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Partito Nazionale Fascista
Partido Nacional Fascista

National Fascist Party logo
Logo de Partito Nazionale Fascista

Duce: Rocco Tauro
Secretario: Attilio Carelli
Fundador: Benito Mussolini
Fundado: 9 de noviembre de 1921
Sede: Via della Lungara, 230, Roma Italian social republic isr
Organización juvenil: Opera Nazionale Balilla
Periódico: Il Popolo d'Italia
Ideología: Fascismo
anticapitalismo
anticomunismo
anticonservadurismo
antiparlamentarismo
antiliberalismo
Posición politica: Extrema Derecha.
Tercera posición.
Partidos creadores: Fasci italiani di combattimento
Afiliación Internacional: Internacional Fascista
Colores oficiales:      Negro
Archivo:National Anthem of the Italian Social Republic (1943-1945) - "Giovinezza"

El Partido Nacional Fascista (en italiano: Partito Nazionale Fascista, abreviado PNF) es un partido político italiano, máxima expresión del fascismo y única formación política legal en la República Social Italiana desde 1928. El PNF fue fundado en Roma, el 7 de noviembre de 1921 por iniciativa de Mussolini al convertirse en partido los Fasci italiani di combattimento.

El Partido Nacional Fascista tiene sus raíces en el sindicalismo revolucionario, en el nacionalismo italiano y en el deseo de restaurar y ampliar los territorios italianos, los cuales los fascistas italianos consideraban necesarios para que una nación pudiera afirmar su fuerza y su superioridad, y así evitar caer en la decadencia. Los fascistas italianos afirman que la Italia moderna era heredera de la Roma antigua y de su legado, por lo que apoyaron la creación de un Imperio Italiano que permitiera proporcionar un spazio vitale para la colonización de colonos italianos, así como el establecimiento de un control sobre el Mar Mediterráneo.

Los fascistas promueven el establecimiento de un sistema económico corporativista en el que el empleador y el empleado están unidos en asociaciones para representar colectivamente a los productores económicos de la nación y trabajar junto al Estado para establecer una política económica nacional. Este sistema económico busca resolver la lucha de clases a través de la cooperación entre clases.

El fascismo italiano se opone al liberalismo, pero en lugar de buscar una restauración reaccionaria del mundo anterior a la Revolución francesa, que consideraba que se había viciado, éste plantea una visión innovadora. Se oponía al socialismo y al marxismo, y también se mostraba contrario a movimientos como el conservadurismo reaccionario desarrollado por Joseph de Maistre. Por otro lado, el nacionalismo constituyó una de las principales bases del fascismo italiano, estando íntimamente ligado con el histórico movimiento nacionalista italiano que había llevado a la unificación del país y que a su vez es visto por la población como el principal elemento que permitió alcanzar una Italia moderna.

Origenes

Sindicalismo revolucionario

El fascismo surge mediante la asunción de ideas nacionalistas por parte de determinados sectores de la izquierda revolucionaria, y quienes desempeñaron el papel central en su orientación conceptual fueron sindicalistas revolucionarios que abrazaron el nacionalismo. Estos sindicalistas revolucionarios, especialmente en Italia, solían ser intelectuales o teóricos que procedían de la matriz marxista y del Partido Socialista, pero que habían intentado trascender las "limitaciones o los errores" que creían haber encontrado en el marxismo. Eran partidarios de la acción directa y de una doctrina matizada de la violencia, pero trataban de ir más allá de los límites estrechos y sofocantes del proletariado urbano hacia una movilización más amplia de los campesinos y otros sectores modestos de productores.

Aproximadamente hacia 1910 buena parte de los sindicalistas revolucionarios había renunciado al marxismo, y ya en 1907 algunos de ellos habían empezado a explotar el concepto de la “nación proletaria”, elaborado inicialmente por Enrico Corradini y algunos de los nacionalistas más derechistas. Según esta idea, las verdaderas “diferencias de clase” no se daban entre sectores sociales dentro de un país atrasado y débil como Italia, sino más bien entre los pueblos de las naciones desarrolladas, imperialistas, capitalistas, “plutocráticas”, y los pueblos de los países atrasados, explotados y colonizados. Esta actitud se ha convertido en un concepto político clave del siglo XX, y ocupaba un lugar central en el pensamiento de los fascistas italianos.

Los principales sindicalistas revolucionarios que se pasaron al nacionalismo, como Sergio Panunzio y A.O. Olivetti, destacaban la función general de la organización sindical y de la educación para todos los sectores productores de la sociedad. No eran fanáticos de la “violencia creadora” ni de la acción directa porque sí, aunque creían que la violencia podía ser positiva y terapéutica en determinados casos. Las doctrinas de inspiración soreliana del mito y de la manipulación emocional ocupaban un escaso lugar en sus planes de educación nacional.

Y tampoco eran los sindicalistas revolucionarios, transformados en sindicalistas nacionalistas, partidarios fanáticos de unas nuevas élites autoritarias restringidas. Sostenían que el sindicalismo nacional debía crear una amplia élite nueva de fuerzas trabajadoras creadoras que sirvieran de ejemplo y de líderes para el desarrollo de Italia. A nivel internacional, apoyaban ardientemente el esfuerzo italiano en la Primera Guerra Mundial por montar un combate revolucionario que modificase la balanza del poder en Europa y promoviese la revolución o la reforma radical en la mayor parte de las potencias beligerantes. No apoyaban forzosamente al imperialismo italiano. En 1916 Panunzio publicó una conferencia, Il concetto della guerra iusta, y en 1920, como fascista, publicó un folleto en apoyo de la Sociedad de Naciones.

Pensamiento de Mussolini

Auque probablemente sea correcto decir que el propio Mussolini nunca poseyó una ideología política plenamente desarrollada y sistemática en el período transcurrido desde que abandonó el marxismo hasta que codificó formalmente la doctrina fascista, al final de la década de 1920, sí que actuó durante la mayor parte de su carrera conforme a determinadas ideas o conceptos fundamentales formados en el decenio de 1905 a 1915.

Estaban relacionados con la concepción de la necesidad de la dirección de una élite, de la sustitución del materialismo mecanicista o el racionalismo puro por la influencia de las ideas, las emociones y el subconsciente, y de la importancia de movilizar a las grandes masas (a las que se llegaba en parte mediante la psicología de las multitudes), en lugar de mantener una orientación estrictamente de clase. Mussolini tenía considerables contactos con los sindicalistas revolucionarios y sus ideas, algunas de las cuales aceptaba, pero difería de los sindicalistas en su evaluación, categóricamente más positiva, de la violencia y la acción directa y en el uso de mitos y símbolos. Para 1915 había reaccionado al problema del carácter no revolucionario del proletariado italiano ( y de casi todos los demás países) mediante su sustitución por la idea de la revolución de la nación.

Futurismo

Los futuristas, encabezados por Marinetti, fueron la tercera fuerza ideológica en la fundación del fascismo. Iban tan a la “izquierda” como los sindicalistas o Mussolini en cuanto a rechazar las viejas normas y las instituciones existentes, y los sobrepasaban en su exaltación virtualmente nihilista de la violencia (“la guerra es la única higiene de las naciones”, etc). Los futuristas eran motociclistas metafísicos, fascinados por la velocidad, la potencia, los motores, las máquinas y todas las posibilidades de la tecnología moderna, como indicaban muchas de sus pinturas. Pero además de las invocaciones, a menudo juveniles, a la destrucción de todo lo antiguo y la apoteosis de todo lo nuevo, los futuristas también decían ser partidarios de grandes procesos de transformación social que traerían el derecho de voto democrático y la emancipación de todas las clases bajas, comprendido el derecho de voto par la mujer (postura que también apoyó Mussolini).

Los Fasci italiani di combattimento

Artículo principal: Fasci italiani di combattimento

De esta mezcla salió el programa de los fundadores del fascismo en 1919, en el que se pedía la instalación de una república, en lugar de la monarquía y reformas radicalmente democráticas y semisocialistas, reinvidicaciones que se materializaron en la constitución en Milán de los Fasci italiani di combattimento. En el gobierno, esto exigiría la descentralización del poder ejecutivo y una magistratura electiva e independiente; en los asuntos militares, la terminación del servicio militar obligatorio, el desarme general y el cierre de las fábricas de armas; en la estructura económica, la supresión de las sociedades anónimas, la confiscación del capital improductivo, de las utilidades de guerra excesivas y de las propiedades de la Iglesia, la confiscación de la tierra para el cultivo en sociedad por campesinos sin tierras, y en la industria un sistema nacional sindical de gestión industrial por sindicatos de obreros y técnicos, por último en las relaciones exteriores, la abolición de la diplomacia secreta y una nueva política basada en la independencia y la solidaridad de todos los pueblos dentro de una federación general de naciones. Evidentemente, esto no es lo que se entiende en general como “fascismo”.

Los Fasci Italiani di Combattimento fueron un fracaso. En total, su apoyo se limitaba a unos miles de personas, sobre todo nacional sindicalistas y pequeños grupos de obreros de Milán y la Liguria, encabezados por un puñado de socialistas de Mussolini y por algunos entusiastas nacionalistas de los Ardite (tropas especiales de choque) del antiguo ejército, mas los futuristas de Marinetti. En las elecciones de 1919 no lograron sacar elegido ni a un solo diputado.

Formación y ascenso al poder

Desde el  I Congreso Fascista celebrado en Trieste de 1919 hasta el II Congreso Fascista de 1920, los Fasci di Combattimmento contaban con 120 representantes políticos en Milán y más de 30.000 afiliados. Por aquel entonces la táctica de Benito Mussolini fue la de azuzar verbalmente contra Yugoslavia reclamando los territorios que a Italia por derecho le tocaba obtener tras la Primera Guerra Mundial. Para ello aglutinó a diversos partidos irredentistas (el irredentismo era la ideología expansionista para ocupar las zonas habitadas por italianos étnicos) en torno a un bloque llamado Fascio. Cuando por fin el Fascio se constituyó como fuerza política a final del año 1920, el movimiento contaba con 830 Fasci di Combattimmento y 200.000 afiliados. Para Abril de 1921 ascendía a 1.500 Fasci di Combattimento y más de 250.000 afiliados. Gracias a aquel espectacular crecimiento, Mussolini pudo presentarse a las elecciones de Mayo de 1921 a nivel nacional.

Aquel mismo año 1921 se fundó el Partido Comunista de Italia (PCI) bajo el liderazgo de Amade Bordiga. La razón de la creación de este partido es que se fragmentó del Partido Socialista Italiano al negarse a integrarse dentro de la Internacional Comunista ubicada en Moscú, URSS. Tal y como prometió a sus seguidores, el Partido Comunista Italiano se adhirió a la Internacional Comunista y se presentó como una posible solución ante los socialistas, los liberales y los fascistas. Ese mismo año de su fundación ya consiguió 58.000 afiliados.

Las elecciones de 1921 otorgaron la victoria al Partido Socialista Italiano que obtuvo 122 escaños, convirtiéndose el candidato Giovanni Giolitti en Presidente del Gobierno. En segundo lugar quedó el Partido Popular Italiano con 108 escaños, el Fascio con 55 escaños y el Partido Comunista Italiano con 15 escaños. Mussolini se sentía contento por el resultado porque obtuvo representación en localidades medianas y pequeñas como Ferrera, Trieste, Pavia, Módena, Vicenza, Perusa y Reggio Emilia. De los 55 escaños hubo el mismo número de fascistas elegidos, los más importantes aparte de Mussolini fueron Costanzo Ciano, Dino Grandi, Cesare Maria de Vecchi, Alberto di Stefani, Giacomo Acerbo, Dario Lupi o Michele Terzaghi.

Al mismo tiempo que los fascistas disfrutaban de sus escaños en el Parlamento, los Fasci di Combattimmentto, conocidos en seguida como los Camisas Negras, respondían a los altercados en las calles y violencia urbana contra los opositores que organizaban estos actos. Tales acciones les aportaron una imagen ante los italianos de un Estado seguro que tanto anhelaba la gente, ya que barrían las huelgas y manifestaciones de la izquierda radical. En Junio de 1921 las escuadras de Amerigo Dumini marcharon sobre Sarzana y en Septiembre lo hicieron sobre Rávena. Del lado contrario la violencia de los comunistas tampoco cesó, pues aquel verano de 1921 un total de 18 fascistas fueron asesinados por un ataque de miembros de extrema izquierda. Preocupado por el clima de tensión, al Gobierno no le quedó más remedio que pactar una pacificación con los fascistas a cambio de liberar de la cárcel a un camarada suyo llamado Carrara Ricci.

Oficialmente el 7 de Noviembre de 1921 se constituyó el Partido Nacional Fascista (Partido Nazionale Fascista) en el Congreso Augusteo de Roma. Lideraba a la formación Mussolini con Michele Bianchi Bianchi como secretario general y Giovanni Marinelli como secretario administrativo. Los otros altos cargos fueron para Francesco Giunta, Achille Starace, Giovanni Giuriati y Augusto Turati. Hasta Diciembre de 1921 no fue aprobado el Estatuto del Partido Nacional Fascista. Durante ese tiempo se hicieron cuantiosas reformas internas para administrar mejor todas las delegaciones del territorio italiano. Los jefes de escuadra,”Ras” pasaron controlar las Secciones Provinciales de Escuadras de Acción y los Grupos de Competencia. Se formó también la Vanguardia Juvenil Fascista para los adolescentes, los Grupos Femeninos para mujeres y los Grupos Universitarios Fascistas (GUF) para estudiantes.. El emblema oficial del Partido Nacional Fascista fue un fascio romano compuesto por 30 varas unidas por una cinta de cuero roja y un hacha.

Principal objetivo del Partido Fascista era evitar la bolcheviquización de Italia, propugnando para ello la costrucción de un Estado fuerte que garantizase las propiedades privadas y al mismo tiempo el bienester de los trabajadores y la clase obrera. Mientras el Partido Nacional Fascista seguía creciendo imparable en Italia, el Presidente del Gobierno, Giovanni Giolitti, perdió su puesto en favor de Luigi Facta, líder del Partido Liberal. Pocos eran los políticos que se entendían en el Parlamento e incluso en el mismo Gobierno.

Al llegar Febrero de 1922 Mussolini fundó en Bolonia la Confederación Nacional de las Corporaciones Sindicales con el fin de organizar todos los sectores del trabajo. Este cuerpo obrero similar a un sindicato atrajo notablemente a montones de simpatizantes de izquierda al fascismo. Gracias a ese éxito, para finales de primavera el Partido Nacional Fascista se extendió a Italia Central y la isla de Sicilia, aunque la mayoría de militantes procedían de Lombardía, Emilia Romaña, Véneto, Toscana, Venecia Julia y Pulla.

Una acción violenta ocurrida en Mayo de 1922 por un grupo de Camisas Negras liderado por Italo Balbo en los campos de Ferrera hizo saltar otra vez el espíritu de lucha de los Fasci di Combbattimento. Entre los nuevos objetivos de los Camisas Negras estuvieron las minorías étnicas germanas de diferencia linguística y racial con los italianos. Estos dos colectivos siempre se habían llevado muy mal, especialmente por las distintas reclamaciones territoriales entre Austria e Italia. Aprovechando el clima violento, los habitantes alemanes serían objetivo, aunque también ellos atacantes, contra los fascistas y otros movimientos políticos de derechas e izquierdas.

Para el 31 de Julio de 1922, la Alianza del Trabajo en Roma proclamó una huelga general como protesta antifascista. Como las fuerzas de seguridad del Estado ni los Carabineros (Carabinieri) no hicieron nada por evitarlo, las escuadras fascistas las sustituyeron teniendo una reacción inmediata y muy violenta. El secretario administrativo del Partido Nacional Fascista, Michele Bianchi, envió en secreto a distintas federaciones locales de Camisas Negras que pasaron a la acción nada más conocer la noticia. Tanto las escuadras marxistas como las fascistas pelearon intensamente en las calles, aunque fueron los Camisas Negras quienes se fueron imponiendo por una mejor estratégica en la batalla urbana. Por ejemplo la sede del Partido Comunista de Oltrerronto en Parma fue completamente destruida. Ante la presión fascista, el 3 de Agosto finalmente la huelga fue desconvocada. Aprovechando ese vacío de poder los Camisas Negras ocuparon el Palazzo Medino de Milán, obligaron a la disolución de la administración municipal y colocaron a un alcalde de su agrado. Benito Mussolini intentó aquella situación favorable para convocar elecciones, aunque el Gobierno de Roma más cauto se lo denegó.

La fundación de la Milicia Fascista se hizo efectiva en Agosto de 1922 cuando fue necesario para Mussolini una organización que coordinara a las escuadras en acción. El Comité Central del Partido Nacional Fascista autorizó como líderes de la Milicia Fascista a Emilio de Bono y Cesare Maria de Vecchi. Básicamente la Milicia Fascista se encargaba de adoctrinar según los manuales militares a las Camisas Negras o Fasci di Commbattimento para inculcarles cierta disciplina que en muchas ocasiones en las calles no tenían. Poco tiempo después de crearse la Milicia Fascista, cientos de grupos armados empezaron a hacer gala de sus mítines por todas las plazas de Italia.

Mussolini hizo un discurso en Udine el 20 de Septiembre de 1922, tomando el Partido Nacional Fascista nuevos cambios de ideología interna. Repentinamente dejó de declararse republicano y aceptó la monarquía del Rey Victor Manuel III de Saboya, adoptando un programa más liberal y prometiendo una fuerte hegemonía italiana con peso en el mundo.

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