Wiki.png Esta Historia Alternativa tiene un autor. Cualquier cambio debe ser primero consultado con esta persona antes de editar.

Imperio Español
Imperio Hispánico
1492-1976
Bandera Escudo
Bandera (1492-1812) Bandera (1812-1876)
Lema nacional: Plus Ultra
Himno nacional: Marcha Granadera
Ubicación de España
Mapa del Imperio Español
Capital Madrid
Idioma principal español (de facto)
Gobierno Monarquía Compuesta
Historia
 •  1492
 • Disolución 1976
Superficie 9,826,675 km²
Moneda Real Español
Peseta Española

El Imperio Español, también llamado Monarquía Hispánica, fue el conjunto de territorios españoles gobernados por las dinastías hispánicas entre los siglos xvi y xx. En su apogeo fue el imperio más grande de la historia en población y superficie y por casi trescientos años fue la primera potencia mundial.

Aunque muchos hablan de un imperio español medieval, es 1492, fecha del descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón cuando comienza el concepto de Imperio Español como tal. Es a partir de ahí cuando España comienza a explorar y conquistar distintos territorios de América. España se mantuvo como potencia hegemónica hasta el siglo XVIII cuando otros imperios comenzaron a ascender, como el Imperio Francés o el Imperio Británico. En el siglo XIX sucede la mayor transformación del Imperio, se elabora la primera constitución democrática dejando atrás el antiguo régimen que había sido en parte, una de las consecuencias del declive del imperio, la Constitución Española de 1812, además se lleva a cabo una gran remodelación y modernización del ejército. Tras el triunfo español en las Guerras Napolónicas España comienza una nueva edad dorada, en cuanto a artes y política. La Guerra Hispano-Turca que supuso prácticamente el final del Imperio Otomano hizo que se formara el conocido como Segundo Imperio Español.

Muchos historiadores y expertos concuerdan, en que el bienestar de vida de muchos antiguos virreinatos españoles en la actualidad se deben a la presencia española.

Sumario

Orígen

Prehistoria, protohistoria y Edad Antigua

El actual territorio español aloja dos de los lugares más importantes para la prehistoria europea y mundial: la sierra de Atapuerca (donde se ha definido la especie Homo antecessor y se ha hallado la serie más completa de huesos de Homo heidelbergensis) y la cueva de Altamira (donde por primera vez se identificó el arte paleolítico).

La particular posición de la península ibérica como «Extremo Occidente» del mundo mediterráneo determinó la llegada de sucesivas influencias culturales del Mediterráneo oriental, particularmente las vinculadas al Neolítico y la Edad de los Metales (agricultura, cerámica, megalitismo), proceso que culminó en las denominadas colonizaciones históricas del I milenio a. C. Tanto por su localización favorable para las comunicaciones como por sus posibilidades agrícolas y su riqueza minera, las zonas este y sur fueron las que alcanzaron un mayor desarrollo (cultura de los Millares, Cultura del Argar, Tartessos, pueblos iberos). También hubo continuos contactos con Europa Central (cultura de los campos de urnas, cotización).

La datación más antigua de un hecho histórico en España es la de la legendaria fundación de la colonia fenicia de Gadir (la Gades romana, que hoy es Cádiz), que según fuentes romanas (Veleyo Patérculo y Tito Livio) se habría producido ochenta años después de la guerra de Troya, antes que la de la propia Roma, lo que la situaría en el 1104 a. C. y sería la fundación de una ciudad en Europa Occidental de referencias más antiguas.Las no menos legendarias referencias que recoge Heródoto de contactos griegos con el reino tartésico de Argantonio se situarían, por su parte, en el año 630 a. C. Las evidencias arqueológicas de establecimientos fenicios (Ebusus —Ibiza—, Sexi —Almuñécar—, Malaka —Málaga—) permiten hablar de un monopolio fenicio de las rutas comerciales en torno al Estrecho de Gibraltar (incluyendo las del Atlántico, como la ruta del estaño), que limitó la colonización griega al norte mediterráneo (Emporion, la actual Ampurias).

Las colonias fenicias pasaron a ser controladas por Cartago desde el siglo vi a. C., periodo en el que también se produce la desaparición de Tartessos. Ya en el siglo iii a. C., la victoria de Roma en la primera guerra púnica estimuló aún más el interés cartaginés por la península ibérica, por lo que se produjo una verdadera colonización territorial o imperio cartaginés en Hispania, con centro en Qart Hadasht (Cartagena), liderada por la familia Barca.

Edad media

El Imperio de los Reyes Católicos (1492-1516)

La unificación de España y el fin de la Reconquista

Isabel y Fernando, Reyes Católicos

El matrimonio de los Reyes Católicos (Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón) produjo la unión dinástica de las dos Coronas cuando, tras derrotar a los partidarios de Juana «la Beltraneja» en la guerra de Sucesión castellana, Isabel ascendió al trono. Sin embargo, cada reino mantuvo su propia administración bajo la misma monarquía. La formación de un estado unificado solo se materializó tras siglos de unión bajo los mismos gobernantes.​ Los nuevos reyes introdujeron el estado moderno absolutista en sus dominios, que pronto buscaron ampliar.

Castilla había intervenido en el Atlántico, en lo que fue el comienzo de su imperio extrapeninsular, compitiendo con Portugal por el control del mismo desde finales del siglo xiv d. C., momento en el cual fueron enviadas varias expediciones andaluzas y vizcaínas a las islas Canarias. La conquista efectiva de dicho archipiélago había comenzado durante el reinado de Enrique III de Castilla, cuando en 1402 Jean de Béthencourt solicitó permiso para tal empresa al rey castellano a cambio de vasallaje; mientras, a lo largo del siglo xv d. C., exploradores portugueses como Gonçalo Velho Cabral colonizarían las Azores, Cabo Verde y Madeira. El Tratado de Alcáçovas de 1479, que supuso la paz en la guerra de Sucesión castellana, separó las zonas de influencia de cada país en África y el Atlántico, concediendo a Castilla la soberanía sobre las islas Canarias y a Portugal las islas que ya poseía, la Guinea y, en general, «todo lo que es hallado e se hallare, conquistase o descubriere en los dichos términos». La conquista del Reino de Fez quedaba también exclusivamente para el reino de Portugal. El tratado fue confirmado por el papa en 1481, mediante la bula Aeterni regis. Mientras tanto los Reyes Católicos iniciaban la última fase de la conquista de Canarias, asumiendo por su cuenta dicha empresa ante la imposibilidad por parte de los señores feudales de someter a todos los indígenas insulares en una serie de largas y duras campañas. Los ejércitos castellanos se apoderaron de Gran Canaria (1478-1483), La Palma (1492-1493) y finalmente de Tenerife (1494-1496).

Rendición de Granada, fin de la Reconquista

Como continuación a la Reconquista castellana, los Reyes Católicos conquistaron en 1492 el reino taifa de Granada, último reino musulmán de al-Ándalus, que había sobrevivido por el pago de tributos en oro a Castilla, y su política de alianzas con Aragón y el norte de África.

La política expansionista de los Reyes Católicos también se manifestó en el África continental. Con el objetivo de acabar con la piratería que amenazaba las costas andaluzas y las comunicaciones mercantes catalanas y valencianas, se realizaron campañas en el norte de África: Melilla fue tomada en 1497, Villa Cisneros en 1502, Mazalquivir en 1505, el Peñón de Vélez de la Gomera en 1508, Orán en 1509, Argel, Bugía y Trípoli en 1510. La idea de Isabel I, manifiesta en su testamento, era que la reconquista habría de seguir por el norte de África, en lo que los romanos llamaron Nova Hispania.

La política Europea

Fernando II de Aragón, responsable de la política expansionista en Italia y Europa de la naciente unión.

Los Reyes Católicos también heredaron la política mediterránea de la Corona de Aragón, y apoyaron a la Casa de Nápoles aragonesa contra Carlos VIII de Francia y, tras su extinción, reclamaron la reintegración de Nápoles a la Corona. Como gobernante de Aragón, Fernando II se había involucrado en la disputa con Francia y Venecia por el control de la península itálica. Estos conflictos se convirtieron en el eje central de su política exterior. En estas batallas, Gonzalo Fernández de Córdoba (conocido como «El Gran Capitán») crearía las coronelías (base de los futuros tercios), como organización básica del ejército, lo que significó una revolución militar que llevaría a los españoles a sus mejores momentos.

Después de la muerte de la reina Isabel, Fernando, como único monarca, adoptó una política más agresiva que la que tuvo como marido de Isabel, utilizando las riquezas castellanas para expandir la zona de influencia aragonesa en Italia, contra Francia, y fundamentalmente contra el reino de Navarra, al que conquistó en 1512.

El trono castellano lo asumió su hija Juana I «la Loca», quien fue declarada incapaz de reinar, manteniendo su padre la regencia (aunque en todos los documentos oficiales aparecían Juana y Fernando como reyes, era Fernando quien ejercía el poder).

El primer gran reto del rey Fernando fue en la guerra de la Liga de Cambrai contra Venecia, donde los soldados españoles se distinguieron junto a sus aliados franceses en la batalla de Agnadello (1509). Solo un año más tarde, Fernando se convertía en parte de la Liga Católica contra Francia, viendo una oportunidad de tomar Milán —plaza por la cual mantenía una disputa dinástica— y Navarra. Esta guerra no fue un éxito como la anterior contra Venecia y, en 1516, Francia aceptó una tregua que dejaba Milán bajo su control y de hecho, cedía al monarca hispánico el Reino de Navarra (que Fernando unió a la corona de Castilla), ya que al retirar su apoyo dejaba aislados a los reyes navarros Juan III de Albret y Catalina de Foix. Este hecho fue temporal pues posteriormente volvería a apoyar la lucha de los navarros en 1521.

Con el objetivo de aislar a Francia, se adoptó una política matrimonial que llevó al casamiento de las hijas de los Reyes Católicos con las dinastías reinantes en Inglaterra, Borgoña y Austria. Tras la muerte de Fernando, la inhabilitación de Juana I, hizo que Carlos de Austria, heredero de Austria y Borgoña, fuera también heredero de los tronos españoles.

Carlos tenía un concepto político todavía medieval, y lo desarrolló empleando las riquezas de sus reinos peninsulares en la política europea del Imperio, en vez de seguir la que, con mayor amplitud de miras, había marcado su abuela Isabel en su testamento: continuar la Reconquista en el norte de África. Aunque algunos consejeros españoles lograron que hiciera algunas campañas hacia ese objetivo (Orán, Túnez, Argelia), sin embargo, no consideró ese fin tan importante como las inacabables disputas religioso-políticas de su herencia centroeuropea y, como además, gran parte del ímpetu conquistador de los castellanos se dirigió hacia las tierras nuevamente descubiertas de las Indias Occidentales, no colaboró decididamente en el engrandecimiento de sus reinos peninsulares, salvo en lo que se refiere a las campañas italianas. Ese abandono de la política de conquista del norte de África daría quebraderos de cabeza a la Europa mediterránea hasta el siglo xix d. C..

La Conquista del Nuevo Mundo

El Imperio de los Austrias (1516-1700)

De la Batalla de Pavía a la Paz de Augsburgo

De San Quintín a Lepanto

El Reino en dificultades

Dios es Español

El camino a Rocroi

Sublevaciones internas

El imperio con el último Austria

El Imperio con los Borbones (1700-1812)

El cambio de dinastía

La reforma del Imperio

Las guerras coloniales durante el siglo XVIII

España hacia 1800

El Segundo Imperio (1812-1833)

Constitución de 1812

Guerras Napoleónicas

Conquista del Imperio Otomano

Exploración y África Española

Guerras Carlistas

Exploración en Oceanía

El Imperio en la Era Isabelina (1833-1890)

Colonización Africana

Reformas de 1834

Guerra de Crimea

Revolución industrial

Revolución Científica Española

Reinvención de la Armada

Auge de los nacionalismos radicales

Guerras Mundiales (1890-1945)

Primera Era Alfonsina y el Juego de San Jerónimo

El Imperio en la Primera Guerra Mundial

Segunda Era Alfonsina, Crac del 29 y Entreguerras

Independencia de las Provincias Unidas de Nueva España

El Imperio en la Segunda Guerra Mundial

Descolonización y declive (1845-1976)

Posguerra

De Imperio Español a Comunidad Hispánica

Proyectos para las independencias

Vientos de cambio

Fin del imperio

Extensión

El Imperio en Europa

El Imperio en América

El Imperio en África

El Imperio en Asia

El Imperio en Oceanía

Territorios de ultramar actuales

Administración del Imperio

Población y ordenamiento jurídico

Españoles

Indígenas

Mestizos

Africanos y otros

Legado cultural del Imperio

Las quince provincias ultramarinas de España

España aún conserva hasta catorce provincias de ultramar fuera de la península ibérica. En 1983, la Ley de Nacionalidad Española de 1980 puesta en marcha por el gobierno del Presidente del Consejo de Ministros de Felipe González, nombró a los entonces territorios de ultramar como Provincias Extrapenínsulares y en 2002 se adquirió su actual nombre, Provincias de Ultramar. Tres están deshabitadas, excepto para el personal militar o científico transitorio y dos de ellas son compartidas con el resto de naciones de la Comunidad Hispánica. Los once restantes son autónomos en diversos grados y dependen de España para las relaciones exteriores y la defensa. El gobierno español ha manifestado su voluntad de ayudar a cualquier provincia de ultramar que desee proceder a la independencia, donde sea una opción, y tres territorios votaron específicamente para permanecer bajo soberanía española (Canarias en 1995, Galípoli en 2002 y Fernando Poo en 2013).

La mayoría de provincias, virreinatos, territorios y protectorados hispánicos se encuentran entre los 54 estados que componen la Comunidad Hispánica, que desde 1970, se encuentra en un proceso de unión muy similar al de la Unión Europea, llamada Unión Hispánica. Actualmente ser miembro de la Comunidad Hispánica no significa lealtad a la corona de España, aunque todos sus territorios lo hacen, únicamente sus carta magna debe ser muy afín a la Constitución Española. Los que no solo son leales, sino que además tienen a Felipe VI, rey de España, como jefe de estado, son conocidos como los Reinos de la Comunidad, estos son: Nueva España, Nueva Granada, Río de la Plata, Chile, Filipinas, Guinea y Jerusalén. Hay que añadir además, que la mayoría de Reinos de la Comunidad son territorios que fueron virreinatos de España en el denominado Primer Imperio Español.

El Congreso de los Diputados del Río de la Plata, el conocido como Sistema de San Jerónimo está vigente en muchos países hispánicos

Décadas, y en algunos casos siglos, del dominio hispánico y la emigración han dejado su huella en las naciones independientes que surgieron del Imperio Español. El imperio estableció el uso del español en regiones de todo el mundo. Hoy es el idioma principal de hasta 860 millones de personas y lo hablan alrededor de mil quinientos millones como primer idioma, segundo idioma o extranjero. Es así como el español es el segundo idiomas de más hablantes nativos, tan solo superado por el chino y el primero en cuanto a hablantes de segunda lengua.

Además, en la mayoría de territorios del Imperio, existe un sistema parlamentario herederado del de España que es conocido como el Sistema de San Jerónimo, con un Congreso de los Diputados como cámara baja y un Senado como cámara alta. También se ha heredado muchos títulos políticos que utilizan exclusivamente en el mundo hispánico, como es el caso de Presidente del Consejo de Ministros, diputado, senador o procurador.

Un torero en una corrida de toros en Sudáfrica (1964)

El Tribunal Supremo de España todavía sirve como el tribunal de apelación más alto para varias antiguos territorios en África y América. Los misioneros británicos que viajaron por todo el mundo a menudo antes que los soldados y los funcionarios públicos extendieron el catolicismo a todos los continentes. El Imperio Español proporcionó refugio a europeos continentales perseguidos religiosamente durante cientos de años. La arquitectura colonial española, como en iglesias, estaciones de ferrocarril y edificios gubernamentales, se puede ver en muchas ciudades que alguna vez fueron parte del Imperio Español.

También se exportaron deportes individuales y de equipo desarrollados en la península ibérica, particularmente fútbol, tenis, tenis de mesa, baloncesto o la tauromaquia. La elección española del sistema de medición, el sistema hispánico, continúa siendo utilizado en algunos países de varias maneras, como son las fanegas, las hectáreas, las leguas, las pulgadas o el palmo.

Muchos de los países del Imperio son también los topónimos religiosos, que son una marca de indentidad dentro del Imperio Español.

Véase también

El contenido de la comunidad está disponible bajo CC-BY-SA a menos que se indique lo contrario.