucha de poderes al interior del régimen militar. El General Roberto Eduardo Viola había llegado asumido la presidencia de la Junta Militar recién a comienzos de 1977, reemplazando al General Jorge Rafael Videla, asesinado por los Montoneros. A diferencia de este, Viola no contaba con un respaldo mayoritario y con esta crisis encima, poco a poco los sectores "duros" de las Fuerzas Armadas Argentinas habían crecido en apoyo, presionando por avanzar a una solución militar. De hecho, el Ejército Argentino aprovechó esos meses para prepararse ante una posible guerra.

Aunque el General Viola concertó una reunión en Puerto Montt, el 19 de febrero de 1978, con el presidente chileno Eduardo Frei para intentar una negociación directa, los resultados no fueron alentadores, y tras su regreso a Argentina, enfrentó una nueva embestida dirigida por los sectores duros y populistas para abandonar las conversaciones. Ya sin mucho espacio para maniobras, Roberto Viola decidió entregar su renuncia a la presidencia de la Junta Militar, la cual sería 19 de marzo de 1978 y asumiendo en su reemplazo el Almirante Emilio Massera, uno de los principales líderes nacionalistas y fuerte partidario de la guerra. El nuevo gobernante argentino comenzó de inmediato una campaña para exigir al gobierno chileno la devolución de las islas, mientras los planes para una invasión a Chile entraron en su etapa final.

Situación en Chile

Con las negociaciones muertas, la población chilena mayormente se alineó tras la posición de su gobierno, defendiendo la soberanía sobre el Beagle. Sin embargo, el país aun se estaba recuperando de los eventos del año anterior. El fallido levantamiento revolucionario socialista ocurrido en mayo de 1977 no sólo había significado un reordenamiento de la política interna, sino que además había cambiado para siempre el pensamiento de la sociedad hasta entonces. Una guerra podría unir a una sociedad dividida o podría quebrarla aún más, y esa fue una de las razones clave que llevaron al gobierno militar argentino a presionar una guerra, creyendo que un Chile debilitado sería más fácil de vencer.

Consciente acerca de ello, el gobierno del Presidente Frei Montalva inició una serie de iniciativas para preparar a sus ciudadanos, mientras el gasto militar (que ya venia subiendo desde antes) se triplico, financiado principalmente por los recursos del Cobre, decisión que solo unos pocos sectores de oposición anti-belicistas criticaron públicamente. También, la Cancillería inicio una revisión del respaldo internacional que tenía Chile, en especial en la región, donde la anterior administración de Jorge Alessandri había realizado importantes esfuerzos para asegurar apoyos estratégicos.

Para abril de 1978, el gobierno chileno había llamado a la reinscripción de los reservistas nacidos entre 1947 y 1956, por lo que 100.000 hombres debieron actualizar sus datos para ser convocados en caso de movilización.

Situación en el continente

Con las tensiones entre Chile y Argentina en aumento, pronto el resto del continente también empezó a verse involucrado en la cadena de eventos que llevarían a la guerra.

Ya desde el comienzo de la década de 1970, Perú y Chile habían iniciado una suerte de carrera armamentista producto de las constantes amenazas por parte del entonces gobernante peruano Juan Velasco Alvarado, que buscaba preparar a su país para una guerra para recuperar Arica e Iquique de manos chilenas. Para 1975, la tensión entre ambos gobiernos se expresó en una crisis fronteriza que casi escala a mayores, de no ser porque la aguda crisis económica y la deteriorada salud mental de Velasco Alvarado llevaron a que el general Francisco Morales Bermúdez y otros oficiales dirigieran un golpe de estado (Tacnazo) para derrocarlo, desactivando dicha crisis, pero no descartando un eventual conflicto en los siguientes años.

En el caso de Chile y Bolivia, ambos países mantenían cortadas sus relaciones diplomáticas desde 1964, por decisión del entonces presidente boliviano de Víctor Paz Estenssoro. La insistencia de Bolivia por una salida soberana al mar y la constante negativa del gobierno chileno ante aquella petición habían marcado la tónica durante varias décadas, y para 1978 los militares del país altiplánico abiertamente manifestaban que una guerra sería la única solución.

Tras conocerse el laudo británico, y por iniciativa del almirante Massera, a finales de 1977 el gobierno argentino había iniciado acercamientos con las autoridades de Perú y Bolivia, para conocer a fondo su postura en la disputa territorial y analizar si estarían dispuestos a apoyar a Argentina en caso de un conflicto contra Chile. Tal como había demostrado la crisis de 1975, para este propósito resultaba clave el sentimiento revanchista que ambos países compartían por las derrotas sufridas en la Guerra del Pacífico a manos de la nación chilena, conflicto que de hecho estaba por cumplir 100 años en 1978, detalle no menor para los círculos militares peruanos y bolivianos. El gobierno nacionalista de Bolivia respondió de inmediato entregando su apoyo a la causa argentina, mientras que en el caso de Perú, hubo un mayor recelo, con algunos sectores recordando que precisamente en la anterior guerra con Chile, Argentina había optado por no suscribir el tratado de alianza defensiva. Entre estos estaba el propio general Morales Bermúdez, quién además temía que una eventual intervención de Brasil a favor de Chile podría desequilibrar la balanza. Sin embargo, aunque Morales mantuvo una clara cautela, de todas formas aceptó seguir en conversaciones con el régimen de Buenos Aires, convencido en buena parte por otros sectores de su gobierno más decididos a participar de una guerra, y confiados ciegamente en que Perú podría neutralizar a Chile antes que Ecuador o Brasil pudieran hacer algo. Para marzo de 1978, el mismo Morales se reunió con el almirante Emilio Massera en Buenos Aires, tan solo un par de días después que este asumiera el poder de la junta militar. En este encuentro, Morales dio su férreo respaldo a la posición argentina por el Beagle, cosa que fue vista desde Chile como una confirmación a que de estallar una guerra en el sur, sus dos vecinos en el norte no tardarían en invadir el país.

Sin embargo, Chile también contaba con posibles aliados para un escenario donde tuviera que verse enfrentado a sus tres vecinos. Frente a la amenaza de Perú, Ecuador era considerado el principal país que estaría en condiciones de unirse a Chile, debido a la historia de conflictos fronterizos entre ambas naciones, siendo el más reciente a esa fecha, la llamada Guerra del 41, donde Perú había resultado vencedor. Conociendo estos antecedentes, el gobierno de Jorge Alessandri había optado por estrechar lazos con el General Guillermo Rodríguez Lara, entonces gobernante ecuatoriano, ayudando a su gobierno, a cambio de permitir la democratización del país.

Otro eventual aliado chileno era Paraguay, gobernado desde hacia décadas por el General Alfredo Stroessner, y que mantenía una vieja enemistad con Bolivia. Aun cuando Paraguay terminó ganando la Guerra del Chaco durante la década 1930, al obtener el 75% de la región en disputa, ambos países no mantenían las mejores relaciones. Igualmente, en Paraguay estaba el recuerdo de lo sucedido en la Guerra de la Triple Alianza, cuando el país fue casi devastado ante la fuerza de tres países (incluyendo Argentina) que lo superaban por mucho, una imagen que amenazaba con volver a ocurrir esta vez con Chile, país con el que Paraguay en cambio históricamente siempre había mantenido un fuerte lazo, en especial en el ambito de sus fuerzas armadas. Esto quedó demostrado cuando el dictador paraguayo recibió la visita de una delegación chilena, que incluía al Comandante en Jefe del Ejército chileno, el General Augusto Pinochet, a quién Strossner consideraba como un gran amigo. En aquella ocasión apoyó públicamente la posición chilena en la cuestión del Beagle.

Brasil, el país más grande del continente sudamericano, también entraba dentro del área de influencia de una eventual escalada en el conflicto por Beagle, debido a su histórica rivalidad por la supremacía continental con Argentina, que databa desde antes de la independencia, y que consecuentemente desde aquella época lo había hecho acercar posiciones con Chile, el otro rival tradicional de Argentina, en varias ocasiones. Debido a su tamaño y peso económico-militar su presencia suponía un factor de disuasión a considerar por todos los países que estuvieran dispuestos a entrar en un conflicto, y esto lo sabían muy bien tanto Chile como Argentina, cuyas cancillerías durante la década de los setenta desplegaron esfuerzos para lograr una posición favorable de Brasil de acuerdo a sus respectivos intereses. Si bien Chile esperaba que naturalmente Brasil se pusiera de su lado, esta situación demostró ser bastante compleja, debido a que durante aquellos años, los gobiernos brasileños habían empezado a optar por dejar de lado el tema bélico, y en su lugar apostar más por la diplomacia. Incluso teniendo varias cosas limítrofes pendientes con Argentina en relación a las aguas de la Cuenca del Plata, después de 1975 el gobierno brasileño esperaba lograr resolver pacíficamente estos temas, una actitud que benefició enormemente al régimen argentino a la hora de conversar con Perú y Bolivia sobre un eventual apoyo militar en caso de conflicto con Chile. Si bien Chile finalmente lograría que Brasil demostrara una inclinación por la postura chilena sobre el Beagle, no era garantía que el país estuviera dispuesto a intervenir militarmente contra Argentina o sus aliados, al menos en un principio.

El resto de los países del continente como Colombia, Venezuela y Uruguay en especial, aunque se mostraban mayormente simpatía por la posición chilena, finalmente optaron por no inmiscuirse en la disputa. La posición uruguaya resulto muy delicada porque de estallar una guerra, los combates terminarían rodeando a todo el país.

De esta forma, en unos meses, América del Sur se vio dividida en dos bandos no oficiales, mientras la amenaza de que la guerra estallara se acrecentaba a cada momento.

Fuerzas en conflicto

Situación previa de los ejércitos en el continente

América del Sur tradicionalmente se había mantenido fuera de las zonas donde se han desarrollado los mayores conflictos bélicos, como Europa y Asia. Por ende la tradición militar del subcontinente era antigua pero poco experimentada. Las mayores guerras desarrolladas en el continente, cómo la Guerra del Pacífico, la Guerra de la Triple Alianza o la Guerra del Chaco no podían compararse con las enormes y sangrientas guerras en las que han estado involucradas alguna de las grandes potencias. Por todo esto era comprensible, añadiendo el hecho de que esta zona tiene y siempre ha tenido un menor desarrollo tecnológico e industrial que Europa, la cuna de las potencias y los conflictos bélicos a gran escala, que los ejércitos sudamericanos fuesen pequeños e incluso algunos mal armados. Brasil y Argentina tenían los mayores ejércitos del momento, con más de 400.000 efectivos, pero otros países como Uruguay y Paraguay no pasaban de 80.000.

Fuerzas en Enero de 1978

A continuación las fuerzas de todos los combatientes, más Uruguay, previo al inicio del conflicto.

País Ejército Fuerza Aérea Marina de Guerra
Brasil
  • 735.000 hombres, agrupados en 72 divisiones
  • 1750 vehículos de combate en 5 regimientos
  • 2800 piezas de artillería en 8 regimientos
  • 80 cazas de combate Mirage III, F-5 Tiger II
  • 120 aviones de ataque MB-326
  • 60 aviones de transporte C-130 Hercules
Argentina
  • 300.000 hombres, en 3 ejércitos de 10 divisiones
  • 900 vehículos de combate en 5 divisiones
  • 1100 piezas de artillería distribución variada
  • 61 cazas de combate Mirage III, Mirage-5 Dagger
  • 140 aviones de ataque A-4 Skyhawk, IA-58 Pucará
  • 40 aeronaves de transporte, C-130 Hercules, G.222.
Perú
  • 145.000 hombres en 29 divisiones
  • 150 carros de combate y otros 386 vehículos en
  • 29 cuadros
  • 1000 o más piezas de artillería
  • 40 cazas de combate MiG-21, Mirage-5
  • 60 aviones de ataque Su-22, A-37B
  • 30 aeronaves de transporte C-130 Hercules, An-32
Chile
  • 112.000 hombres en 5 ejércitos de variadas divisiones cada uno. 37 regimientos en total.
  • 355 vehículos de combate
  • 600 piezas de artillería
  • 70 cazas de combate Saab 37 Viggen, F-5E Tiger II
  • 50 aviones de ataque Hawker Hunter, A-37B
  • 40 aeronaves de transporte C.130 Hercules
Bolivia
  • 85.000 hombres en 3 ejércitos y 9 divisiones
  • 500 carros de combate o vehículos blindados, en 12 regimientos y 3 compañías
  • 4 regimientos de artillería número de piezas desconocida
Patrulleros
Paraguay
  • 55.000 hombres más 5.000 guardia presidencial. 6 divisiones. 120 carros de combate ligeros en 12 compañías blindadas
  • No hay datos de artillería, probablemente unas 200 piezas
Patrulleros y buques pequeños
Ecuador
  • 122.000 soldados en servicio activo
  • +/- 100.000 soldados en servicio pasivo
  • 228 carros de combate
  • 444 piezas de artillería
  • 48 aviones de combate Mirage F-1JA, Kfir C,2
  • 40 aviones de ataque SEPECAT Jaguar Mk.1, A-37B
  • 20 aviones de transporte C-130 Hercules
  • 6 corbetas
  • 2 submarinos
  • 5 Lanchas Auxiliares
Uruguay
  • 35.000 hombres, en 7 divisiones
  • 424 vehículos de transporte y combate
  • 100 piezas de artillería

Desarrollo

Luego de semanas de preparación, la Junta militar Argentina puso en marcha sus tropas hacia la frontera con Chile, dando así comienzo al conflicto, en la madrugada del 16 de agosto de 1978.

Frente Chileno-Argentino (Agosto de 1978 - Febrero de 1979)

Artículo principal: Frente Chileno-Argentino
Guerra Sudamericana Mapa Invasión Argentina

Mapa que muestra los movimientos argentinos y chilenos tras iniciarse hostilidades.

A las 20:00 horas del día 16 de agosto de 1978, se dio la orden de poner en marcha el denominado Operativo Soberanía, el cual consistía en invadir Chile por tres sectores - en el centro, el sur y la región austral-, mientras la flota y la fuerza aérea realizaban sus ataques.

Los aviones argentinos comenzaron su despegue desde las bases cercanas a la cordillera y rapidamente alcanzaron las principales ciudades y bases chilenas, precediendo a su bombardeo. Por otro lado, los buques de la FLOMAR iniciaron el desembarco en las islas disputadas -Picton, Nueva y Lennox- en canal del Beagle, enfrentándose con la Armada Chilena, la cual luego de horas de duros combates logro detener el ataque argentino y acertarles serias bajas.

Frente de los Andes Centrales

El Ejercito Argentino inició su incursión en la zona central de Chile a través de los principales pasos fronterizos en las provincias de Coquimbo, Aconcagua, Santiago, O'Higgins y Talca, las cuales pasaron a formar el denominado Frente de Los Andes Centrales.

Durante las primeras horas de la ofensiva, ambas fuerzas mantuvieron sus posiciones, pero pronto las fuerzas argentinas consiguieron superar las defensas y obligaron a las tropas chilenas a retirarse de la mayoría de los puestos fronterizos, mientras las defensas eran preparadas en los alrededores de Salamanca, Putaendo, Los Andes, Farellones, San Gabriel y en el oeste de Rancagua. El Ejército chileno desplego también algunas pequeñas unidades para dificultar el avance argentino en la cordillera.

Santiago bombardeado

Vista aérea de Santiago de Chile luego de los violentos bombardeos realizado por la Fuerza Aérea Argentina.

En el aire, la fuerza aérea argentina dio su primer golpe con buenos resultados, dañando sus blanco más importantes, como sedes de gobierno y bases chilenas. No obstante, la Fuerza Aérea de Chile, gracias al aviso de observadores así como por otras medidas, consiguió salvar gran parte de sus aviones, los cuales no tardaron en ser utilizados para efectuar una respuesta igualmente fuerte. Los aviones chilenos procedieron a bombardear objetivos militares en Mendoza y otras provincias en Argentina, e iniciando la batalla por la supremacía aérea en la cordillera.

Si bien el Ejercito Argentino ingreso con éxito por varios sectores, el avance se enfocaría principalmente en dos puntos de la zona central; uno en Aconcagua, cuyo primer lugar de enfrentamientos sería Putaendo, y otra en el Cajón del Maipo de Santiago. En ambas, la ofensiva argentina se movió a una velocidad similar y consiguió romper las defensas chilenas para el 20 de agosto.

Pero mientras ello ocurría en esos sectores, en otros como en el camino a la localidad de Los Andes, las fuerzas argentinas sufrirían una emboscada y perderían a un contingente considerable de tropas, lo que llevaría eventualmente a las fuerzas chilenas recuperar el paso Los Libertadores.

El avance principal del Ejercito Argentino también empezaría a ver complicaciones durante su asalto sobre San Felipe y San José de Maipo, donde tras entrar en las ciudades, sus movimientos se verían detenidos por el Ejército Chileno, dando comienzo a unos enfrentamientos que se extenderían por las siguientes semanas. La resistencia mostrada allí y en otras partes de la zona central de Chile a medida que el Ejercito Argentino avanzaba llevo a la convicción a los generales argentinos a que la guerra duraría mucho más a lo calculado inicialmente.

Para fines de octubre de 1978, le llegada de refuerzos desde Mendoza permitiría al Ejercito Argentino apoderarse de San Felipe, y luego comenzar un asedio a Los Andes. En cambio, en San José de Maipo, pese a los constantes ataques argentinos, las tropas chilenas mantuvieron su posición en la ciudad. En esa misma fecha un nuevo frente se abriría en la provincia de O’Higgins, donde tropas argentinas lanzarían un considerable ataque que les permitiría apoderarse del área hasta Machalí y amenazar el centro minero de Sewell. Frente a esta situación, el Ejército Chileno comandado por Augusto Pinochet, preparo un plan para contraatacar en todo la zona de central. Esta operación, llevada a cabo entre noviembre y diciembre consiguió recuperar San Felipe y hacer retroceder a los argentinos hasta San Gabriel y Pangal.

Al comenzar el mes de diciembre, las pérdidas materiales y humanas en el lado argentino superaban a las chilenas en todos los frentes de batalla, debido al uso necesario de más tropas y recursos para superar las defensas chilenas, que se mostraban mejor planeadas y organizadas. Este hecho demostraba falencias en el diseño de los planes de ataque argentinos, lo cual incluso llevo al mando del Ejército Argentino de esa zona a remover a varios oficiales, cuyas decisiones fueron consideradas como responsables de las derrotas recientes.

En enero de 1979, con la llegada de más apoyo desde Mendoza, el Ejercito Argentino con base en Putaendo se preparo para lanzar un nuevo ataque sobre San Felipe y Los Andes, a la vez que se preparo una nueva ofensiva sobre San José de Maipo. Las operaciones comenzaron bien en los primeros días, logrando incluso la última en San José, rodear la ciudad, dejando atrapadas a las unidades chilenas. Sin embargo, con la ayuda de refuerzos, las tropas chilenas pudieron dar vuelta la situación y detener la ofensiva argentina, cuyo número de bajas empezó a crecer de manera alarmante. El plan resulto un completo fracaso y marco el fin de la ofensiva argentina en Los Andes Centrales.

Frente del Sur

El Teatro de Operaciones Sur o "Frente del Sur" abarcó la frontera chilena desde la Provincia del Bío-Bío hasta la Provincia de Palena, una extensa zona cuya condición geográfica resulto determinante en el despliegue previo de tropas por parte de ambos países. Ello, porque a medida que se avanza hacia el sur la cordillera de los Andes comienza a descender en altura, facilitando las condiciones para el cruce desde uno al otro lado.

Tanques en pueblo

Tanques argentinos en el sur de Chile.

La ventaja que proporcionaba a Chile la cordillera más al norte, dificultando el desplazamiento de las tropas argentinas, no era aplicable en este escenario, lo que obligo al Ejercito Chileno a planear de mejor manera sus defensas. El Ejército Argentino, por otro lado, conociendo de esta condición, ubico un gran contingente de tropas y vehículos en la zona de Neuquén desde donde lanzo el ataque hacia Chile el día 16 de agosto.

El objetivo principal de la invasión argentina en esta zona de Chile era la “partición” del país, siendo necesario para ello la ocupación de Valdivia, la principal ciudad ubicada en la costa. Utilizando los diferentes pasos existentes a lo largo de la frontera, las fuerzas argentinas comenzaron su entrada en territorio chileno, entablando combate de inmediato con las defensas colocadas en esos lugares. El Paso Puyehue, fue escenario de los principales combates, debido a su importancia estratégica. Pese a los esfuerzos chilenos, las tropas argentinas superiores en número y armamentos lograron eventualmente apoderarse de éste y otros pasos. Aun así, sus avances se vieron retrasado por actos de sabotajes llevados a cabos por unidades chilenas en varios caminos.

Para el mes septiembre de 1978, El Ejército Chileno había logrado contener apenas a las fuerzas argentinas en Entre Lagos y Panguipulli, pero había sido obligado a retirarse de Villarrica. Aprovechando la ocupación de esta localidad, una nueva columna argentina penetró por el norte, llegando hasta Cunco y amenazando Temuco, lo que obligó a desviar tropas para defender la zona.

Una nueva ofensiva argentina en Entre Lagos consiguió romper las líneas chilenas, y apoderarse de esa localidad para el 2 de octubre. Dos días después, el Ejército Argentino inició el asedio a Osorno, mientras una segunda fuerza se dirigió hacia el sur a Puerto Octay, desde donde esperaba luego amenazar Puerto Montt. La llegada de refuerzos permitió a las fuerzas argentinas asentarse con mayor fuerza en los territorios ocupados, pudiendo limitar el actuar de unidades chilenas de sabotaje.

Luego de la caída de Osorno a fines de octubre, el avance argentino continúo hacia el norte y hacia el sur, pero fue nuevamente detenido en Río Bueno y Frutillar, respectivamente. El frente en esa zona se estanco hasta finales de diciembre, pero en las zonas de penetración más al norte, los enfrentamientos continuaron. Panguipulli cayó finalmente durante la primera semana de noviembre y las tropas argentinas alcanzaron Loncoche el 22 del mismo mes. Sin embargo, las fuerzas chilenas lanzaron un contraataque que permitió recapturar Cunco el día 24 de noviembre, mientras que en Pitrufquén, la batalla se estanco. Ante la amenaza contra Valdivia debido a los avances argentinos en el noreste, el Ejército Chileno dispuso una línea defensiva entre Lanco y Los lagos, mientras se dio comienzo al acuartelamiento de más tropas y víveres en Valdivia, que eran traídos vía marítima.

Llegado el mes de diciembre, las tropas argentinas se apoderaron de Río Bueno y siguieron su avance hacia el norte, alcanzando Paillaco, mientras que desde Loncoche y Panguipulli lograron romper las defensas chilenas para luego tomar Los Lagos y San José de Mariquina, localidades que las fuerzas chilenas habían abandonado para replegarse hacia la costa y minimizar sus pérdidas. Habiendo capturado estas posiciones, las fuerzas argentinas iniciaron los preparativos para el asalto final sobre Valdivia.

El 2 de enero de 1979, comenzó el sitio de Valdivia por parte del Ejercito Argentino. El primer ataque argentino es repelido, gracias a la ayuda de la fuerza aérea, pero en los días siguientes, las fuerzas chilenas se ven forzadas a retroceder hacia el interior de la ciudad. Aun así, la llegada constante de refuerzos y suministros vía marítima permitieron al acantonado Ejército Chileno seguir resistiendo. Durante los últimos días de enero, y luego de la muerte de uno de sus principales generales a cargo de la operación, la cantidad de pérdidas alcanzadas por el Ejército Argentino empezó a aumentar de forma alarmante, llevando a que finalmente la batalla diera un giro, con las fuerzas chilenas pasando al contraataque en febrero siguiente.

Frente Austral

El Teatro de Operaciones Austral, también conocido como Frente Austral, cubrió todo lo sucedido en la Patagonia, desde Palena hasta el Beagle, así como los movimientos navales de ambos países en el Atlántico Sur. Las operaciones argentinas realizadas aquí fueron las primeras de toda la guerra, pero a diferencia de los otros frentes de batalla, donde el Ejército Argentino mantuvo la ofensiva durante varios meses hasta iniciado el 1979, en esta región la situación dio un giro de manera temprana.

Pese a que el primer enfrentamiento naval, resultó en una importante victoria chilena al rechazar la invasión argentina a las islas y ocasionarle graves pérdidas a la FLOMAR, las fuerzas argentinas continuaron su ofensiva por tierra marchando hacia Punta Arenas, Puerto Natales y en Tierra del Fuego, mientras que los aviones de ambos países luchaban ferozmente por lograr el dominio de los cielos. Aunque durante el primer mes, las fuerzas chilenas se vieron obligados a estar a la defensa, la estrategia adoptada poco a poco logró contener la ofensiva argentina antes de que pudiera alcanzar Punta Arenas, a la vez que en Tierra del Fuego, se dio el primer contraataque chileno exitoso, y con apoyo de la armada, la isla terminaría bajo control chileno.

Con los argentinos habiendo perdido el impulso de la ofensiva tras sufrir demasiadas bajas, y aprovechando que los pilotos chilenos alcanzaban una leve ventaja en el aire, el Ejército de Punta Arenas reorganizó sus fuerzas y se preparó para hacer retroceder a las fuerzas invasoras de regreso a la frontera para mediados de octubre. Este éxito fue celebrado por el mando chileno en la zona, quienes no tardaron en pasar ahora a la ofensiva sobre territorio argentino, mediante dos ofensivas en la Provincia de Santa Cruz; una hacia el interior y otra por la costa, siempre con apoyo de los buques chilenos.

Hundimiento del 25demayo

Hundimiento del portaaviones Veinticinco de Mayo durante el Combate Naval de Río Gallegos.

Mientras tanto, en la provincia de Aysén, el Ejército Chileno consiguió adentrarse en territorio argentino y capturar algunas localidades, si bien seguía en desventaja numérica frente a las fuerzas argentinas. La situación no cambiaría durante algunos meses más.

El 14 de octubre las fuerzas chilenas lanzaron una campaña para conquistar Río Gallegos, apoyados por la escuadra nacional, pero la flota argentina respondió intentando una maniobra para sorprender a los buques chilenos. Sin embargo, la estrategia no funcionó y la batalla terminó con la ocupación de Río Gallegos, así como completo desastre para la FLOMAR, perdiendo a varios de buques principales, mientras que los unidades supervivientes se retiraron al norte para una exhaustiva reparación de modo de tener una nueva oportunidad de combatir próximamente. Si bien el portaaviones argentino Veinticinco de Mayo sobreviviría al combate, sería hundido tan solo unos días después por el submarino chileno O'Brien cuando iba rumbo a Puerto Deseado. Por tal motivo, la victoria en Río Gallegos le otorgó a Chile, de manera bastante temprana, el dominio sobre el Atlántico Sur, cuestión que sería clave en las campañas de los siguientes meses.

Argentine prisoners of war - Port Stanley

Prisioneros argentinos tras la batalla de Puerto Santa Cruz.

La pérdida de su fuerza naval y el hecho de tener que pasar a la defensiva fue algo que desconcertó completamente al Ejército Argentino en Santa Cruz, que apenas un mes antes se había confiado de que lograría una rápida ocupación de la zona austral chilena. Como consecuencia una serie de malas decisiones fueron tomadas, incluyendo detener una importante ofensiva en dirección a El Calafate, lo cual fue aprovechado por el mando chileno, que ordenó a la Fuerza Aérea realizar bombardeos estratégicos en varios caminos, aislando a varios contingentes argentinas por toda la región. Aunque los aviones argentinos respondieron, para ese punto Chile ya empezaba alcanzar el dominio definitivo del aire. Simultáneamente, un desembarco chileno en Puerto Santa Cruz se apoderó de la ciudad para el 4 de noviembre. Gracias a estos éxitos durante, el Almirante Merino finalmente pudo llevar al grueso de la escuadra hacia el Pacífico, completando primero las reparaciones necesarias en Punta Arenas a la espera de enfrentarse a la Marina peruana, dejando en la costa Atlántica a un grupo menor de buques, pero suficientes para continuar apoyando al avance chileno.

Hacia fines de noviembre de 1978, el Ejército Chileno había alcanzando Puerto San Julián y Gobernador Gregores, pero para ese momento el Ejército Argentino había logrado recomponer su liderazgo, siendo varios oficiales removidos. Con la llegada de refuerzos, un contraataque argentino puso en aprietos la ofensiva chilena, que se vio obligada a retroceder varios kilómetros de vuelta al sur, hasta que lograron contener el ataque en parte por la intervención de la fuerza aérea chilena. Tras una breve pausa, los chilenos retomaron la avance exitosamente, por lo que los argentinos optaron por centrar la defensa al alrededor de su base de operaciones en la zona, Comodoro Rivadavia.

El Ejército Chileno en Aysén conquisto Perito Moreno en diciembre de 1978, entrando en contacto en la misma fecha con las fuerzas provenientes de Magallanes, que además ya habían ocupado Puerto Deseado. Ambas fuerzas marchan hacia La Heras, localidad que cae el 2 de enero de 1978, y quedan a las puertas de Comodoro Rivadavia, aunque la preparación para el asalto tomaría unas dos semanas.

El 22 enero de 1979 se inicia el asedio chileno a la principal ciudad de Chubut, extendiéndose los enfrentamientos que incluyeron también bombardeos de la Flota chilena, durante tres semanas. Finalmente, la ultima guarnición de la ciudad se rinde el 15 de febrero.

Frente del Norte Grande (Agosto de 1978 - Marzo de 1979)

Artículo principal: Frente del Norte Grande

Al estallar los enfrentamientos en la zona austral el 16 de agosto de 1978, el Ejército Chileno en el norte, comandando por el General Julio Canessa Robert, se mantuvo en estado de alerta, pues era consciente que Perú y Bolivia podían aprovechar la situación para lanzar un ataque y recuperar los territorios perdidos de la Guerra del Pacífico cien años antes. Sin embargo, los gobiernos de ambos países se mantuvieron en espera del desarrollo de la situación, antes de tomar una acción; en especial el gobernante peruano Francisco Morales, que si bien era consciente de Ecuador, confiaba que en que podía manejar dos frentes, más aún temía una eventual entrada de Brasil.

Ofensiva sobre la Puna de Atacama

En vista de que los primeros días no hubo reacción por parte de los vecinos del norte, el Ejército Chileno optó por aprovechar la momentánea tranquilidad en el norte para emprender la estrategia preparada del "gancho a la izquierda", lanzando una incursión sobre la Puna de Atacama en el noroeste argentino, que tenía como objetivo capturar aquellos territorios y forzar un canje en caso de pérdidas en otras zonas del país.

Además, anticipándose a que no contarían por un buen tiempo con la armada para transportar de manera rápida y segura refuerzos al Frente Norte, el Ejército Chileno dispuso a la zona entre Copiapó y Coquimbo para el acuartelamiento de voluntarios, los cuales luego jugarían un rol clave en la posterior defensa del norte.

Conquista de Arica e Iquique

Tras algunas semanas de que iniciara el conflicto, el régimen militar de Bolivia finalmente acordó que ya no había más tiempo para indecisión y que si alguna vez el país esperaba recuperar sus tierras perdidas era ahora o nunca, por lo que el 7 de septiembre de 1978 Bolivia declaró la guerra a Chile. Aunque Buenos Aires seguía manteniendo conversaciones secretas con Perú y Bolivia en ese primer mes, y tenía esperanzas que ambos entraran conjuntamente al conflicto pronto, solo La Paz había expresado un compromiso claro, mientras en Lima parecía que había todavía mucha indecisión, en especial de parte del General Morales, pues otras figuras si querían guerra ya. Sin embargo, con la declaratoria boliviana la presión sobre el gobierno peruano se incrementó y una semana después, el 14 de septiembre de 1979, Perú finalmente selló su destino al iniciar hostilidades contra Chile.

De esta manera Colchane y Ollagüe fueron los primeros objetivos de las fuerzas bolivianas, las cuales chocaron con las fuertes defensas chilenas dispuestas con la frontera. Tras la entrada peruana, ese país inicio a la Operación Bolognesi con una gran ofensiva sobre Arica y Putre, mientras en el mar, la Flota Peruana consiguió un rápido dominio durante las primeras semanas, al estar la totalidad de la escuadra chilena luchando en Magallanes, lo que le permitió realizar bombardeos a las posiciones entre la costa de Arica y Tocopilla. La Fuerza Aérea Chilena (FACH), que había desplegado unos escuadrones de cazas de Saab-37 Viggen y F-5 Tiger II en la base aérea ubicada en Calama, se lanzó en refriega contra las aeronaves enemigas sobre los desiertos nortinos, con los pilotos chilenos manteniendo un férreo enfrentamiento en los cielos de Arica, donde consiguieron detener los bombardeos y lograron derribar a más de una veintena de aeronaves peruanas, aunque al costo de perder unos diez cazas. Las pérdidas peruanas obligaron a detener brevemente su campaña aérea.

En Arica, los chilenos consiguieron defender durante varias semanas la ciudad, pero tras un feroz enfrentamiento, eventualmente esta cayó en manos peruanas hacia mediados de octubre. En contraste, para esas fechas en el interior el avance boliviano no tuvo la misma suerte. El ejército chileno aprovechó la falta de preparación de las fuerzas bolivianas, así como errores en sus planes de ataques, para emboscarlos en varios puntos de ingreso y ocasionarles enormes pérdidas. La zona entre Colchane y Ollagüe se transformo en un caos para el Ejército Boliviano, que incluso se vio obligado a retroceder y ceder algunas aéreas de su propio territorio ante contraataques chilenos. Por otro lado, en la puna de Atacama, las tropas chilenas consolidaron su posesión del área entre Susques, San Antonio de los Cobres y La Poma, aunque la reorganización del Ejercito Argentino impidió el avance más al Este.

Para mediados de noviembre, Iquique se volvió escenario de una nueva batalla entre fuerzas peruanas y chilenas. Aunque superados en número, los defensores chilenos consiguieron mantener a las tropas peruanas fuera de la ciudad, mientras que en el mar la flota de ese país debió mantenerse lejos de la bahía debido a que el área fue fuertemente minada. También fue clave el apoyo de la fuerza aérea chilena, cuyos aviones mantuvieron a raya a sus rivales peruanos, a la vez que lanzaban ataques estratégicos para cortar varios caminos en toda la provincia de Tarapacá, resultando ser un factor clave para ralentizar el avance peruano hacia el sur durante los siguientes meses. La batalla por Iquique se extendería hasta principios de enero de 1979, cuando finalmente el Ejército Peruano consiguió apoderarse de la ciudad, aunque con mayores pérdidas a las esperadas lo que los obligó a retrasar sus siguientes movimientos por la provincia hasta el siguiente mes.

Sitio de Calama

M41 Walker Bulldog en las calles

Tanque M41 Walker Bulldog del Ejercito chileno, avanzando por las calles de Calama.

Luego de reponerse de los pérdidas para conseguir el control de las dos principales ciudades de Tarapacá, las fuerzas peruano-bolivianas prepararon su avance hacia el sur, en dirección a Tocopilla y Calama, mientras que el Ejército Chileno siguió su repliegue de tropas hacia la provincia de Antofagasta, a la vez que consolido su ocupación de parte del territorio boliviano cercano a Ollagüe. Si bien los mandos peruanos esperaban recuperar el tiempo perdido y alcanzar Calama para mediados de febrero, sus tropas se vieron hostigadas constantemente por los ataques sorpresas y sabotajes de varias pequeñas unidades dejadas en el desierto por el mando chileno, replicando una estrategia que se había estado empleando en otros frentes de batalla. A esto se sumo que la Fuerza Aérea chilena comenzó a consolidar su control del aire en la zona, por lo que todos estos contratiempos, terminaron por retrasar la ofensiva hasta fines de febrero, lo que permitió a su vez la llegada de los esperados refuerzos chilenos desde Copiapó e incluso un destacamento proveniente desde la zona central, el cual pudieron llegar por mar tras burlar el bloqueo que los peruanos mantenían al norte de Chañaral. Con el triunfo chileno sobre la estrategia peruana en el Pacifico, era cuestión de tiempo para que el grueso de la armada chilena llegara para enfrentar a la flota peruana, lo cual empezó a inquietar a muchos generales de ese país. Sin embargo, el liderazgo principal confiaba en que sus tropas que casi triplicaban en numero a las fuerzas chilenas en Antofagasta conquistarían sus objetivos antes que ocurriera el gran enfrentamiento en el mar.

Sería recién el 24 de febrero de 1979, cuando finalmente las fuerzas peruano-bolivianas consiguieron alcanzar las cercanías de Calama y comenzaron el asedio al área correspondiente a la ciudad y a la mina de Chuquicamata, la principal fuente de ingresos del país. Las imponentes defensas chilenas desplegadas en los alrededores consiguieron evitar que la lucha llegara a las zonas urbanas y las faenas, desarrollándose los combates en las trincheras construidas en pleno desierto. Pese a la desventaja numérica, el Ejercito Chileno consiguió contener con éxito la ofensiva peruana durante las siguientes dos semanas entrando ya a marzo, apoyados por los bombardeos de los aviones nacionales, que para ese punto eran claros dominadores de los cielos del desierto, mientras que los generales peruanos veían como sus expectativas iniciales se mostraban erróneas y sus fuerzas experimentaban cada vez mas perdidas, sin poder romper las líneas chilenas.

Frente Peruano-Ecuatoriano (Septiembre de 1978 - Mayo de 1979)

Artículo principal: Frente Peruano-Ecuatoriano

Situación previa

La nacion de Ecuador, nunca habia olvidado la terrible y desastrosa derrota en el año de 1941, en el cual termino por perder mas de 30% de su territorio original ante Perú, el pais no estaba preparado para un conflicto asi, por lo que ante aquella situacion tan precaria, los ecuatorianos terminaron por perder el conflicto, aquello supuso no solo un desastre a nivel territorial sino tambien un golpe a la moral ecuatoriana. Ante tal efecto, el pais emprendio ambicioso programa de reconstruccion economica, pero sobre todo militar, los gobiernos siguientes, se aseguraron en todos los sentidos de dejar un ejercito lo suficientemente fuerte y disciplinado, para hacer frente a la amenaza de su vecino del sur.

Mientras las decadas pasaron, Ecuador crecio de manera impresionante, las politicas economicas dieron frutos de manera apabuyante, el pais logro reunir una enorme cantidad de ahorros, que se usaron para aumentar la industria nacional, pero sobre todo de armar a las fuerzas armadas del pais con los ultimo en tecnologia militar del momento, con lo que se inicio un enorme plan de modernizacion que inicio en 1975 y debia terminar en 1979 o 1980.

Frente Tumbes-Piura

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Soldados peruanos en la defensa de Tumbes, 1978.

La entrada al bando de Chile por parte de Ecuador el 15 de septiembre de 1978, en un primer momento no significó una gran preocupación del Perú, pues aun con una buena parte del Ejército concentrado en la invasión a Chile, se confiaba que las fuerzas defensivas en el norte podrían contener cualquier ataque ecuatoriano.

Por esto mismo, el Ejército ecuatoriano logró rápidamente ocupar posiciones luego de iniciar una ofensiva terrestre el 21 de septiembre de 1978, logrando tomar luego de un encarnizado combate contra los pocos defensores el departamento de Zarumilla, y la parte norte del departamento de Tumbes en la mañana del 24 de septiembre, seguida por enfrentamientos en la localidad de Zorritos, siguiendo el avance del Ejército ecuatoriano por la costa hasta el 10 de octubre, a su vez, las fuerzas de élite ecuatorianas cruzaban el Parque Nacional Cerros de Amotape entre el 27 de septiembre y el 14 de octubre, y tomando Zorritos el 3 de octubre y llegando al distrito de San Jacinto el 12 de octubre amenazando así a las fuerzas peruanas estacionadas en el Distrito de Casitas y Punta Sal, obligando a la retirada de las fuerzas peruanas el 24 de octubre.

Pintura de un Mirage F-1JA derribando un Su-22

Un Mirage F-1JA derriba un Su-22

Tras la retirada peruana, la Fuerza Aérea del Perú intentó bombardear las posiciones en la frontera, pero las sólidas defensas antiaéreas de las bases establecidas tanto en Huaquilas como en Macará detuvieron el ataque. Los combates se sucedieron en la selva fronteriza, con varias escaramuzas cerca de Yacurí y los cerros de Amotape, sin que el ejército peruano pudiese recuperar la ciudad de Tumbes, fuertemente defendida. Varios Sukhoi-22 de la FAP fueron derribados en la selva, por los antiaéreos y los cazas Mirage F-1JA de la FAE y las fuerzas ecuatorianas lograron acercarse peligrosamente a Máncora, acciones que apenas pudieron ser detenidas hacia noviembre de 1978, sin poder de todas formas, superar la cortina de hierro impuesta por la militarización del Ecuador en la Cordillera del Cóndor.

La Armada del Ecuador llegó incluso a incursionar hacia la costa de Chiclayo, antes de que los pocos buques de la Marina del Perú que no se habían ido a atacar la costa chilena, llegasen a detenerlos el 18 de diciembre, entrando en un combate naval sin resultados concluyentes a la altura de Isla Lobos de Tierra. Luego de esto, los buques ecuatorianos se replegaron a Tumbes. Un intento ecuatoriano de incursionar más allá de la Cordillera del Cóndor a 30 km dentro de territorio peruano sin embargo, fue repelido con éxito por las fuerzas del Perú, debiendo los ecuatorianos replegarse hacia la frontera.

Uno de los Jaguar vuelve despues de atacar Piura

Uno de los Jaguar vuelve después de atacar Piura.

Durante la noche del 20 de diciembre, en una operación llamada "Dulce Víspera", la Fuerza Aérea de Ecuador bombardeó la ciudad de Piura, una fuerza compuesta por aviones de interdiccion Jaguar Mk.1 y cazas Mirage F-1JA se lanzo para atacar la ciudad y la base aérea, el ataque fue un éxito, con una poco eficaz defensa de las baterías antiaéreas de la ciudad y una tardía respuesta que dio pie a una gran mortandad. Durante el 22 de diciembre las tropas ecuatorianas se batieron fuertemente con los defensores peruanos a las afueras de la ciudad, a pesar de lo cual Piura cayó durante el amanecer en manos de los atacantes. Tras una pausa en las operaciones por parte del Ecuador entre el 22 de Diciembre de 1978 y el 12 de Enero de 1979, se retomaron acciones en la mañana del 14 de enero.

Frente de Iquitos-Marañón

La noticia de la victoria ecuatoriana caló hondo en los mandos peruanos; los generales Hoyos y Graziani llegaron a cuestionarse la efectividad de estar concentrando tantos recursos en el norte de Chile mientras perdían territorios con Ecuador en el norte peruano. En tanto, otros generales achacaron la culpa de estas derrotas a la falta de liderazgo del General Morales, a quién incluso se le acusó de estar considerando pedir un cese de hostilidades en cuanto Brasil anunció su ingreso al conflicto.

Esta amenaza se hizo más latente con la posterior unión de una avanzada brasileña al ejército ecuatoriano cerca del Amazonas, lanzando un gran ataque combinado y un bombardeo sobre Iquitos, a fines de marzo de 1979. Pese a la feroz resistencia peruana, la ciudad y su territorio circundante, quedaron en total dominio del Ecuador para comienzos de abril. El desastre de Iquitos sería determinante en la temprana retirada peruana del Norte Chileno, pasando a una estrategia más bien defensiva.

Frente del Chaco (Septiembre de 1978 - Abril de 1979)

Artículo principal: Frente del Chaco
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Soldados paraguayos atravesando un río entre los pantanos del Chaco Boreal, marzo de 1979.

El 16 de septiembre de 1978 Paraguay decidió finalmente entrar en ayuda de Chile al conflicto, aunque declarando solamente la guerra a Bolivia y Perú, si bien eran conscientes que Argentina de todos modos podría atacarles, motivo por el cual las defensas en la frontera ya habían sido reforzada desde el mes agosto. Aun así, tras los posteriores reveses de la campaña Argentina no se abrió un frente a lo largo de la frontera paraguayo-argentina.

Pero luego de la declaración de guerra oficial y alianza del Paraguay con Ecuador y Chile, varios destacamentos bolivianos incursionaron en la parte paraguaya del Chaco Boreal, intentando llegar a Mayor Pablo Lagerenza y a Mayor Infante Rivarola, intentos que fueron rechazados por las preparadas fuerzas paraguayas. El Paraguay lanzó un contraataque aéreo, bombardeando san José de Chiquitos y tomándola luego de un largo combate el 1 de enero de 1978.

El 21 de marzo de 1979, aviones de la Fuerza Aérea Argentina y la Fuerza Aérea de Bolivia lanzaron un bombardeo conjunto de la ciudad de Asunción, aunque la inteligencia paraguaya lo había descubierto con antelación y lograron tomar varios resguardos; el ataque fue rechazado con éxito por las baterías antiaéreas paraguayas. Este ataque motivaría la respuesta paraguaya y posterior Batalla de Formosa, donde los paraguayos lograrían tomar la ciudad el 6 de abril de 1979. En el Chaco, Bolivia intentó nuevamente un ataque aéreo con sus debilitadas fuerzas sobre Mariscal José Estigarribia, donde también fueron rechazados por la defensa paraguaya. Las enfermedades y el agotamiento de las fuerzas en combate en el hostil ambiente del Chaco motivaron una tregua "de facto" de un mes.

Frente Argentino-Brasileño (Enero de 1979 - Abril de 1979)

Artículo principal: Frente Argentino-Brasileño

Situación previa

Desde el inicio de las hostilidades entre Chile y Argentina, Brasil se mantuvo atento al desarrollo de los eventos en el continente. Si bien el gobierno de Geisel había manifestado simpatía por la posición chilena, la situación interna del país era la preocupación inmediata del régimen militar, en especial porque para octubre y noviembre de 1978 se tenían programadas elecciones presidenciales y legislativas, donde se esperaba contener el crecimiento electoral del opositor Movimiento Democrático Brasileño. Aunque hubo voces militares que buscaban sacar provecho del reciente conflicto sudamericano para darle un giro autoritario al moderado régimen de Geisel, suspendiendo las elecciones y proscribiendo al MDB, el mandatario brasileño se negó a tomar acción en la guerra, al menos hasta esperar el resultado de las elecciones y analizar las posibilidades de Chile y sus aliados.

En cualquier caso, Brasil había tenido en mente desde hace al menos una década la posibilidad de un conflicto con Argentina, por lo que las fuerzas brasileñas ya tenían ideado un plan de ataque que consistía en avanzar por el norte de Argentina lo más rápido posible, hasta tomar Rosario y obligar al enemigo a negociar.

Por su parte, si bien Argentina considero que el hecho de que Brasil no entrará al conflicto -en favor de Chile- cuando Ecuador y Paraguay lo hicieron, era una señal del éxito de sus avances diplomáticos, no podía descartar una posterior intervención, por lo que su plan era acabar con Chile en el menor tiempo posible. Se esperaba que con los decisivos éxitos iniciales Brasil desconfiara de la capacidad militar chilena y desistiera de ir en su ayuda.

Incidente

Sin embargo, para fines de 1978 Chile no solo todavía resistía tanto la invasión argentina como la peruano-boliviano, sino que en la Patagonia, el lugar de origen del conflicto, era Chile quién había tomado la iniciativa, obligando a las fuerzas argentinas a replegarse hacia Comodoro Rivadavia. Viendo los progresos de la resistencia chilena, y ya con la situación un tanto más tranquila ahora que el General João Figueiredo había sido elegido como sucesor de Geisel para el 1979, el gobierno de Brasil comenzó a plantearse entrar al conflicto, afirmando que era hora de poner fin a un conflicto que amenazaba con desestabilizar medio continente.

El 24 de diciembre de 1979, tras un combate aéreo sobre Paraguay, un avión chileno dañado terminó siendo perseguido por dos aviones argentinos justo en la frontera con Brasil. Un escuadrón de aviones cariocas fue enviado a socorrer al piloto chileno, entablándose un combate donde tanto un avión argentino como uno brasileño fueron derribados. El hecho fue presentado como casus bellis por el gobierno de Geisel, quién tras un consejo de gabinete, acordó llamar a los presidente de Chile, Ecuador y Paraguay para informarles de la decisión de Brasil.

Inicio de las acciones

Brasil declaró la guerra a Argentina el día 2 de enero de 1979 a las 12:00 horas, si bien las tropas brasileñas ya habían comenzado acciones ofensivas desde las 5:30 a.m.

Cuatro divisiones de infantería brasileñas (40.000 hombres) se desplazan durante la noche del 28-29 desde su base en Santa María, tomando el pueblo Paso de los Libres sin resistencia, así mismo cayeron otras poblaciones cercanas. Una vez la artillería (unos 350 cañones de campaña) cruzó el río Uruguay a las 9 de la mañana los brasileños avanzan en dirección noroeste, llegando a Mercedes a eso del mediodía. Antes de que el pueblo cayera, los policías argentinos informan a Buenos Aires, así el 5° ejército argentino prepara sus movimientos defensivos.

Más al norte las divisiones brasileñas 12 13 y 14 pertenecientes al ejército de Paraná cruzan la frontera y toman Puerto Iguazú, avanzando 150 kilómetros sin problemas. Al día siguiente entran en combate con la 34° división argentina (10.000 hombres) en las afueras de Posadas derrotándola luego de dos horas de combate. Así toda Misiones quedaba en control brasileño.

Mientras otras fuerzas brasileñas entraban a territorio argentino desde Santa Catarina. Estas fuerzas eran la 11° división y el 3° regimiento motorizado, que se adelanta a reconocer terreno.

El pequeño Kurks

En las siguientes tres semanas llegarían otros 30.000 hombres a reforzar los ubicados en Mercedes, comenzando a avanzar lentamente unos 70 kilómetros en esas dos semanas, debido al terreno pantanoso de ese sector. La idea brasileña era obligar al 5° ejército argentino al combate justo cuando llegaran a la zona los 30 000 hombres que habían ocupado Misiones. Entre el día 16 y el 26 de marzo se produce la batalla de Saladas entre las avanzadas del 5° ejército y los avanzados brasileños, quienes resultaron triunfadores gracias, en parte, al uso de artillería. Esta victoria dio confianza a los verdeamarelhos quienes lanzan una ofensiva hacia Goya (28 de marzo) y cruzan el Paraná con el 3° regimiento motorizado y dos divisiones de infantería. El 4 de abril toman Reconquista. En esa semana, aviones en reconocimiento venían desde Santa Fe y los detectan, informando a Corrientes. Entonces se envía a la mitad del 5° ejército y a la 2° División Blindada Argentina a la zona que llegan el día 9. Aquel lugar era idóneo para el despliegue de tanques (algo que ambos bandos no desaprovecharon), las fuerzas de ambos bandos se colocaron posición al alba, luego de minutos de enorme tensión entre ambos bandos, los brasileños fueron los primeros en atacar, por lo que dio comienzo a la conocida Batalla de Villa Ocampo, la situación se vió totalmente en contra los argentinos, que estaban superados en número, en proporción de 3 a 1, pero esto no desanimó a los comandantes argentinos, quienes lejos de amedrentarse, respondieron a la avanzada brasileña luchando en campo abierto sin cobertura, razón por la cual algunos estudiosos terminarían por llamar a esta batalla "El pequeño Kurks", debido a los combates de tanques a campo despejado, casi igual que en aquel combate acontecido durante la Segunda Guerra Mundial.

El TAM resulto ser el superior a los tanques brasileños M60

El TAM resulto ser el superior a los tanques brasileños M60

Hoy dia se hay un debate entre los historiadores, con respecto a la hora de inicio de los combates, aunque la hora oficial, la ubica a las 2:00 PM, del 9 de abril, hay quienes recientemente la muestra el 8 del día anterior, a las 8:00 AM, una formación brasileña de vehículos de exploración y tanques M60 y M47, avanzó como una fuerza de reconocimiento en el campo, la fuerza no era mayor a 20 Jeeps y 10 tanques, pués su tarea era localizar a la fuerza argentina y alertar de su ubicación al resto de la columna principal, pese a que durante varios minutos la formación de reconocimiento avanzo bajo fuego de artillería, siguieron avanzando, luego de entrar en el claro que había en el lugar, los vehículos de reconocimiento lograron localizar una enorme formación de tanques TAM y M4A4 Sherman "Firefly" moviéndose en formación hacia el flanco sur, a unos 800 o 1000 metros de distancia, la fuerza de exploración, liderada por el comandante Oliverio Santi, viendo la cantidad blindados enemigos, envió el mensaje de la posición y el avance de hacia donde se dirigen, pesé a que en principio Santi tenia negado abrir fuego una vez encontrara a los argentinos, el obstinado comandante abrió fuego con su reducida fuerza contra los tanques argentinos, no se sabe por que Santi ordeno abrir fuego, algunos sugieren que buscaba entretener a los argentinos para detenerlos haciendoles saber de su presencia y hacerles creer que eran la verdadera fuerza brasileña, aunque esta teoría es muy famosa en Brasil, la realidad es que esta es muy poco probable, los cazas Dagger de la FAA ya habian informado al mando argentino de la posición de los brasileños, y ello, aunque Santi no lo supiera, era claro que los argentinos no atacarian a la pequeña fuerza de exploración, entreteniendo valiosos recursos en una escaramuza menor, o según otro queria probar las nuevas armas de su ejercito, Santi contaba con 4 tanque M60, que recién habian llegado, por lo que los brasileños, excluyendo las pruebas en los años anteriores, nunca habian usado tanques de este tipo, por lo que tal vez, la intención de Santi habria sido usar los cañones del M60 en combate, y salir huyendo luego de probarlos, aunque su jugada le terminaria saliendo mal, sea cual fuere la intención de Santi, su acción se cumplio.

La fuerza de reconocimiento brasileña abrió fuego contra los argentinos, los tanques M60 y M47 dispararon sus cañones de 90 y 105 milímetros respectivamente, los argentinos se vieron sorprendidos por tales ataques, pero en vez de dispersarse como cabria esperar, los tanques se detuvieron, moviendo sus chasis para exponer su frontal y apuntando sus armas contra el enemigo, los proyectiles brasileños alcanzaron a un 3 M4A4, pero no lograron dañar a los TAM que se mantenian firmes, de manera poco creible los M60 no lograron acertar muchos disparos, los proyectiles se desviaban con facilidad, impactando cerca de los objetivos, el intercambio de disparos duro poco más de dos minutos, los tripulantes de TAM rapidamente apuntaron contra los brasileños, una sola andanda coordinada de proyectiles de 105mm alcanzo a 6 de los 10 de la formación incluyendo el M60 de Santi, los proyectiles preforantes de los TAM destrozaron a 2 M60 y 4 M47 que ahora yacián ardiendo, los brasileños viendo la situación rapidamente se retiraron, perdiendo en el corto enfrentamiento a la todos los M60, quedando solo 2 M47, la formación perdio a 32 hombres incluyendo al Comandante Oliverio Santi, la fuerza argentina luego de escaramuza, se detuvo por completo.

Los generales argentinos vieron que el claro donde se encontraban era los suficientemente largo como para permitir colocar los tanques en posición defensiva, ademas, el por entonces poco conocido comandante Andres Rosario Marquez, el segundo al mando de la fuerza argentina urdio junto a sus pares una ingeniosa estrategia, con la intención de sacar provecho de los problemas de información brasileños, los argentinos construyeron una linea fortificada de artilleria, fosas y armas antitanque, donde atraerian a los brasileños, con la intención de hacer funcionar la trampa, una fuerza enorme compuesta de 60 tanques TAM (todos los disponibles por el momento), con las mejores tripulaciones para atacar a los brasileños y así luego de haber destruido o inutilizado a tantos tanques pudieran se retirarian buscando atraerlos a la trampa, si esto funcionaba, los brasileños caerián en un punto de no retorno, donde deberián luchar a muerte, pero para no correr con todo al azar, dos formaciones de M4A4 Sherman se acercarian a los costados intentando envolver al enemigo y dejarlos sin ruta de escape, la trampa fue bien planeada, con todo en mente, pues la enorme desventaja númerica frente a los brasileños era sin dudas algo a tener en cuenta, por lo que pronto, los brasileños lanzaron el ataque al dia siguiente, luego de recibir el informe de reconocimiento.

La batalla terminaría por dar a los argentinos una enorme victoria y una desastrosa derrota brasileña, pues perdieron casi 350 vehículos, quedando así anulada la 3° motorizada. Los TAM resultaron invencibles para los blindados brasileños, con un ratio de 17:1. Los brasileños se retiraron de la zona, habiendo perdido muchos de sus mejores tripulaciones, más aún, la enorme decepción de los brasileños respecto al Patton fue enorme, pués pesé a tener una enorme cantidad de estos y tener el mismo calibre de cañón, la pesimá precisión del mismo a largá distancia, dejaba al tanque a merced de los argentinos, aunque este fue el primer enfrentamiento de tanques a gran escalá entre ambas fuerzas, estas situaciones se repetiria en los siguientes enfrentamientos.

Esta victoria alentó a los argentinos que iniciarían una serie de contraataques que triunfaron gracias al apoyo aéreo cercano (en Posadas no había aeródromo, los aviones brasileños siempre llegaban tarde), retomando Vera y Reconquista entre el 15 y el 25 de abril.

Estas sucesivas derrotas obligaron al Alto mando brasileño a reevaluar la ofensiva, optando por detener los movimientos en tierra hasta la llegada de refuerzos. En tanto, las incursiones aéreas de los argentinos continuaron, causando daños relativamente graves a los de Brasil.

Frente del Amazonas

Artículo principal: Frente del Amazonas
Soldados

Soldados del Ejército conjunto perú-boliviano en un campamento cerca de Puerto Esperanza, durante la Batalla del Acre.

En paralelo a la ofensiva sobre Argentina, Brasil concentró fuerzas en la ciudad de Manaos para enfrentar la amenaza peruano-boliviana en la frontera amazónica, acudiendo al reclutamiento forzoso en algunas ocasiones. Desde las bases de Manaos salieron varios grupos especiales de comandos e infantería para combate en selva que tomaron posiciones hacia enero de 1979 cerca de Río Branco en el Acre y en Rondonia.

Sin embargo y aunque se sucedieron varias escaramuzas en Puerto Esperanza (Perú) y Cobija (Bolivia), la contingencia de los frentes abiertos en la frontera brasileño-argentina y en el norte de Chile, además de la amenaza paraguaya por el Chaco Boreal, mantuvo un tenso statu quo durante varias semanas. Este statu quo se rompería con el inicio de la larga Gran Batalla del Acre, caracterizada por un sucesivos y continuos combates en medio de la selva, durante espacio de casi dos semanas, lo que se saldaría con una victoria brasileña ante las mermadas fuerzas peruano-bolivianas. De la misma forma, una avanzada brasileña seguía el curso del Amazonas hacia el oeste y se unía a los esfuerzos del Ecuador cerca de Iquitos.

Luego de esto, el Brasil tomaría sin gran oposición el departamento boliviano de Pando y parte del de Beni, además de buena parte de los departamentos de Madre de Dios y Ucayali, en Perú. Una epidemia de malaria sin embargo, frenaría considerablemente la acción en este frente durante varios meses, que fueron aprovechados por las fuerzas peruanas y bolivianas para reorganizar sus defensas, y aumentar el reclutamiento forzoso, ya que el grueso de sus ejércitos se hallaban todavía luchando en el norte de Chile.

Campaña naval en otros frentes

Si bien la primera campaña naval de la guerra estuvo enfocada en las acciones de los buques de Chile y Argentina en el canal del Beagle, esta tuvo un desenlace rápido en los primeros meses tras el inicio del conflicto, por lo que las acciones en el mar continuaron ahora en otros frentes.

Combates en el Río de la Plata

Mientras en tierra las fuerzas de Argentina y Brasil chocaban durante los primeros días de enero de 1979, en la cuenca del Río de la Plata la armada brasileña había desplegado un bloqueo alrededor de la provincia de Buenos Aires, aprovechando que Argentina había perdido la mayor parte de su fuerza naval en los combates contra la armada chilena en los mares del sur. Ante la creciente posibilidad de que Brasil pudiera ingresar al conflicto, Argentina había dispuesto que sus últimos buques supervivientes se mantuvieran protegidos y en reparación en Bahía Blanca a la espera de ser la última defensa para la capital, junto a dos nuevas corbetas, adquiridas poco antes de iniciar la guerra. Sin embargo, la movilización de esta fuerza tardaría un tiempo debido a los problemas en el Alto Mando Argentino. Finalmente para marzo de 1979 Argentina finalmente decidiría llevar a cabo una operación para romper el bloqueo. La flota argentina apoyada por su fuerza aérea decide llevar a cabo la Operación Paraná, una serie de ataques para debilitar a las unidades marinas brasileñas, lo cual conseguiría cierto éxito inicialmente. Las operaciones navales se extenderían hasta que se produjo una crucial batalla en el Río de la Plata el 10 de mayo de 1979. El combate terminaría con la destrucción de los restantes buques de la armada argentina, pero ocasionando graves pérdidas también a las fuerzas brasileñas e interrumpiendo momentáneamente el bloqueo sobre Buenos Aires, al menos hasta la llegada de una nueva fuerza naval de Brasil durante julio de 1979.

Operaciones navales en el Pacifico Sur

El crucero peruano Almirante Grau, buque insignia de la Marina de Guerra del Perú

El crucero peruano Almirante Grau, buque insignia de la Marina de Guerra del Perú.

El plano naval, Perú tenía originalmente pensado apoyar con su flota un esperado rápido avance terrestre hasta Antofagasta, para luego unirse a su símil argentina en ataques hacia posiciones estratégicas de la zona centro-sur de Chile y cazar lo que quedara de la flota enemiga. Si bien la flota chilena en su mayoría estaba concentrada en la zona austral, este país si había dejado una pequeña fuerza consistente de dos submarinos y una fragata patrullando el norte en caso que se iniciaran hostilidades con Perú. No obstante, el mando peruano no los consideraba como un problema tan importante.

Esta percepción cambiaría primero con el sorpresivo ataque de unos de los submarinos chilenos a un buque peruano mientras se realizaba el ataque sobre Arica. A raíz de este hecho, la flota peruana tardo varios días en avanzar más hacia al sur, hasta la altura de Iquique, mientras que en paralelo llegaron las noticias de la desastrosa derrota argentina en el mar del sur, con la consecuente pérdida de casi todo su poder naval, lo cual obligo al mando peruano a replantear su estrategia.

Si bien ya no contarían con el apoyo naval de Argentina, y las operaciones en tierra en Tarapacá iban más lento de lo esperado, una posibilidad era mantenerse en el norte, esperando que la armada chilena viniera hacia ellos. Sin embargo, el hecho que el grueso de la armada de ese país siguiera en el Atlántico apoyando la ofensiva sobre la Patagonia, llevó a los oficiales peruanos a que creer que lo mejor era pasar la ofensiva y aprovechar su ausencia para dar caza a la pequeña fuerza naval chilena, y consolidar el dominio peruano sobre el Pacifico, siguiendo adelante con los planes para lanzar ataques contra los puertos chilenos.

Fue así que la Marina Peruana se dividió en tres grupos de tareas. El primero y principal se mantendría en el norte, bloqueando la costa a la altura de Chañaral, para evitar la llegada de refuerzos y suministros chilenos por vía marítima a Antofagasta. Un segundo grupo tendría como objetivo capturar primero la Isla de Pascua en el interior del Pacifico, mientras la tercera se dispondría a ir al Archipiélago Juan Fernández, para ocuparlo y desde allí iniciar los ataques sobre los puertos chilenos desde Valparaíso hasta Puerto Montt, donde ambos grupos convergerían. Por último, la fuerza de submarinos peruana sería la encargada de cazar y eliminar a las unidades chilenas que estaban dando problemas. El 12 de noviembre de 1978 zarparían los buques para dar comienzo a la denominada "Operación Húascar".

Mientras ello ocurría del lado peruano, en el bando chileno el gobierno central de Eduardo Frei Montalva era consciente que pese a tener una pequeña fuerza naval en el Pacífico, la costa chilena era todavía muy vulnerable. Si bien el comandante en jefe de la armada José Toribio Merino había consolidado el dominio marítimo sobre el mar del sur, y la perdida de buques sufrida hasta ese momento estaba dentro de las proyecciones estimadas, muchos de los demás navíos habían recibido daños considerables que los obligaron a estar mas de lo esperado bajo reparación en Punta Arenas. Merino anticipo que los peruanos atacarían antes que pudieran estar listos para enfrentarlos, por lo que la pequeña fuerza naval chilena tendría que seguir defendiendo la costa chilena por un tiempo más.

El 20 de noviembre de 1978, las dos posesiones insulares chilenas fueron capturadas por los Marina Peruana, tomando como prisioneros a los destacamentos chilenos en las islas. Previamente la fuerza de submarinos de ambos países había tenido un breve encuentro, donde la fuerza chilena debió retirarse. Tras esto, el grupo que había tomado a Juan Fernández se dispuso rumbo en dirección a Valparaíso, iniciando un ataque sobre el puerto que sería interrumpido cuando los dos submarinos chilenos atacaron y dañaron a dos buques peruanos. Aun cuando los peruanos se retiraron, el puerto recibió graves daños. Otros combates se sucedieron en Coquimbo y Constitución, con los submarinos chilenos logrando sobrevivir pese a estar en inferioridad numérica.

Ante la urgencia por tener una mayor fuerza en operaciones en el Pacifico, Merino dispuso para mediados de diciembre de 1978 que los buques de la escuadra que ya estuvieran reparados en Punta Arenas zarparan para ayudar en la defensa de la costa chilena. Con el ingreso de Brasil a la guerra a comienzos de enero de 1979, la armada de dicho país accedió a enviar al Pacífico a dos destructores y dos submarinos como refuerzos.

Al enterarse de la llegada de esta nueva fuerza naval, los grupos de combate del Perú decidieron cancelar su siguiente ataque sobre San Antonio, para intentar emboscarlos en Talcahuano, donde inteligencia decía que arribarían para reunirse. Mientras un grupo atacaba por el norte, el otro los rodearía por el sur. Sin embargo, la estrategia no funciono pues Merino había anticipado el movimiento, y consiguió repeler el ataque, resultando el combate en Talcahuano en una victoria chilena, si bien la flota peruana logro replegarse hasta Juan Fernández, habiendo perdidos dos barcos.

Pese a la derrota, la Marina Peruana siguió firme en su intención de no ceder el dominio del Océano Pacífico y mantener fuera a las naves chilenas del Norte donde la ofensiva peruana continuaba. Un nuevo ataque fue organizado esta vez a Puerto Montt, donde las fuerzas chilenas realizaban el transporte de tropas desde Chiloé a tierra firme para contener el avance argentino. La fuerza de submarinos peruana navego hacia el canal del Chacao con el objetivo de hundir tantos barcos de transporte como era posible, pero el plan fue descubierto y Chile envió a su propios submarinos para interceptarlos. Durante varias semanas, submarinos de ambos lados intercambiaron disparos en el mar al Oeste de Chile, hasta que finalmente el bando chileno se impuso al hundir a todos los submarinos peruanos, aunque perdiendo a ambos submarinos brasileños y un par de transportes.

Almirante Merino abordo de un buque de guerra en 1978

El almirante Merino supervisando la flota chilena durante la campaña en el Pacífico.

Para el mes de febrero, la flota chilena había conseguido recuperar Juan Fernández, pero se produjeron otros dos ataques contra San Antonio y Talcahuano, resultando ambos puertos con daños menores luego que los peruanos rápidamente evitando un nuevo combate directo. Esta estrategia había conseguido contener todavía a la armada chilena a la zona central, por lo que el Almirante Merino decidió que era hora de forzar a los peruanos a un cara cara donde no pudieran huir. En Isla de Pascua, el almirante peruano recibió reportes de que la flota chilena iba finalmente a rumbo a liberarla, por lo que dejo a un grupo de buques para entretenerlos, mientras el resto de la escuadra peruana iría a capturar nuevamente Juan Fernández para luego iniciar una nueva ronda de ataques a la costa chilena. Sin embargo, al llegar a Juan Fernández se encontraría con varios buques al mando del mismo Merino, iniciando el combate. En cuanto sus buques empezaron a recibir daños considerables, el Almirante peruano ordeno replegarse al oeste hacia Isla de Pascua, pero apenas unos kilómetros fue sorprendido por los restantes buques chilenos. El combate culmino con más de la mitad de la flora peruana hundida, con los sobrevivientes huyendo hacia el norte, aunque el almirante Merino casi resulta muerto producto del disparo de un barco enemigo.

Iniciando el mes de marzo de 1979, Chile había recuperado el control del Pacifico al sur de Chañaral, incluyendo Isla de Pascua, pero aun faltaba un tiempo para que la Armada chilena pudiera navegar la norte para combatir al grueso de la Marina de Guerra del Perú. Tras unas semanas en recuperación, el almirante Merino retomo sus funciones como comandante e inicio los preparativos para la gran batalla naval que se avecinaba.

Frente Chileno-Argentino (Febrero de 1979 - Mayo de 1979)

Frente de Mendoza

Habiendo repelido con éxito las últimas ofensivas del Ejército Argentina en el valle del Aconcagua y en el Cajón del Maipo, el Ejército Chileno se preparo para iniciar un contraataque para expulsar a las fuerzas argentinas de vuelta a la frontera de manera definitiva. El 15 de febrero fue lanzado un ataque sobre Putaendo, la base de operaciones del Ejército Argentino de invasión. Aunque las tropas argentinas lograron contener la primera embestida, el desgaste provocado en las operaciones anteriores y la falta de suministros debido a los sabotajes de unidades chilenas finalmente los llevo a replegarse de vuelta a los pasos cordilleranos. Misma situación ocurrió en el Cajón del Maipo, aunque la retirada de las tropas argentinas se llevo a cabo de manera más desordenada debido a la inesperada apertura de un flanco en las líneas argentinas y que fue aprovechado por Chile.

A comienzos de marzo, el Ejército chileno había conseguido recuperar la mayor parte de los pasos fronterizos en Aconcagua, Santiago y O’Higgins y las tropas argentinas se encontraban de vuelta en Mendoza. El fracaso de la invasión a Chile en este y otros frentes, así como la entrada de Brasil al conflicto fue visto por algunos militares argentinos como señal de que era hora de buscar la paz, pensamiento que también fue compartido por el gobierno chileno de Eduardo Frei Montalva, quién formalmente solicito un cese de hostilidades. Sin embargo, el Almirante Massera, apoyado por el resto de la Junta, se opuso tajantemente a tal idea, y afirmó que el país seguiría peleando hasta el final. Aun así, su mala conducción del conflicto ya había comenzado a generar cuestionamientos de otros miembros del Alto Mando militar, y algunos habían empezado a generar planes para derrocarlo. No obstante, Massera logró enterarse de parte de estas críticas, y ordenó el arresto de varios oficiales, incluyendo el General Roberto Eduardo Viola, miembro de la Junta.

En medio de este clima de paranoia y desconfianza al interior del régimen argentino, el 25 de marzo, en Buenos Aires un grupo de oficiales se subleva y asesina de Emilio Massera. Sin embargo, debido a la falta de coordinación, el intento golpista rápidamente fracasa y es aplastado por las fuerzas leales al fallecido Massera, encabezadas ahora por el General Guillermo Suárez Mason del I Cuerpo del Ejército, sofocando todos los focos de rebelión en tres días. Como consecuencia de este evento, se inició el nuevo gobierno militar se dispuso a atrapar a los oficiales que apoyaron el golpe, incluyendo a varios de los que estaban en Mendoza.

Ante la negativa de la tentativa de paz, el gobierno chileno ordenó a las fuerzas armadas continuar la guerra y adelantarse a un nuevo intención de invasión, lanzando una propia. La invasión chilena a la provincia de Mendoza comenzó el 2 de mayo, volviendo la actividad al Frente de los Andes Centrales luego de casi un mes y medio en que los enfrentamientos en esa zona se habían detenido. No obstante, la operación estuvo precedida por la infiltración de unidades de sabotaje por distintos y que se encargaría de dificultar la movilidad de las fuerzas argentinas. Así como lo hizo el Ejército Argentino en su momento, las tropas chilenas utilizaron los distintos pasos cordilleranos para cruzar, encontrándose de inmediato con una fuerte resistencia que detuvo cualquier avance por varias semanas. Sin embargo, las líneas argentinas de a poco fueron rotas, y el avance chileno continuo, primero alcanzando la localidad de Malargüe, en el sur, y luego más al norte en San Carlos, aunque la ofensiva principal que iba camino a Uspallata siguió teniendo problemas para avanzar mas rápido.

La crisis al interior de la cadena de mando argentina fue aprovechada por el Ejército Chileno para continuar la marcha sobre el resto de la provincia, ocupando Malargüe y llegando finalmente a la localidad de Uspallata a mediados de julio y poniéndola bajo asedio el día 24. La batalla por la ciudad significó un gran despliegue de fuerzas y reporto grandes bajas para ambos lados, durante casi dos semanas y media. El 17 de agosto de 1979, Uspallata cayó finalmente bajo control chileno, aunque las pérdidas forzaron al Ejercito Chileno a detener su avance por un tiempo. Durante septiembre las fuerzas argentinas desde Mendoza intentaron recuperar la ciudad, pero fueron rechazadas exitosamente. Más al sur, las tropas chilenas aseguraron también sus posiciones entre Malargüe y Tunuyán, llegando hasta al Lago Salinas del Diamante en el Este, pero no atreviéndose a incursionar más al interior debido a la fuertes defensas que los argentinos habían organizado alrededor de San Rafael. Por la misma razón, el Ejercito Chileno no atacaría Mendoza, aun cuando en su maximo avance consiguió llegar a las fuerzas de la ciudad, por lo que este frente quedaría sin movimientos hasta el fin de la guerra.

Frente del Sur: Valdivia

A comienzos de febrero de 1979, comenzó a darse un giro en la Batalla de Valdivia, luego que las fuerzas argentinas, ya muy agotadas, no pudieran seguir presionando para ocupar la ciudad. Luego de la llegada de refuerzos frescos, el Ejército chileno organizo un contraataque que permitió expulsar a las tropas argentinas de la ciudad para la ultima semana de febrero, aunque el Ejército Argentino aun mantenía un control firme sobre los demás territorios ocupados en el sur de Chile. La victoria en Valdivia levanto fuertemente la moral en las tropas chilenas, y pronto el mando chileno decidió tomar ventaja de la perdida de iniciativa por parte de los argentinos, para organizar un ataque coordinado desde Temuco, Puerto Montt y la misma Valdivia. En paralelo con esto, una ofensiva desde Cunco consiguió recuperar Melipeuco y luego el Paso Icalma.

El 28 de febrero fue puesta en marcha la "Operación Hierro" que contó primero con una ofensiva en el norte contra las posiciones argentinas en Pitrufquén, y en el sur cerca de Frutillar. Mientras la presión hacia que las tropas argentinas retrocedieran de a poco, una tercera ofensiva fue lanzada desde Valdivia en dirección al Lago Ranco, con el objetivo de separar a ambas fuerzas argentinas. Para el 8 de marzo, el plan había dado resultado y el Ejército Argentino quedo dividido en la fuerza principal al sur que tenía su base en Osorno, y al norte el contingente argentino que ocupaba Villarrica. El siguiente movimiento chileno se centro en acabar la fuerza del norte, y para ello se lanzo una cuarta ofensiva sobre Pucón, acompañada de bombardeos sobre el camino al Paso Mamuil Malal. A mediados de marzo, Pucón había sido tomada y las fuerzas argentinas en Villarrica quedaron rodeadas por tropas chilenas. La reconquista de Villarrica solo sería completada el 29 de marzo.

En el sur, el avance chileno por recuperar su territorio costo más esfuerzo debido a las mejores defensas dispuestas por los argentinos entre San Pablo y Purranque. Recién en mayo, las tropas chilenas lograron alcanzar Entre Lagos, amenazando con dejar aislados a las tropas argentinas en Osorno. Sin embargo, el Ejército Argentino, consciente de ello pudo contener los ataque chilenos y evitar perder la localidad, aunque de todas formas debió iniciar un repliegue masivo hacia Neuquén. Finalmente, Osorno sería liberada por el Ejército Chileno el 12 de abril de 1979, y el resto de los poblados hasta el Paso Puyehue durante la siguiente semana.

Campaña de la Patagonia

Soldados Argentinos Prisioneros

Soldados argentinos capturados durante el avance chileno por la Patagonia.

La Caída de Comodoro Rivadavia el 27 de febrero de 1979 marco la segunda gran derrota seguida de Argentina durante el conflicto, luego del duro revés sufrido en Valdivia una semana antes. El Ejercito Argentino estableció su nueva base de operaciones en Puerto Madryn desde donde busco reorganizar a las tropas supervivientes y detener el avance chileno desde el sur, a la vez que desde otros frentes valiosas tropas inevitablemente eran movilizadas para ayudar en esta defensa. Por otro lado, el Ejército Chileno decidió consolidar su ocupación de Comodoro Rivadavia antes de seguir avanzando por el resto de la provincia de Chubut.

Al comenzar el mes de marzo, el frente chileno se extendía desde Alto Rio Senguer, pasando por Sarmiento hasta la costa, y una vez los preparativos fueron terminados, las tropas chilenas pusieron en marcha dos ofensivas. La primera por el interior en dirección a Gobernador Costa, y que sería apoyada desde Palena, más al norte, donde se habían estado enviando tropas para romper el estancamiento que existía allí desde el comienzo de la guerra. La segunda columna chilena siguió el camino de la costa hacia Camarones, con apoyo de la armada. Para el 1 de abril, luego de verse obligadas a replegarse, las tropas argentinas consiguieron contener la ofensiva en la localidad de Tecka, pero en la costa, el poderío de armada chilena permitió que sus fuerzas se apoderaran de Camarones, pese a la resistencia argentina. Rawson, la capital de la provincia de Chubut se transformo entonces en el próximo objetivo del Ejercito Chileno.

Las noticias de que las fuerzas argentinas fueron expulsadas de Osorno y de que pronto comenzaría una invasión chilena a Neuquén fueron entregadas al mando militar en Aysén, el cual ordeno un mayor despliegue de tropas en el interior para presionar las líneas argentinas, que de Tecka se habían movido a Esquel en la última semana. Esquel cayó el 22 de abril, y luego la batalla se traslado a Leleque. Mientras tanto, una columna conquisto Paso de Indios y se reunió con tropas de la costa que preparan el asalto sobre Rawson.

La batalla de Rawson comenzó el 4 de mayo, aunque las defensas alrededor de la ciudad consiguieron detener el primer ataque chileno. El mar frente a la ciudad fue minado en grandes proporciones, ralentizando los movimientos de la armada para apoyar el avance en tierra. Mientras esto sucedía en la costa, en el interior, las fuerzas chilenas consiguieron avanzar más al norte hacia El Bolsón, localidad que luego será ocupada, permitiéndoles a las tropas de Aysén y Magallanes reunirse con las fuerzas chilenas que habían iniciado su avance sobre Neuquén.

El 26 de mayo, Rawson fue finalmente conquistada por el Ejército Chileno, aunque las pérdidas forzaron a detener el avance hasta mediados del mes siguiente, tiempo que fue aprovechado por el Ejército Argentino para sacar a sus tropas de manera segura y organizada, y preparar una nueva defensa en Puerto Madryn. Además, fueron desplegadas unidades argentinas de sabotaje que consiguieron demorar los avances chilenos por la costa de Chubut.

Las operaciones chilenas en Chubut volvieron a iniciar cerca del 21 de junio, con el pospuesto ataque sobre Puerto Madryn, pero así como sucedió en Rawson, la resistencia argentina contuvo durante varias semanas a las fuerzas hasta que finalmente la ciudad fue ocupada. Sin embargo, tres días después, los argentinos lanzaron un inesperado contraataque que tomo por sorpresa a las tropas chilenas en Puerto Madryn, y consiguió recuperar la ciudad en una semana. El Ejercito Argentino había recibido refuerzos desde San Antonio Oeste, y gracias a ello, pudo conseguir aquella victoria que los llevo a continuar hacia el sur, para atacar Rawson. Los enfrentamientos por la ciudad, sin embargo, se estancaron hasta las primeras semanas de agosto. El ejército chileno retomo entonces la iniciativa y consiguió mantener el control de Rawson, y luego volver a capturar Puerto Madryn el 30 de agosto, esta vez con el apoyo de un par de buques de la escuadra ya que ahora el resto de ella estaba operando en el Pacifico. Durante septiembre, las localidades de Telsen y Gastre fueron ocupadas, quedando Chile con el control de todo Chubut.

A partir de mediados de septiembre, la mayor parte de las operaciones militares del Ejercito chileno en la zona sur se concentraron en la ofensiva sobre Neuquén, pero los enfrentamientos siguieron en los demás frentes, aunque a una escala menor que en los meses anteriores. Entre septiembre y noviembre de 1979, las fuerzas chilenas realizaron un lento, pero seguro avance por la costa desde Puerto Lobos hasta las afueras de San Antonio Oeste, aunque en ese punto las defensas argentinas demostraron ser lo suficientemente bien organizadas para que los chilenos no se atrevieran a arriesgar mas hombres, manteniendo esa línea sin cambios hasta el termino del conflicto.

Frente Argentino-Brasileño (Mayo de 1979 - Agosto de 1979)

Reinicio de las hostilidades

Tras casi un mes, el día 27 de mayo de 1979 los brasileños lanzaron la Operación Guaycurú, un ataque con 135.000 hombres contra Corrientes cercando al 5° ejército (recordemos sólo estaba la mitad) y a la 33° división, obligándolos al combate. La batalla transcurrió hasta el 3 de junio, cuando los últimos argentinos se rinden.

Este duro golpe a los argentinos no desanimó al Alto Mando, quien ordenó al 4° ejército que estaba basado en Córdoba dirigirse a la zona. Además se planeó el envío de la 29° división que estaba en Formosa, pero esta se ve atacada por fuerzas paraguayas. La división Blindada Especial, de Buenos Aires llega también, debido al éxito de la 2° blindada.

Mientras tanto lo que quedaba del 5° ejército argentino se retira al sur, para encontrarse con los refuerzos el día 25 de junio. De esta forma, los argentinos tenían una fuerza capaz de hacer frente al enemigo, además desde un frente más sencillo de defender (el Paraná a la altura de Santa Fe) con una línea de abastecimiento más corta e incluso con dos divisiones blindadas. Se planeó comenzar el contraataque cuando algunos refuerzos llegaran en los siguientes días (3.000 hombres, 70 cañones y 12 tanques para la 5° Blindada).

Contraataque argentino de julio

Tanques M60 brasileños se dirigen al combate

Tanques M60 brasileños se dirigen al combate

En cuanto los argentinos lograron juntar sus fuerzas en un solo punto iniciaron un contraataque hacia el norte, el 2 de julio de 1979. Los brasileños en tanto avanzaban hacia el sur con una fuerza de 110.000 hombres.

El enfrentamiento era inevitable. Ambos ejércitos estuvieron cara a cara el 7 de julio en las cercanías de San Javier en la Batalla de San Javier, como había sucedido anteriormente en la batalla de Villa Ocampo, se dio una feroz batalla de tanques entre los dos ejércitos, la batalla de San Javier se convirtió en la batalla de tanques más grande toda la guerra, con más de 500 vehiculos blindados luchando en el campo de batalla, los argentinos nuevamente ganaron por el apoyo decisivo de sus blindados, esta derrota termino por dejar a los brasileños disgustados por el desempeño del M60 Patton, que nuevamente, demostraría ser inferior frente a los tanques TAM argentinos, los brasileños apodarian al TAM luego de esta batalla "El Tiger latino". Sin embargo, pesé a esta gran victoria, los argentinos se encontraban en una mala situación, debido a que las divisiones blindadas estaban ya muy desgastadas por los enfrentamientos; la victoria de San Javier había costados a los argentinos, 34 tanques TAM que para aquel momento no era posible reemplazarlos, más aún, los suministros poco a poco empezaban a escasear, por lo que los argentinos necesitaban asegurar alguna ciudad con reservas de combustible, pues la enorme problemática del combustible, empezaba a hacerse patente para aquel momento.

El problema argentino era que no podía reforzar sus ejércitos y reemplazar sus pérdidas fácilmente, algo que los brasileños sí podían. Las fuerzas argentinas habían perdido casi 18.000 hombres en la batalla pero decidieron seguir adelante y probar una arriesgada maniobra.

Incidente de Salto, Uruguay se implica en el conflicto indirectamente

A mitad de julio los argentinos llegan a la frontera con Uruguay decidiendo cruzarla sin autorización para tomar por sorpresa a las fuerzas brasileñas en retirada, lo cual sería un tremendo error. Obviamente al enterarse los uruguayos envían una nota de protesta pidiendo explicaciones del hecho, pero el gobierno argentino no respondió.

Así en Uruguay se piensa que es una invasión. El pequeño ejército charrúa de 35.000 hombres comienza a ser reforzado. Por su parte los brasileños descubren el movimiento argentino, por lo que deciden enviar a su propia fuerza a derrotar a los argentinos de manera definitiva. Se enviaría una petición al gobierno uruguayo para tener acceso militar el día 19 de julio.

Uruguay deniega la entrada de tropas brasileñas. Ignorando esto, el Ejército de Río Grande do Sul, con 78.000 hombres ingresa al país en el norte de Salto. El 20 de julio los argentinos deben retroceder sobre sus pasos para poder atacar a los brasileños. Los argentinos tenían 116.000 hombres. La batalla comenzó al atardecer, los tanques TAM presentes eran unos 84, por lo que inclinaron la balanza del lado argentino. En esto, aprovechando el buen clima y la noche, los bombarderos brasileños realizan un ataque contundente a las filas argentinas, provocando desorden y una retirada momentánea. El enfrentamiento parecía terminar en tablas, cuando intervienen 45.000 soldados uruguayos con gran cantidad de artillería. Esto hace retroceder a ambos ejércitos, los cuales se separan. Ninguno de los bandos estaba interesado en sumar un nuevo enemigo, así que se retiraron de territorio uruguayo presurosamente, incluso abandonando material, que sería requisado por los de la república Oriental. En conjunto los combatientes dejaron más de 57.000 muertos o heridos en el campo de batalla, 2.600 de ellos uruguayos.

Producto de las enormes pérdidas (21.000) se acababa la última posibilidad de Argentina recuperar en el corto plazo la provincia de Misiones, iniciándose la retirada hacia Paraná el 25 de julio para preparar las defensas.

Ofensiva brasileña de agosto

Tras la batalla en territorio uruguayo, las tropas cariocas se tomaron un descanso en lo que quedaba de julio, para reorganizar sus fuerzas y esperar por refuerzos, lo cuales llegarían a Misiones el día 10 de agosto, sumando 90.000 efectivos más.

Por su parte, la situación de los argentinos era complicada. Sin posibilidad de recibir refuerzos en el corto plazo, debido al éxito de los ataques aéreos chileno-brasileños en cortar los caminos, la única esperanza argentina era aguantar en este frente hasta que pudieran organizar una fuerza de apoyo desde el interior, cosa que también se veía complicada por la pérdida de varios vehículos de transporte en los bombardeos.

Los brasileños comienzan a recuperar terreno y pronto avanzan sobre las provincias el resto de la provincia de Corrientes y de Entre Ríos, mientras que los argentinos eluden el combate directo, cediendo pueblo a pueblo, pues sabían que nada tenían que hacer ante la superioridad enemiga y lo mejor era esperar por una oportunidad. Para el 28 de agosto los brasileños derrotan a unas pocas unidades en Paraná, pues la mayoría se había retirado a Santa Fe donde concentrarían su defensa.

Frente del Norte Grande (Marzo de 1979 - Junio de 1979)

Batallas de María Elena y Mejillones

Habiendo previamente ocupado en febrero la localidad de Tocopilla en la costa norte de la provincia de Antofagasta, El Ejercito peruano esperaba desde allí llevar cabo los preparativos para dos ofensivas claves: una ataque sobre María Elena y un desembarco de tropas tras lineas enemigas en el poblado de El Yeso, en la península de Angamos, bajo el nombre de Operación Grau. El plan del alto mando peruano con ambas acciones era abrir un nuevo frente desde donde presionar a los chilenos y avanzar hacia al interior, para cortar las lineas de suministros a Calama, además de amenazar la ciudad de Antofagasta al sur. Si bien se esperaba contar con mas tiempo para organizar una mayor fuerza de ataque, las noticias de que la flota chilena pronto llegaría al norte tras desactivar la estrategia peruana para contenerla en el sur, obligaron a apresurar los planes antes de que Perú perdiera la ventaja marítima que aun tenía en el norte.

Para el 1 de marzo las fuerzas peruanas iniciaron su avance por tierra para capturar las oficinas salitreras de María Elena y Pedro de Valdivia, mientras que por mar, la escuadra peruana escoltaba los buques de desembarco hacia la península de Angamos. Sin embargo, para desconocimiento de los invasores, la inteligencia chilena había conseguido descubrir una semana antes cuales serian los próximos movimientos peruanos y en consecuencia, los defensores en María Elena les prepararon una trampa. En tanto en el Océano Pacifico, una renovada armada chilena zarpo en secreto para llegar a tiempo a interceptar a su símil del Perú.

La batalla en la pampa salitreras se extendería hasta la noche del 4 de marzo, cuando el Ejercito Peruano, habiendo ya sufrido graves perdidas, debió cesar la ofensiva y retroceder de vuelta a Tocopilla, quedando claro a la mañana siguiente la magnitud del desastre. Mientras tanto, ambas escuadras chocaron en combate a la altura de Mejillones, el 2 de marzo, consiguiendo una mas experimentada flota chilena hundir o dañar a una buena parte de los buques de la Marina de Guerra del Perú, incluyendo al crucero insignia Almirante Grau, a la vez que los peruanos eran incapaces de sostener una cabeza de playa en El Yeso, siendo finalmente repelidos la mayoría de vuelta al mar, mientras otros soldados resultaron capturados. Con ello, la Operación Grau terminaba en un fracaso para el mando Perú.

Reconquista del Desierto

Con la ofensiva peruano-boliviano detenida en María Elena y Calama, y con los supervivientes de la flota peruana huyendo hacia el norte, para mediados de marzo el Ejército Chileno en el norte finalmente comenzó a recibir la llegada de un mayor número de refuerzos y suministros desde el sur, donde la situación para el país también avanzaba de manera favorable. Con estas nuevas fuerzas, el mando chileno en la zona no tardo en organizar el contraataque y recuperar los territorios perdidos.

La Reconquista del Desierto, como se le llamo a esta etapa de la guerra, se puso en marcha el 22 de abril de 1979, con una ofensiva por mar, desembarcando al norte de Tocopilla y recuperando la ciudad el 24 de abril. En paralelo, desde Calama se inicio el avance de fuerzas chilenas a través de la Pampa del Tamarugal, forzando a las tropas peruanas a retirarse más al norte, hasta Pica.

En la costa, la ofensiva chilena alcanzo el Quillagua y la ribera del Río Loa el 1 de mayo, para luego continuar los enfrentamientos contra fuerzas peruanas que ocupaban varias localidades camino al norte. El 12 de mayo finalmente las tropas chilenas alcanzaron Iquique, encontrándose con una numerosa resistencia, mientras en el mar, el resto de la Marina de Guerra del Perú protegía el puerto. La batalla por Iquique se extendió hasta el 24 de mayo, y culmino con una victoria chilena. Gracias a una maniobra de distracción, el Ejército Peruano pudieron huir de manera organizada hacia Arica, aunque de su flota solo sobrevivieron dos buques.

En el interior de Tarapacá, las fuerzas chilenas lograron expulsar a las fuerzas bolivianas de vuelta a la frontera, mientras el resto de tropas peruanas se agruparon en torno a Camiña para ofrecer resistencia. Los enfrentamientos duraron hasta 30 de mayo, y las tropas chilenas pudieron seguir su avance hacia Putre, mientras por mar, se inicio el ataque chileno sobre Arica. A diferencia de Iquique, luego del combate de Arica se produjo una desorganización total en el Ejército Peruano al emprender su retirada, lo cual le costó la vida a cientos de soldados. Parte de los sobrevivientes peruanos intentaron huir a Putre, pero las tropas chilenas ya se habían apoderado de la localidad y terminaron tomando prisioneros a la mayoría. Para el 4 de junio, el Ejército Peruano había abandonado por completo el territorio chileno, concentrando sus fuerzas para defender Tacna. Por primera vez, el Ejército de Chile lograba pasar de una posición meramente defensiva a una ofensiva. La impresionante movilización y reclutamiento de civiles chilenos durante la guerra dio sus frutos, y se lograban mandar refuerzos a los frentes del Norte, Central, Sur y Austral.

Golpe del 7 de junio

Con el Ejército Peruano estando ad portas de ser regresado a la frontera al norte de Arica debido al contraataque chileno para mayo de 1979, el General Francisco Morales anunció a su circulo íntimo su intención de solicitar una tregua a Chile y sus aliados, y convencer a Bolivia y Argentina de hacer lo mismo, convencido que tras la entrada de Brasil a la guerra la suerte de la misma ya estaba decidida. Sin embargo, sus planes terminaron llegando a oídos de un grupo de militares antiguamente cercanos al fallecido líder peruano Juan Velasco Alvarado: los generales en un principio retirados, Miguel Ángel de la Flor Valle, Jorge Fernández Maldonado y Edgardo Mercado Jarrín, pero que habían vuelto a enlistarse al comenzar la guerra con Chile. El grupo rechazó tajantemente las intenciones de Morales, y pronto encontraron respaldo de otros oficiales que habían estado criticado la conducción del presidente peruano del conflicto, acusando que no tomó en su minuto las decisiones adecuadas para lograr una victoria decisiva. Por este motivo pronto se organizó una complot para derrocarlo antes de que pudiera concretar una "humillante rendición" para el país. El 7 de junio de 1979, día de la Bandera en Perú y cuando se conmemoraban 99 años desde la batalla de Arica, estos oficiales llevaron a cabo una sublevación en Lima, arrestando a Morales y sus colaboradores mas cercanos, por traición a la patria. Asumió en su reemplazo el General Edgardo Mercado Jarrín, quién en su primer discurso señaló que Perú no se sometería a la tiranía chilena nuevamente y que no dejaría de luchar hasta el final.

Frente Chileno-Argentino (Abril de 1979 - Noviembre de 1979)

Apertura del Frente de Neuquén

Luego de haber conseguido la expulsión del Ejército Argentino del sur de las provincias de Cautín, Osorno y Llanquihue, el Ejército Chileno aprovechó la pausa en los combates durante el mes de abril para preparar su incursión sobre las provincias argentinas de Río Negro y Neuquén. El 1 de mayo comenzó el ingreso de fuerzas chilenas desde tres sectores. Primero, por el norte, a través del Paso Icalma, hacia las localidades de Aluminé, Las Lajas y Zapala. Una segunda fuerza, en dirección hacia Junín de los Andes y San Martín de los Andes atravesó el paso de Mamuil Malal. La tercera utilizo el Paso Puyehue y otros pasos más al sur que fueron desminados, dirigiéndose primero a capturar Villa La Angostura para luego avanzar hacia San Carlos de Bariloche.

Para la segunda semana de mayo de 1979, las tropas argentinas debieron atrincherarse en San Carlos de Bariloche debido no solo al avance chileno desde Villa Angostura, sino también a la presión ejercida desde al sur, donde fuerzas chilenas habían ocupado la localidad de El Bolsón. En la misma fecha, San Martín de los Andes quedo sitiado luego que la localidad de Junín fuera tomada por tropas chilenas.

A diferencia de las otras ofensivas, las tropas chilenas en el norte tuvieron mayores complicaciones para avanzar, debido a la resistencia más organizada que dispuso el Ejército Argentino y que fue apoyada con llegada de refuerzos. Mientras, en la localidad de Piedra del Águila los argentinos concentraron una gran cantidad de tropas que luego movilizaron para recuperar Junín de los Andes. El contraataque argentino consiguió su objetivo y la ciudad fue recuperada el 28 de mayo. Esto llevo a que las operaciones chilenas en este sector se detuvieran, manteniéndose solamente combates en San Martín de los Andes.

No pudiendo avanzar por el resto de los frentes, el Ejército Chileno concentro sus esfuerzos en San Carlos de Bariloche que finalmente fue capturada el 6 de junio, con ayuda de las tropas llegadas de Aysén y Magallanes. Aquellos refuerzos enviados desde el sur fueron rápidamente integrados a las fuerzas chilenas en Neuquén para continuar con la ofensiva hacia el noreste. San Martín de los Andes cayó el 25 de junio, y luego se inicio un ataque para capturar nuevamente Junín de los Andes. Para mediados de julio, las fuerzas argentinas se replegaron de manera organizada a Piedra del Águila, pero aun resistían en Aluminé, gracias a las refuerzos enviados desde Neuquén.

Con el fin de romper las líneas argentinas y despejar el camino norte hacia Neuquén las tropas chilenas lanzaron una nueva ofensiva hacia Zapala el 17 de julio. Mientras ello ocurría, desde Junín se movilizo a un gran contingente hacia el noreste, alcanzando la localidad de Las Coloradas. Ambos ataques consiguieron disminuir los suministros enviados hacia Aluminé, debilitando la defensa de la ciudad que finalmente fue ocupada y sus defensores obligados a retirarse en dirección a Picún Leufú junto las tropas en las pueblos cercanos.

En paralelo a esto, el 12 de julio partió desde de San Carlos de Bariloche una fuerza de efectivos con rumbo al Este, al interior de la provincia de Río Negro, buscando alcanzar las localidades de Ingeniero Jacobacci y Sierra Colorada, esto con el objetivo de establecer una ruta mas directa de comunicaciones entre la avanzada al norte que iba a sitiar Neuquén y las tropas chilenas al sur que avanzaban por la costa de la Patagonia, hacia Puerto Madryn. La resistencia argentina consiguió detener el avance de este grupo hasta que finalmente en agosto Sierra Colorada fue capturada.

A mediados también de agosto, el asedio sobre Piedra del Águila culmino en una derrota argentinas, retirándose sus tropas de manera desorganizada, y elevando el número de bajas. Parte de las tropas chilenas en el norte, luego de capturar Las Lajas alcanzaron la ribera del Río Neuquén, mientras el resto de la fuerza se dirigió hacia Neuquén. En el sur, el Ejército Argentino fue obligado a abandonar Picún Leufú ante la posibilidad de un ataque desde todas direcciones, concretando todas sus tropas y vehículos en Neuquén, ciudad que fue fuertemente preparada para el asedio que venía en camino.

Golpe del 1 de septiembre

Asedio de Neuquén

El 30 de septiembre el Ejército Chileno alcanzó finalmente Neuquén y luego de reunir la mayor cantidad de soldados y armamento comenzó el ataque sobre la ciudad. La batalla inicialmente favoreció a los defensores, quienes pudieron evitar la entrada de tropas chilenas a la ciudad. Solo luego de una semana las fuerzas chilenas consiguieron ingresar a Neuquén, dando comienzo a una guerra casa por casa que se extendió durante todo el mes de octubre, mientras los soldados argentinas usaban todos su recursos para impedir el avance chileno que llegó a apoderarse de casi el 60% de la ciudad, hasta que el 27 de octubre, un sorprendente contraataque argentino (Operación "Sol de Mayo") liderado por el Coronel Martín Balza consiguió forzar al Ejército chileno a replegarse, estando muy cerca de expulsar a todas las fuerzas invasoras de Neuquén. Sin embargo, el impulso de esta contraofensiva sucumbió al desgaste antes de completar su objetivo y para el 4 de noviembre, las tropas chilenas consiguieron mantener su posición en cerca del 30% de la ciudad. Ambas fuerzas quedaron sumamente exhaustas tras cerca de cinco días de combates, pero el Coronel Balza informó que del lado la situación era crítica, debido a las perdidas humanas y materiales para conseguir este breve respiro, mientras que del lado chileno, las tropas comenzaron a reorganizarse pues aun tenían una oportunidad para retomar el impulso.

Frente aliado contra Bolivia (Abril de 1979 - Octubre de 1979)

Reinicio de hostilidades en el Frente del Chaco

La frágil tregua de facto de abril se rompió al mes siguiente, reiniciando las hostilidades en la zona del Chaco. Las fuerzas argentinas abandonaron buena parte del Chaco para sostener la defensa de la frontera con Brasil y el Frente de Neuquén, donde estaban siendo rechazados seriamente; sólo quedaron 5000 hombres reforzando a los bolivianos, que debieron concentrar allí sus fuerzas. 2500 voluntarios chilenos lucharon en la selva del Chaco junto a los paraguayos, participando de las ofensivas sobre el Río Grande. La ciudad de Santa Cruz estaba siendo seriamente amenazada por las fuerzas paraguayo-chilenas, y el Ejército Boliviano tuvo que desviar hombres que tenía ayudando en el Perú para enfrentar su propia situación interna.

Los ejércitos de Chile y Paraguay mas la Fuerza Aérea Paraguaya decidieron formular un primer ataque contra Santa Cruz, habiendo logrado cruzar la línea del Río Grande a mediados de mayo, entre intensas lluvias tropicales que tornaban las condiciones adversas y propiciaron la reaparición de enfermedades como la fiebre amarilla y la malaria. El 6 de junio, la Fuerza Aérea de Paraguay bombardea Santa Cruz, destruyendo varios edificios. Sin embargo el ataque terrestre se pospuso debido a las malas condiciones de salud generales y eso dio tiempo a las fuerzas boliviano-argentinas para rearmarse y preparar la defensa de Santa Cruz, presionando nuevamente a los paraguayos y chilenos hacia el río Grande. Sin embargo con fuerzas chilenas presionando desde una parcialmente ocupada provincia de Potosí al oeste, las paraguayo-chilenas por el Chaco al este y los brasileños por el norte, hubo dificultades serias de suministro que afectaron a Santa Cruz, donde se sucedieron las revueltas de grupos que exigían la rendición y el fin de la resistencia. Nuevamente una tregua de facto entre julio y septiembre hizo desaparecer temporalmente el combate en la selva del Chaco.

Campaña chilena de Bolivia

Artículo principal: Acta de Rendición de Bolivia

Mientras la Operación Reconquista del Desierto tenía lugar en Tarapacá, el Ejército Chileno preparo parte de sus fuerzas para iniciar una invasión a Bolivia. Usando como base Ollagüe y los pequeños territorios bolivianos que habían sido ocupados en la frontera, las tropas chilenas comenzaron una ofensiva en 12 de junio, cuando la mayor parte de las tropas bolivianas habían sido expulsadas de Tarapacá. Durante las primeras semanas, la resistencia boliviana resulto menor a la esperada, debido a la decisión del General Juan Pereda Asbún de empezar a concentrar gran parte de su ejercito alrededor de La Paz, ordenando establecer una línea defensiva desde el Lago Titacaca hasta Cochabamba. Como consecuencia, el Ejército Chileno pudo ocupar el oeste de la provincia de Potosí, capturando Uyuni sin sufrir tantas perdidas, para luego avanzar hacia hacia a Oruro al norte. Pereda fue acusado de abandonar a suerte al resto del país, llevando eventualmente a que muchos de los jefes militares se negaran a seguir recibiendo sus ordenes y quedándose para pelear contra las tropas chilenas, que aprovecharon al máximo esta falta de organización para acorralar y derrotar a varios batallones bolivianos.

Los constantes fracasos militares finalmente a que el 2 julio tuviera lugar un golpe de estado que saco del poder al General Pereda por su fallida conducción de la guerra, asumiendo en su lugar el General Alberto Natusch. Sin embargo, poco y nada sirvió este cambio pues aunque el avance chileno consiguió ser ralentizado por algunas semanas, eventualmente las fuerzas chilenas consiguieron romper sus defensas y continuar su avance por el resto de la provincia de Oruro. El 28 de julio, el Ejército Chileno lanzo desde Putre una ofensiva que alcanzo Curahuara de Carangas derrotando al contingente boliviano que protegía esa localidad, preparándose así para lanzar un ataque sobre Oruro, antes del ataque se llevo a cabo un masivo ataque de la FACH sobre la ciudad, aunque se pudo mermar las defensas, la ciudad casi hasta la mitad fue destruida, causando terrible bajas de civiles inocentes, aun asi, se llevo a cabo la ofensiva coordinada con las tropas que avanzaban desde el sur. Oruro fue puesta bajo asedio el 10 de agosto, y cuatro días después el ejercito boliviano acuartelado en la ciudad se rindió, con tan solo una pequeña parte de sus soldados alcanzando a huir hacia la línea defensiva establecida mas al norte.

Tras estas nuevas derrotas el régimen Natusch también fue derrocado el 16 de agosto, siendo remplazado por el General Luis García Meza, quién buscando evitar la gestación de un golpe en su contra desde el comienzo, llevo a cabo la eliminación de varios militares que se creía eran opositores. Como resultado de sus acciones, el Ejército Boliviano que durante las ultimas semanas había mostrado señales de estar mejor organizado para defenderse de los ataques chilenos, cayó en un caos aun peor, debido a los constantes cambios en la cadena de mando. Varios contraataques bolivianos que se organizaron apresuradamente terminaron en desastre, y hacia septiembre, las fuerzas chilenas pudieron adentrarse más al interior del país, llegando incluso a cortar la conexión por tierra entre Bolivia y Argentina. El 1 de septiembre, soldados chilenos se encontraron en la localidad de Villazón con tropas paraguayas provenientes del Este y que recientemente habían capturado Tarija.

La ciudad de Potosí fue puesta bajo asedio el 2 de septiembre, mientras el Ejército Chileno organizó una gran cantidad de tropas que marcharon en dirección a La Paz, alcanzando la línea defensiva boliviana para el 9 de septiembre. Aunque durante la primera semana parecía que los bolivianos podrían contener el avance sobre su capital, el ejercito chileno organizo una estrategia que le permitió abrir dos brechas en las defensas bolivianas al este y oeste de La Paz el día 19 de septiembre, seguido de un rápido avance apoyado por un contingente aéreo que permitió cercar completamente la ciudad, impidiendo al General García Meza huir a tiempo. Tras consolidar sus posiciones alrededor de La Paz los siguientes días, y rechazar dos intentos bolivianos por romper el cerco, las tropas chilenas organizaron el asalto final a la capital altiplánica. El 25 de septiembre se dio inicio a la batalla que se extendería cerca de una semana, aunque el dictador boliviano, así como todo su círculo de confianza, resultaría muerto durante un ataque aéreo al segundo día de combates. La jefatura del país fue entonces asumida por una junta de emergencia formada por miembros supervivientes del gabinete, quienes en vista de la caótica situación en la ciudad terminaron entregándose a las fuerzas chilenas el 1 de octubre, cesando los combates al día siguiente. Dos días después la caída de La Paz, el 4 de octubre de 1979, la junta de emergencia aceptó firmar la rendición incondicional de Bolivia, decisión que fue bien recibida por la población civil que ya estaba harta del conflicto. Si bien varias unidades bolivianas acataron las ordenes inmediatamente y entregaron las armas a las fuerzas aliadas, hubo destacamentos que se negaron y persistieron con las hostilidades por algunas semanas más, hasta que finalmente la presión hizo insostenible seguir con la resistencia.

Última resistencia en Santa Cruz

Las noticias acerca del avance arrollador chileno en el oeste boliviano, llegaron rápidamente a Santa Cruz y la zona chaqueña, causando revueltas y deserciones en masa del Ejército de Bolivia; sin embargo un bando extremo se resistió a acatar el armisticio que se firmaba en La Paz, atacando las posiciones paraguayo-chilenas en el Chaco durante alrededor de una semana después, pero sin resultados concluyentes. El resto de la resistencia boliviana no pasó de la segunda semana de octubre de 1979, cuando finalmente el Ejército Boliviano acantonado en Santa Cruz depuso las armas y se allanó a la paz firmada a principios del mes, permitiendo la entrada de las tropas de Paraguay y Chile el 13 de octubre.

Frente aliado contra Perú (Mayo de 1979 - Diciembre de 1979)

Avance ecuatoriano-brasileño en el norte peruano

Luego de la caída de Iquitos en febrero de 1979, el Perú pasó a una posición defensiva contra la irrupción ecuatoriano-brasileña. Consciente de que si destinaba mayores recursos a la frontera con Ecuador corría el riesgo de debilitar la ya precaria posición peruana en el Norte Grande de Chile, el general Hoyos ordenó la construcción de un sistema defensivo de trincheras y posiciones en la selva que impidieran el paso más allá de la línea de Iquitos. En la zona de Piura, se impidió el avance de la misma forma, logrando defender exitosamente durante mayo la línea de Chulucanas y Lago la Niña, al sur de Piura. Pero en la zona amazónica las tropas brasileñas lograron romper la resistencia peruana y avanzar hasta San José de Saramuro, poblado que toman el 14 de junio.

Invasión chilena al Perú

Con el repliegue a Tacna de todas las fuerzas peruanas luego de las batalla de Arica y Putre, el gobierno chileno hizo un último intento por llegar a un cese al fuego con el nuevo gobierno peruano del General Edgardo Mercado Jarrín, pero este solo respondió advirtiendo que si los chilenos entraban a su país lo pagarían muy caro. Mercado apostaba por una defensa exitosa de Tacna para luego lanzar un contraofensiva.

Fue así que tras el arribo de más tropas y suministros desde el centro-sur del país, el Ejercito Chileno se preparó para comenzar la invasión a Perú. El 18 de junio de 1979 se puso en marcha Operación Nuevo Pacifico (bautizada así en memoria de las acciones del Ejército Chileno durante la Guerra del Pacifico, 100 años antes) cuyo primer objetivo sería obviamente Tacna. Durante una semana las tropas peruanas acantonadas en la ciudad opusieron una dura defensa para las tropas chilenas, que acompañaron sus movimientos en tierra con desembarcados tras las líneas peruanas, en Ite y Sama. Pese a la confianza de Mercado, las líneas peruanas colapsaron y Tacna cayó en manos chilenas el 2 de julio, mientras al noreste Tarata también fue ocupada por otra columna chilena que partió desde Putre.

El 5 de julio, en Ilo se llevó a cabo un gran desembarco en dirección a Moquegua, localidad donde aun estaban llegando sobrevivientes de Tacna. El gran contingente chileno rápidamente logró posicionarse al norte de la ciudad, e inicio el asedio a ésta mientras esperaba la llegada de las fuerzas al sur en los días siguientes para completar la envoltura. La rápida estrategia permitió capturar Moquegua para fin de mes y dio un duro golpe a la moral peruana.

En Arequipa, las noticias de las derrotas recientes provocaron la caída de varios comandantes, mientras sus sucesores tuvieron que preparar las defensas de la ciudad ante el inminente ataque chileno. La batalla por Arequipa se inició el 24 de agosto y se extendió hasta el día 1 de septiembre, cuando la ciudad finalmente se rindió, produciéndose un caos en la huida, donde muchos soldados fueron tomados prisioneros.

Pese a su discurso inicial tras derrocar a Morales, el régimen peruano dirigido por el General Edgardo Mercado Jarrín ahora comenzaba a tambalear debido a su inhabilidad por contener el avance de la amenaza chilena desde el sur. Algunos oficiales que antes habían estado por la estrategia de resistir hasta el final empezaban a dudar, y los rumores de un nuevo golpe de estado -esta vez para terminar con el conflicto- llevaron a Mercado a mantener gran parte de los regimientos leales a él en torno a Lima, ocasionando problemas a la hora de mandar refuerzos a las líneas que defendían al sur.

Desastre de San Vicente de Cañete y Caída de Lima

Durante los meses de agosto y septiembre, nuevos desembarcos chilenos tuvieron lugar al sur de Ica, y que permitieron tomar por sorpresa a las defensas peruanas, que fueron obligadas a retroceder al norte, mientras el avance chileno por tierra se acercaba peligrosamente rápido a Lima. La ciudad de Ica fue capturada el 12 de octubre, mientras tenía lugar un nuevo desembarco en el puerto de Pisco. Para ese punto, Bolivia ya se había rendido, Argentina resistía pero cada vez estaba mas complicada, y las fuerzas ecuatorianas y brasileñas avanzaban por el norte de Perú, por lo que el presidente Mercado y sus generales necesitaban una victoria clave que les permitiera cambiar el rumbo de la guerra. Fue así que el mando peruano creyó ver una oportunidad para detener el avance el chileno. En San Vicente de Cañete, al sur de Lima, prepararon una emboscada, reuniendo a un contingente de tropas que doblaba en número a la fuerza chilena que avanzaba en dirección norte. El 29 de octubre, las tropas chilenas siguiendo su avance por la costa llegaron a aquella localidad donde fueron sorprendidos por fuerzas peruanas. Al principio parecía que el ejército peruano había logrado encerrar con éxito a los regimientos chilenos, pero pronto un error quedó en evidencia, el cual permitió a los chilenos no solo reagruparse para contener el ataque, sino que empezar a realizar maniobras que dejaron a varias destacamentos de tropas peruanas rodeadas. Tras dos días de combate, las tropas chilenas recibieron ayuda de un contingente desde del mar, el cual desembarco detrás de las lineas peruanas, completando así la encerrona. Finalmente, para el 3 de noviembre de 1979, el Ejército Chileno había conseguido acabar o tomar como prisioneros a casi la totalidad de las fuerzas peruanas que lucharon allí.

El desastre en San Vicente de Cañete se transformó en la peor derrota para el Ejército del Perú, y dejó abierto el camino para que las tropas chilenas llegaran a Lima, lo cual no obstante ocurriría recién el 14 de noviembre de 1979, debido a que el Ejército chileno tuvo que esperar la llegada de refuerzos desde el sur para reponer las perdidas del combate previo. Ante la desesperada situación, el general Mercado abandonó la capital con dirección a las montañas, a Huánuco, donde tropas de diferentes frentes se estaban reorganizando. Para defender Lima dejo un contingente de soldados que rápidamente se vio superado por el ataque tanto por tierra como por mar de las fuerzas chilenas; las levas forzadas de soldados en la sierra fueron inefectivas, ya que todo el reclutamiento posible había sido agotado en el Frente Ecuatoriano, el Frente Amazónico y en la cruenta lucha del Frente del Norte Grande Chileno.

Aun así, estos hombres se mantuvieron enfrentando a las tropas chilenas usando tácticas de guerrilla urbana durante las siguientes dos semanas, donde se combatió edificio por edificio en Lima y El Callao. Pero para el 1 de diciembre, las tropas chilenas habían logrado acabar o a atrapar a la mayoría de los insurgentes. El puerto del Callao resistió una semana más, pero ante el incesante bombardeo de la Armada de Chile y el asedio por tierra, capituló el día 8 de diciembre, con lo que Chile una vez más luego de cien años se hizo control efectivo de la capital peruana.

Frente Argentino-Brasileño (Septiembre de 1979 - Diciembre de 1979)

Batalla de Santa Fe

El 7 de septiembre de 1979, los brasileños deciden iniciar el ataque sobre la ciudad de Santa Fe, confiados en su superioridad numérica para conquistarla. Sin embargo, la inesperada llegada de un contingente de refuerzos trasladado desde la Puna de Atacama, el cual ataca el flanco izquierdo del ejército brasileño da un giro a la batalla, que termina estancandose. Un nuevo general argentino que toma el mando de las fuerzas en Santa Fe consigue alentar a sus hombres y preparar una serie de ataques pequeños, pero estratégicos, a través de todo el territorio de Entre Ríos, que consiguen evitar que los brasileños puedan retomar con éxito su ofensiva. Aun así, los argentinos no contaban con suficiente hombres iniciar una contraofensiva como la de julio, por lo que se apuesta simplemente por continuar con los sabotajes y reforzar la defensa de Santa Fe a la espera que los brasileños lanzaran un nuevo ataque a gran escala, en cuanto se repusieran de sus pérdidas. Sin embargo, el Alto Mando de Brasil tenía preparado algo muy diferente.

Desembarco en Mar del Plata

Luego que las fuerzas argentinas lograran contener el avance brasileño en Santa Fe y otros puntos en las provincias de Corrientes y Entre Ríos, el alto mando brasileño decidió llevar adelante un plan que se venía organizando desde el inicio de la guerra como alternativa para conseguir la rendición argentina: una invasión por mar a la provincia de Buenos Aires. Luego de que los últimos buques argentinos en el Río de la Plata fueran destruidos, Brasil había reiniciado el bloqueo de la costa argentina, y continuado en los meses siguientes con los ataques sobre instalaciones estratégicas entre Buenos Aires, La Plata y otros puertos, aunque sufriendo pérdidas debido a la contundente defensas desplegadas por los aviones argentinos. En cualquier caso, para septiembre de 1979 el Ejército Brasileño se encontraba listo para transportar un contingente de miles de soldados. La fecha elegida fue el 21 de septiembre, y el lugar las playas a unos kilómetros al norte de Mar del Plata. Los planes de Brasil serian descubiertos por la inteligencia del gobierno argentino alrededor de cuatro días antes del desembarco, pero sin una armada que pudiera interceptar los buques brasileños, las opciones se reducían a movilizar las tropas al área, preparar defensas costeras y los aviones disponibles para que atacaran los transportes y buques de guerra.

Al amanecer del 21 de septiembre de 1979, las fuerzas brasileñas dieron comienzo al desembarco en la cercanías de Mar del Plata, apoyadas por el fuego de sus barcos que destrozaron las principales defensas argentinas de la costa, permitiendo a los soldados brasileños llegar a tierra. En el aire, aeronaves de ambos países se enfrascaron una lucha por el dominio del espacio aéreo mientras los aviones argentinos intentaban atacar los buques en la costa, llegando a hundir una fragata y dos transportes, así como dañar dos barcos mas grandes. Tras verse forzadas a retirarse al interior por los contundentes disparos desde el océano, las tropas argentinas apostadas en la zona lanzaron ataques rápidos contra los efectivos brasileños que buscaban asegurar las cabezas de playa, logrando ralentizar sus esfuerzos por unas horas. Recién al día siguiente de iniciada la invasión, las tropas brasileñas lograron fijar sus bases en la costa y prepararse para iniciar el avance tierra adentro. El plan de Brasil consistía a partir de este punto en dirigir sus esfuerzos en dos direcciones: Al norte, hacia Buenos Aires y al oeste, con objetivo en la ciudad de Bahía Blanca. Aunque se esperaba que Argentina se rindiera antes, la idea era que las fuerzas brasileñas siguieran hacia el interior hasta Neuquén donde los tropas chilenas se encontraban sitiando la ciudad.

Batalla de Bahía Blanca

Luego de ocupar Mar del Plata el 27 de septiembre, donde establecen su base de operaciones, el Ejercito Brasileño se prepara para lanzar sus dos ofensivas. Siguiendo el camino de la costa, apoyados en todo momento por un escuadrón de la armada, la columna brasileña llega hasta las afueras el puerto de Bahía Blanca el 8 de octubre. Debido a la fuerte presencia de minas submarinas en el estuario frente a la ciudad, los buques de la flota brasileña se ven obligados a quedarse fuera del aérea de combate, lo cual es aprovechado por los argentinos para reforzar sus posiciones alrededor de Bahía Blanca, pudiendo en esta ocasión repeler con éxito los primeros ataques lanzados por las fuerzas brasileñas. Aun cuando las tropas brasileñas cuentan con una ventaja numérica, los defensores argentinos consiguen evitar por una semana que estas entren a la ciudad. El 16 de octubre, la ofensiva brasileña consigue entrar por el sur de Bahía Blanca, pero nuevamente se ven imposibilitados de seguir. El día 21, un ataque sobre la Base Aeronaval Comandante Espora es repelido con éxito. El 27, un movimiento argentino consigue expulsar a las tropas brasileñas que habían entrado a la ciudad, pero el triunfo no dura mucho, pues una nueva tanda de refuerzos del Brasil permite que vuelvan a ingresar a la ciudad hasta el centro de la misma, mientras la base aérea resulta severamente dañada por ataques desde tierra y aire, aunque aun permanece bajo control argentino. Para el 4 de noviembre los combates en Bahía Blanca parecían haberse estancado.

Batalla de las Sierras de Tandilia

Mientras una columna brasileña avanza por la costa hacia Bahía Blanca, otra se dirige rumbo norteoeste en dirección a la localidad de Tamil. El plan era apoderarse luego de Azul y Olavarría para desde allí avanzar por la ruta al norte hasta amenazar Buenos Aires. El mando brasileño esperaba coordinar estos avances con una nueva ofensiva en la provincia de Entre Ríos que permitiera ocupar Santa Fe y luego Rosario, cercando de ese modo la capital argentina. El 5 de octubre el Ejercito Brasileño llega y ocupa Tamil tal como lo tenían planificado, avanzando posteriormente el 11 de octubre hasta Azul. Sin embargo, al intentar tomar Olavarría son rechazados por una fuerza argentina que no solo los expulsa, sino que los obliga a atrincherarse de vuelta en en Azul. Allí, las fuerzas brasileñas son asediadas en todo momento, mientras esperan el apoyo de refuerzos desde Mar del Plata, los cuales tardan en llegar debido a una serie de ataques de sabotajes por parte de pequeñas unidades argentinas en la zona. Mientras tanto cerca de Buenos Aires, el mando argentino a la cabeza del General Roberto Viola toma una arriesgada decisión de reunir un contingente suficiente grande para intentar expulsar a las fuerzas brasileñas de la cabeza de playa que habían establecido en el sureste de la provincia, aprovechando el éxito de la resistencia en Bahía Blanca y Olavarría. Una contraofensiva bajo el nombre de "Operación Puma" es programada para el 30 de octubre, con una fuerza que todavía inferior a la cantidad de tropas que Brasil tenía en la provincia, pero apostando por usar su conocimiento del territorio a su favor. Aunque la lucha en las Sierras de Tandilia se extendió por varias semanas, la estrategia argentina pareció tener éxito, consiguiendo hacer retroceder al Ejército Brasileño de vuelta a Mar del Plata para el 7 de noviembre, pero a un alto precio, perdiendo cerca del 65% de los efectivos en la operación.

Final de la guerra (Noviembre de 1979 - Enero de 1980)

Armisticio de Puerto Montt

Artículo principal: Armisticio de Puerto Montt

A comienzos de noviembre de 1979, las dos últimas grandes contraofensivas argentinas en Neuquén (occidente) y en las Sierras de Tandilia (oriente) habían logrado que las fuerzas chilenas y brasileñas, respectivamente, retrocedieran considerablemente, pero sin conseguir expulsarlas completamente de esas áreas, que era el objetivo final. En vista de este resultado insuficiente, el gobierno argentino al mando del General Roberto Eduardo Viola considero sus opciones en una guerra que ya llevaba un año y cuatro meses. De acuerdo al informe del General Balza, el Ejército Argentino había sufrido pérdidas mayores a la esperadas en Neuquén y las que quedaban se encontraban muy desgastadas, con los suministros escaseando, cuestión que se repetía al sur de Buenos Aires. Igualmente, se reportaba que en todo el frente de batalla desde Mendoza hasta San Antonio Oeste, las rutas de comunicación se encontraban cortadas o muy dañadas, retrasando el despliegue de las unidades, pero más importante la cadena de suministros alimenticios y médicos. Esto último ya había originado una nueva ola de grandes protestas en varias ciudades del país, que ya no podían ser controladas por las fuerza de seguridad. Aunque al asumir nuevamente el mando de la nación, el General Viola había abierto un diálogo con fuerzas opositoras bajo la premisa de la defensa de la Patria, al ver que el rumbo del conflicto no estaba mejorando, estas incrementaron sus llamados a buscar terminar de una vez con esta. Bajo aquel razonamiento, el gobierno del General Viola finalmente decide comunicarse con las autoridades chilenas y brasileñas para negociar formalmente un armisticio.

Luego de varios intentos previos por conseguir la rendición argentina, esa noticia fue recibida positivamente por el gobierno brasileño, pero especialmente por el chileno, el cual había logrado dar vuelta un conflicto que en un primer momento parecía que se perdería, pero a un costo humano y material bastante elevado.

Chile y Brasil, representados por sus respectivos ministros, respondieron presentando una serie de puntos al canciller argentino que viajó como negociador a Puerto Montt, ciudad chilena donde se realizaron las conversaciones. Al cabo de dos semanas, durante las cuales se acordó un alto al fuego en todo los frentes de batalla alrededor de Argentina, finalmente ambas partes llegaron a un consenso respecto a los términos del armisticio, el cual sería firmado en Puerto Montt el 20 de noviembre de 1979.

Golpe de Noche Buena y Armisticio de Lima

Artículo principal: Armisticio de Lima

Con el cese de las hostilidades con Argentina en noviembre de 1979, el Alto Mando Chileno pudo incrementar el despliegue de tropas hacia territorio peruano, justo a tiempo para apoyar las ofensivas que siguieron a las victorias en San Vicente de Cañete y Lima. De esta manera, para el mes de diciembre el ejército chileno consolidó su control sobre el territorio ocupado y ya se preparaba para continuar su avance hacia el interior a inicios de 1980, aunque existía el temor que al igual como ocurrió en la Guerra del Pacífico, cien años atrás, una nueva resistencia peruana en la Sierra en forma de guerrillas alargará peligrosamente el conflicto. Sin embargo, tales preocupaciones pronto quedarían disipadas al conocerse el crítico estado en que se encontraba las restantes fuerzas peruanas.

Al fracaso de los intentos para reclutar más soldados, se sumaban noticias de otros frentes como en la selva, donde las fuerzas de Brasil seguían su avance o en el norte, donde los ecuatorianos hacían lo propio. Aun ante estos hechos, el General Mercado se negaba a negociar una rendición o renunciar, concitando el respaldo todavía de varios oficiales supervivientes que habían propiciado la guerra, pero propiciando que otro sectores militares comenzarán a acercarse en secreto con dirigentes opositores a la dictadura de todo el espectro político. El diagnóstico era claro y unánime, el conflicto con Chile no había traído más que desgracia para el pueblo peruano y debía ponerse fin, costara lo que costara. Se acordó que la Asamblea Constituyente convocada en 1978, pero cuya actividad fue cesada de facto por el recientemente asumido régimen de Mercado en junio de 1979 como respuesta a la solicitud de sus miembros de detener la guerra cuando las fuerzas chilenas empezaron a ingresar en territorio peruano, volvería a funcionar aunque esta vez como un verdadero poder legislativo, mientras que la labor del ejecutivo sería asumida por una junta de gobierno provisoria integrada por tres civiles y dos militares, a la cabeza del presidente de la Asamblea, el político aprista Luis Alberto Sánchez, quién sucedió a Víctor Raúl Haya de la Torre fallecido tan solo unos meses antes en agosto de 1979. Tras estos preparativos, y aprovechando que el general Mercado se había recluido en su base de Huánuco, los militares consiguieron mover relativamente rápido y sin detectados el suficiente contingente de soldados para lanzar un golpe de estado el día 24 de diciembre de 1979, poniendo bajo arresto tanto a Mercado como a su círculo interno. Al mismo tiempo que ello ocurría, el nuevo gobierno fue anunciado por radio al país, con Luis Alberto Sánchez jurando como presidente de la Junta, en la ciudad de Cuzco.

Gracias a un rápido despliegue de los oficiales anti-guerra las nuevas autoridades consiguieron poner bajo su mando a la mayor de las unidades militares del país, quedando solamente en rebeldía contingentes aislados en pleno combate con las fuerzas chilenas y de sus aliados, siendo eventualmente derrotados por estos. Tras asegurar el control de la nación durante la semana siguiente al golpe, el nuevo gobierno provisional fue reconocidos por Chile, Brasil, Paraguay y Ecuador, así como toda la comunidad internacional, y se iniciaron conversaciones formales para un cese de hostilidades, enviando una delegación a la ciudad de Lima bajo ocupación. De esta forma, los aliados presentaron sus demandas a las nuevas autoridades peruanas, las cuales fueron aceptadas tras una deliberación que no se extendió muchos días. Finalmente, el 7 de enero de 1980 se firmó el armisticio de Lima, lo que puso fin a los combates de la Guerra Sudamericana, salvo casos aislados de tropas que no aceptaban la derrota.

Tratado de Paz de San José de Costa Rica

Reacción internacional

Consecuencias

Pérdidas humanas y materiales

El conflicto tuvo impacto demográfico considerable en el subcontinente, pues en total se perdieron cerca de 800 mil vidas durante la jornada completa, además de una gran cantidad de heridos; en ambos casos tanto militares como civiles. El bando de Argentina, fue el que registró la mayor cantidad total de pérdidas humanas, con 441.639 soldados caídos y 121.475 víctimas civiles.

En pueblos pequeños, a cada medida que avanzaban los enfrentamientos, la gente se vio obligada abandonar sus hogares, y la misma situación se repitió aunque en menor medida en ciudades de más 100 mil habitantes. Durante el punto más álgido de la invasión argentina a la zona central de Chile se produjo un verdadero éxodo desde la provincia de Santiago en dirección especial a otras áreas como O'Higgins, Maule o Coquimbo.

Estos combates causaron muchas bajas en la población civil, pero donde se registraron los mayores números fueron durante los ataques aéreos en zonas urbanas en varios puntos del conflicto. Un ejemplo fue la población de la ciudad de Santiago de Chile, donde se registraron muchas bajas civiles producto del bombardeo masivo llevado a cabo por la Fuerza Aérea Argentina (FAA) durante la invasión a la zona central. Otro motivo de la pérdida de vidas civiles fue el uso intensivo de diferentes tipos de armas, tales como las bombas de racimos usadas por ambos lados, pero en especial por las fuerzas chilenas, que fueron apodadas por las fuerzas Andinas, como "Tira muerte", refiriéndose a la alta efectividad de las mismas en los ataques aéreos. Aunque su uso se enfocó a objetivos militares, con el avance sobre territorio de Perú y Bolivia llegando a zonas urbanas, donde estos fortificaron fuertemente sus posiciones reclutando el apoyo de la población civil en estas preparaciones, el despliegue de este tipo de armas como último recurso para romper el frente enemigo causaron un gran revuelo, siendo el caso más comentado el ataque masivo de la Fuerza Aérea de Chile (FACH) se realizó contra la fortificada capital boliviana de La Paz, donde 12 cazabombarderos subsónicos Hawker Hunters, armados con bombas de racimo, causaron la destrucción de mas de un 47% de la ciudad, y la muerte directa o indirectamente de casi 3.000 personas en el bombardeo, junto al incendio provocado luego del ataque, lo que aumentó la destrucción ocurrida en la ciudad. Previamente durante la invasión peruana al norte chileno igualmente se registraron bombardeos masivos por parte de aviones Su-22 y MiG-21 de la Fuerza Aérea Peruana, a ciudades como Arica, Iquique y Calama con grandes pérdidas para la población.

No solo las balas y los cañones cobraron vidas durante este conflicto, pues un estallido de brote de cólera afectó a varios países, siendo Argentina, Bolivia y Perú los principales afectados, forzando en determinados momentos incluso retrasos en varias operaciones militares.

Sin embargo, la mayor pérdida material se produjo en el apartado económico, donde Bolivia resultó la más afectada por la destrucción de buena parte de la infraestructura industrial del país, así como la pérdida de mano obra joven, lo que llevó a que el país fuera ocupado militarmente para garantizar el éxito de su reconstrucción, la cual resultó ser toda una odisea. Aun con los acuerdos del tratado de paz y posteriores, al pais le tomaría casi una década alcanzar un números positivos y estables. Argentina igualmente sufrió una recesión, y lo mismo Perú, cuyas fuerzas armadas tuvieron fuertes impedimentos para recuperar su fuerza de antaño, aún mas debido al surgimiento del conflicto en el Braen, contra Sendero Luminoso, para lo cual se necesitaría la cooperación internacional.

Incluso los países vencedores, aun cuando lograron ventajas económicas y algunos como Chile, Ecuador y Paraguay consiguieron ganar o recuperar territorios, este triunfo no estuvo exentos de problemas y en especial, para lograr la paz definitiva debieron asumir ciertos compromisos para ayudar con la reconstrucción de los países derrotados, buscando garantizar una nueva y mejor relación con estos.

Aun así, Chile consiguió extender su longitud en un 21%, mientras que Ecuador logró aumentar su longitud en un asombroso 36%, esto se sumo a que las industrias de ambos se vieron afianzadas por la inyección de capital que el estado surtió a las empresas, sobre todo la empresa minera de Chile y la petrolera de Ecuador, las cuales ayudaron en gran medida a sostener el esfuerzo bélico hasta el final.

Repercusiones en Argentina y sus aliados

Repercusiones en Chile y sus aliados

Veteranos de 1978 en La Florida

Desfile de veteranos de la Guerra del 78 en la comuna de La Florida, en 2018.

En Chile, la Guerra Sudamericana fue un brutal punto de inflexión donde se puso a prueba el presupuesto más temido de las Fuerzas Armadas Chilenas: la Hipótesis Vecinal Máxima o "HV3", en jerga militar. El pueblo chileno recibió una enorme inyección de patriotismo justo en momentos de crisis donde todo el sistema político parecía tambaleándose después de los sucesos de los 70's, y respondió enrolándose masivamente en el enganche voluntario más grande de la Historia de Chile, superando en más de diez veces al enganche durante la Guerra del Pacífico: Cerca de 900.000 hombres e incluso muchos miles de mujeres pasaron de la noche a la mañana de ser gente común, a soldados.

En Brasil, desde un primer momento la guerra generó opiniones divididas, siendo uno de los motivos de porque el país no entró al conflicto de manera inmediata. Sin embargo, con la elección de João Figueiredo como nuevo presidente, una figura que durante su campaña había anunciado que iba reevaluar la actitud de Brasil frente a los sucesos del subcontinente, esto fue visto como un respaldo del país a la idea de intervenir, y tras el incidente del caza chileno esto se concretaría. Aun así, el entusiasmo de los jóvenes por unirse al esfuerzo de guerra no fue tan alto como se esperaba, cosa que en un principio no preocupó al mando militar brasileño, el cual apostó con que sus números serían suficientes para imponerse frente a las fuerzas argentinas. Sin embargo, luego de constatar las fuertes defensas argentinas y al ver las pérdidas sufridas en la batalla de Villa Campo, el gobierno optó por un cambio de estrategia que permitió incrementar el reclutamiento voluntario. A la larga, si bien Brasil logró la victoria junto a Chile en el conflicto, y consiguió grandes ventajas económicas con los acuerdos de paz, el hecho de haberse unido a la guerra seguiría siendo criticado por algunos sectores, especialmente de oposición, quienes incluso acusaron que se trataría de una maniobra para que el régimen se perpetuara en el poder. En cambio, otros apoyaron de manera más transversal la decisión, aludiendo que el bien de Brasil y la región fue la decisión correcta. De cualquiera manera, tras la guerra el gobierno de Figueiredo continuaría con la apertura democrática que se había iniciado previamente y para 1985, una figura opositora lograría vencer en las elecciones presidenciales.

En la cultura popular

Notas

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