Historia Alternativa
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Palacio de Montúfar, residencia histórica de la Casa de Montúfar, Quito.

El palacio de Montúfar, también llamado Casa Cadisán, es un edificio de carácter palaciego ubicado en el centro histórico de la ciudad de Quito. Durante más de un siglo fue una de las residencia más importantes de la familia real quiteña, donde generalmente residían los príncipes o grandes duques después de su matrimonio. En la actualidad aún pertenece a los Hohenzollern-Montúfar, que lo han convertido en museo.

Historia

Cuando se instaló el Cabildo en la aldea de San Francisco de Quito, el 6 de diciembre de 1534, se repartieron los solares más importantes a las nuevas autoridades que habían sido elegidas un par de meses antes, cuando los españoles comandados por Diego de Almagro entraron y se asentaron por primera vez en Kitu (en agosto del mismo año). Es en ésta repartición que el conquistador Diego de Sandoval recibió el solar aledaño al hogar de Sebastián de Benalcázar, la mayor figura de esta primera etapa de vida de la urbe.

El heredero de Sandoval adquirió los solares aledaños a la fachada principal original (esquinera), y su nieto compraría los terrenos que hoy conforman los jardines noroccidentales. Perteneció a los descendientes de la familia ininterrumpidamente hasta el año 1757, cuando es adquirida por Juan Pío de Montúfar y Frasso, padre de Juan Pío de Quito, que había llegado a la Real Audiencia en calidad de presidente de la misma.

Durante los primeros años que siguieron a la independencia y la declaración del Reino, el rey Juan Pío y la princesa Rosa continuaron residiendo en ésta casa, ya que el palacio de Carondelet, donde les habían preparado habitaciones, les resultaba demasiado lúgubre, decadente y hacinado por las dependencias administrativas.

Con la construcción del palacio de La Alameda, concluida en 1817, y la consecuente mudanza del rey y sus hijos al nuevo edificio, no solo el monarca tuvo una residencia acorde a su estatus, sino que también se contó con apartamentos para la Corte, que hasta entonces no se había consolidado en el protocolo por falta de espacios adecuados. Desde entonces el palacio de Montúfar se convirtió en una residencia para pasar la noche si se hacía demasiado tarde; aunque posteriormente comenzó a ser usada de manera oficial por los príncipes y grandes duques.

Arquitectura

Patio del Magnolio, en torno al que se distribuyen las estancias del palacio.

La casa está implantada en un terreno esquinero con desnivel hacia el occidente, desarrollandose en dos niveles dispuestos alrededor de un patio interior con forma de herradura, por lo que rompe con la tipología andaluza de las casas del centro histórico de la ciudad, cerradas por sus cuatro lados. El estilo colonial de paredes lisas fue reemplazado por un almohadillado barroco en 1813, año en que también fueron añadidas las molduras de las ventanas, la cornisa trabajada en relieve y la cenefa que separa visualmente los dos niveles de la estructura.

La fachada que recorre la calle Carondelet está completamente acoplada al estilo del resto de la casa, mientras que la que se ubica sobre la calle del Rey presenta un muro liso de color blanco en el extremo occidental, donde se encuentra el acceso a las cocheras del palacio. El ingreso principal desde la calle se encuentra en la esquina, donde se le ha jerarquizado con una gran portada de piedra andesita tallada con motivos neoclásicos, y que alberga la puerta doble de hierro forjado en la planta baja y un balcón con ventana de doble arco en el piso superior.

El piso inferior salva el desnivel del terreno, alojando bodegas y cuartos de servicio, así como las cocinas y oficinas del Museo, todas con vista a la calle y conectadas con el piso superior por dos pequeñas escaleras en cada extremo. Los salones de protocolo y las habitaciones privadas de la familia se distribuyen en el piso superior, que por la misma inclinación del terreno y su solución arquitectónica, se encuentra al nivel del patio de herradura.

El patio interior, en torno al que se distribuyen los salones y habitaciones, fue originalmente de piedra de canto rodado, poseía una fuente de agua y un árbol de Magnolio. El diseño fue reemplazado por un jardín de tipo francés a mediados del siglo XIX, conservando la fuente y el árbol, por lo que recibe el nombre de Patio del Magnolio. Los Jardines de la Princesa, llamados así en honor a la princesa Rosa, se ubican a lo largo del flanco occidental de la casa, de frente al Patio del Magnolio, y comparten espacio con las cocheras que acceden desde la calle del Rey.

Interiores

Desde la puerta de calle en la esquina del edificio se accede directamente a la Escalera de Honor, que conduce a la galería que se desarrolla alrededor del Patio del Magnolio, en el segundo piso. En el ala oriental se encuentran los Apartamentos de Protocolo, en la suroccidental los Apartamentos Familiares, y en la norte encontramos la Capilla y los Apartamentos del Príncipe.

Apartamentos de Protocolo

Al ser una residencia particular y que los eventos de gran trascendencia se realizaban en el palacio de Carondelet, el palacio de Montúfar no cuenta con Apartamentos de Estado, sino únicamente con salones de protocolo para recibir visitas en un carácter más informal e íntimo.

El primer salón al que se accede es el Vestíbulo del Rey, que consiste en un rellano en el que remata la Escalera de Honor que da acceso desde la calle, y desde el que se distribuyen los accesos a los apartamentos de Protocolo y Familiares. De volúmenes simples y decoración austera, éste espacio es el que más recuerda al estilo colonial original del edificio. Aquí esperaban las personas que no poseían títulos nobiliarios, condecoraciones del Estado o puestos importantes en el Gobierno.

Salón de las Damas

Salón de las Damas.

Ubicado precisamente detrás del Vestíbulo del Rey, sobre las ventanas de la esquina y con vista hacia el único balcón del segundo piso, se encuentra este espacio que fue originalmente el despacho privado del rey Juan Pío, pero que fue convertido en sala para las damas cuando la princesa Rosa vivió en el palacio.

Es una de las pocas habitaciones con paredes tapizadas, en este caso de un papel francés colocado en 1861 por orden de Virginia Klinger, consorte del príncipe Carlos. Una saleta de estilo Luis XVI, tapizada a juego con el color de la habitación, fue también encargada a Francia por la princesa consorte; mientras que la lámpara y la alfombra italianas fueron un obsequio de sus padres, que eran duques de Barbacoas y dueños de la fortuna más grande del norte del país.

Retratos de los padres de Virginia, los duques Adolfo y Valentina, así como de su hermana Leonor (casada con el gran duque Federico), cuelgan de las paredes de la habitación como una declaración de que el espacio fue rediseñado a su gusto personal.

Antecámara de Visitas

Antecámara de Visitas.

Desde el vestíbulo, y sobre el lado oriental, encontramos la Antecámara de Visitas, un pequeño espacio en el que las personas tituladas, condecoradas o con altos cargos en el Gobierno debían esperar ser llamadas ante el soberano o, cuando fue ocupado por sus hijos, por los príncipes y grandes duques.

La habitación está amoblada con piezas de origen italiano en estilo Luis XV, que fueron añadidas en 1850. El cortinaje es original de la época en que el palacio fue habitado por la princesa Rosa y su familia, el piso de madera taraceada fue trabajado por artesanos locales a inicios del siglo XX. Un busto del príncipe consorte Enrique de Prusia, pequeños retratos de los grandes duques Federico y Gabriel Alexander, y un gran óleo que representa la investidura de Rosa como heredera del trono, completan ésta sala.

Salón principal

Salón principal.

Desde la Antecámara de Visitas y hacia el norte, encontramos el Salón de Principal, que es el área más grande del palacio ya que era usada para varios propósitos, incluyendo el de recepciones si se retiraba todo el mobiliario.

El techo del salón está decorado por estucos de yeso, al igual que la cenefa superior, ambos de estilo neoclásico; siendo ésta la única estancia que presenta ésta particularidad. Al igual que en la mayoría de habitaciones, el cortinaje fue colocado por orden de la princesa Rosa cuando se estableció en el edificio tras vivir en la corte prusiana por casi cuarenta años. Por su parte, las tres lámparas que penden del cielo raso fueron producidas por la firma Pichincha&Co, la primera fábrica de cristal fino establecida en el país, en 1842.

Los muebles son de estilo Luis XIV y fueron fabricados por artesanos locales para el rey Juan Pío, al igual que la alfombra de origen riobambeño. Destacan el área de música al final de la habitación, donde se encuentra un gran piano de cola austriaco y el arpa prusiana que el gran duque Federico obsequió a sus padres antes de su partida de Potsdam.

Comedor

Comedor.

A continuación del Salón Principal, y siguiendo hacia el norte, encontramos el Comedor, que era un espacio tanto de uso diario como de gala. Ésta habitación es la última del edificio hacia el norte, separada de la mansión vecina únicamente por el espacio de la escalera que sube desde las cocinas en la planta baja.

Sus paredes están tapizadas con un fino papel inglés traído en 1852, y de ellas penden obras de arte algo más modernas (1940-1960) y pertenecientes a los pintores de la dinastía Salas. El juego de comedor de ocho puestos fue fabricado en la ciudad de Ibarra alrededor de 1890, y la mesa original de ocho puestos puede expandirse para dar cabida hasta 14 comensales.

El aparador y las mesas auxiliares son de un estilo muy barroco, fabricadas en madera de nogal por artesanos de la escuela quiteña en 1849, por pedido expreso del rey Francisco I. La gran lámpara del techo es española, mientras que la alfombra es persa.

Apartamentos Familiares

Se trata de un conjunto de cinco estancias que estaban destinadas al servicio de los grandes duques. Los espacios variaron mucho a lo largo de los años, ya que no siempre se tenía la necesidad de ocuparlos a todos como habitaciones de descanso, y algunas veces sirvieron también como antecámaras. El museo ha conservado el uso que se les dio en la época de Carlos II como príncipe heredero, que tenía solo una hija: la entonces gran duquesa Virginia.

Sala de Música

Sala de Música.

Ocupando el espacio contiguo al Vestíbulo del Rey y al Salón de las Damas, por el lado occidental, ésta habitación es la primera a la que se accede en los Apartamentos Familiares, por lo que a menudo es también llamada Antecámara Familiar.

Estaba destinada para los estudios musicales de las grandes duquesas, así como para que recibieran a sus visitas; aunque también era usada por los príncipes para disfrutar en privado de la música de los grandes maestros. El gran espejo de roca que pende de una de las paredes perteneció a Teresa de Larrea, la esposa del rey Juan Pío que falleció muchos años antes de que su marido fuera reclamado como soberano.

Con mobiliario de estilo Luis XV fabricado en la ciudad de Ibarra en 1813, el espacio destaca el gran piano de cola confeccionado en París bajo pedido del rey Francisco I, en 1827. Un busto del rey Carlos I elaborado por el cuencano Gaspar Zangurima, así como un óleo de la familia de María I en los jardines del palacio, son las piezas finales que engalanan ésta austera sala.

Antecámara de la Gran Duquesa

Antecámara de la gran duquesa.

Se conoce que inicialmente fue la habitación de la aya de los hijos del marqués Juan Pío de Montúfar, antes de convertirse en rey. Posteriormente fue ocupado por alguna de las hijas de la gran duquesa María Luisa.

Es una habitación de decoración simple, con paredes y cielos lisos, el cortinaje perteneciente a la decoración ordenada por la princesa Rosa y mobiliario de diferentes épocas. El retrato de la gran duquesa Inés, sobre una consola del siglo XVII, es el punto focal de la habitación. Un jarrón obsequiado por el emperador Pedro II de Brasil, durante su visita en 1827, se exhibe junto a los muebles de estilo segundo imperio ordenados por la entonces princesa María.

Habitación de la Aya

Habitación de la Aya.

Este espacio fue originalmente la habitación de la pequeña Rosa, antes de que su padre se convirtiese en rey, ya que al estar siendo criada en un convento, no necesitaba de un gran espacio para sus salidas mensuales. En la actualidad responde al uso que se le dio como habitación de la aya de la gran duquesa Virginia, doña Isabel de la Escalera, marquesa de Rosaflorida.

Su estilo es muy colonial, con paredes lisas llenas de retratos de obras de la escuela quiteña, y una pequeña reproducción de la Mona Lisa (DaVinci). Una gran cama de hierro forjado con apliques de porcelana italiana, propiedad de la marquesa, es la pieza focal de la habitación. Un espejo de cuerpo entero, alfombra riobambeña, sillas y mesas de noche también de estilo colonial, completan la decoración de ésta sala.

Ropero de la Gran Duquesa

Ropero de la gran duquesa.

Originalmente habitación del pequeño Carlos, antes de que su padre se convirtiese en rey de Quito, ésta habitación fue convertida primero en sala de juegos y después en el ropero de la gran duquesa Virginia, aunque hacia el final fue despojada de los armarios y servía únicamente como antecámara de su habitación.

Responde a la decoración del resto de estancias de éstos Apartamentos, con paredes lisas y techo sin ornamentación a excepción de una cenefa de yeso en la parte superior, el papel tapiz, de delicado acabado mate, fue añadido a gusto de la gran duquesa. El cortinaje es el mismo que la princesa Rosa había colocado décadas antes, y el piso de madera taraceada fue tratado a inicios del siglo XX. Una gran escultura que representa a la juventud, tallada en mármol por el maestro Juan Francisco Minggetti, es la pieza central de la habitación.

Un mueble de pared con estilo barroco sirve de apoyo al reloj de oro obsequiado por el emperador Pedro II de Brasil durante su visita en 1824, por lo que el escudo del imperio brasileño fue colocado sobre la pared, como conmemoración, en 1826.

Habitación de la Gran Duquesa

Habitación de la gran duquesa.

Éste espacio, convertido en habitación de la pequeña gran duquesa Virginia cuando la casa fue ocupada por su padre, el entonces príncipe Carlos. Fue originalmente la habitación de Joaquín, el tercer hijo del marqués de Selva Alegre antes de que acceda al trono de Quito.

La decoración de paredes lisas y techo sin ornamentación es similar a muchas otras en el palacio, al igual que el uso del cortinaje colocado en la época de la princesa Rosa. La cama es de estilo barroco y fue fabricada en la ciudad de Ibarra, mientras que el resto del mobiliario responde al estilo Luis XV y fue ordenado por el príncipe Carlos a Francia, expresamente para su hija.

Es la última habitación importante del ala sur, y a continuación de ella se encuentran un calientaplatos y la escalera de servicio que conecta con el primer piso, hoy ocupado por la sala de restauración y las oficinas administrativas. Aficionada a los grabados, la gran duquesa los coleccionaba en las paredes de su habitación, aunque hoy solo se exhiben un par pues los demás se encuentran en las galerías inferiores del museo.

Apartamentos del Príncipe

Corresponden a las habitaciones del ala norte del edificio, y eran ocupadas originalmente por el marqués Juan Pío y su hijo mayor, Francisco, antes de que se desencadenen los hechos que terminaron con la declaración del Reino en 1810. Fueron convertidos en apartamentos principescos por la princesa Rosa, cuando debió volver de Prusia en 1856 para convertirse en heredera del trono quiteño.

Despacho del Príncipe

Despacho del príncipe.

Antecámara del Príncipe

Antecámara del príncipe.

Habitación del Príncipe

Habitación del príncipe.

Capilla del palacio

Capilla del palacio.

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