Historia Alternativa
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La Operación Rayo fue el nombre dado a la ofensiva militar sorpresa efectuada por la Armada de los Estados Unidos contra las bases navales del Imperio Japonés en las islas Marshall y el puerto de Osaka, en la mañana del 2 de octubre de 1944. El ataque pretendía ser una acción preventiva destinada a evitar la intervención de la Flota del Pacífico del Imperio Japonés en las acciones militares que los Estados Unidos estaban planeando realizar en el Pacífico contra las posesiones ultramarinas japonesas.

El ataque conmocionó profundamente al pueblo japonés y llevó directamente a la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. El apoyo interno en Norteamérica a la no intervención en el conflicto mundial, que había sido fuerte, provocó reacciones divididas. Alemania e Italia declararon la guerra a los Estados Unidos el 6 de octubre, en respuesta a las operaciones puestas en marcha en contra de la potencia asiática del eje.

La inexistencia de una declaración formal por parte estadounidense mientras se llevaban a cabo negociaciones que parecían prosperar, llevó al primer ministro japonés Fumimaro Konoe a calificar al 2 de octubre de 1944 como «una fecha que vivirá en la infamia». Debido a que esta ofensiva se llevó a cabo sin una declaración de guerra previa y sin ningún aviso explícito, los ataques en Osaka y en las islas Marshall fueron juzgados en los Juicios de Tokio como un crimen de guerra.

Antecedentes[]

La Operación Rayo buscaba neutralizar la Flota del Pacífico del Imperio Japonés, y así proteger el avance de los Estados Unidos en el Pacífico, donde pretendían usar a Filipinas como cabeza de puente para futuros ataques contra Japón. La guerra entre Japón y Estados Unidos era una posibilidad de la que ambas naciones eran conscientes desde la década de 1920 y para la que habían hecho planes, aunque las tensiones no comenzaron a surgir seriamente hasta la invasión japonesa de Manchuria en 1931. En la década siguiente el imperio nipón continuó su expansión en China, lo que dio lugar a una guerra que se desató en 1937. Para asegurar su victoria en el continente, Japón trató de aislar a China y conseguir ser autosuficiente en recursos naturales, situación que logró conseguir tras derrotar a las fuerzas chinas a finales de 1939.

En 1940, tras el éxito de la campaña alemana Europa Occidental, Japón ocupó la Indochina francesa, Hong Kong, la península de Malaya y el norte de Borneo sin oposición, aunque los gobiernos del Raj Británico, Australia y Nueva Zelanda, que habían desconocido el armisticio con los alemanes, rápidamente aseguraron las colonias en sus respectivas áreas cercanas con el fin de evitar el avance nipón. En respuesta al rápido expansionismo japonés, los Estados Unidos cancelaron los envíos de aeronaves, repuestos, maquinaria y combustible de aviación, algo que los japoneses percibieron como poco amistoso. Sin embargo, la nación norteamericana no detuvo entonces las exportaciones de petróleo a Japón porque Washington creyó que sería una medida extrema dada la dependencia nipona del crudo estadounidense y porque ello sería visto como una provocación por Japón.

A comienzos de 1942 el presidente estadounidense Fiorello La Guardia ordenó el traslado de la Flota del Pacífico a Hawáii desde su base anterior en San Diego y ordenó el rearme de las Filipinas con la esperanza de disuadir la agresión japonesa en el extremo oriente. El alto mando japonés ignoró la movilización estadounidense y prosiguió con su campaña en la India británica. En respuesta, se ordenó el reforzamiento de las defensas en Filipinas, y se daría comienzo a los preparativos para realizar un ataque preventivo contra la Marina Imperial japonesa.

Plan de ataque[]

La operación fue obra del almirante, Chester W. Nimitz, quien paradójicamente no creía que Estados Unidos pudiera ganar una guerra con Japón y así lo había advertido al Estado Mayor de la Armada —«No se debe librar una guerra con unas probabilidades tan pequeñas de victoria», había escrito en su informe—. Pero Nimitz pensaba que si la guerra finalmente estallaba su obligación era explorar la más mínima posibilidad que hubiera de ganarla.

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