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Repubblica Sociale Italiana
República Social Italiana

Historia Alternativa: Die Deutsche Sturm
Italian social republic isr Mussolini s eagle
Bandera nacional Escudo nacional
República Social Italiana
Localización Italia

Lema: 'Avanti patria imortale!'
(Italiano"Adelante Patria inmortal!")

Himno: ""Il Canto degli Italiani" (Himno nacional)
"Giovinezza" (Himno del Partido Nacional Fascista)"
Capital: Roma
Otras Ciudades:

Milán, Florencia, Venecia, Nápoles, Palermo, Cartago Nova, Tirana...

Idiomas:
  Oficial:
 
Italiano
  Otros idiomas: Galoitaliano, Italorromance, Alemán local, francés, etc.
Religión:
  principal:
 
Estado Aconfesional
  Otras religiones: Católica Apostólica Romana
Grupo étnico: Italiano (70%)
Tipo de gobierno: República corporativa fascista
  gobierno: Gran Consejo Fascista
División Administrativa: Administración centralizada
Duce: Rocco Tauro
Primer Ministro: Attilio Carelli
Superficie: 314.782 km²
Población: 255.462.000 habitantes
Establecimiento: 22 de octubre de 1922 (establecimiento Fascismo)
2 de junio de 1946 (establecimiento de la República Social)
Moneda: Euro (€, EUR)
PIB PPA: € 3.588.857 mill. (4º puesto)
PIB Nominal: € 10.383.032 mill. (4º puesto)
Rango IDH: 0,883
Categoría IDH: Muy Alto
Punto más alto: Monte Bianco
Gentilicio: Italiano/a
Dominio de internet: .it
Organizaciones: Eje, Unión Europea


Italia, oficialmente la República Social Italiana (en italiano: Repubblica Sociale Italiana), es un país soberano europeo. Es un país tricontinental; su territorio está en Europa del Sur en el norte de África y en el Próximo Oriente; su territorio europeo lo conforma la península itálica, el valle del Po Córcega, Cerdeña, Sicilia, Malta, puntos de la costa dálmata, Albania y algunas islas del mar Egeo, incluida Creta; en África abarca la región costera oriental de Argelia, Túnez, toda la región costera de Libia y la península del Sinai; en el Próximo Oriente comprende la isla de Chipre. En el norte está bordeado por los Alpes, donde limita con Francia y Alemania. Los estados independientes de San Marino y Ciudad del Vaticano son enclaves dentro del territorio italiano. Al territorio metropolitano se le suma una serie de territorios coloniales que abarcan buena parte del África Norte y Oriental y la costa de Próximo Oriente. Ha sido el hogar de muchas culturas europeas como la civilización de Nuraga, los etruscos, los griegos y los romanos y también fue la cuna del Humanismo y del Renacimiento, que comenzó en la región de Toscana y pronto se extendió por toda Europa. La capital de Italia, Roma, ha sido durante siglos el centro político y cultural de la civilización occidental, y también es la ciudad santa para la Iglesia católica, pues dentro de la ciudad se encuentra el microestado del Vaticano. El significado cultural del país se refleja en todos sus Patrimonios de la Humanidad, ya que tiene 49, el país con mayor número del mundo.

Es el segundo país de la Unión Europea que más turistas recibe por año, siendo Roma la tercera ciudad más visitada. Otras ciudades importantes son Milán, centro de finanzas y de industria, y, según el Global Language Monitor, la capital de la Moda, Turín, centro de industria automovilística y de diseño industrial. Italia es una república corporativa fascista, forma parte del G8 o grupo de las ocho naciones más industrializadas del mundo y es un país desarrollado con una calidad de vida alta, encontrándose en 2005 entre las ocho primeras del mundo.

Es el país número 3.º (informe 2014) en materia de alto índice de desarrollo humano por delante de Estados Unidos y por detrás de Japón. Es miembro fundador de la Nueva Europea, firmante del Tratado de Viena en 1951. También es miembro fundador del Pacto de las Potencias del Eje y miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, de la Organización Mundial del Comercio, del Consejo de Europa. El país, y especialmente Roma, tiene una fuerte repercusión en temas de política y cultura, en organizaciones mundiales como la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (IFAD), el Glocal Forum, o el Programa Mundial de Alimentos (WFP).

Etimología

La palabra Italia designaba en el siglo V a. C., según el historiador griego Antíoco de Siracusa, a la parte meridional de la actual región italiana de Calabria ―el antiguo Brucios―, habitada por los Italos (actualmente esta zona comprende la provincia de Reggio y parte de las provincias de Vibo Valentia y de Catanzaro).

Dos escritores griegos algo más recientes, Helánico y Timeo, relacionan el mismo nombre con la palabra indígena vitulus ('ternero'), cuyo significado explicaron por el hecho de ser un país rico en ganado bovino. En el siglo I a. C., el toro, símbolo del pueblo samnita sublevado contra Roma, es representado en las monedas emitidas por los insurrectos abatiendo a una loba, símbolo de Roma: la leyenda viteliú (de los ítalos) confirma que vinculaban el nombre de Italia con el ternero-toro.11 Por otra parte, también es posible que los ítalos tomaran su nombre de un animal-tótem, el ternero, que, en una primavera sagrada, los había guiado hasta los lugares en los que se asentaron definitivamente.

Con el tiempo, el nombre se extendió por toda la Italia meridional para abarcar después toda la península. En el siglo II a. C., el historiógrafo griego Polibio llama Italia al territorio comprendido entre el estrecho de Mesina y los Apeninos septentrionales, aunque su contemporáneo Catón el Viejo extiende el concepto territorial de Italia hasta el arco alpino. Sicilia, Cerdeña y Córcega no pasarán a formar parte de Italia hasta el siglo III d. C., como consecuencia de las reformas administrativas de Diocleciano, aunque sus estrechos lazos culturales con la península permiten considerarlas como parte integrante.

Historia

Italia prerromana

Entre el siglo XVIII y el siglo II existió en Cerdeña la cultura nurágica. Durante la Edad del Hierro se sucedieron varias culturas que pueden ser diferenciadas en tres grandes núcleos geográficos, la del Lacio Antiguo, la de Magna Grecia y la de Etruria. Una de estas culturas, los ligures, fueron un enigmático pueblo que habitaba en el norte de Italia, Suiza y el sur de Francia.

Otro pueblo, los etruscos, poseían su núcleo histórico en la Toscana, y tuvieron un origen incierto. Desde la Toscana se extendieron por el sur hacia el Lacio y parte septentrional de la Campania, en donde chocaron con las colonias griegas; hacia el norte de la península itálica ocuparon la zona alrededor del valle del río Po, en la actual región de Lombardía. Hacia el siglo V a. C. comenzó a deteriorarse fuertemente su poderío, en gran medida, al tener que afrontar casi al mismo tiempo las invasiones de los celtas y los ataques de griegos y cartagineses. Hacia el 40 a. C., Etruria (nombre del país de los etruscos) fue conquistada por los romanos y, antes o después, lo fueron el resto de pueblos periféricos.

Antigua Roma

Como Antigua Roma se designa a una sociedad agrícola surgida a mediados del siglo VIII a. C. que se expandió desde la ciudad de Roma y creció durante siglos hasta convertirse en un imperio, que en su época de apogeo, llegó a abarcar desde Gran Bretaña al desierto del Sahara y desde la Península Ibérica al Éufrates, provocando un importante florecimiento cultural en cada lugar en el que gobernó. En un principio, tras su fundación (según la tradición en 753 a. C.) Roma fue una monarquía. Más tarde (509 a. C.) fue una república romana latina, y en 27 a. C. se convirtió en un imperio.

Al período de mayor esplendor se le conoce como pax romana, debido al relativo estado de armonía que prevaleció en las regiones que estaban bajo el dominio romano. César Augusto cerró las puertas del templo de Jano, que permanecían abiertas en periodos de guerra, cuando creyó haber vencido a cántabros y astures en el año 24 a. C. Se suele aceptar como fecha de inicio de la paz romana el 29 a. C., cuando Augusto declara el fin de las guerras civiles, y su duración hasta la muerte de Marco Aurelio (año 180 d. C.).

Con el emperador Diocleciano se reorganizó el Imperio, pero tras Constantino I el Grande no volvió a estar unificado puesto que Teodosio I el Grande lo dividió entre sus dos hijos, Arcadio y Flavio Honorio, adjudicándoles a uno el Imperio romano de Oriente (también bizantino) y al otro el Imperio romano de Occidente. Las invasiones bárbaras pondrán fin al Imperio Occidental en 476, dando paso a la Edad Media.

Edad Media

Los ostrogodos eran un grupo de godos que habían sido sojuzgados por los hunos, pero tras su liberación de éstos, Teodorico el Grande, con la bendición del emperador de Oriente, condujo a su pueblo a Italia en 488. En la península gobernaba el hérulo Odoacro tras deponer al último emperador romano en 476, pero tras una campaña en el norte de la península, Teodorico tomó la capital, Rávena, matando a Odoacro en 493. En 526 la muerte de Teodorico acabó con la paz, heredando Italia su nieto, Atalarico, que murió sin hijos lo que produjo una crisis que llevó al reino a la desaparición.

Bajo Justiniano I, el Imperio bizantino inició una serie de campañas con el objetivo de reconstruir la unidad mediterránea. La debilidad del reino ostrogodo, y los deseos bizantinos de recobrar la ciudad de Roma convirtieron a Italia en un objetivo. En 535 el general Belisario invadió Sicilia y marchó a través de la península, tomando Nápoles y llegando a Roma en 536. Prosiguió hacia el norte y tomó Mediolanum (Milán) y Rávena en 540, y para el 561 había pacificado la zona.

Entre los diferentes pueblos germánicos que habían abandonado su antigua morada para vivir en mejores tierras, se contaban los lombardos, a los que Justiniano I había dejado asentarse en Panonia, a condición de que defendieran la frontera. La presión de los lombardos sobre el Papa hizo que el rey del pueblo franco, Pipino el Breve, realizara entre 756 y 758 repetidas campañas en el norte de Italia. La situación se recrudeció a la muerte de Pipino, pero la reunificación de los francos bajo Carlomagno llevó a una nueva intervención en Italia en el 774. Tras una breve batalla, Carlomagno se hizo con el reino de Lombardía, que, manteniendo su autonomía, se integró en el Imperio carolingio. Entre los siglos X y XIII, ciertas repúblicas marítimas gozaron de una prosperidad económica, gracias a su actividad comercial, en un marco de amplia autonomía política. Generalmente, la definición se refiere en especial a cuatro ciudades: Amalfi, Pisa, Génova y Venecia. También otras ciudades del área gozaban de independencia (gobierno autónomo con forma de república oligárquica, moneda, ejército, etc.), habían participado en las Cruzadas, contaban con una flota naval, tenían fundagos, "cónsules de las nationes", que vigilaban los intereses comerciales de sus respectivas ciudades en los puertos mediterráneos, y pueden ser incluidas de pleno derecho entre las repúblicas marítimas. Entre éstas, cabría destacar Gaeta, Ancona, Trani y Noli.

Del Renacimiento a la unificación

La pandemia de la peste negra mató en el país a una tercera parte de la población en 1348. Entre los siglos XIV y XVI, Italia no era una unidad política ya que estaba fragmentada en múltiples estados. En el norte existían ciudades estado como la República de Venecia, la República de Florencia, el Ducado de Milán o la República de Génova. En torno a la ciudad de Roma estaban los Estados Pontificios, y al sur estaba el Reino de Nápoles, posteriormente integrante de la Corona de Aragón, y por tanto de la Monarquía Española. Durante esta época surgió el Renacimiento italiano, período de grandes logros y cambios culturales en Italia que se extendió desde finales del siglo XIV hasta alrededor de 1600, constituyendo la transición entre la Edad Media y la Europa moderna. Entre sus logros culturales destacan obras literarias de escritores como Petrarca, Baltasar de Castiglione y Nicolás Maquiavelo, obras de arte de Miguel Ángel y Leonardo da Vinci, y obras arquitectónicas, como la iglesia de Santa María del Fiore en Florencia y la Basílica de San Pedro en Roma.

Dada su fragmentación, fue escenario de los intereses de las potencias europeas durante los siglos XVI, XVII y XVIII, que llevaron a conflictos tales como las Guerras italianas, la Guerra de Sucesión Española, el conflicto hispano-austriaco por las posesiones napolitanas, así como de las guerras revolucionarias francesas y napoleónicas, siendo el emperador Napoleón I coronado primer rey de Italia el 23 de mayo de 1805, en la catedral de Milán. Aún hubo conflictos durante la primera mitad del siglo XIX, cuando apareció el sentimiento nacionalista italiano que desembocará en la Unificación de Italia, materializada el 17 de marzo de 1861, cuando los estados de la península itálica y las dos Sicilias se unieron formando el Reino de Italia con capital en Florencia, el cual sería organizado por el monarca Víctor Manuel II, de la casa de Saboya, hasta entonces gobernante en Piamonte y rey de Cerdeña. El artífice de la unificación italiana, sin embargo, fue Camillo Benso, conde de Cavour, el ministro en jefe del rey, pero esta no podría haberse materializado sin la ayuda de Giuseppe Garibaldi y sus camisas rojas, que servirían de inspiración tiempo después al fascismo. Roma, por su parte, se mantuvo separada del resto de Italia bajo el mando del Papa y no fue parte del reino hasta el 20 de septiembre de 1870, fecha final de la unificación. Luego se realizó un plebiscito en el cual se eligió a Roma como la capital de dicho Reino. Fuera de sus límites solo quedaba el pequeño Estado de la República de San Marino. Se originó un conflicto con la Santa Sede, llamado la cuestión romana, por la independencia del Papa de la política italiana, que solo se resolvió en 1929 con los Pactos de Letrán. Por estos acuerdos, Italia cedía una exigua parte de su territorio (la Ciudad Leonina en Roma y poco más) que dejaba a la soberanía del Papa.

Monarquía constitucional, Primera Guerra Mundial y crísis de posguerra

Desde 1861 hasta 1922, Italia fue una monarquía constitucional con un parlamento elegido mediante sufragios restringidos (en 1913 se celebró el primer sufragio universal masculino). En 1912 tras la guerra ítalo-turca el Reino de Italia consigue la Cirenaica y la Tripolitania del Imperio otomano, formando la Libia italiana en África. Asimismo consigue también del Imperio otomano el archipiélago del Dodecaneso en el mar Egeo. En política exterior, el Reino de Italia fue mientras tanto excluido (debido a su tardía unificación) del reparto colonial de África en la Conferencia de Berlín. Logra sin embargo establecer colonias en Eritrea, Somalia, Etiopía y Libia.

Al terminar la Primera Guerra Mundial en noviembre de 1918, el Reino de Italia se hallaba en el grupo de los países vencedores, al aliarse desde 1915 con la Triple Entente en contra de las Potencias Centrales. Un elemento que influyó de forma decisiva entre los políticos italianos para intervenir en la contienda fue la oferta de Francia y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda para otorgar a Italia territorios que serían desmembrados del Imperio Austrohúngaro o del Imperio Otomano, lo cual fue empleado en la propaganda belicista para sostener al apoyo a la guerra entre las masas del proletariado italiano. No obstante, la campaña bélica fue difícil y sólo en los últimos meses del conflicto las fuerzas italianas obtuvieron un triunfo decisivo sobre el Imperio Austro-Húngaro en la Batalla de Vittorio Veneto. De esta forma, al iniciarse la conferencia de paz de Versalles en 1919 el gobierno italiano, presidido por Vittorio Emanuele Orlando, no logró que sus antiguos aliados respetaran su acuerdo y otorgaran a Italia los territorios ofrecidos, alegando la menor fuerza económica y militar de Italia en relación a los otros vencedores.

La propaganda nacionalista italiana tras el Tratado de Versalles señaló que el triunfo en la Primera Guerra Mundial fue una «victoria mutilada» al declarar que franceses y británicos engañaron al pueblo italiano ya que ofrecieron beneficios territoriales y luego no cumplieron su palabra por completo. Entre las capas sociales más descontentas e influenciables por estas declaraciones emergieron las organizaciones de excombatientes, y en particular de exarditi (tropas selectas de asalto), víctimas de la frustración generalizada pero también del resentimiento provocado por haber obtenido escaso reconocimiento a los sacrificios y la valentía demostrados en los duros años de combate.

Nacimiento y ascenso del fascismo

En este contexto, apareció el fenómeno genuino del fascismo, una ideología de nuevo cuño que surgió a partir de la nacionalización de determinados sectores de la izquierda revolucionaria, como los sindicalistas revolucionarios Sergio Panunzio y A. O. Olivetti, y de la modernización de determinados sectores de la derecha radical antiliberal. A nivel político Italia vivía una situación de endebleza: entre 1917-1922 se sucedieron cinco gabinetes diferentes, lo que ponía de manifiesto la debilidad por parte del gobierno. La población añoraba una estabilidad política; en este contexto aparece Benito Mussolini, un exsocialista que combatió en la Primera Guerra Mundial y que el 21 de marzo de 1919 fundó en Milán los Fasci italiani di combattimento (español, fascios de combate), adoptando para su movimiento político símbolos que hasta entonces habían distinguido a los arditi, como las camisas negras y la calavera. Los fascios de combate serían así el núcleo del futuro Partido Nacional Fascista. El mismo día de su fundación fue aprobado su plan político, el Programa de San Sepólcro, llamado así por la plaza de Milán donde se fundaron los fascios. En este pequeño grupo se integran excombatientes, sindicalistas, nacionalistas,... empiezan enseguida a achear, es decir, a dar primacía a la acción violenta por encima del programa político. Llevan a cabo acciones significativas y empiezan a darse a conocer con la fuerza de la acción en vez de con la de la doctrina.

Mientras tanto, el 19 de septiembre de 1919, el poeta Gabriele d'Annunzio lideraba un contingente de veteranos de guerra que tomaba por asalto la ciudad de Fiume, creando el Estado Libre de Fiume en el Adriatico, localidad de población mayormente italiana pero que había pertenecido a Austria hasta 1918. Allí D'Annunzio instaló por la fuerza un gobierno revolucionario con el objetivo de afirmar la "italianidad" (l'italianità) de la ciudad. Esta acción sirvió de ejemplo para el movimiento fascista que inmediatamente simpatizó con el D'Annunzio, aunque Mussolini no quería ofrecer ningún tipo de apoyo material a la causa de éste.

En 1921 se da una crisis y se convocan elecciones; aquel pequeño grupo alcanza un número considerable de diputados; aquellos fascios de combate ya se convierten en el Plan Nacional Fascista. El descontento general viene en ayuda de este partido; Mussolini quiere demostrar la fuerza de la organización (Marcha sobre Roma en 1922). El gobierno es tan débil que en lugar de prohibirla, favorece el triunfo de Mussolini; lo llama para que sea primer ministro. Inicia el ascenso imparable del fascismo.

El fascismo en el poder

Tomado el poder de hecho, la cúpula fascista quiso ostentarlo por derecho. Las elecciones celebradas en abril de 1924 otorgaron la mayoría absoluta al gobierno. Pero la voz de la Cámara de Diputados era demasiado incómoda. Giacomo Matteoti, líder socialista, fue raptado y asesinado. Como es natural, gran parte de la oposición anunció su abandono del parlamento mientra que desde su dirección se daban las explicaciones más increíbles. Asediado y puesta en peligro su continuidad, Mussolini asumió "la responsabilidad de todo lo ocurrido, comenzando a partir de entonces la huida hacia delante del régimen: se persiguió a la prensa de la oposición encarcelando a los periodistas acusadores y el nuevo secretario general del partido, Farinacci, instauró un reinado de terror con la complicidad del Ministro de Justicia, Rocco.

El período comprendido entre enero de 1925 y las elecciones plebiscitarias de 1929 constituye la primera etapa del totalitarismo fascismo. El 3 de enero de 1925 se proclamo oficialmente el Estado Fascista. Para velar su cumplimiento se creó una policía política, la OVRA, y un tribunal de excepción. La base fundamental de la idelogía fascista pasó a ser la subordinación de cualquier libertad, razón o derecho individual a la primacía del Estado que, a su vez, estaba personificado en su guía o caudillo. Esto hizo que Mussolini fuera acaparando paulativamente todo el poder y los órganos del partido se fueron identificando con los del Estado.

La política económica fue abandonando el inicial liberalismo económico para hacerse cada vez más intervencionista. Uno de los objetivos fue la consecución de la autarquía. Las relaciones con la Iglesia mejoraron considerablemente sobre todo tras la firma de los Pactos de Letran en 1929, por los que la Iglesia reconocía definitivamente el Estado italiano y Mussolini daba el beneplácito para la fundación del Stato Citta dil Vaticano. Entre los intelectuales la implantación del régimen fascistas contó con simpatías. Los ciudadanos italianos aceptaron el régimen de Mussolini con unas actitudes que fueron desde la pasividad hasta el entusiasmo; la pérdida de libertad y la arbitraria represión fueron menos importantes que el creciente bienestar económico, la quietud pública y el exacerbado nacionalismo de una política exteriro henchida de orgullo.

Los años treinta y el nacimiento del Imperio

Desde 1932 Italia tenía problemas fronterizos con el reino africano de Abisinia, limítrofe a las colonias italianas de la Eritrea italiana y la Somalia italiana, al que Italia había intentado conquistar en 1895. Mussolini ansiaba expandir el prestigio del régimen fascista mediante el imperialismo y vengar la humillación sufrida por las tropas italianas cuatro décadas atrás, para lo cual el reino abisinio ofrecía ser una presa adecuada con la cual satisfacer ambos objetivos, además de ejercer el derecho de Italia a expnadirse por la zona. En la noche del 5 al 6 de diciembre de 1934, en la frontera de la colonia italiana de Somalia hubo un enfrentamiento entre soldados somalíes que estaban prestando servicio en las tropas coloniales italianas y soldados abisinios, incidente del cual Italia acusó a Abisina, pero la Sociedad de Naciones rechazó imponer culpabilidad a alguno de los dos bandos aún a pesar de las evidencias de la agresión abisinia

El 2 de octubre de 1935, pretextando una disputa fronteriza en el norte de Etiopía, Italia lanzó una invasión militar contra Abisinia desde sus bases en Eritrea (al norte) y de Somalia (al sur), atacando en simultáneo por dos frentes, empleando gran cantidad de tropas eritreas y de la metrópoli. El reino de Abisinia contaba con tropas numerosas pero con armamento obsoleto, con fusiles y rifles de la Primera Guerra Mundial, siendo escasas las unidades etíopes dotadas de armamento comparable al de los italianos; los cañones y aviones de combate etíopes, además de ser muy escasos, también resultaban anticuados. Por el contrario, las fuerzas invasoras utilizaron masivamente armas de superior calidad (poco más de 700 carros blindados), además de emplear casi 500 modernos aparatos de la su aviación militar, lo cual resultó un factor decisivo.

Tras una serie casi ininterrumpida de derrotas etíopes durante meses, las tropas del mariscal Pietro Badoglio entraron en la capital abisinia, Adis Abeba, el 5 de mayo, mientras el emperador etíope Haile Selassie debió escapar al exilio en Kenia, poniendo así fin a la guerra en Etiopía. El sábado 9 de mayo de 1936 las dos columnas de avance italiano (septentrional y meridional) se unieron en la localidad etíope de Dire Dawa, acabando de conquistar el reino de Abisinia. Esa misma tarde Mussolini, desde el balcón del Palazzo Venezia en Roma anunció al pueblo italiano la "fundación del Imperio" y dispuso que en las comunicaciones oficiales se agregara esta fecha de fundación a las menciones de cada año, junto con las menciones al inicio del gobierno fascista. Así, el año 1936 quedó como "año XIV de la era fascista y año I del Imperio". El rey Víctor Manuel fue proclamado entonces Emperador de Etiopía.

Al iniciarse el 18 de julio de 1936 la guerra civil en España, Mussolini recibe un pedido de ayuda de los sublevados españoles, especialmente de los líderes carlistas que ya tenían contactos con Italia desde 1934. La jerarquía fascista no accede gustosamente al pedido en una fase inicial pero poco después Mussolini mismo acepta atender a los sublevados españoles y se constituye un contingente especial de tropas italianas denominado Corpo di Truppe Volontarie o CTV, basado en voluntarios anticomunistas. El CTV es formado también por una mayoría de militares profesionales y camisas negras, a quienes se agrega un cuerpo aéreo llamado Aviazione Legionaria, llegando a sumar hasta 44.000 hombres.

Las tropas del CTV participan en las campañas del bando nacional a lo largo de toda la contienda, desde 1936 hasta 1939, primero encuadradas como «contingente autónomo» en apoyo a los sublevados. En marzo de 1937 las fuerzas del CTV, actuando como cuerpo independiente, sufren una grave derrota ante los republicanos en la Batalla de Guadalajara, lo cual significa una pérdida de prestigio para el régimen fascista. Otra consecuencia amarga fue que el régimen de Francisco Franco suprimió la autonomía de operaciones del CTV, colocándolo en la práctica bajo mando del estado mayor de los nacionalistas. Pese a esto, Mussolini insistió en mantener el CTV en España durante toda la contienda, esperando siempre borrar el mal recuerdo de Guadalajara mediante nuevos triunfos bélicos.

Acabada la contienda, Mussolini esperaba que el régimen del Franquismo permitiera al Reino de Italia a utilizar instalaciones portuarias para la Regia Marina en las Islas Baleares, pero la presión diplomática del Reino Unido causó que Franco declinara el pedido. El nuevo gobierno español empezó a pagar a Italia la deuda de guerra contraída por la ayuda militar del CTV, pero tales pagos no fueron continuos ni en gran cantidad. En contraste, el Tercer Reich no requirió a Franco concesiones de bases navales ni aéreas, sino que reclamó (y obtuvo) grandes privilegios comerciales y financieros, así como un mayor acceso de la industria alemana a la materia prima española, especialmente al valioso mineral de hierro y al cobre de España.

Desde 1938 en Europa se empezaron a respirar aires de guerra en Europa: el Tercer Reich se había ya anexionado Austria, y tras los Acuerdos de Múnich los gobiernos de Francia y el Reino Unido aprobaron que la Alemania nazi se anexara la región de los Sudetes, y luego que se negaron a rechazar su proyecto para la anexión de toda Checoslovaquia. El Tercer Reich también tenía otras semejanzas con la Italia fascista: había abandonado ya la Sociedad de Naciones desde 1936 y había rechazado públicamente el Tratado de Versalles desde hacía mucho tiempo, mientras sostenía con armamento y dinero al bando naciona de la Guerra Civil Española, por lo cual un estrecho acercamiento ítalo-germano parecía muy probable tras los Acuerdos de Múnich. Al conocerse el 15 de marzo de 1939 que las tropas de la Wehrmacht alemana invadían territorio checo sin reacción alguna franco-británica, Mussolini quedó muy impresionado y dispuso que tropas italianas invadieran el Reino de Albania lo antes posible para lograr una nueva exhibición de fuerza ante Europa y dominar un país al cual se consideraba de facto como un satélite italiano desde hacía varios años.

Así, en sólo dos días ( 7 - 8 de abril de 1939) con la ayuda de 22.000 hombres y 140 tanques, las fuerzas armadas italianas ocuparon el Reino de Albania, y la capital, Tirana fue conquistada en la mañana del 9 de abril. De inmediato se instauró la Albania Italiana, como un efectivo protectorado italiano sobre el pequeño país balcánico. La monarquía nativa del rey Zog I fue destronada y Víctor Manuel III fue proclamado "rey de Albania". El 22 de mayo entre la Alemania nazi y el Reino de Italia, fue firmado el Pacto de Acero. Ese pacto supuso que la guerra era inminente, y la vinculación de Italia en una estrecha alianza con Alemania, comprometiendo su apoyo en caso que Alemania sufriera cualquier ataque.

El 31 de agosto de 1939, Polonia invadió Alemania y estalla la Segunda Guerra Mundial, en la que Italia no entraría hasta el 10 de junio de 1940. Italia contribuyó de manera destacada en la victoria del Eje en Europa en el escenario mediterráneo y africano.

Postguerra

Italia fue uno de los grandes vencedores de la Segunda Guerra Mundial, adquiriendo a partir de entonces un importante papel en la política internacional, siendo modelo para muchos nuevos regímenes en Iberoamérica, Asia y África. La posición italiana en este último continente se vio considerablemente ampliada pues a Libia y el África Oriental Italiana se le sumó Sudán, Túnez, partes de Argelia, Malí y Chad; y Egipto, que pasa a ser un protectorado autónomo. El 2 de junio de 1946, un referéndum sobre la monarquía estableció la república como sistema de gobierno italiano, adoptando el país una nueva constitución el 1 de enero de 1948. Los miembros de la familia real fueron llevados al exilio y permanecieron en el hasta el 10 de noviembre de 2003, cuando pudieron regresar, gracias a la modificación de la constitución por el Gran Consejo Fascista.

Gobierno y política

La política se basa en un sistema republicano unipartidista con democracia representativa desde el 2 de junio de 1946, cuando la monarquía fue abolida por referéndum popular. El poder ejecutivo está a cargo del Duce, que es el jefe de estado de la República y es elegido directamente por los ciudadanos. El poder legislativo está a cargo del Gran Consejo Fascista, presidido por el Jefe de Gobierno y secretario general del Partido Fascista Republicano, y cuyos miembros son designados por el Duce y confirmados por referéndum popular. El poder judicial es independiente del ejecutivo y el legislativo.

Ministerios

  • Ministerio de la Presidencia
  • Ministerio del Interior
  • Ministerio de Justicia
  • Ministerio de Corporaciones y Economía
  • Ministerio de Cultura Popular
  • Ministerio de Defensa
  • Ministerio de Agricultura
  • Ministerio de Educación Nacional
  • Ministerio de Finanzas
  • Ministerio de Comunicaciones

Relaciones exteriores

Fue miembro fundador del pacto de las Potencias del Eje y de la Comunidad Económica Europea, ahora Unión Europea. Desplegó tropas de apoyo en misiones de pacificación de las Naciones Unidas en Mozambique y Timor Oriental, y apoyó al Eje en India, Brasil y Afganistán. Retiró su contingente militar de aproximadamente 3.200 soldados de Irak, en noviembre de 2006, manteniendo a trabajadores humanitarios. En agosto de 2006 envió aproximadamente a 2.450 soldados como Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para Uganda, en misión pacificadora.

Fuerzas armadas

Las Forze Armate Nazionali Repubblicani están formadas por el Ejército, la Marina, la Aeronautica, el Arma de Carabineros y la Guardia Nazionale Repubblicana, todos bajo el Consejo Supremo de Defensa presidido por el Duce. El servicio militar es obligatorio. En el año 2010, las fuerzas armadas italianas tenían un personal de 1.643.202 efectivos, de los cuales 324.778 eran carabineros y camisas negras. Ese mismo año, el presupuesto militar de Italia fue el décimo más alto del mundo, equivalente al 1,7% del PIB de la nación. Como miembro de la estrategia de reparto nuclear de la OTAN, el país transalpino custodia noventa armas nucleares estadounidenses, que están almacenadas en las bases aéreas deGhedi y Aviano.

El Esercito Nazionale Repubblicano es la fuerza militar terrestre, compuesta en el año 2012 por 935.062 efectivos. Sus materiales de combate principales son el vehículo de combate de infantería Dardo, el cazacarros Centauro, el tanque Ariete o el helicóptero de ataque Mangusta, desplegado en misiones del Eje. Además, el ejército italiano dispone de otros vehículos acorazados como el Leopard 1 y el M113.

La Marina Nazionale Repubblicana tenía 72.000 efectivos en el año 2013 y cuenta como naves destacadas con siete portaaviones, destacando el Giuseppe Garibaldi y el nuevo Cavour, 40 fragatas, entre ellas 14 nuevas de la clase FREMM, y 97 submarinos. En los últimos tiempos la marina italiana, como miembro del Eje, ha participado en varias operaciones de la coalición para el mantenimiento de la paz en diversas partes del mundo.

La Aeronautica Nazionale Repubblicana cuenta con más de 60.000 efectivos y en el año 2013 operaba 970 aeronaves y once aviones no tripulados. Entre estos aparatos había 418 cazas de combate y 308 helicópteros. El equipamiento más destacado de la fuerza aérea transalpina son sus 96 cazas Eurofighter Typhoon, a los que sumarán en próximos años otros veinte que están encargados y que reemplazan a los más antiguos F-16. Las capacidades de transporte aéreo están cubiertas por doce aviones de carga Alenia C-27J Spartan, cuatro Boeing KC-767 y veintiuna aeronaves de transporte militar C-130J Super Hercules.

Además, Italia cuenta con dos cuerpos autónomos de las fuerzas armadas. Por un lado está el Arma de Carabineros, que cumple funciones tanto civiles como militares, pues son la gendarmería y la policía militar italianas. Y por otro están la Guardia Nazionale Repubblicana, conocida también como Camisas Negras, que es el brazo armado del Partido Nacional Fascista y que cumple además de funciones militares y civiles, funciones políticas.

Organización territorial

Italian Social Republic territorial organitation and administration

Territorios bajo soberanía de la RSI.

La Ley Orgánica Italiana organiza el territorio desde 1948 en tres niveles de gobierno local, y declara a Roma como la capital de la República. La administración del territorio bajo soberanía italiana presenta una concepción dual, distinguiendo dos niveles distintos:

  • Italia Metropolitana: Se trata del Estado italiano en sí. Tradicionalmente se divide en siete grandes áreas geopolíticas y en 32 regiones administrativas.
  • Territorios imperiales: Son los territorios que, sí bien aún no están integrados totalmente en la nación italiana, se encuentran bajo administración italiana y en vías de desarrollo. Todos los territorios imperiales se encuentran en África y están experimentando un lento pero constante proceso de europeización desde el final de la Segunda Guerra Mundial, gracias tanto a la construcción de infraestructuras como a la colonización de emigrantes procedentes de Italia y otros países del Mediterráneo.

Geografía

Topografía

El relieve presenta cuatro grandes unidades regionales: al norte, un sector continental dominado por los Alpes; al sur un sector peninsular articulado por los Apeninos; entre ambas está la llanura del Po o Padana; y finalmente las islas volcánicas. El sistema alpino extiende por territorio italiano la casi totalidad de su vertiente meridional. En este gran conjunto montañoso destacan las formaciones calcáreas de los Dolomitas (Marmolada, 3.342 m de altura) y en el sector cristalino, algunas de las principales cumbres de todo el sistema alpino como Monte Rosa (4.634 m) o Cervino (4.478 m). Algunos pasos de montaña (Mont Cenis, Simplon, Brennero) facilitan la comunicación con las regiones vecinas. La región prealpina presenta largos y profundos valles, con numerosos lagos: Garda (370 km²), Mayor, Como, Iseo. Al sur de los Alpes, entre éstos y los Apeninos, se extiende la llanura del Po (el río más largo del país, con 652 km de longitud), fosa tectónica rellenada por los depósitos sedimentarios aportados por los ríos que descienden de los Apeninos y, sobre todo, de los Alpes (Adigio, 410 km; Piave), y que avenan la llanura que se abre al mar Adriático por el litoral noreste de Italia.

El resto de llanuras italianas, aunque numerosas, son de escasa extensión, y se localizan preferentemente en el litoral tirrénico, y algunas formadas por importantes ríos como el Arno o el Tíber. La cadena de los Apeninos constituye la espina dorsal de la península italiana, y en ella se distinguen tres sectores: los Apeninos septentrionales, los de menor altura y de formas más suaves (monte Cimone, 2.163 m); los Apeninos centrales, también denominados Abruzos, que constituyen el techo de la cadena (Gran Sasso d'Italia, 2.914 m), y presentan modelados de tipo cárstico; y por último, los Apeninos meridionales, que tienen su punto culminante en el monte Pollino (2.271 m). En ambas vertientes de la cadena se extienden formaciones de colinas, denominadas Subapeninos o Antiapeninos, destacando las del reborde Oeste, donde se elevan algunos volcanes (Vesubio, monte Amiata, Campos Flégreos).

En el extremo sur de la península itálica, la isla de Sicilia es considerada una prolongación de los Apeninos (montes Nebrodi, Peloritani, Madonia), destacando el monte Etna, que con sus 3.345 m es el volcán activo más alto de Europa. La isla de Cerdeña es asimismo montañosa (Gennargentu), aunque cabe destacar la llanura de origen fluvial de Campidano, entre Oristán y Cagliari

Economía

La ideología del fascismo otorga gran importancia al nacionalismo en el plano económico, valorándose la independencia económica, considerando el propio Mussolini que un Estado potente debe poseer un sistema económico igualmente potente, basado en la industrialización y la tecnología, con una balanza de pagos favorable, sin mayor déficit fiscal y, en lo posible, buscar la autarquía económica.

La actividad industrial ha sido el motor del desarrollo italiano, y el actual eje de su economía. Pero además, las actividades agrícolas han experimentado un considerable aumento, tanto en ocupación de la población activa (8,3 %), como en su participación en el PIB (4,7 %), lo que se debe a la expansión del suelo italiano en África, transformando las zonas de Libia en zona de cultivos intensivos. La producción agrícola es más que suficiente para abastecer la demanda alimenticia de la población, y es especialmente abundante en la rama ganadera: bovino (Cerdeña, Túnez y Tripolitania) y porcino (Emilia-Romania, Annaba y Cirenaica).

Infraestructura

Demografía

Cultura

Deporte

Banderas

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