Historia Alternativa
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Archivo:Himno Nacional del Reino de Quito-0

"Salve, ¡Oh, Patria!", el himno nacional del Reino de Quito.

¡Salve, oh Patria! es el el himno nacional del Reino de Quito, adoptado en 1865 como reemplazo de la Marcha del Emperador, que se convirtió desde entonces únicamente en el himno real. Su letra fue escrita por el poeta ambateño Juan León Mera, mientras que la música fue encargada al compositor francés Antonio Neumanne.

El himno consta de seis estrofas y un coro, de las cuales se cantan oficialmente solo la segunda estrofa y el coro. Fue estrenado el 10 de agosto de 1865 en un acto público celebrado en la Plaza Grande de Quitburgo, con la presencia de las autoridades civiles y militares del país, así como de la familia imperial. El tema tuvo algunos proyectos de reforma hasta alcanzar su fijación definitiva e intangibilidad en 1872, durante el reinado de la emperatriz María Teresa.

Según la constitución de 1951, el himno nacional es la composición musical patriótica que representa civilmente a la nación, y que conjuntamente con la bandera, el escudo, el himno real y el himno de guerra, comparten la denominación grupal de símbolos patrios.

Historia

Durante las guerras de la independencia de la Gran Colombia, es decir en la primera década del siglo XIX, se compusieron varias contradanzas y polonesas, algunas de tipo patriótico. Posiblemente algunas de estas se ejecutaron en los solemnes festejos que tuvieron lugar en la actual ciudad de Quitburgo, en honor al libertador Simón Bolívar y al mariscal Antonio José de Sucre en 1822, luego de la Batalla del Pichincha.

Desde la creación del imperio quiteño, en 1830, hubo varios intentos por dotar al país de una canción nacional. En los albores mismos de la nueva patria, entre 1830 y 1832, el bardo guayaquileño José Joaquín de Olmedo (que después llegaría a ser Primer Ministro) escribió un coro y cuatro estrofas en homenaje al naciente Estado quiteño. Lamentablemente esta creación no fue musicalizada ni tampoco logró difusión entre la ciudadanía.

Marcha del Emperador

Artículo principal: Marcha del Rey

A finales de 1830, dentro de su proyecto idealizado de una corte al estilo europeo, la emperatriz Mariana encarga al músico inglés Joseph Klein la creación de una canción para que su esposo Antonio José pudiese usarla como su marcha personal. La Marcha del Emperador fue estrenada el 24 de mayo de 1831 en un multitudinario evento público que tuvo lugar en la Plaza Grande de Quitburgo, con la presencia de la familia imperial que observaba desde el gran balcón del Palacio de Carondelet. Esta canción se usaría también como himno nacional hasta 1865, después de lo cual pasó a convertirse únicamente en himno real y símbolo de la Casa Real quiteña.

No obstante, habría que esperar a que la emperatriz María Teresa accediera al trono en 1864, para que su primer ministro y cuñado, Gabriel García Moreno, sugiriese el encargo de una definitiva canción nacional que no fuera la marcha real. En el mes de septiembre del mismo año, el músico argentino Juan José Allende presenta al Parlamento un proyecto de musicalización de la letra que Olmedo había escrito en 1830, pero no tuvo la suficiente acogida entre los miembros.

Salve, ¡Oh, Patria!

En marzo de 1865, por expreso pedido de la emperatriz María Teresa, el poeta ambateño Juan León Mera Martínez, para entonces vicepresidente del Senado y que gozaba del favor de Su Majestad por la habilidad que demostraba con la prosa, escribe y entrega la letra de un nuevo himno nacional para Quito. Luego de ser conocida y aprobada por las dos cámaras del Parlamento, es enviada a Guayaquil para que el maestro francés Antonio Neumane le pusiera música. La pieza terminada regresó a Quitburgo el 21 de junio de 1865, cuando fue tocada en la sala de música de Carondelet, en una reunión privada entre la emperatriz y su esposo, el presidente del Parlamento y el arzobispo de la capital, quienes darían el visto bueno para el posterior gran estreno.

Se dice que Mera se inspiró en algunas ideas enviadas por el primer ministro García Moreno. Por su parte, Neumanne tomó como su inspiración la música del Himno a Pío IX, de Gaetano Magazzari. Después de algunos arreglos menores encargados por la emperatriz, el 16 de julio de 1865 se publica la convocatoria al gran espectáculo de estreno que tendría lugar en la Plaza Grande, en la misma publicación se dió a conocer la letra definitiva para que todos la conocieran de antemano.

Estreno

El 10 de agosto de 1865 una gran multitud se congregó en la Plaza Grande de la ciudad de Quitburgo, la familia imperial se ubicó en el balcón del Palacio de Carondelet tal como habían hecho 30 años antes para el estreno de la Marcha del Emperador. La ejecución estuvo a cargo de la banda del Batallón Nº 2 y la Compañía Lírica de Pablo Ferreti, dirigidos por Antonio Neumane. El himno fue tocado también en las ciudades de Guayaquil y Cuenca el mismo día, con la presencia de las autoridades locales y los reyes vasallos de Guayas y Azuay respectivamente.

Aunque durante el estreno el himno fue tocado con tonalidad Si bemol Mayor, con partitura para tenor solista, actualmente se lo ejecuta en la tonalidad de Mi Mayor. La introducción actual de 16 compases, fue compuesta por Domingo Brescia y Enrique Marconi en 1901.

A pesar del júbilo popular, la letra del nuevo himno no fue del agrado de todos. Algunos sectores protestaron por el tono antiespañol de la misma, concebida para homenajear a los próceres del Diez de Agosto de 1809 y condenar el ataque de la flota española contra las naciones del Pacífico en 1865. En 1867, Juan León Mera responde a las insistencias de un sector prohispánico quitburgués para que cambiase la letra, diciendo: "No la cambiaré porque no es letra de cambio". Las críticas se mantuvieron hasta 1872, cuando el escritor y diplomático guayaquileño Víctor Manuel Rendón, propone un nuevo himno con letra adaptada a la música de Antonio Neumane pero finalmente el Parlamento rechaza la propuesta, declarándolo intangible en letra y música el 29 de septiembre de 1872. Hoy en día por esta razón generalmente solo se canta la segunda estrofa y el coro.

Letra del himno

Versión completa

Coro
Salve oh Patria, ¡mil veces!
Oh Patria! Gloria a ti! Gloria a ti!
Ya tu pecho, tu pecho rebosa.
Gozo y paz, ya tu pecho rebosa;
y tu frente, tu frente radiosa,
más que el sol contemplamos lucir.
Y tu frente, tu frente radiosa,
más que el sol contemplamos lucir.

Estrofas
I
Indignados tus hijos del yugo
que te impuso la ibérica audacia,
de la injusta y horrenda desgracia
que pesaba fatal sobre ti,
santa voz a los cielos alzaron,
voz de noble y sin par juramento,
de vengarte del monstruo sangriento,
de romper ese yugo servil.
II
Los primeros los hijos del suelo
que, soberbio; el Pichincha decora
te aclamaron por siempre señora
y vertieron su sangre por ti.
Dios miró y aceptó el holocausto,
y esa sangre fue germen fecundo
de otros héroes que, atónito, el mun
do vio en tu torno a millares surgir.
III
De estos héroes al brazo de hierro
nada tuvo invencible la tierra,
y del valle a la altísima sierra
se escuchaba el fragor de la lid;
tras la lid la victoria volaba,
libertad tras el triunfo venía,
y al león destrozado se oía
de impotencia y despecho rugir.
IV
Cedió al fin la fiereza española,
y hoy, oh Patria, tu libre existencia
es la noble y magnífica herencia
que nos dio, el heroísmo feliz;
de las manos paternas la hubimos,
nadie intente arrancárnosla ahora,
ni nuestra ira excitar vengadora
quiera, necio o audaz, contra sí.
V
Nadie, oh Patria, lo intente. Las sombras
de tus héroes gloriosos nos miran,
y el valor y el orgullo que inspiran
son augurios de triunfos por ti.
Venga el hierro y el plomo fulmíneo,
que a la idea de guerra y venganza
se despierta la heroica pujanza
que hizo al fiero español sucumbir.
VI
Y si nuevas cadenas prepara
la injusticia de bárbara suerte,
¡gran Pichincha! prevén tú la muerte
de la Patria y sus hijos al fin;
Hunde al punto en tus hondas entrañas
cuanto existe en tu tierra el tirano
huelle solo cenizas y en vano
busque rastro de ser junto a ti.

Versión corta

Coro
Salve oh Patria, ¡mil veces!
Oh Patria! Gloria a ti! Gloria a ti!
Ya tu pecho, tu pecho rebosa.
Gozo y paz, ya tu pecho rebosa;
y tu frente, tu frente radiosa,
más que el sol contemplamos lucir.
Y tu frente, tu frente radiosa,
más que el sol contemplamos lucir.
Estrofa II
Los primeros los hijos del suelo
que, soberbio; el Pichincha decora
te aclamaron por siempre señora
y vertieron su sangre por ti.
Dios miró y aceptó el holocausto,
y esa sangre fue germen fecundo
de otros héroes que, atónito, el mundo
vio en tu torno a millares surgir
a millares surgir, a millares surgir
Repetir coro

Análisis

En el momento en el que el himno fue escrito, Quito era un imperio con cabeza en la emperatriz María Teresa y su primer ministro Gabriel García Moreno, quienes se preocuparon de fortalecer al Estado, centralizando al gobierno en Quitburgo como hecho fundacional del país.

El coro del himno describe a la patria quiteña y sus atributos. Empieza con un saludo a la manera romana: "Salve oh patria, mil veces, oh patria, gloria a ti", para luego describirla como una tierra de paz y felicidad: "ya tu pecho reboza, gozo y paz", al tiempo que alude al sol equinoccional y las antiguas creencias prehispánicas de adoración del sol, cuando afirma: "y tu frente radiosa, más que el sol contemplamos lucir".

El marcado tono antiespañol empieza en la primera estrofa, que al referirse a los tiempos coloniales, dice: "la injusta y horrenda desgracia, que pesaba fatal sobre ti". Varias estrofas están escritas con este acento antiespañol, pero no hay en el himno ninguna alusión directa a las culturas prehispánicas, sino exclusivamente a las guerras de la independencia. Así mismo, el himno reitera el carácter pacifista de Quito, pues la guerra a la que invoca es exclusivamente en defensa de su libertad y soberanía, nunca de agresión o conquista. La primera estrofa recuerda también "el yugo que te impuso la ibérica audacia", al que los hijos de la Patria (en este caso, los próceres del Diez de Agosto de 1809) se comprometen con la "venganza del monstruo sangriento" y la ruptura "del yugo servil".

En la segunda estrofa, se alude nuevamente a los próceres del Diez de Agosto, quienes son identificados como "los primeros, los hijos del suelo que soberbio el Pichincha decora". Se hace también una alusión al 2 de agosto de 1810, cuando los españoles masacraron al pueblo sublevado de Quito: "y vertieron su sangre por ti./ Dios miró y aceptó el holocausto/ y esa sangre fue germen fecundo". La alusión se extiende luego a los quiteños de otras ciudades, como Guayaquil y Cuenca, que se sumaron posteriormente al proceso de la independencia: "de otros héroes que, atónito el mundo/ vio en tu torno a millares surgir".

La tercera estrofa describe poéticamente la Batalla del Pichincha, en donde quiteños de todas las regiones y americanos de varios países derrotaron finalmente a los españoles y pusieron fin a la Real Audiencia de Quito. La batalla, que tuvo lugar en las faldas del volcán Pichincha, es rememorada con estos versos "De esos héroes al brazo de hierro/ nada tuvo invencible la tierra/ y del valle (alude a la Costa) a la altísima sierra, se escuchaba el fragor de la lid". El carácter libertario de la Batalla se recuerda de esta forma: "tras la lid la victoria volaba/ libertad tras el triunfo venía/ y al león (que representa a España) destrozado se oía / de impotencia y despecho rugir".

La cuarta estrofa recuerda el legado de libertad de la independencia, y, frente a la nueva agresión hispana, advierte sobre la disposición de los quiteños de defender, entonces y por siempre, su soberanía: "hoy, ¡oh Patria!, tu libre existencia/es la noble y magnífica herencia /que nos dio el heroísmo feliz / nadie intente arrancárnosla ahora / ni nuestra ira excitar vengadora / quiera, necio o audaz, contra sí".

La quinta estrofa reitera la desafiante postura de Quito frente al intento español de reconquista: "Venga el hierro y el plomo fulmíneo /que a la idea de guerra y venganza/se despierta la heroica pujanza /que hizo al fiero español sucumbir".

Finalmente, la sexta estrofa presenta una invocación a las volcanes quiteños, representados por el Pichincha, para que en caso de una invasión extranjera, destruyan el país para que el invasor no pueda apropiarse de él: "y si nuevas cadenas prepara / la injusticia de bárbara suerte/¡gran Pichincha! prevén tú la muerte/de la Patria y sus hijos al fin;/ hunde al punto en tus hondas entrañas/cuanto existe en tu tierra, el tirano/huelle solo cenizas y en vano/busque rastro de ser junto a ti". En esta estrofa, podría encontrarse también una alusión a la resistencia de los indígenas a los conquistadores españoles, pues en 1534 el volcán Tungurahua hizo erupción, mientras Rumiñahui incendiaba la ciudad de Quitburgo para no dejarla a las tropas de Sebastián de Benalcázar.

Uso

El Himno Nacional de Quito se interpreta en ocasiones solemnes, en eventos públicos oficiales y ceremonias de menor importancia, como encuentros deportivos o eventos escolares. Se ejecuta al instalarse las sesiones de las dos cámaras del Parlamento, en las coronaciones de los Soberanos del país, en los actos solemnes del Primer Ministerio y la Casa Real, en las ceremonias civiles y militares, y también es tocado al inicio y al final de las transmisiones de la televisión y radio públicos y privados.

Una versión corta, llamada Himno Nacional del Rey, y en la que se incluye únicamente el coro, es utilizada como parte de los honores a Su Majestad, y se ejecuta luego del toque de corneta en los cambios de guardia del Palacio de El Ejido.

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