Historia Alternativa
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Guerra de Secesión Yucateca
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Fecha 12 de agosto de 1825 - 15 de junio de 1826
Lugar Península de Yucatán
Causas
  • Confabulación colombo-estadounidense plasmado en los Acuerdos de Baltimore.
  • Descontento entre los círculos republicanos restantes en el Imperio Mexicano.
Resultado
  • Purga de Bogotá
  • Inicio de la Década Afable
  • Creación de las Leyes Leoninas
  • Intervención mexicana en la Gran Guerra Andina
  • Partes enfrentadas
    Imperio Mexicano Consejo Supremo Ejecutivo de Yucatán
    Figuras políticas
    Agustín I

    Valentín Gómez Farías

    Lucas Alamán
    José Matías Quintana

    Lorenzo de Zavala

    Manuel Carvajal
    Figuras líderes
    Agustín I

    Anastasio Bustamante Nicolas Bravo

    Joaquín Gutiérrez
    Guadalupe Victoria

    José Segundo Carvajal

    Miguel Barragán
    Fuerzas involucradas
    18.000-20.000 9.500
    Saldo
    3.000 muertos 480 heridos 7.000 muertos 750 heridos
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    La Guerra de Secesión Yucateca fue un acontecimiento bélico que tuvo lugar en la península de Yucatán a mediados de 1825 como una reacción republicana -mayoritariamente conservadora- a las leyes impuestas por el Consulado motivada por militares inconformes, liberales radicales y por los dos caudillos más importantes de la I Guerra Republicana: Guadalupe Victoria y Antonio López de Santa Anna; todos ellos buscaban la proclamación de una república federal, democrática y representativa en la provincia de Yucatán.

    Ambos veteranos de la primera guerra por la República Mexicana no fueron los verdaderos artífices del intento secesionista yucateco, los que dieron los recursos y brindaron la logística para tal ardid fueron los nuevos enemigos del Imperio Mexicano: los Estados Unidos y la Colombia.

    Antecedentes[]

    Los actos y proclamas absolutistas y represivas del recién electo emperador Agustín I provocaron el descontento de todos los sectores de la población mexicana desembocando en la I Guerra Republicana, de la mano del antiguo general Santa Anna con la proclamación del Plan de Veracruz en 1823. A pesar de que el movimiento inició débil, pero la inclusión del ex caudillo insurgente, Guadalupe Victoria, y la posterior proclamación del Plan de Casa Mata cambió la situación. Las tropas y generales imperiales huían en manada y cambiaban al bando republicano, entre ellos los más destacables fueron Bravo, Miér y Guerrero, propinándole un duro golpe a los imperialistas.

    En 1825, un año después de la proclamación del Plan de Veracruz y de Casa Mata, varios miembros de la Junta Revolucionaria se aliaron con el Imperio al firmar los Pactos de la Moncada. La situación volvió a cambiar a favor de los imperialistas que, con los ánimos y fuerzas repuestas, dieron un golpe crítico a la Junta Revolucionaria en Paso de Cortés. Con los principales caudillos dispersos, las tropas imperialistas lograron acabar con los republicanos en Puebla de los Ángeles y Veracruz, y, posteriormente, enjuiciarles y castigarles por sedición. Los únicos que lograron escapar de las fuerzas imperiales fueron los generales Santa Anna y Victoria.

    Los Pactos de la Moncada estipularon la creación del Consulado de la Corregencia Imperial, un órgano ejecutivo con capacidades extraordinarias de carácter legislativo que se ocuparía de la política interna y externa del país hasta la creación de una constitución para el Imperio. Los cónsules electos fueron Lucas Alamán y Valentín Gómez Farías, y en el transcurso de los dos años que duró su mandato sus acciones se diseccionaron a mejorar la precaria situación del país.

    El Imperio Mexicano inició sus primeros años independientes con una crisis económica y política sin precedentes. Para solucionarlo, ambos cónsules pasaron varias leyes y reformas que afectaban directamente los intereses de los nobles, el clero, caciques indígenas y el ejército. De entre sus acciones más transcendentales fueron:

    • Recorte del gasto del presupuesto de Ejército y Marina. Se redujo el número de efectivos a 10.000 y se decidió que la Armada estaría compuesta a lo mucho por 5 embarcaciones de uso bélico.
    • La Ley de desarmotización de tierras o Ley Farías en la cual se pedía que el 35% de las tierras que poseía la iglesia católica pasaran en manos del Estado para ponerlas en activación económica. Para realizar dicho acto se le otorgó una prestación especial del Estado a la iglesia para evitar fricciones entre ambas, lo cual molestó a los sectores más republicanos que había en el imperio.
    • Se hizo una subida general de impuestos en un 20%, incluyendo a los antes exentos militares y nobles.
    • La Ley de restauración imperial, esta ley estaba destinada a implementar la supremacía de la autoridad imperial, en este caso la del Consulado, por sobre las autoridades estatales y municipales. Dicha ley estaba destinada a establecer un férreo control en las provincias para evitar cualquier sublevación; no obstante, la ley provocó la inconformidad de la población, en especial indígena debido a que provocó un conflicto entre las autoridades imperiales con los caciques locales.

    Preparativos de Santa Anna y Victoria[]

    El antiguo insurgente independentista, principal opositor de Agustín I y uno de los principales autores intelectuales y materiales de la Revolución de Casa Mata, Guadalupe Victoria, fue uno de los pocos que lograron escapar de las autoridades imperiales al finalizar la I Guerra Republicana. Aprovechando la confusión que produjó la derrota en Paso de Córtes y la distracción que resultaron Santa Anna en Veracruz y la Junta Revolucionara en Puebla, Victoria logró esconderse en la selva yucateca hasta escapar en la embarcación La Malquerida hacia Cartagena de Indias en la Colombia.

    Durante su estadía en la Colombia, Victoria se entrevistó tanto con el ex ministro plenipotenciario en México, Miguel Santa María. y el mismísimo Libertador, Simón Bolívar. En su reunión con Bolívar ambos acordaron que el Imperio Mexicano era un peligro para el continente americano y para sus habitantes, por lo que Santa María, Bolívar y Victoria empezaron a confabular juntos para derrocar al imperio y proclamar una república. A pesar de que la Colombia era la principal potencia militar en Sudamérica, la amenaza de una intervención británica en los planes de los republicanos era una realidad a la cual temer, por lo que deciden invitar a la conspiración a otra gran potencia americana: los Estados Unidos.

    El ex general Antonio López de Santa Anna había conseguido escapar de Veracruz, junto con su lugarteniente Ciriaco Vázquez, en El Albatros antes de que las fuerzas imperiales tomaran la ciudad durante la I Guerra Republicana. Santa Anna y Vázquez se dirigieron a los Estados Unidos en busca de refugio político y fueron recibidos por el alcalde de Nueva Orleans, Louis Philippe de Roffignac, y el antiguo ministro plenipotenciario estadounidense en México, Joel R. Poinsett. La razón de que el ex ministro Poinsett haya aparecido a recibir a Santa Anna fue por la misma razón que Victoria se había establecido en la Colombia. La administración estadounidense de Quincy Adams fue contactada por el ministro colombiano José María Salazar Morales para atender el llamado "asunto mexicano". Poinsett representando los intereses de el gobierno estadounidense se reunió con con el representante colombiano para negociar y formar una alianza en contra del Imperio Mexicano derivando en los Acuerdos de Baltimore, en el que se incluirían a los dos ex caudillos mexicanos al movimiento.

    En el documento los EE.UU. y la Colombia se comprometían a llevar a cabo, tanto monetaria como materialmente, dos expediciones para crear dos repúblicas independientes del Imperio Mexicano, siendo los líderes visibles del movimiento Santa Anna y Victoria. Las expediciones tenían como objetivo liberar dos territorios: la península de Yucatán y las provincias aledañas al Río Grande; estas dos áreas fueron escogidas por sobre las de Centroamérica (que tenían sentimientos separatistas) y de la provincia de Texas (más cercana a territorio estadounidense) debido a la fuerte presencia militar de la zona que podía aplastar cualquier movimiento revolucionario que surgieran.

    Ambos países estaban comprometidos a financiar el proyecto con un total de 50.000 dolares y dar los recursos materiales para su realización; cada Estado debía de aportar 500 hombres (mercenarios y voluntarios) y cinco fragatas para el transporte y maniobras navales. Además de que en dichos territorios se había hecho contacto con disidentes y opositores al régimen del Consulado que apoyarían tanto militar como económicamente el proyecto de liberación.

    Fracasada expedición de Río Grande[]

    La primera de las expediciones que debía llevarse a cabo era la encabezada por Antonio López de Santa Anna en la provincia de Santander y Nuevo Reino de León. El 10 de julio de 1825, Santa Anna zarpó del puerto de Nueva Orleans con rumbo a Villa del Refugio, Santander, para iniciar la sublevación con el pretendido Plan de Río Grande.

    El tiempo de viaje esperado era de a lo mucho dos semanas, pero un huracán surgió inesperadamente a los dos días de haber salido del puerto estadounidense destruyendo toda posibilidad de invadir suelo mexicano. La destrucción que trajo consigo el huracán fue que de las cinco naves originales que partieron de Nueva Orleans solamente regresaron 2 y de los 500 hombres solo sobrevivieron 190. Santa Anna consiguió sobrevivir a la tormenta y regresó a Estados Unidos para después reunirse con Victoria en la Colombia.

    Desgraciadamente para los cómplices de Santa Anna en México, José María de Jesús de Belaunzarán, obispo de Monterrey, y Bernardo Gutiérrez de Lara, primer gobernador de Santander, nunca se enteraron de lo ocurrido a Santa Anna de camino a México por lo que deciden adelantarse ante su retraso. El 21 de julio, el gobernador Gutiérrez declara el Plan de Río Grande, en la actual Ciudad Victoria, que convocaría a las fuerzas de las guarniciones de Santander y del Nuevo León a levantarse en armas contra el Imperio y proclamar la República de Río Grande. La idea del plan era que tanto el obispo como el gobernador lograran movilizar a las tropas y al campesinado para aguantar hasta que Estados Unidos reconociera su independencia y no pudieran ser atacados por el ejército imperial.

    Aun a pesar de lo preparado que se tenía el movimiento, los oficiales y comerciantes que apoyaban la sublevación al ver que Santa Anna nunca había llegado optaron por seguir leales al Imperio. Gutiérrez fue apresado y ejecutado por traición y el obispo de Monterrey fue expulsado al descubrirse su participación en el fallido movimiento independentista.

    Expedición de Victoria rumbo a Mérida[]

    Los infortunios de la expedición de Santa Anna en el Golfo y el fusilamiento de Gutiérrez en Santander nunca llegaron a oídos de Victoria ni de los altos mandos colombianos por lo que los planes de invasión a la península se mantendrían en tiempo y forma. Victoria partió del puerto de Cartagena de Indias, Colombia, a la misma fecha de proclamación del Plan de Río Grande para llegar a Bacalar, Yucatán, el 12 de agosto de 1825. Estando ahí Victoria junto a sus "Quinientos legionarios libertadores" y a la guarnición ubicada en el Fuerte de San Felipe comandada por el corobel Hermenegildo Sánchez proclamaron el Plan de San Felipe.

    El comandante Miguel Barragán, que se había exiliado también a la Colombia, se dirigió a Bacalar para que las fuerzas militares ubicadas ahí se adhirieran al movimiento. Barragán logra convencer al teniente coronel Alfredo Rivera y al Primer Batallón de Bacalar de unirse al Segundo Ejército Libertador; la acción de Barragán le permitió a Victoria tener a su disposición a 500 militares y el control total de la región sureste de la península. La "expedición libertadora" como se le conocía a la expedición militar que hacia Victoria crecía y crecía conforme avanzaba hasta la capital de la provincia yucateca. Las dos adquisiciones más importantes del ejército de Victoria fueron los caciques Manuel Cab, en la comunidad de Tepich, y Santiago Chablé, en el pueblo de Tecoh, el 18 y 29 de agosto respectivamente.

    Proclamación de la República de Yucatán[]

    La larga expedición que realizó Victoria desde Chetumal hasta Mérida fue exitosa debido al apoyo recibido de los agentes republicanos dentro del gobierno imperial en la provincia que mantuvieron oculta la información del arribo y formación del Ejército Libertador de Victoria. La noticia del desembarco de Victoria y sus intenciones solo llego cuando este mismo estaba a 2 días de llegar a la ciudad. El gobernador-general del momento, Melchor Álvarez, intentó enfrentar a Victoria, pero el militar José Segundo Carvajal se levantó en armas adhiriéndose al Plan de San Felipe junto con el regimiento de Mérida tomando la ciudad justo para el momento de la llegada de Victoria a sus puertas.

    En cuanto Victoria llegó a la ciudad convocó al así llamado Junta de Notables en la que se reunieron José Matías Quintana (padre de Andrés Quintana Roo), Manuel Crescencio García Rejón, Lorenzo de Zavala, Manuel Carvajal, entre muchos otros; igualmente por el lado militar destacaban José Carvajal y Pedro Marcial Guerra. Muchos de ellos eran antiguos sanjuanistas quienes mantenían contacto con Victoria y Colombia y eran el elemento interno dentro de la conspiración de Bolívar y Victoria. Todos ellos ahí reunidos junto a Victoria, sabiendo que tenían bajo su poder efectivo 2/3 de la provincia y que no había tiempo que perder, deciden proclamar la República Libre y Federal de Yucatán el 19 de septiembre de 1825.

    Durante la reunión Victoria se entera de la suerte que ha corrido Santa Anna en el norte por lo que decide mandar un día después a la fragata "Libertad" hacia los EE.UU. para que esta confirme la soberanía de la naciente república conforme lo estipulaba los acuerdos establecidos en Baltimore. Para su suerte, la fragata fue interceptada por el mismo huracán que había destruido los planes de Santa Anna después de 4 días de apenas haber zarpado. Sin embargo, Victoria, previendo esta misma situación, había enviado a una segunda fragata, "San Ignacio", hacia la Colombia reconociendo esta de inmediato a la República de Yucatán el 1 de octubre de ese mismo año.

    Invasión yucateca a Campeche[]

    La revolución hecha por Victoria y sus cómplices fue un rotundo éxito ya que, para el momento, controlaban 4 de las 6 regiones administrativas de la provincia de Yucatán tanto de forma nominal como efectiva. Con la mayoría del territorio bajo su control y con el reconocimiento de la Colombia (con EE.UU. a la espera debido a las condiciones meteorológicas adversas), ahora solo debía esperar y aguantar lo suficiente hasta que Colombia amenazara o declarara la guerra al Imperio Mexicano y respetara su nueva soberanía.

    Lo único que evitaba la intervención de la Colombia en la defensa de Yucatán fueron las campañas de liberación en el Perú dirigidas por Simón Bolívar que consumía la mayoría de los ingresos y recursos de la república colombiana. Victoria entendía la difícil situación en la que se encontraba, aunque tenía en su control la mayor parte de la península, las regiones de Campeche y Tabasco eran las más importantes militarmente y desde donde las fuerzas imperialistas pudieran lanzar su ofensiva contra la República de Yucatán.

    En el transcurso de una semana, Victoria reestructuró al nuevo ejército de la república desde las fuerzas locales que se levantaron contra el gobierno imperial y los hombres que ya contaba en el 2do Ejército Libertador. Finalmente quedo organizado de la siguiente manera: Ejército Nacional (5.000 efectivos) al mando del propio Victoria; la 1ra División de Reserva (1.000 efectivos) comandada por José Carvajal, el 1er Batallón de Mérida (1.000 efectivos) a las ordenes de Pedro Marcial y a la Guardia Nacional (500 efectivos) bajo el mando de Hermenegildo Sánchez. A esto se le pueden contar un total de 1.500 guerrilleros y campesinos de origen indígena que serían líderados por los caciques Manuel Cab, Santiago Chablé y Arnoldo Pol (afiliado recientemente).

    Victoria ya con sus fuerzas reorganizadas y preparadas para el combate partió de Mérida con rumbo a la región de Campeche. El avance del Ejército Nacional Yucateco fue relativamente fácil hasta la ciudad de San Francisco de Campeche debido a lo despoblado que se encontraba el área interna de la región campechana. Finalmente el Ejército Nacional empezó el sitio de San Francisco de Campeche que era defendida por el coronel Benito Aznar; la defensa de la ciudad fue tenaz y valiente al durar increíblemente 2 meses antes de ceder al ejército invasor y debido a la falta de suministros provocados por el bloqueo naval yucateco.

    La caída de la capital campechana permitió que el resto del territorio cayera bajo poder yucateco en cuestión de semanas; solamente una ciudad era la que quedaba en pie todavia: Ciudad del Carmen. La ciudad fue objeto de sitio por al menos un mes. Lo sorprendente de este acontecimiento fue que la ciudad solo era defendida por miembros de la Milicia Cívica que rondaba a penas en los 550 efectivos y algunas piezas de artillería, liderados por el capitán Victor Huerta, quienes soportaron los embates y el bloqueo yucateco hasta que los ejércitos imperiales llegaron en su auxilio.

    Contraofensiva imperial y reconquista de Campeche[]

    Las noticias de la República de Yucatán tras su proclamación en Mérida y la capitulación de San Francisco de Campeche provocaron una gran preocupación al gobierno consular debido a que desde la I Guerra Republicana no había ningún conflicto a gran escala que pudiera desestabilizar al país, y con las amenazas en el extranjero que le acosaban el demostrar cualquier signo de debilidad podía provocar una intervención extranjera. Ante esta situación, ambos cónsules decidieron actuar de forma rápida y efectiva. El cónsul Alamán se pone en contacto con el representante británico en el país, Henry Ward, para pedirle que no reconociera la independencia de Yucatán, debido a que lo consideraban una conspiración estadounidense, y que apoyaran con un bloqueo a los puertos yucatecos; al final los británicos cumplieron con lo pedido por el consulado mexicano. Por el otro lado, el cónsul Farías se dedicó a organizar a las fuerzas armadas del Imperio para acabar con la rebelión de la provincia yucateca.

    El general Joaquín Gutiérrez, quien se encontraba anteriormente en la ciudad de Tuxtla, dirigiendo al Ejército del Sur contra las fuerzas de José Carvajal en la región del Tauro el 29 de enero de 1826. Posteriormente se reunió con el general Nicolas Bravo, anterior jefe militar de Minatitlan, Veracruz, quien ya había vencido a las fuerzas dirigidas por Pedro Marcial en la batalla de Paralizada nueve días antes. Ambos generales ya reunidos realizan una ofensiva conjunta en el poblado de Atasta donde se encontraba el grueso del Ejército Nacional Yucateco que estaba al mando provisional de Miguel Barragán el 23 de febrero. El resultado de la contienda fue una victoria aplastante a favor de las tropas imperiales que destruyeron el grueso del ejército yucateco y aislaron momentáneamente a Victoria en la isla del Carmen que justo apenas había caído. Los únicos botínes de guerra que para esos momentos los ejércitos imperiales lograron obtener fueron la captura de Pedro Marcial y Miguel Barragán; solamente el comandante José Carvajal consiguió escapar con un pequeño batallón con rumbo a la San Francisco de Campeche.

    Después de la derrota de las fuerzas republicanas en Atasta, el general Joaquín Gutiérrez se dirige apresuradamente a la capital campechana para retomarla. Desgraciadamente el arrebatarsela a los yucatecos no iba a ser tan fácil, ya que se tenía que enfrentar al cuerpo de defensa organizado por Carvajal; la esperanza del general yucateco era poder entretener o detener al ejército imperial hasta que Colombia interviniera a favor de Yucatán. La confrontación entre ambos llegaría el 1 de abril en el rancho de Chulbac, donde a pesar de que las tropas de Carvajal mostraron bravura y coraje resultó en una aplastante victoria imperial.

    La derrota de Carvajal y su posterior captura desmoralizó a las tropas guarnecidas en San Felipe decidieron claudicar y entregar la ciudad a las tropas imperiales y al general Joaquín Gutiérrez. Pero la recaptura de San Francisco de Campeche no resultó en la toma completa de Campeche debido a la incesante y molesta acción de los grupos guerrilleros indígenas que se había establecido a lo largo de la región. Estas guerrillas eran dirigidas por los caciques Arnoldo Pol y Santiago Chablé; ambos ahí puestos por ordenes de Victoria quien esperaba que el acoso constante de los guerrilleros desmoralizaran y debilitaran al Ejército Imperial antes de llegar a Mérida.

    Los constantes ataques de los grupos guerrilleros empezaron a alcanzar un grado de extrema violencia y bajas para las tropas imperiales, como lo fueron la masacre de Hopelchén, en la que los guerrilleros masacraron a la población euro descendiente y autóctona que había permanecido fiel al Imperio, y la batalla de Hecelchakán, donde un contingente de soldados yucatecos y reforzado por varias escuadras indígenas guerrilleras casi acabaron las tropas del ejército pacificador de Gutiérrez. Para dar fin a estas células guerrilleras se le comisionó al coronel Anastasio Bustamente que dirigiera las acciones militares necesarias para acabar con la insurrección indígena consiguiéndolo con las posteriores capturas y ejecuciones de Arnoldo Pol y Santiago Chablé.

    La negativa de la Colombia[]

    Victoria partió rápidamente de Ciudad del Carmen con dirección a Mérida para organizar la defensa última de la república; mientras ocurría su huida mando al almirante Martín Olivares a enviar una petición de auxilio al gobierno bolivariano, quien era el único que podía responder prontamente al conflicto. Increíblemente, Olivares burló el cerco hecho por los británicos, logró desembarcar en la Colombia en el mes de abril y entrevistarse con el ministro de Relaciones Exteriores colombiano, Miguel Santa María, para avisarle de la crítica situación en la que se encontraban en la península. Santa María inmediatamente le comunica al regente interino de la Colombia: Francisco de Paula Santander.

    Santander en su calidad de interino se encontraba con dificultades para responder a lo establecido en los Acuerdos de Baltimore debido a la resistencia del Congreso colombiano de continuar financiando las guerras que Bolívar quería continuar. Las deliberaciones con el Congreso fueron infructuosas debido a la difícil situación económica en la que se encontraba la república, la necesidad de fortalecer un ejército del interior ante una posible acción de reconquista española, las posibles represalias que podría tener la Colombia del Reino Unido si atacaba al Imperio Mexicano y con la creencia de que Bolívar solo buscaba engrandecer su -ya de por sí- poder sobre la antigua América española.

    El resultado final fue un rechazo a la petición de ayuda a la República de Yucatán ante la falta de aprobación del congreso para declarar la guerra al Imperio Mexicano. La declaración del Congreso llegó hasta los oídos de Bolívar mucho después provocando su regreso prematuro a la capital para dar solución a la negativa del Congreso provocando la llamada Purga de Bogotá.

    Caída de Mérida y fin de la República de Yucatán[]

    La situación era demasiado adversa para el gobierno yucateco, y el fin parecía acercarse. Los gobiernos de Colombia y Estados Unidos habían negado cualquier clase de apoyo mayor al mero reconocimiento oficial debido a la amenaza de una intervención británica; además de que las fuerzas yucatecas se encontraban casi diezmadas y el control efectivo que tenían de la península recaía completamente en la ciudad de Mérida y las demás aledañas a ella, por lo que tenían que ser defendidas a toda costa.

    Sabiendo lo anterior, el general supremo Guadalupe Victoria junto a su último lugarteniente, Alfredo Rivera, planean la última ofensiva que podían hacer para salvar a la capital yucateca de las fuerzas imperiales. Juntando a los tropas de la Guardia Nacional, los guerrilleros de Manuel Cab, miembros sobrevivientes del Ejército Nacional y de varios voluntarios y convictos de la ciudad que engrosaron las ya menguadas filas del ejército republicano.

    Por el lado imperial, la costosa victoria en Hecelchakán provocó un retraso al itinerario de Gutiérrez quien se negó a recibir auxilio del general Bravo. En cambio, Gutiérrez rearmó a su ejército con las milicias cívicas de San Francisco de Campeche lideradas por Víctor Huerta, quienes habían sido liberados con la capitulación de las fuerzas yucatecas en Campeche, y del coronel Anastasio Bustamante quien no era afín con Nicolas Bravo. Entonces ya con las fuerzas repuestas el Ejército Pacificador de Gutiérrez partió con rumbo a Mérida para acabar de una vez por todas con los insurgentes yucatecos.

    El camino hacia la capital yucateca fue relativamente sencillo y fácil debido a la desesperación de Victoria por concentrar a todos los efectivos posibles en Mérida para su protección. La confrontación entre ambos ejércitos finalmente sucedió el 9 de mayo en la localidad de Umán. La batalla se caracterizó en su primera etapa por tácticas de desgaste por parte de los soldados yucatecos y de los remanentes guerrilleros de Manuel Cab en contra de las tropas de Gutiérrez. Esta táctica permitió llevar la ventaja a los yucatecos por sobre las fuerzas imperiales por, a lo mucho, casi 30 horas hasta que el el capitán José María Jiménez Garrido y su regimiento de caballería cortaron la comunicación con la ciudad de Mérida, único emplazamiento republicano que daba suministros y refuerzos a las tropas de Victoria. Finalmente, una carga combinada con los disparos de las baterías de artílleria coordinados tanto por Bustamante como por Gutiérrez dieron fin a la batalla y con que quedaba del Ejército Nacional Yucateco.

    Con la derrota de los republicanos en Umán, Gutiérrez y sus dos lugartenientes entraron triunfantes a Mérida. En la ciudad, ya sabiendo que la derrota era definitiva se le comisiona al teniente coronel Alfredo Rivera el entregar la ciudad y los miembros del Consejo Supremo Ejecutivo de Yucatán se entregaron a las fuerzas imperiales. Con la capitulación del Consejo se dio por terminado al gobierno independiente de la efímera República de Yucatán.

    Consecuencias[]

    La entrada victoriosa de Gutiérrez a Mérida y la capitulación total del Consejo Supremo Ejecutivo de Yucatán dieron por terminada la Guerra de Secesión Yucateca. Esta fue la última guerra de la etapa secesionista de las así llamadas Guerras Republicanas; tal es el caso que en las dos últimas guerras que correspondieron a este episodio de la historia nacional las conspiraciones republicanas estaban orientadas a cambiar únicamente la forma de gobierno del país en su totalidad.

    Todos el Consejo y sus respectivos miembros militares fueron deportados a la Ciudad de México para recibir el mismo proceso que los mismos conspiradores que provocaron la I Guerra Republicana. Los juicios fueron presididos por el anterior juez que los presidió en el ex edificio de la Santa Inquisición y actual Supremo Juez del Consulado Imperial, José Domingo Rus. El resultado del proceso termino en el exilio de la mayoría de los involucrados en el Plan de San Felipe, casi todos por la misma presión de los liberales y en el caso de Victoria y Barragán fue por su doble ciudadanía colombiana; las únicas excepciones fueron José Carvajal, Alfredo Rivera, Hermenegildo Sanchéz y los dos caciques indígenas supervivientes, Manuel Cab y Arnoldo Pol.

    Los procesos judiciales realizados por Rus en contra de los rebeldes sacó a la luz la conspiración de los gobiernos colombianos y estadounidenses, plasmados en los acuerdos de Baltimore, para fraccionar al Imperio Mexicano. La indignación y enojo de la opinión pública mexicana fue inmediata, tanto así, que lo primero que hizo el Consulado fue expulsar a los embajadores norteamericanos y colombianos del país. El sentimiento de revanchismo que se generó en todas las esferas sociales y políticas del país fue determinante en la actividades diplomática de México para los siguientes veinte años. En un inicio, al darse por terminado el Consulado con la elección de Lucas Alaman como Primer Ministro, fueron las Leyes Leoninas de 1827, un compendio de estipulaciones legales que restringía la inmigración estadounidense en los territorios del norte, y en la intervención mexicana en la I guerra andina a favor de Perú contra la Colombia de Bolívar y el recién fundado Estado Boliviano.

    El desastre del intento secesionista de la península no solo trajo consecuencias al Imperio Mexicano, sino, también a la Gran Colombia que estaba comprometida en apoyarla en cuanto se proclamara independiente el Estado Yucateco, pero debido a la inestabilidad y la grave crisis económica generada por las constantes guerras personales que Bolívar llevaba a cabo, el congreso colombiano se negó a ayudar al desesperado Estado rebelde. Al enterarse de esto Bolívar al terminar su campaña en la zona andina regresó a Colombia para realizar una purga entre los miembros del congreso e instauró mediante un golpe de Estado la Constitución Vitalicia en el país.

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