Historia Alternativa
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Reino de Prusia (NT)
Bandera Escudo de Armas de Reino de Prusia (NT)
Bandera Escudo de Armas
Localización de Reino de Prusia (NT)
Localización de Reino de Prusia (NT)

Lema: Suum curique

Himno: "Borussia"
Capital: Berlín
Idioma: Alemán (oficial)
Superficie: 348 779,87 km² km²
Moneda: Thaler prusiano
Gentilicio: Prusiano/a

El Reino de Prusia (en alemán: Königreich Preußen) fue un Estado europeo que existió desde 1701 hasta 1919. Gobernado durante toda su existencia por la rama franconiana de la dinastía Hohenzollern, originalmente estaba centrado en Brandeburgo-Prusia. No obstante, y principalmente gracias a su poderío militar, logró expandirse territorialmente. En 1832, y debido a su apoyo a la Revolución de Mayo, consiguió unirse con la Confederación Germánica, formando así el II Imperio Alemán. El Reino dejó de existir con dicha unificación, pero sus leyes fueron trasladadas a todo el conjunto del nuevo imperio.

Precedentes: desde la Prusia original hasta Brandeburgo

El Ducado de Prusia tiene su origen en el establecimiento de los alemanes en la Prusia Oriental a partir del siglo XII. La provincia, que posteriormente recibió el nombre de «Prusia Oriental», era hasta esa época el único territorio llamado propiamente Prusia, ya que su nombre derivaba de sus originarios habitantes prusianos bálticos, no alemanes, quienes fueron asimilados tras las Cruzadas Bálticas y la Drang nach Osten. El régimen establecido por los alemanes en Prusia recibió el nombre de Estado monástico de los Caballeros Teutónicos, y aunque logró someter a los reinos cristianos de Lituania y Polonia, luego perdió su hegemonía en diversas guerras contra estos últimos, siendo la guerra polaco-teutónica (1519-1521) la que representó la derrota final. El último gran maestre de la orden, Alberto de Brandeburgo-Ansbach, renunció entonces al catolicismo, abrazando el luteranismo y juró vasallaje al rey de Polonia, Segismundo el Viejo. Por su parte, el monarca polaco secularizó los territorios de la Orden Teutónica y se los entregó a Alberto para él y sus herederos bajo la forma del Ducado de Prusia.

Los Hohenzollern de Brandeburgo, primos del ahora duque Alberto de Prusia, pretendieron incrementar sus dominios mediante el matrimonio. Aunque la mayoría de estas uniones fueron improductivas desde el punto de vista dinástico, la boda del margrave brandeburgués Joaquín II con Eduviges de Polonia, hija del rey Segismundo el Viejo, le permitió obtener al primero la garantía polaca de que si el linaje de Alberto se extinguía por la ausencia de hijos varones, sus herederos recibirían el ducado de Prusia. Cuando el duque Alberto murió en 1568, le sucedió su hijo, Alberto Federico de Prusia. Debido a la debilidad mental de este último, surgió la posibilidad de que los Hohenzollern de Brandeburgo accediesen al ducado prusiano, por lo que el Congreso polaco se reunió en Lublin y, después de deliberar, ratificó la decisión de su rey.

En 1594, el margrave Joaquín Federico I de Brandeburgo, nieto de Joaquín II, logró que su hijo Juan Segismundo se casase con la hija mayor de Alberto Federico, Ana de Prusia, aumentando las probabilidades de heredar el ducado, ya que el duque no tenía hijos varones. En 1603, Joaquín Federico logró obtener la regencia de Prusia cuando se agravó la enfermedad mental del duque; decidió afianzar aún más sus lazos con Prusia, y, cuando enviudó, se casó con Leonor de Prusia, hermana de Ana. De esta manera, padre e hijo tuvieron al duque de Prusia como suegro. El matrimonio de Juan Segismundo con Ana tuvo doble beneficio, ya que esta era la hija mayor de María Leonor de Cléveris, hermana mayor de Juan Guillermo de Cléveris, otro duque mentalmente inestable que gobernaba estratégicos territorios cerca del Rin y del camino español. Al morir Juan Guillermo sin hijos ni hermanos varones, Juan Segismundo alegó tener derechos hereditarios, y fue un actor importante en la Crisis de la sucesión de Juliers-Cléveris. Cuando el duque Alberto Federico falleció en 1618 sin hijos varones que lo heredaran, el ducado de Prusia pasó a Juan Segismundo. Así, Brandeburgo y Prusia quedaron en unión personal con el heredero de la casa Hohenzollern, unión que duraría 300 años y que inicialmente sería conocida bajo la dualidad Brandeburgo-Prusia. Juan Segismundo murió al año siguiente, y lo sucedió su hijo, Jorge Guillermo de Brandeburgo.

No obstante, y a pesar de que los Hohenzollern de Brandeburgo lograron obtener ganancias territoriales importantes gracias a matrimonios estratégicos, no estaban en condiciones de hacer valer su autoridad si su fuerza militar se ponía a prueba. La guerra de los Treinta Años fue un desastre para Brandeburgo, que fue ocupada sucesivamente por los bandos en conflicto, arrasada y saqueada. En cambio, Prusia quedó fuera de los campos de batalla y sirvió de refugio al margrave. El ambivalente Jorge Guillermo tampoco fue capaz de sostener sus pretensiones hereditarias al ducado de Pomerania, y al morir en 1640 entregó a su hijo, Federico Guillermo, un territorio muy debilitado con una fuerza militar inferior a la de sus enemigos. A pesar de ello, al finalizar la guerra en 1648, Brandeburgo-Prusia recibió la parte oriental de Pomerania, un territorio mayor al que recibió Suecia, pese a que su importancia militar era considerablemente menor.[4]​ La explicación se encuentra en el potencial de Brandeburgo-Prusia, no en su poderío actual. Las dos principales dinastías en conflicto, los Borbones en Francia y los Habsburgo en Austria, tenían planes similares aunque opuestos para el Electorado de Federico Guillermo. Francia quería fortalecer a un Estado alemán para hacer contrapeso a los Habsburgo austriacos,[5]​ mientras que estos últimos querían fortalecer a Brandeburgo para que hiciese contrapeso a Suecia, ya que desde 1648 compartirían fronteras.[4]

A pesar de que la Paz de Westfalia premió territorialmente a Brandeburgo, al igual que en 1618, los Hohenzollern no estaban en condiciones de defender sus adquisiciones. Por este período, un consejero del elector Federico Guillermo consideró en un informe que Polonia estaba buscando la oportunidad para arrebatarle Prusia. Suecia estaba haciendo lo mismo con Pomerania, y los territorios ganados en la sucesión de Juliers-Cléveris estaban a merced de las Provincias Unidas. Para contrarrestar esta debilidad, el Elector de Brandeburgo empezó a reforzar el ejército, llegando a tener 25 000 soldados en 1655, suficientes como para jugar un papel importante en la batalla de Varsovia como aliado de Suecia contra Polonia durante el "Diluvio". Federico Guillermo logró obtener entonces la garantía del rey Carlos X Gustavo de Suecia de que no intentaría arrebatarle Prusia, a cambio de jurarle vasallaje. Sin embargo, apenas el ejército sueco se retiró al norte para luchar contra Dinamarca, el Elector cambió de bando y se alió con el rey polaco. Leopoldo de Habsburgo, quien era candidato al Imperio, quería contar con el voto de Brandeburgo, por lo que presionó al rey polaco para que confirmase la soberanía de los Hohenzollern sobre Prusia. De esta manera, el ejército de Federico Guillermo lideró el ataque de la coalición austro-polaco-brandeburguesa contra Suecia, logrando una victoria decisiva. Brandeburgo-Prusia pudo así controlar toda la Pomerania, pero a pesar de su creciente importancia militar, seguía siendo una potencia menor en la política internacional, y le fueron arrebatadas todas sus ganancias territoriales en esta guerra en el Tratado de Oliva, principalmente por presión francesa, que ahora velaba por Suecia. El reconocimiento internacional del dominio brandeburgués sobre Prusia fue entonces la única ganancia que los Hohenzollern pudieron sacar de la guerra del Norte de 1655-1660.

1701: El crecimiento de Brandeburgo

Federico Guillermo, el "Gran Elector" de Brandeburgo-Prusia, murió en 1688. Sus propiedades pasaron a su hijo Federico III (1688-1701), que se convirtió en el rey Federico I de Prusia (1701-1713). A excepción del ducado de Prusia, todas las tierras de Brandeburgo formaban parte del Sacro Imperio Romano Germánico, en esa época bajo el gobierno hereditario de la Casa de Habsburgo. Federico III obtuvo el consentimiento del emperador Leopoldo I, a cambio de la alianza contra Francia en la guerra de Sucesión española, para adoptar (en Königsberg, el 18 de enero de 1701) el título de "Rey en Prusia" con base en sus territorios no imperiales. La fórmula rey en Prusia en lugar de rey de Prusia se adoptó por no poder haber en el imperio más rey que el emperador y el de Bohemia. El título pasó a ser de aceptación general con el Tratado de Utrecht.

1701-1740: El joven reino

El nuevo reino de Prusia era muy pobre —todavía no se había recuperado totalmente de la devastación de la guerra de los Treinta Años— y su territorio abarcaba más de 1200 km, desde las tierras del Ducado de Prusia, en la costa sureste del mar Báltico, pasando por el área central de los Hohenzollern en Brandeburgo y terminando en los enclaves del Ducado de Cléveris, Condado de Mark y Ravensberg, en Renania. En 1708, aproximadamente un tercio de la población del ducado de Prusia fue afectada por la peste bubónica. La peste llegó a Prenzlau en agosto de 1710, pero desapareció antes de alcanzar la capital, Berlín, a solo 80 km.

La derrota de los suecos a manos de Rusia, Sajonia, Polonia, Dinamarca-Noruega, Hannover y Prusia en la Gran Guerra del Norte (1700-1721) marcó el final del dominio sueco en el litoral sur del mar Báltico. En el Tratado de Estocolmo pruso-sueco (enero de 1720), Prusia recuperó Stettin (Szczecin) y otras partes de las posesiones suecas en Pomerania. Los Hohenzollern de Brandeburgo habían obtenido la reversión del ducado de Pomerania desde 1472 (anteriormente, Pomerania ya había sido anexionada a Brandeburgo-Prusia en 1648 por la Paz de Westfalia).

Durante este tiempo, el plan trazado por el gran elector alcanzó su clímax.

1740-1760: Las guerras de Silesia

En 1740 subió al trono Federico II el Grande. Valiéndose de un supuesto tratado de 1537 (vetado por el emperador Fernando I), por el cual partes de Silesiapasarían a Brandeburgo tras la extinción de la dinastía Piast, Federico invadió Silesia, lo que marcó el inicio de la guerra de Sucesión austríaca. Tras la rápida ocupación de Silesia, Federico ofreció protección a la archiduquesa María Teresa de Austria si la provincia volvía a su dominio. La oferta fue rechazada, pero Austria encontró otros oponentes y Federico fue lo bastante hábil para conseguir la cesión formal con el Tratado de Berlín de 1742.

Para sorpresa de muchos, Austria consiguió anular la ventaja de Prusia en la guerra. En 1744, Federico invadió de nuevo regiones del Imperio para evitar represalias y reivindicar, esta vez, la provincia de Bohemia. No tuvo éxito, pero la presión francesa sobre Gran Bretaña, aliado de Austria, llevó a una serie de tratados y acuerdos que culminaron en 1748 con la rúbrica del Tratado de Aquisgrán, que restauró la paz y concedió a Prusia la mayor parte del territorio de Silesia.

Humillada por la cesión de Silesia, Austria buscó una alianza segura con Francia y Rusia, mientras que Prusia intentaba aproximarse a Gran Bretaña ("Revolución Diplomática"). Cuando Federico invadió Sajonia y Bohemia durante unos pocos meses de 1756-1757, dio comienzo la guerra de los Siete Años.

Esta guerra fue una lucha desesperada para los prusianos, y la forma como la llevaron causó en Europa un gran respeto por las habilidades del ejército de Federico. Enfrentándose simultáneamente a Austria, Rusia, Francia y Suecia y teniendo solo como aliados a Hannover (y Gran Bretaña, en lo referente al continente), Federico consiguió evitar importantes invasiones hasta octubre de 1760, cuando el ejército ruso ocupó por un corto periodo de tiempo Berlín y Königsberg. Sin embargo, la situación se fue agravando hasta la muerte de la emperatriz Isabel de Rusia. La ascensión al trono ruso del simpatizante de la causa prusiana Pedro III alivió la presión en el frente oriental. Suecia también abandonó entonces la guerra.

Al derrotar al ejército austríaco en la Batalla de Kunersdorf y confiando en el continuado éxito británico contra Francia en el escenario de la guerra colonial, Prusia fue, al fin, capaz de forzar un statu quo ante bellum en el continente. Este resultado confirmó el papel principal de Prusia en los Estados alemanes y lo consolidó como una gran potencia europea.

1772, 1793, 1795: Particiones de Polonia

Por el este y el sur de Prusia, la República de las Dos Naciones se había ido debilitando gradualmente a lo largo del siglo XVIII. Preocupado por la creciente influencia rusa en los asuntos polacos y por una posible expansión del Imperio ruso, Federico participó en la primera partición de Polonia entre el Imperio ruso, Prusia y Austria en 1772 a fin de mantener el equilibrio de fuerzas. El reino de Prusia anexionó la mayoría de las provincias polacas de Prusia Real, incluida Varmia; al año siguiente, estas tierras anexionadas se organizaron como una provincia, la de Prusia Occidental. El nuevo dominio se ligó a Prusia Oriental, que anteriormente fue conocida como ducado de Prusia, con Pomerania, uniendo entre sí los territorios orientales del reino.

A la muerte de Federico en 1786, su sobrino Federico Guillermo II continuó interviniendo en las particiones, ganando una gran parte del oeste de Polonia en 1793.

En 1795, tras la tercera partición de Polonia, el reino polaco dejó de existir. Un gran territorio al sur de Prusia Oriental, incluida Varsovia, pasó a formar parte de Prusia. Estas nuevas adquisiciones se organizaron en las provincias de Nueva Silesia, Prusia del Sur y Nueva Prusia Oriental.

1806-1815: Guerras Napoleónicas y reforma del estado

En 1806 fue abolido el Sacro Imperio Romano Germánico como resultado de las victorias de Napoleón Bonaparte sobre Austria. El título de Kurfürst (príncipe elector) de Brandeburgo ya no tenía sentido y se suprimió. Antes de eso, el soberano Hohenzollern había ostentado muchos títulos, desde el de Jefe de la Iglesia evangélica hasta el de rey, elector, gran duque y duque de varias regiones y reinos bajo su gobierno. Después de 1806, era simplemente el ≪rey de Prusia≫.

Como consecuencia de la derrota prusiana en la batalla de Jena-Auerstedt en 1806, el rey Federico Guillermo III fue forzado temporalmente a huir a Memel. Después del Tratado de Tilsit en 1807, Prusia perdió casi la mitad de su territorio, incluidas las tierras ganadas en la Segunda y Tercera Particiones de Polonia (que ahora se reducía al Ducado de Varsovia) en las tierras al oeste del río Elba. Lo que quedaba del reino fue ocupado por las tropas francesas (pagando Prusia todos los gastos de su manutención) y el rey estuvo obligado a sellar una alianza con Francia y adherirse al Bloqueo Continental.

Estas derrotas puso en evidencia las debilidades del modelo del Estado absolutista prusiano y excluyó al reino del círculo de grandes potencias europeas. Era necesaria una racionalización de la administración con el fin de recobrar los márgenes presupuestarios pagando las reparaciones de guerra. Esta modernización de Prusia fue iniciada en 1807. Para este propósito, el estado prusiano tuvo que reformarse fundamentalmente para liderar y ganar una futura lucha de liberación. Con las reformas Stein-Hardenberg bajo la dirección de Freiherr vom Stein , Scharnhorst y Hardenberg , se rediseñó el sistema educativo, en 1807 la servidumbre de los campesinos se abolió y se introdujo en 1808 el autogobierno de las ciudades. En 1810, se introdujo la libertad de comercio. La reforma del ejército comenzó en 1813 con la introducción del servicio militar obligatorio general. En 1815 se firma con Francia el Tratado de Elba, por el cual se finalizaban dichos conflictos.

El establecimiento del régimen liberal y la reunificación alemana

En 1819 se produce la Revolución de los Electores contra José I Bonaparte, que había quedado como rey de la Confederación Germánica por el Tratado de Elba. Esta revolución superó a las tropas francesas enviadas por Napoleón, quien acabó firmando el Tratado de Múnich con los príncipes electores, en el cual se reconocía la independencia de la Confederación Germánica (con el nieto del rey de Sajonia, Federico Augusto, como “emperador de la Confederación Germánica”). Sin embargo, este tratado quedaba anulado si la Confederación se unía con Prusia, y obligaba a Francia a entrar en conflicto con la Confederación y con Prusia.

Pese a lo estipulado en el tratado, Federico Augusto se casa con Alejandrina de Prusia el 20 de noviembre de 1820, lo cual hace saltar las alertas a Napoleón. El plan de Prusia era unir a la Confederación con su reino mediante una alianza política y, posteriormente, una unión dinástica. A la muerte de Napoleón en 1821, su hijo decide ratificar el tratado de 1819, evitando así un conflicto con Prusia y la Confederación.

Mientras, en Prusia comienza un movimiento liberal encabezado por intelectuales como Johann Wolfgang Goethe, Friedrich Hölderlin y Karl von Hardenberg, quien es tomado por el rey prusiano Federico Guillermo III como ministro de Estado. Desde su puesto iniciará una serie de reformas en un intento de liberalizar Prusia, siendo la más importante la redacción de una constitución (en 1827) y la formación de una cámara asamblearia estable (el Reichstag). Una de las principales reclamaciones liberales eran la unificación de las Dos Alemanias (Zwei Deutschland), que conformaban la Confederación y Prusia. Sin embargo, Federico Guillermo III, sin embargo, decide no fagocitar los movimientos unificacionistas para impedir un conflicto con Francia.

Sin embargo, en diciembre de 1831 se reúne Hardenberg con Jacques Laffitte y François Arago, quienes le aseguran que Francia permitiría la anexión si Prusia financia la Revolución liberal contra Napoleón II. Tras un mes de debates en el Reichstag, se decide enviar recursos económicos a los principales focos rebeldes. Tras la Revolución de Mayo, se firma el Tratado de Estrasburgo, por el cual Francia permite la anexión de la Confederación Germánica a Prusia a cambio de 9 millones de marcos. Así nace el Imperio Alemán.

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