Historia Alternativa
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NOTA IMPORTANTE: Este artículo es una historia de puro ASB, por lo que va en la categoría correspondiente.

Además, quiero aclarar que la historia es una mera traducción, no es de mi autoría. Todo el crédito va para el autor original. Si alguno quiere leer la historia original en INGLÉS, dejo el link aquí. http://rvbomally.deviantart.com/gallery/40316591/Scarlet-Storm

La Tierra de la preguerra[]

El siglo XIX fue un siglo de grandes cambios para la humanidad de la preguerra. El final del siglo XVIII vio las revoluciones francesa y americana, dos eventos que cambiaron para siempre la balanza de poder terrestre. La revolución americana creó lo que se convertiría en dos de los estados humanos más poderosos del Sistema Solar. La revolución francesa vio a Europa arrastrada en una guerra de veinticinco años y dio lugar al conflicto entre nacionalismo y liberalismo y el aparente fin del viejo sistema aristocrático, un conflicto que definiría la historia europea hasta la década de 1860.

Para la década de 1860, los continentes europeo y norteamericano estaban atravesando un enorme cambio tecnológico. La revolución industrial, que comenzó en Gran Bretaña en la década de 1830, permitiendo a la humanidad controlar recursos que la humanidad no podría ni soñar sólo un siglo atrás. Los ferrocarriles, cruciales para la Revolución Industrial de la humanidad, zigzageaban por partes de Europa y Norteamérica. La revolución industrial también trajo tremendos cambios sociales, como la urbanización masiva. Muchos historiadores alegan que la revolución industrial fue la clave para el triunfo de la humanidad sobre Marte; si los marcianos hubieran invadido la Tierra solo un siglo antes, la Tierra hubiera caído fácilmente.

Al contrario que Marte, la Tierra estaba dividida políticamente. El centro de la fuerza humana era el continente europeo, dividido entre las grandes potencias del Reino Unido, Francia, Prusia, Austria y Rusia, junto con varias potencias menores y potencias en caída. La mayor de todas era el Reino Unido, una mole industrial con un imperio económico y colonial global. Éste, junto a Francia, dirigió a Europa occidental por un proceso gradual de liberalización e industrialización. Los franceses, bajo el emperador Napoleón III, querían ver un retorno a la gloria que Napoleón Bonaparte llevó a Francia al principio del siglo XIX. Al otro lado del continente se hallaba el estado autocrático de Rusia, un estado con una resistencia eterna a los cambios que fluían por el planeta. Sin embargo, la desastrosa derrota de los ejércitos rusos en la Guerra de Crimea llevó al zar ruso, Alejandro II a perseguir reformas graduales. Entremedias se encontrabajn los estados alemanes de Prusia y Austria. Austria era otra isla de conservadurismo, había sufrido una reciente derrota a manos de Francia y el Piamonte y estaba aislada diplomáticamente del resto del continente. Prusia, que pronto se encontraría bajo el liderazgo del gran Otto von Bismarck, era una potencia emergente que aspiraba a unir todos los dispersos estados alemanes bajo su mando.

Norteamérica estaba dominada por los Estados Unidos, que antes de la Guerra Marciana estaba luchando su propia guerra civil. Alzados en armas por disputas sobre la esclavitud y los derechos de los estados, once estados del Sur se separaron de los Estados Unidos para formar los Estados Confederados de América. Para cuando comenzó la invasión marciana, los dos países ya llevaban un año de guerra, y ambos ejércitos eran mucho mayores que el de los Estados Unidos anterior a 1860. Mientras tanto, México estaba en una guerra civil, con las fuerzas imperiales apoyadas por los franceses contra los mexicanos que querían una república. Los ejércitos de Norteamérica demostrarían ser vitales para el esfuerzo de guerra de la humanidad contra Marte.

El Marte de la preguerra[]

Mil quinientos años antes de la Guerra Marciana, Marte fue unificado por la emperatriz Valeria la Grande (Los nombres marcianos no se pueden traducir a ningún idioma terrestre, así que se les asignan nombres). Su madre, Aquila, unificó los desunidos estados del litus marciano, rompiendo las barreras económicas que impedían el desarrollo industrial de Marte. Valeria heredó un imperio fuerte y unido con una capacidad tecnológica e industrial que eclipsaba a la del resto del planeta. Para evitar que el imperio se fracturara, Valeria lanzó una serie de campañas de conquista contra los nómadas de los desiertos y estepas marcianos, algo que ningún marciano pelágico había considerado antes. La invención del hexápodo permitió a los marcianos acuáticos mantener una campaña efectiva contra las diferentes especies inteligentes que habitaban las secas tierras altas marcianas. Cuando murió, en el año 382 después de Cristo, Marte estaba casi en su totalidad bajo el dominio de la dinastía Valeria. Sólo las tribus telúricas del Monte Olimpo y los casquetes polares no pagaban tributos a la Hija del Mar y el Vacío. Aunque se fracturo brevemente tras la muerte de Valeria, el imperio fue reunido por su capad hija Alba, iniciando una dinastía que duraría hasta el siglo XIX.

Para el siglo XVII, la biosfera marciana estaba contra las cuerdas. Los grandes océanos que los pelágicos alguna vez habían llamado hogar se habían secado; la poca agua que quedaba era bombeada desde los polos hasta las ciudades por los famosos canales marcianos. Durante los siglos XVII y XVIII, los marcianos trataron de remediar el agua transportando agua desde Venus, la joya del Imperio Marciano. El estrés causado en la demanda por el aumento de la demanda durante el final del siglo XIX causó un gran cambio en las políticas marcianas. Bajo el dominio del gobernador telúrico Ambrosio, los nativos venusianos eran forzados a trabajar en grandes fábricas de purificación de agua, que se lanzaban hacia Marte por un sistema de cañones planetarios. Éste tratamiento hizo que Ambrosio se ganara el resentimiento de los jefes nativos venusianos, que habían sido autónomos por gran parte del dominio marciano en Venus. El asesinato del gobernador por el líder tribal Cynwrig llevó a la Guerra Cosúm que duró una década, y acabó con un compromiso entre los nativos venusianos y los marcianos.

Para el siglo XIX, el imperio marciano era una cáscara en putrefacció, una sombra de su antiguo poder. La monarquía fue desposada de gran parte de su poder durante la Reforma Domitiana; gran parte del poder estaba en manos de un senado aristocrático. La reina Aurelia heredó un Marte que estaba al borde del colapso. Las especies telúricas, inspiradas por el éxito de los venusianos en la Guerra Cosúm, pidieron más autonomía y representación en el senado marciano. El ejército, humillado por la Guerra Cosúm, quería una victoria para redimir su prestigio. Aunque Aurelia era reformista de corazón, se alineó con los militares, y les permitió lanzar una rápida campaña contra las ciudades-estado de las lunas de Júpiter en 1834. Ésta maniobra resultó en el tiro saliendo por la culata para Aurelia, pues el ejército usó la campaña para demandar más guerras, como una invasión de la Tierra. La Tierra fue largamente evitada por el imperio marciano que se centró en la colonización de Venus con siglos de de exploración científica y acuerdos comerciales. Los marcianos sabían que la Tierra albergaba vida, y tras la revolución industrial se enteraron de que albergaba vida inteligente. El ejército presionó para iniciar una guerra contra los "Jasumianos", una victoria fácil a su parecer. La Tierra podría servir como un segundo hogar para los marcianos. Aurelia non iba a aceptar esto, queriendo al ejército marciano en Marte en caso de rebelión. El ejército respondió rodeando el palacio imperial con trípodes. Bajo amenaza de muerte, Aurelia fue obligada a transofrmar Marte en una monarquía constitucional, con el ejército al mando no oficial del imperio. El ejército tendría su guerra contra la Tierra.


Guerra entre la Tierra y Marte[]

Los aterrizajes en Tartaria[]

Los militares marcianos reconocieron el rol central que Eurasia jugaba en la geopolítica terrestre. Mediante observaciones telescópicas, el ejército marciano determinó que Eurasia era el continente más poblado y avanzado tecnológicamente, dos signos claros de importancia geopolítica. El contiente eurasiático también proporcianaba un gran terreno inicial: los amplios espacios abiertos del desierto de Gobi. Éste entorno pareció ser el más parecido a los altiplanos marcianos. Las observaciones telescópicas demostraron que ésta región estaba escasamente poblada, liberando a las fuerzas de choque marcianas de posiciones fortalezidas en algún otro lugar del planeta. Consecuentemente, las fuerzas que aterrizaron en la Tartaria estaban solo ligeramente mecanizadas. Una vasta mayoría de la fuerza marciana estaba compuesta de reclutas telúricos y caballería.

Las fuerzas marcianas aplastaron fácilmente a los humanos nómadas locales. Aunque la caballería humana provó ser un rival serio para la caballería e infantería marcianas, no tuvieron ninguna oportunidad contra los trípodes y otras máquinas de guerra pesadas. Las tácticas militares marcianas, basadas en aquellas utilizadas para unificar Marte siglos atrás, permitieron a los marcianos asegurar victorias rápidas. Princesas marcianas fueron traídas al territorio recientemente capturado para gobernarlo junto al ejército.

Esos aterrizajes iniciales pusieron a Marte en conflicto con los grandes imperios de Rusia y China. Preguntando a locales capturados, algunos marcianos se enteraron de que estos imperios masivos aplastarían a las fuerzas marcianas de patrulla mientras las unidades más pesadas estaban preocupadas por Europa y Norteamérica. Sin embargo, el comando militar marciano discutía sobre si cualquier intento de resistencia humana sería aplastado por la superioridad tecnológica marciana. Un conflicto inició entre la princesa Julia y el general Andronikos; la primera quería consolidar las ganancias marcianas en la estepa, mientras que el segundo buscaba golpear en el Sur hacia China y al Norte contra Rusia antes de que alguno de éstos imperios pudiera mobilizar sus defensas. Julia, técnicamente la jefa de Andronikos, prohibió a las fuerzas marcianas hacer algún advance e intento iniciar el diálogo con las potencias humanas. Sin embargo, Andronikos ganó una concesión importante: Las fuerzas marcianas podrían perseguir a los humanos si éstos disparaban primero. Secretamente, Andronikos ordenó a sus soldados saquear asentamientos humanos para provocar contraataques. Sólo era cuestión de tiempo antes de que las fuerzas humanas fueran forzadas a atacar.

Los aterrizajes en Europa[]

A pesar de que los marcianos establecieron su base de operaciones en el corazón de Eurasia, también planearon golpear las zonas más industrializadas de la Tierra. Los altos mandos marcianos, que erroneamente asumieron que había comunicación global, creyeron que si los marcianos demostraban su fuerza tecnológica y militar contra las naciones nativas más poderosas, la rendición incondicional sería rápida.

Los mejores ejemplos del temible ejército marciano fueron elegidos para la invasión de Europa. Bajo el mando del general Isidora y la princesa Séptima, la fuerza marciana tenía una cantidad desproporcionada de unidades pesadas y mecanizadas. Se hicieron pocos planes para ocupar el territorio europeo, o incluso para mantener el material militar; se asumió que una demostración de fuerza abrumadora obligaría a los nativos a pedir la paz inmediatamente. Los planes pedían un aterrizaje inicial en Francia y Gran Bretaña, las áreas más desarrolladas, que avanzaría hacia el oeste para unirse con las fuerzas marcianas en la Tartaria, destruyendo todo a su paso.

La situación militar de las fuerzas humanas en Europa variaba mucho, con algunos ejércitos mucho más capaces de resistir la invasión que otros. La potencia militar y económica dominante, el Reino Unido, podría ofrecer teóricamente la mayor resistencia. Sin embargo, el Reino Unido era principalmente una potencia naval, y los marcianos no tenían ningún plan para luchar en los mares. Aunque se hicieron reformas en el ejército tras la embarazosa actuación en la Guerra de Crimea y tenían cañones mucho más capaces que ningún otro estado humano, los británicos no se esperaban tener que depender de su ejército terrestre para defender sus islas. Aún más, los marcianos reconocieron la amenaza británica y destinaron un tercio de su fuerza para atacarlos. En el continente, las fuerzas terrestres estaban mucho más desarrolladas pero menos avanzadas tecnológicamente. Francia y Prusia tenían ambas grandes ejércitos terrestres y estaban razonablemente industrializados. En el este, el estado autocrático de Rusia tenía la capacidad de levar un ejército inmenso, pero también tenía poca capacidad industrial.

La situación política en Europa no parecía conducir a una cooperación entre las potencias. Aunque el Congreso de Viena intento reforzar la cooperación europea tras las guerras napoleónicas, muchas de las potencias europeas desconfiabas las unas de las otras y tenían agencias conflictivas. Los británicos estaban desinteresados en los asuntos continentales y desconfiaban de los imperios francés y ruso. Francia, bajo el emperador Napoleón III, justo había conducido una exitosa guerra contra el Imperio Austríaco al lado del Piamonte y el nuevo estado italiano, causando una gran enemistad entre ambos. Prusia, colocada bajo el mando de Otto Von Bismarck tras la invasión marciana, estaba interesada en unir Alemania bajo su control. Rusia aún estaba molesta con los franceses y británicos por su intervención en la Guerra de Crimea, y a los austríacos por mantenerse neutrales.

Los primeros aterrizajes en Europa tuvieron lugar el 19 de Agosto de 1862. Cilindros marcianos, disparados desde grandes cañones en Marte, aterrizaron cerca de grandes áreas industriales en Francia y Gran Bretaña. Los civiles humanos eran inicialmente curiosos, pero la curiosidad rápidamente se convirtió en horror cuando los marcianos utilizaron sus rayos de calor contra las multitudes humanas. El pánico masivo se extendió por Francia y Gran Bretaña y una oleada de reportes fantásticos y conflictivos paralizó efectivamente los gobiernos durante un día. Las fuerzas marcianas tomaron ventaja del pánico y lo cultivaron intencionalmente, quemando de forma intencional poblaciones enteras con rayos de calor.

Aunque los cilindros marcianos aterrizaron cerca de Londres, los marcianos no la reconocieron como la capital británica y no lanzaron una ofensiva inmediata hacia la ciudad; muchas unidades marcianas perdieron tiempo aterrorizando asentamientos cercanos y persiguiendo muchedumbres de civiles que intentaban escapar. La primera gran batalla del frente europe tuvo lugar en la propia ciudad y sus cercanías el 23 de Agosto de 1862. Una fuerza británica tuvo el encargo de defender Londres de los marcianos que avanzaban desde el oeste y el norte mientras se evacuaba la ciudad. Aunque recibieron la orden de mantener a los marcianos fuera de la ciudad, las tropas británicas en pánico trataronde utilizar la ciudad como cobertura. Los marcianos reaccionaron usando humo negro para limpiar cualquier soldado o civil humano. Londres fue uno de los mayores desastres de la historia militar británica. Sin embargo, fue en la batalla dónde los humanos se percataron que los trípodes marcianas no eran invencibles: eran vulnerables a la artillería de campo. Éste descubrimiento sería clave para futuras victorias humanas en la guerra. El gobierno y la familia real británicas fueron capaces de retirarse a los Países Bajos.

Francia actuó algo mejor que Gran Bretaña. La fuerza militar francesa estaba lejos de su cúspide, con grandes cantidades de tropas invertidas en México. La artillería francesa no era tan capaz como sus contrapartes británicas, pero algunos trípodes fueron derribados por disparos fortuitos. Napoleón III, en un ataque de pánico grandioso, se negó a abandonar París y ordenó al ejército francés defender la ciudad que él reconstruyó hasta el último hombre. La batalla de París fue un desastre; hordas de soldados franceses desertaron de la batalla cuando se enfrentaron a la potencia de fuego marciana. El 30 de Agosto, Napoleón III y su corte fueron capturados por los marcianos tras el asedio del Palacio de Fontainebleau. Tres semanas después, Napoleón III fue forzado a rendirse al imperio marciano y abdicar en la princesa Séptima, que se coronó a si misma como Emperatriz de los franceses. Un nuevo gobierno, el autoproclamado tercer imperio, fue fundado y pidió reconocimiento como el gobierno oficial de Francia.

Los aterrizajes en Norteamérica[]

Las américas suponían un interesante problema logístico para el ejército marciano. Separada del resto de continentes habitados de la Tierra por miles de kilómetros de océano, las Américas estaban aisladas, forzando el uso de cualquier transporte de tropas o material al uso de máquinas voladoras. Ésto es un problema logístico que al que el ejército marciano no ha tenido que enfrentarse en su historia, una que fue tratada como una "guerra" completamente distinta paras las Américas. Todas las operaciones militares en las Américas tenían que ser totalmente independientes de aquellas en Eurasia; las dos campañas tenían que ser conducidas como si fueran en diferentes planetas.

Los marcianos esperaron un híbrido de los frentes europeo y asiático en Norteamérica. Las áreas industrializadas del noreste americano eran los objetivos primarios, a ser arrasados mientras los marcianos avanzaban hacia el sur por la costa Este. Mientrastanto, una fuerza más ligera atacaría el desierto de la Gran Cuenca. Las fuerzas marcianas en su conjunto eran inferiores en número a las de Eurasia, calculado a partir de observaciones que apuntaban que Norteamérica estaba menos industrializada que Europa.

Para cuando empezaron los aterrizajes en Norteamérica, el 21 de Agosto de 1862, la Guerra Civil Americana llevaba ya un año de contienda. Los Estados Unidos y los Estados Confederados crearon ejércitos masivos con la intención de enfrentarse entre sí, ejércitos que serían críticos para las victorias humanas en Norteamérica. El ejército de Virginia septentrional, compuesto de unos 55.000 hombres, estaban colocados para atacar a las fuerzas de la Unión en Maryland. Éstos planes fueron interrumpidos cuándo los cilindros aterrizaron a lo largo de la costa Este, acumulándose alrededor de Boston, Nueva York, Filadelfia, Charleston y Washington D.C. Con muchos de los ejércitos opositores ocupados enfrentándose a los Confederados, los marcianos fueron capaces de hacer sorprendentes ganancias, asediando y capturando los dichos centros de población. Miles de refugiados huyeron al campo o incluso a las líneas de frente de la Guerra Civil, acabando en manos de los ejércitos de la Unión o la Confederación.

La única excepción fue Washington. Mientras los marcianos se movían hacia la ciudad, el ejército del Potomac, situado cerca, recibió la orden de mover sus 84.000 hombres a defender la ciudad. El general George McClellan, al mando del ejército, ordenó que la ciudad entera fuera convertida en una enorme fortaleza. También sugirió al presidente Lincoln soliciar un alto el fuego y quizás ayuda a los Confederados. Un debate se extendió durante un día entero entre las facciones pro- y anti- arminsticio; algunos acusaron a McClellan de ser un cobarde o un simpatizante del Sur. Lincoln, dispuesto a escuchar a ambos bandos, pidió un alto el fuego a los Estados Confederados tras recibir noticias de Europa y las ciudades americanas sobre la capacidad militar marciana. Jefferson Davis, la contraparte de Lincoln, rápidamente se puso de acuerdo, creyendo que podría ser un factor para un posible reconocimiento de soberanía y el reconocimiento de la necesidad de defenderse ante Marte.

Un gran punto de contención fue que el general Lee ignoró las órdenes de Davis de retirarse al sur para enfrentarse a los marcianos en Carolina del Sur, decidiéndose por ayudar a sus viejos enemigos en la defensa de Washington. Lee justificó sus acciones argumentando que un alto el fuego significaba que la Unión ya no sería una amenaza para Virginia natal y que los marcianos no reconocerían a la Confederación como un beligerante separado y se moverían al sur desde Washington para atacar Virginia, por lo que era vital detener a los marcianos en el Potomac. También argumento que ésto daría a los Confederados ventaja en negociaciones futuras. Aunque muchos soldados y mandos se opinían inicialmente a la idea de luchar junto al enemigo, éstas percepciones cambiaron cuando las noticias avisaban de ejércitos enteros siendo vaporizados por las máquinas de guerra marcianas.

La batalla de Washington[]

La batalla de Washington fue uno de los capítulos más sangrientos de la historia americana y la Guerra Marciana. En los campos entre Baltimore y el Potomac, dos docenas de trípodes se enfrentan a 100.000 soldados humanos de la Confederación y la Unión. Esos cinco días de lucha brutal cambiarían para siempre la sociedad americana y el propio curso de la guerra.

Como con Gran Bretaña, los marcianos no reconocieron a Washington D.C. como una capital humana hasta que no extrageron información de americanos capturados, atacando primero Baltimore. Las fuerzas de la unión defendiendo la ciudad fueron arrolladas, con los restos recibiendo la orden de retirarse a Washington, dónde se situaba gran parte del ejército del Potomac. Allí, fueron sorprendidos de también tener la compañía del ejército de Virgina septentrional, esa misma fuerza que hace sólo unos días creían que los iba a atacar. El general Lee, elección de Lincoln antes de la guerra para comandante del ejército, ofreció su ejército para ayudar a sus viejos enemigos a defender Washington de la nueva amenaza alienígena.

A pesar de que los ejércitos del norte y del sur eran técnicamente aliados, ésto no frenó las disputas entre los mandos. El general McClellan, un hombre cauteloso, sugería convertir Washington en una enorme fortaleza para minimizar las bajas. El general Lee sugería una defensa más activa, dispersando tropas entre el Golfo de Baltimore y Washington para frenar el avance marciano. Las disputas también surgieron en el control: ¿Tendría un soldado confederado que acatar las órdenes de los mandos de la Unión y vice versa? Las disputas fueron zanjadas por el propio Lincoln: aunque los ejércitos permanecerían bajo distinto control, favoreció la ambiciosa estrategia de Lee y ordenó a McClellan desviar parte de sus fuerzas a posiciones defensivas avanzadas. Prácticamente toda la ciudad de Washington fue evacuada, incluyendo gran parte del gobierno de los Estados Unidos, en anticipación a la batalla.

La fuerza marciana, avanzando hacia el sur desde la devastada Baltimore, se encontró con una fuerza combinada de la Unión y la Confederación en las afueras de Baltimore el 11 de Septiembre. Los primeros tres días frenaron el avance marciano, pero no con la extensión que Lee se imaginaba. Muchos soldados desertaron de la batalla al ver que sus armas no tenían ningún efecto contra los trípodes marcianos. Cargas de infantería y caballería suicidas solo tuvieron éxito en distraer a los trípodes. Sin embargo, los humanos fueron capaces de tumbar cinco trípodes con descargas masivas de artillería, trampas y tiros afortunados. Uno fue derribado cuando una serie de trincheras se llenaron de barro, causando que el trípode se quedara atrapado.

Los últimos dos días de la batalla se lucharon dentro de la propia Washington D.C. Las defensas que McClellan preparó demostraron ser una grave subestimación de la capacidad militar marciana. Las barricadas no servían para nada pues los trípodes pasaban por encima. Los edificios que debían servir como cobertura fueron quemados hasta las cenizas. El humo negro marciano mató o dejó incapacitados a miles de soldados americanos y obligó a la artillería a disparar a ciegas. Algunos trípodes fueron tumbados, incluyendo un momento notable cuando un trípode fue desarmado con una cuerda. Aún así, la ciudad cayó ante Marte, obligando a Lincoln y los remanentes del gobierno americano a retirarse junto a los ejércitos americanos combinados a una de las ciudades más fortificadas de Virgina: Richmond. Las fuerzas humana tuvieron un total de 30.000 bajas.

El primer concordato de la humanidad[]

Las primeras campañas de marcianas de 1862 fueron como un reloj. Los humanos fueron tomados completamente por sorpresa y no pudieron realizar ninguna resistencia efectiva. Gran Bretaña, Francia y el Norte de Estados Unidos, las mayores zonas industriales del planeta, cayeron ante Marte. El terror a una invasión casi desmoronó a los ejércitos más poderosos del planeta, causando deserciones masivas y caos. Mareas de refugiados de las arrasadas áreas industriales se esparcieron por el campo, a veces limpiando las granjas de comida. Hasta ahora, la guerra ha sido un desastre sin precedentes para la raza humana, y las mayores victorias del ejército marciano desde la propia unificación de Marte.

Los líderes europeos se dieron cuenta de que si no unían esfuerzos para repeler a los marcianos, toda la Tierra caería. La Conferencia de La Haya, celebrada entre los holandeses y partes de los gobiernos francés y británico que lograron escapar, forjaron una alianza general entre las tres naciones. Se acordó que la Royal Navy traería tantos soldados de las colonias como fuera posible para reforzar las defensas humanas en Europa. La Conferencia de La Haya también resultó en el no reconocimiento del tercer imperio francés, y la proclamación de una tercera república francesa. Ésto sentaría un precedente de negar reconocimiento diplomático a los marcianos o gobiernos aliados con ellos, que duraría hasta la ruptura del primer concordato.

Aunque la Conferencia de la Haya tuvo éxito en crear la primera alianza humana contra Marte, estaba claro que toda Europa, y de hecho toda la humanidad, debía de estar unida. Otto Von Bismarck, recientemente nombrado como canciller de Prusia, vio la posibilidad de utilizar una alianza pan-europea para sus propios fines y tomó la iniciativa. Tras darse cuenta de los aterrizajes marcianos en Francia y Gran Bretaña, inmediatamente abrió el díalogo con Francisco José I de Austria para mobilizar a los ejércitos de toda la Confederación Alemana. Ésto se aprobó rápido, y las tropas alemanas se unieron al ejército francés en retirada para establecer lo que se llamaría como Línea Bismarck, a lo largo del río Rin. Alrededor de un mes después de los primeros aterrizajes, Bismarck envió una invitación general a todos los gobiernos humanos para reunirse en Berlín y establecer un frente unido contra Marte. Aunque mayormente asistieron estados europeos, la conferencia también tuvo observadores de Oriente Medio.

Sorprendentemente, los líderes europeos se ponían de acuerdo en poco, excepto por un alto el fuego entre humanos mundial y cooperación militar general. Parecía que cada líder europeo quería algo diferente: mientras Francia y Gran Bretaña estaban contentas con un status quo antebellum, había muchos desacuerdos entre austríacos e italianos sobre el estado de Venecia, y diplomáticos turcos y rusos discutían sobre cosas que databan de la Guerra de Crimea. Los franceses pedían una defensa continental para liberar su país, mientras que los rusos se negaban a apoyar cualquier ofensiva mientras aún hubiera tropas marcianas activas en Siberia. Las disputas también surgieron por el tema del mando conjunto. Durante el punto álgido de los debates, se dice que Bismarck dio gracias a dios de que los marcianos hubieran invadido Europa en un tiempo de paz general, de otra forma, no habría posibilidad de acuerdo.

A pesar de los problemas, los líderes europeos dieron forma a un acuerdo que todos podían aceptar: el primer concordato de la humanidad. Las grandes potencias serían responsables de la guerra en las zonas asignadas a ellas: los británicos y franceses serían responsables de la guerra en Norteamérica y el Europa al oeste del río Rin, Rusia y Turqía serían responsables de la guerra en oriente medio y Gran Bretaña y Rusia se encargarían del lejano oriente. La excepción principal fue la Línea Bismarck: cada miembro del concordato sería responsable de enviar un contingente de tropas para defender el continente de la invasión marciana. Prusia, uno de los últimos estados industrializados libres, proporcionaría cañones para el resto del concordato, que serían pagadas con bonos del estado. Los ejércitos de la Confederación Alemana fueron unidos bajo un mando conjunto en el que se alternaban comandantes prusianos y austríacos. Por último, se acordó que Gran Bretaña no se liberaría antes que Francia, pero los británicos podrían firmar acuerdos por separado con cualquier nación humana e intentar liberar las islas por separado de cualquier acuerdo del concordato.

El primer concordato de la humanidad demostraría su utilidad en unir los esfuerzos humanos para defender la Europa continental de los ataques marcianos. Tras la batalla de Hamburgo, los marcianos se verían obligados a luchar una brutal guerra de trincheras con las tropas del concordato a lo largo del río Rin, congelando el avance marciano a través de Europa. El concordato también se expandiría para incluir otras potencias, como China, Japón o los dos estados americanos. También serviría de base para asentamientos en la post-guerra, entre Marte y la humanidad y entre los estados humanos.

El concordato en Norteamérica[]

Aunque se mantuvo el alto el fuego entre las tropas confederadas y unionistas, con algunas excepciones en Tennessee y Missouri, la guerra civil americana seguía en marcha. Los políticos de la Unión y la Confederción no se ponían de acuerdo que gustara a ambos bandos. La Unión insistía en reunificar el país bajo su mando, argumentando que la amenaza marciana hacía la reunificación aún más importante. Los confederados respondían que los estados tienen el derecho de separarse, y que con la caída de mucho del territorio de la Unión, la Confederación era el único gobierno funcional. También sostuvieron que de no ser por la secesión, la Unión solo contaría con 16.000 tropas para enfrentarse a los marcianos. Las diferencias políticas se abrieron camino hasta el campo de batalla; mientras algunos comandantes de la Unión y la Confederación eran amigos antes de la guerra y se ayudaban entre ellos, otros dejaban que el otro ejército soportara el peso de la batalla.

A pesar del alto el fuego, la marina de los Estados Unidos continuaba bloqueando a la Confederación en un intento de hacer que éstos dependieran de los materiales y armas del Norte. Los confederados podían recibir vienes europeos, pero sólo a través de comerciantes de la Unión. De esta forma, los Estados Unidos podrían recibir suministros europeos para inclinar la balanza en las negociaciones, a la vez que se asguraban de que sus fuerzas estaban mejor provistas que las del Sur. Lincoln justificó el bloqueo en la base de que ambos estados americanos seguían en guerra, y que la naturaleza pasiva del bloqueo no violaba el alto el fuego.

La intervención británica finalmente puso punto y final a la guerra. Los británicos, queriendo a ambas américas en el concordato de la humanidad, no estaban dispuestos a tolerar el mantenimiento del bloqueo o la hostilidad entre dos de las mayores potencias militares del planeta. Aunque Lord Palmerston se oponía a la esclavitud, había estado considerando reconocer como país a la Confederación aún antes de la Guerra Marciana para debilitar a los Estados Unidos. Ahora, deseaba acabar la guerra civil americana para reforzar a ambos bandos, y estaba dispuesto a reconocer a un estado basado en la esclavitud para prevenir que la propia humanidad fuera eslavizada por Marte.

El gobierno británico reconoció oficialmente a la Estados Confederados y pidió que ambos bandos entraran al concordato. Muchos de los gobiernos europeos siguieron el ejemplo británico, con la notable excepción de Rusia y Austria. De no hacerlo, los británicos amenazaron, la intacta Royal Navy rompería por la fuerza el bloqueo de la Unión y suministrar directamente a los Estados Confederados. Aunque los Estados Unidos al principio fueron escépticos con la idea de que Gran Bretaña empezara una guerra inter-humana con el fin de acabar otra, los Confederados se volvieron más duros en las negociaciones e hicieron sus propias amenazas; Davis llegó a decir que expulsaría a los unionistas de Richmond y les haría marchar hasta la Washington ocupada por los marcianos. La opinión pública americana, las pocas veces que se podía medir, se mostraba fervientemente a favor de la reunificación; cualquier guerra inter-humana supondría la caída inmediata de Norteamérica ante los marcianos. Sin más opciones, Lincoln aceptó la independencia de los Estados Confederados de América y el fin de la Guerra Civil mediante el Tratado de Richmond; a cambio, la Confederación y el Reino Unido entregarían suministros para campañas en territorio de los Estados Unidos. Ambas naciones se unieron al Concordato de la Humanidad y se coordinaron con Europa en una campaña unida contra los marcianos.

Alaba al emperador, mata al alien[]

El avance marciano en Asia oriental fue instigado por varios contra-ataques Quing contra los saqueos marcianos. El general Andronikos usó estó como una excusa para lanzar ataques contra la frontera Norte de los Quing, que aumentaron en intensidad hasta que las fuerzas marcianas entraron en China. Los marcianos avanzaron hasta ocupar el corredor de Gansu y avanzaron por Asia central, bloqueando la antigua ruta de la seda. Aquí, los marcianos dividieron sus fuerzas: un grupo avanzaría por el Oeste hacia Persia, mientras que el otro se movería hacia Manchuria, la patria de los emperadores Quing. Los ejércitos de la dinastía Quing estaban ocupados en la guerra contra la Rebelión Taiping en el sur y los rebeldes Nien en el norte, podían hacer poco ante la ofensiva marciana en Manchuria. Sin embargo, fueron capaces de retirarse a las viejas fronteras septentrionales de China y frenar los primeros ataques de caballería e infantería.

El gobierno chino, controlado por la emperatriz Dowager Cixi, vió la invasión marciana como la mayor amenaza para China pero también como una oportunidad para aparecer en la escena internacional. Creía que el concordato de la humanidad sería la oportunidad perfecta para importar tecnología militar occidental a Pekín, mientras que la destrucción de occidente le daría a China una oportunidad para alcanzarlos. La invasión marciana también potenció el movimiento de autorrefuerzo, un movimiento reformista en el gobierno chino que pedía la entrada de tecnología occidental a la par que se conservaban las tradiciones chinas. Ya ganando influencia antes de la invasión marciana, este movimiento se volvió dominante cuando se hizo claro que Marte solo podía ser derrotado aprendiendo todo lo que occidente podía ofrecer. China ofreció unirse al concordato de la humanidad una semana después de su formación con la condición de que fueran tratados como iguales ante occidente; los diplomáticos chinos afirmaban que ante la invasión marciana todos los humanos eran igualmente impotentes. Sabiendo que entegar las riquezas de oriente a Marte era impensable, las potencias europeas aceptaron.

A pesar de las claras ventajas que adaba ser un miembro del concordato, la decisión seguía siendo disputada por muchas voces en China, especialmente los rebeldes Taiping. La invasión marciana se vió como un signo de que los Quing habían perdido el Mandato del cielo, y el cielo mostraba su desaprobación golpeando directamente en Manchuria. El ser parte del concordato vendió China a occidente, pues los propios manchúes eran extrangeros y no les importaba lo que les pasara a los verdaderos chinos. Los Taiping también discutían el hecho de que la tecnología occidental no salvaría a China de los marcianos. Sólo la divina persona de Hong Xiuqan, el hermano de Jesucristo, podría salvar a China de Marte. En consecuencia, los Taiping se negaron a negociar con la dinastía Quing. Los Quing, que habían desviado muchas de sus fuerzas al norte, solo podían ofrecer una defensa parcial contra la creciente amenaza Taiping. Enfadados por los continuos conflictos entre la dinastía Quing y los Taiping, los británicos lanzaron una camapaña de bombardeos contra las ciudades costeras ocupadas por los Taiping y enviaron barcos para atacar los pueblos río arriba. Enfrentándose a la derrota, los Taiping fueron obligados a firmar un acuerdo con la dinastía Quing y el concordato.

La nación isleña de Japón podría verse como un país que ganó más en la guerra marciana de lo que perdió. Japón solo había empezado a comerciar con oriente recientemente, una decisión que causó mucha controversia entre los japoneses. Como la cadena de islas no industrializadas que eran, los marcianos no se molestaron en atacarlas, de hecho, sólo se dieron cuenta de que Japón estaba habitado tras los aterrizajes. Sin embargo, los japoneses no se dieron cuenta de esto, y tras oír las noticias de aterrizajes en Norteamérica y Europa, éstos pidieron una industrialización inmediata. Si occidente no podía enfrentarse a Marte, ¿qué esperanzas tenía Japón? La desesperación de occidente le dio a Japón la oportunidad perfecta para aprender de los europeos, especialmente en temas militares.

Japón es bastante notable entre las potencias humanas por el hecho de que se inició y acabó una guerra civil mientras luchaba contra Marte. Una organización ultranacionalista, los Shishi, habían estado intentando expulsar a los extrangeros de Japón. Temiendo que Japón se uniera al concordato y se convirtiera en un títere occidental, los Shishi asesinaron a Tokugawa Iemochi, el shogun del Japón, e intentaron devolver el poder al emperador. El asesinato tuvo éxito en asustar al sucesor de Iemochi para abdicar y poner fin al shogunato Tokugawa.

La línea Bismarck[]

El río Rin se convirtió en la línea defensiva occidental de la humanidad en el frente de Europa occidental. Aunque los trípodes podían vadear los ríos, eran frenados considerablemente pues sus patas se quedaban atascadas en los sedimentos, permitiendo que la artillería humana los despachara con facilidad. El avance marciano se detuvo y la humanidad tuvo la oportunidad de replegarse. La rivera este del Rin se convirtió en una cadena de fortificaciones humanas conocida como la línea Bismarck, la mayor línea defensiva de Europa hasta la época. Las fábricas prusianas fabricaban cañones a una velocidad pasmosa. Con los hombres mandados al frente, las mujeres y los niños eran contratados para trabajar en las fábricas de armamento. Una serie de búnqueres y, un más al este, trincheras, fueron construidas para asegurar que si alguna vez los marcianos cruzaban el Rin, pagaran por cada metro de tierra que ganaran.

Los marcianos solo tuvieron éxito en cruzar el Rin por un lugar: la ciudad de Colonia. Allí, los trípodes e infantería marciana avanzaron bastante dentro de la ciudad antes de que los cañones humanos pudieran expulsarlos. Sin embargo, los prusianos se negaban a dejar que los marcianos capturaran la ciudad. Convencidos que una ruptura puntual en la Línea Bismarck supondría una brecha general, ambos humanos y marcianos mandaron tropas a la ciudad. Aunque las tropas del concordato sufrieron grandes bajas por el humo negro, el uso de la máscara de gas a principios de 1863 permitió al concordato contrarrestar los efectos del veneno.

La lucha en Colonia fue infame por su brutalidad. La artillería, tanto humana como marciana, disparaba de forma indiscriminada a la ciudad, matando a amigos y enemigos. Los trípodes marcianos se volvieron inútiles ya que los humanos utilizaban cuerdas y otras trampas entre los escombros; para Febrero de 1863, los últimos trípodes se retiraron de la ciudad para su uso en Italia e Iberia. Sin embargo, los marcianos tenían que tomar la ciudad para avanzar más hacia el este. La infantería marciana telúrica tomó el papel principal, luchando por cada casa y puesto de defensa contra sus contrapartes humanas. Aquí, los humanos tenían la ventaja: los marcianos operaban en una gravedad mucho mayor a la de su mundo, de forma que un humano promedio podía apalizar al marciano más fuerte. La infantería venusiana fue introducida más tarde en la batalla.

La batalla de Colonia duraría por 4 meses, acabando por fin cuando los barcos del Concordato consiguieron asegurar el control del Rin y encerrar a los marcianos dentro de la ciudad. Rodeados y hambrientos en un mundo extraño, los marcianos acabaron por rendirse. Colonia se convertiría en la primera gran victoria humana de la Guerra Marciana y tendría efectos en la historia después de la batalla. Se recuperaron enormes montones de armas y tecnología marcianas y se enviaron al este para que las mentes más brillantes de la humanidad pudieran analizarlas. Aunque la victoria fue un esfuerzo unido del Concordato, Bismarck dio la orden de que los periódicos prusianos hicieran eco del esfuerzo de guerra de Prusia. El nacionalismo alemán se volvió más poderoso que nunca, ya que la batalla "demostró" que la sangre y el hierro alemanes podían contra los marcianos. La vitoria en Colonia sería instrumental para la unificación de Alemania tras la guerra.

La Tierra bajo los marcianos[]

Mientras los frentes se estabilizaban a lo largo y ancho del mundo, los marcianos se dieron cuenta de que la guerra costaría más de lo que se esperaban y empezaron a consolidar sus ganancias. La hierba roja, un hongo muy virulento proveniente de Marte, se extendió desde los lugares de aterrizaje marcianos para consumir a la vida y agricultura terrestres. Los animales y, a veces los humanos, eran criados para utilizar su sangre para alimentar a los marcianos pelágicos. Las máquinas construyeron fábricas e incluso cañones espaciales para devolver a los soldados heridos a casa.

La política marciana fue extremadamente impopular y la resistencia contra Marte fue generalizada. Los marcianos hicieron pocos intentos para entender a sus nuevos súbditos, clasificándolos como poco más que animales arapientos. El método de comunicación marciano, que incluía el uso de cadáveres humanos como marionetas, ofendió a la población. En Francia, el Tercer Imperio no tenía casi ninguna legitimidad; sólo los trucos políticos más corruptos funcionaban para el gobierno de ocupación y los "reclutas" humanos pasaban a las líneas del Concordato a la mínima oportunidad o saboteaban las operaciones militares marcianas. Los espías franceses solían traer noticias de maniobras militares marcianas y, aún más importante, traían ejemplos de tecnología marciana al este para ser estudiada. De forma más directa, los franc-tireurs franceses continuaban con la resistencia tras las líneas marcianas, muchas veces suministrados por la Royal Navy.

Gran Bretaña fue impuesta bajo un estricto régimen militar y fue considerada como un candidato para ofrecer una última resistencia en caso de una victoria humana. Muy saturada con sitios de aterrizaje marcianos, los marcianos empezaron a establecer áreas industriales para suministrar a su ejército. Como en Francia y los Estados Unidos, los intentos para usar los humanos como esclavos solo resultaron en sabotaje, así que se tuvieron que utilizar máquinas y operarios marcianos telúricos. Ésto disminuyó la eficiencia, pues la mayor gravedad de la Tierra dificultaba el trabajo. Los británicos también opusieron una resistencia generalizada, y las guerrillas británicas solían colaborar con sus viejos enemigos irlandeses para atacar a los marcianos. La resistencia británica se coordinó con la Royal Navy para retener a los marcianos en las islas británicas, o acercarlos a la costa para que pudieran ser bombardeados. La gran inversión marciana en las islas británicas sería un grave error, pues el ejército marciano no podía maniobrar los trípodes producidos hasta el continente, donde se necesitaban más.

En los Estados Unidos, los marcianos tuvieron menos problemas ya que los civiles huyeron al oeste, norte o sur. Ésto también tenía sus propios problemas, pues cantidades enormes de hombres se alistaban en los ejércitos de la Unión o la Confederación para liberar sus hogares. Los amplios espacios del campo americano hacían fácil que las guerrillas americanas atacaran a los marcianos, a veces coordinando sus esfuerzos con tropas de la Unión, la Confederación o incluso de Canadá. Un foco importante de resistencia fue la revuelta de Nueva York de 1863, cuando surgieron grupos armados contra la fuerza de ocupación marciana. Los rebeldes consiguieron tomar el control de gran parte de la ciudad antes de que los marcianos bombardearan la ciudad con humo negro, matando a decenas de miles de personas.

La gran guerra patriótica[]

Antes de la invasión marciana, el Imperio ruso era una nación que buscaba restaurar su prestigio internacional. Tras su aplastante derrota en la Guerra de Crimea, el zar Alejandro II se puso a reformar el ejército ruso. El ejército y armada rusa fueron rearmados. El zar también buscaba reformar la sociedad para iniciar la industrialización. Se establecieron leyes de propiedad limitadas y se planeó la construcción de más ferrocarriles. Un año antes de la invasión, el zar Alejandro II emancipó a los siervos en un intento de romper el poder de la aristocracia y crear una nueva mano de obra que recibiría incentivos para trabajar más.

Éstas reformas serían esenciales cuando una amenaza se cierna sobre Rusia desde las estepas, justo como hicieron los mongoles hace siglos. Los marcianos al principio ignoraron Siberia, concentrando sus fuerzas en Asia en derrotar a la poblada China. Sin embargo, cuando se diern cuenta de que Rusia aportaba decenas de miles de tropas al concordato, tomaron la decisión de atacar con el fin de desviar a los rusos a otro frente. Ésta sería una de las campañas militares más fatídicas de Marte en toda la guerra.

Al contrario que Napoleón antes que ellos, la invasión marciana de Rusia fue sofocada por el verano. Los marcianos estaban acostumbrados al frío y a los espacios abiertos, y su avance en Siberia durante Enero de 1863 fue muy exitoso, y los rusos finalmente pudieron frenar a los marcianos a lo largo del río Ob. Ambos ejércitos estaban bastante mal equipados, aunque los marcianos tenían la ventaja tecnológica. Sin embargo, para Junio de 1863, el tiempo empezó a cambiar para la desgracia de los marcianos. Los ríos inundados y la lluvia convirtieron las pocas carreteras existentes en caminos embarrados, dejando inmóviles a los trípodes y hexápodos pues se quedavan atascados. La infantería y caballería marciana estaba fuera de su elemento, en el que los rusos podían atacar y desaparecer a voluntad.

El ataque fue suficiente para desviar las fuerzas rusas de la Línea Bismarck y causó bastante fricción entre Alejandro II y el resto del Concordato, pero tuvo el efecto secundario de reforzar a Rusia. Alejandro fue capaz de ganar más apoyo para una ley de reclutamiento universal a la que se oponían los aristócratas. El ejército ruso creció hasta los dos millones y medio de soldados, el mayor ejército de Europa y segundo del mundo solo detrás del ejército de la China Quing. Una vez que los marcianos fueron empujados de vuelta a sus lugares de aterrizaje, éste enorme ejército dio media vuelta para apoyar al Concordato en el oeste. Los soldados rusos serían instrumentales en la liberación de Francia e Iberia al final de la guerra.

La batalla de Colonia[]

La batalla de Colonia fue una de las batallas más icónicas de la Guerra Marciana y el primer gran triumfo del Concordato. Durando unos 4 meses, la batalla se definió por la lucha callejera y bajas jamás vistas en la historia de la humanidad. Hasta la Guerra del Tercer Concordato, la batalla de Colonia fue la que más bajas tuvo en la historia.

La ciudad de Colonia descansaba en la orilla occidental del río Rin y albergaba una fortaleza de la Confederación Alemana y, después, un punto vital de la línea Bismarck. A lo largo del Rin, las ciudades en la orilla occidental del Rin fueron reducidas a escombros por la artillería del Concordato tan pronto como las fuerzas marcianas entrabas, previniendo cualquier cruze del río. Colonia fue una excepción. El ejército prusiano sobreestimó la habilidad de la fortaleza de Colonia para contener a los marcianos y la evacuación tomó más de lo esperado. Consecuentemente, los puentes que unían Colonia con la ciudad de Deutz no fueron hundidos antes de que los marcianos entraran a la ciudad. La artillería del Concordato intentó destruir los puentes, pero muchas masas de población entraron en pánico cuando los marcianos intentaron vadear el Rin y les apuntaron a ellos en vez de a los puentes. Los trípodes pudieron lanzar suficiente humo negro al lado occidental del río para causar una retirada. Con los marcianos en control de la ciudad, las máquinas se pusieron a la faena a restaurar los puentes. La línea Bismarck se había roto.

Tanto el general marciano Isidora como el marsical prusiano Helmuth von Moltke se dieron cuenta de que cualquier brecha en la Línea Bismarck supondría que los marcianos invadieran Europa central y consiguieran asegurar todo el continente europeo. Con la ciudad siendo vital para la victoria o la superviviencia, ambos bandos centraron casi todos sus esfuerzos en la ciudad, deteniendo las operaciones militares a lo largo de mucho de la Línea Bismarck en una serie de bombardeos a ambos lados del Rin. Las fuerzas del Concordato no se retiraron mucho más allá de Deutz y sorprendentemente los marcianos tampoco avanzaron más lejos. En un movimiento que demostraría ser un desastre, el general Isidora tomaría la decisión de fortificar la ciudad recientemente capturada, permitiendo que las fuerzas del Concordato se reagruparan y rearmaran antes de lanzar una camapaña que sellara la brecha.

La campaña para recobrar Deutz se lanzó en Febrero de 1863, un mes después de que cayera ante los marcianos. Las fuerzas del Concordato marcharon a la ciudad tras un bombardeo que duró varios días. Durante el bombardeo, los marcianos se retiraron a la orilla oeste, planeando saturar la orilla izquierda con humo negro antes de lanzar un contra-ataque. Este plan falló, pues las fuerzas del Concordato llevaban equipadas las nuevas máscaras de gas. Basada en viejos diseños humanos y muestras capturadas a los marcianos, la máscara de gas ofrecía protección contra el humo negro, aunque no mejoraba la visibilidad en el campo de batalla. Esperando una resistencia mínima e incapaces ellos mismos de ver a través del humo negro, los marcianos enviaron fuerzas ligeras y un puñado de trípodes para limpiar el camino de lo que ellos creerían serían los restos de una fuerza esquelética. Al contrario, los marcianos se toparon con cerca de 20.000 tropas del Concordato. El ataque marciano fue aplastado por la superioridad numérica humana y obligado a retirarse a Colonia, y los humanos tuvieron éxito en recapturar los puentes, pero la firme resistencia marciana impidió que los humanos avanzaran poco más de algunas casas en Colonia.

La batalla creció hasta un empate en el que las fuerzas tanto humanas como marcianas se negaban a abandonar la ciudad. Las bajas eran constantemente reemplazadas con tropas de refresco; algunas unidades sobrevivieron a la batalla a pesar de que ninguno de sus miembros originales sobrevivió a la batalla. Las calles e incluso las casas mismas podían ser disputadas por hasta semanas completas, cambiando de manos docenas de veces a lo largo de la batalla. El Concordato bombardeaba Colonia desde el lado izquierdo del Rin casi constantemente, reduciendo la ciudad a escombros. La infantería humana podía esconderse en las ruinas de los trípodes marcianos, dando lugar al término rattenkrieg, o guerra de las ratas. La lucha mano a mano era común pues tanto humanos como marcianos solían quedarse sin munición. La famosa catedrla de Colonia fue destruida por los marcianos para ganar visibilidad para sus bombardeos al otro lado, convirtiéndose en un símbolo del sufrimiento humano y la deprabación marciana durante la guerra.

La batalla finalmente se volcó del lado humano en Mayo, cuando la recaptura de Arnhelm permitió que los barcos del Concordato subieran por el río Rin y dieron un enorme apoyo de fuego a las fuerza humanas en la ciudad. Con las orillas del Rin limpias de marcianos, los humanos podían atacar los escasamente defendidos flancos marcianos. Las cargas de caballería e infantería del Concordato rodearon Colonia y encerraron a los marcianos dentro, poniéndolos a merced de la artillería del Concordato. Para este punto, las fuerzas marcianas en Europa occidental estaban demasiado dispersas para cualquier intento serio de romper el cerco. Sin más opción, 5.000 soldados marcianos se rindieron al Concordato en Junio. Las máquinas y prisioneros marcianos fueron enviados al Este a la espera de estudio científico. La noticia de la victoria se celebró por todo el mundo, y demostró que los marcianos no eran invencibles. La humanidad podía ganar la guerra.

La batalla de Chicago[]

Para enero de 1863, las fuerzas del Concordato en Norteamérica tuvieron éxito en frenar a los marcianos en el sur estableciendo la Línea Potomac, una copia de la Línea Bismarck europea. La pequeña fuerza marciana que atacó Charleston fue derrotada por los confederados, y con ayuda de la flota de los Estados Unidos, los confederados terminaron de derrotar a los marcianos en la batalla de Fort Sumter. En el oeste, las milicias californianas, colonos y nativos americanos se aliaron en contra de la caballería e infantería marciana que avanzaban por el desierto de la Gran Cuenca, pero este frente era inalcanzable para las fuerzas de la Unión y la Confederación pues estaban ocupados defendiendo sus propios países. El foco de la guerra cambió al medio oeste, donde recursos considerables permanecían en manos humanas.

La ciudad de Chicago se convirtió en un importante centro de actividad para los Estados Unidos. Muchos refugiados de las devastadas ciudades del este se mudaron a Chicago, uno de los más grandes nudos de transporte del medio oriente. Los hombres fueron reclutados en masa para reponer las bajas del frente, a veces causando revueltas cuando grupos de hombres se resistían. Fábricas ad hoc se instalaron por la ciudad para producir rifles, cañones y munición para la guerra; refugiados, ancianos y otros discapacitados eran enviados frecuentemente a trabajar en esas fábricas, si no eran reclutados también. Chicago también se utilizaba para distribuir hombres y material entre los distintos frentes.

La importancia de Chicago la hizo un objetivo primordial para el ataque marciano. La ciudad fue el punto central de una nueva ofensiva, diseñada para avanzar rápidamente por el medio oriente, entonces girar al sur por el Mississipi, aplastando el nuevo centro de fuerza de la Unión y entonces dividir a la Confederación en dos. Esta maniobra, si tenía éxito, viraría hacia Georgia, Carolina y entonces encerraría a las fuerzas del Concordato en Virginia asegurando el nuevo mundo para Marte. Los marcianos tenían la oposición de 200.000 tropas del Concordato, incluyendo contingentes notables de veteranos que hace solo unos meses de peleaban entre sí.

Los marcianos empezaron su nueva ofensiva el 14 de Febrero de 1863, atacando las tierras bajas de Ohio. Las fuerzas del Concordato asaltaban continuamente a los marcianos mientras avanzaban, frenándolos considerablemente. Los marcianos subestimaron gravemente la capacidad humana para soportar las bajas, y una ofensiva que tenía que llegar a Chicago en un mes tardó tres. Para mayo, el Concordato tuvo éxito en construir una serie de trincheras concéntricas alrededor de la ciudad, con barcos americanos y británicos vigilando la ciudad desde el lago Michigan. La maquinaría pasada fue movida de la ciudad y la producción fue reubicada a Canadá. Grandes fortalezas fueron construidas en las afueras de la ciudad y fueron equipadas con muchos cañones para destruir a los trípodes desde la distancia. El Concordato buscaba a toda costa otra gran victoria contra Marte.

Tal como se esperaba, los marcianos atacaron la ciudad de cabeza, creyendo que los americanos no eran capaces de fortificar adecuadamente una ciudad. Los marcianos se sorprendieron con enormes trincheras que obligaban a los trípodes a moverse lentamente o tropezar, lo que hacía que fueran presa fácil para la artillería del Concordato desde la distancia. La infantería marciana fue frenada en seco cuando la infantería del Concordato salía de las trincheras y el humo negro se volvió ineficaz cuando las máscaras de gas se distribuyeron entre la población. La artillería humana arrasaba el suelo, convirtiendo a las afueras de Chicago en un océano de barro que dificultaba la travesía a las máquinas de guerra marcianas. La ofensiva marciana se paralizó completamente.

El general Herakleios, al mando de las operaciones militares marcianas en Norteamérica, no podía tolerar la persistente defensa humana. Un leal defensor de la escuela de pensamiento de la Civilización Superior, Herakleion creía que la civilización marciana era "superior" y no podía ser derrotada por "salvajes". Durante su estancia en la Tierra, desarrolló un odio enardecido a la humanidad por su ciega resistencia a someterse a los deseos de la hija del mar y el vacío. Permitir que Chicago siguiera en manos humanas sería una ofensa para la propia naturaleza; y más prácticamente, permitiría al Concordato lanzar una ofensiva detrás del saliente marciano y rodear a sus fuerzas si avanzaban mucho más allá. Ordenó asaltos continuos a Chicago, drenando tropas de otras partes del continente norteamericano y de guarniciones marcianas de todo el Sistema Solar.

La batalla de Chicago duraría nueve meses, siendo la batalla más larga de toda la Guerra Marciana. La creencia marciana de que los humanos acabarían por morir de hambre se vio arruinada cuando se importaba comida desde Canadá a través del lago Michigan. Pocos humanos se rindieron ante los marcianos, pues corrían historias de que los que se rendían acabarían con huevos marcianos en el estómago o siendo sujetos de prueba de varios experimentos. Las fuerzas humanas se movían desde el sur para asaltar de forma periódica a los marcianos que atacaban Chicago, asegurándose de que las fuerzas marcianas quedaban emparedadas entre dos fuerzas del Concordato. Herakleios pedía más y más refuerzos del propio Marte, pero mientras duraba la batalla, la Tierra se separaba de Marte y los marcianos tenían que depender de sus propios recursos. Se enviaron fuerzas auxiliares venusianas para apoyar a los marcianos, pero a pesar de que los soldados venusianos eran mucho más fuertes que sus contrapartes marcianas, no servían para sustituir a los trípodes y solían desertar al Concordato para desgracia de los marcianos.

Sin embargo, los marcianos consiguieron bastantes victorias contra los humanos, y para Noviembre de 1863 ya estaban a las afueras de Chicago. Un furioso general Herakleios ordenó que la ciudad fuera quemada hasta los cimientos y lanzó balsas con humo negro al lago Michigan para evitar que los humanos evacuaran la ciudad. Aunque la evacuación gradual de la ciudad ya había comenzado algunos meses atrás, decenas de miles de civiles perecieron en las llamas de Chicago. Las fuerzas marcianas resultaron victoriosas, pero su victoria era vacía: el Concordato había movido todo lo que hacía a Chicago importante a otras partes del continente, y la batalla tuvo un coste mucho mayor para Marte. La batalla supone el principio del fin de Marte en Norteamérica.

La caída de la dinastía Quing[]

Aunque la rebelión Taiping había acabado, el imperio Quing estaba condenado. Buscando atraer a las fuerzas Taiping al Concordato, los rebeldos se quedaron con las provincias al sur del río Amarillo y al este de Sichuan. Sin embargo, los Taiping solo enviaron un tercio de sus fuerzas para luchar contra los marcianos; el resto recibieron órdenes de construir fortalezas a lo largo del río Amarillo.

La guerra tuvo su coste en China. La hierba roja marciana bloqueó los canales de irrigación y arrasó las cosechas de arroz; a veces las fuerzas marcianas destruían a propósito las granjas que encontraban para privar a sus enemigos de comida. Enfrentándose al hambre, muchos campesinos formaron bandas de ladrones que masacraban pueblos enteros. Con una falta clara de cañones eficaces, los chinos solo podían derrotar a los trípodes con trampas.

Las fueras del Concordato en Asia fueron aplastadas cuando una nueva oleada de marcianos llegó en Octubre de 1864. Los chinos, poco equipados tuvieron que retirarse todo el camino hasta Pekín, que estaba asediada por los marcianos. La ciudad cayó finalmente en Enero de 1865, y todos los miembros de la familia real fueron asesinados o desaparecieron. Para muchos chinos, estaba claro que los Quing habían perdido el mandato. La única questión es quién podía reclamarlo.

Dos seres subieron al poder en China. Uno era Hong Xiuquan, el autoproclamado rey divino del Reino Celestial Taiping. Tras oír las noticias de la caída de Pekín, reclamó la decadencia e indecencia de los Quing les supuso ese castigo sobrenatural y que solo él, en contacto directo con Dios, podría salvar a China. Aunque odiaban ese movimiento hereje, los miembros europeos del Concordato preferían a los Taiping antes que a los marcianos y apoyaron la reclamación de Hong Xiuquan sobre toda China.

El otro ser que pretendía tomar el control en China era el general Andronikos. La nueva dinastía Yinghuo (marciana) reclamó para sí el Mandato, basado en el origen celestial de los marcianos. Aunque coronó a Julia como emperatriz de China, se aseguró de que el ejército marciano tuviera el control total sobre China. Confiado de su victoria, Andronikos inició una campaña de reasentamiento y exterminio, moviendo a los humanos a "reservas" en los desiertos de Mongolia mientra establecían puestos de purificación de agua en los ríos del norte de China.

El imperio contraataca[]

El gobierno militar de Marte no podía tolerar la tenacidad de la resistencia humana. Prácticamente en todos los frentes, las fuerzas marcianas habían sido detenidas. Las líneas Bismarck y Potomac protegen a millones de humanos de los ataques marcianos y a su vez han matado a decenas de miles de marcianos. El monopolio humano de los mares les permite mover tropas y recursos a lo largo de todo el planeta, mientras los marcianos solían quedarse atascados allí donde aterrizaban. La lucha en Sudamérica y Sudáfrica han llevado la victoria a Marte, pero las densas junglas ecuatoriales impedían que esas fuerzas se pudieran reubicar al hemisferio norte. El mito de la victoria rápida había caído.

El progreso actual de la guerra había causado una brecha en el gobierno marciano. Los comandantes más moderados creían que los marcianos habían asegurado bastante territorio para un asentamiento negociado con las potencias humanas que fuera aceptable para Marte; de otra forma, podría convertirse en una segunda Guerra Cosúm. Los reaccionarios de la Civilización Superior no podían aceptarlo y creían que una segunda oleada machacaría a los humanos y obligaría a todo el planeta a rendirse. La reina Aurelia se alió con los moderados y creía que Marte no tenía derecho a atacar a una especie que era claramente civilizada, pero vio la disputa como una oportunidad para volver al poder. Actuando como mediador, Aurelia aceptó en privado mandar una segunda oleada, pero con la mitad del tamaño que proponían los reaccionarios. El resto de soldados marcianos eran necesitados en otros lugares del Sistema Solar, especialmente en sofocar la Revuelta Séroni. En verdad, Aurelia sabía que esa segunda oleada no era suficiente para asegurar una victoria total marciana, permitiéndole descreditar públicamente al ejército cuando estos tuvieran que pactar con los humanos.

La segunda oleada aterrizó entre Octubre y Noviembre de 1864, cuando Marte y la Tierra se aproximaron en sus órbitas. Con números limitados, el ejército marciano decidió atacar tras las líneas enemigas. Los cilindros aterrizaron en Polonia, los balcanes, Mesopotamia, Escandinavia y los territorios indígenas de Norteamérica. Los ataques directos contra las ciudades no fueron realizados, pues los humanos las convirtieron en fortalezas que supondrían una trampa mortal para cualquier cilindro que aterrizara allí. Esto dio comienzo a la segunda fase de la Guerra Marciana.

El frente alpino[]

Con los refuerzos de la segunda oleada de fuerzas marcianas, finalmente se podría hacer un intento de romper las defensas del Concordato en Europa y conquistar el continente. Sin embargo, los marcianos no trataron de romper la Línea Bismarck, que ya estaba llena de fortalezas y duros veteranos de guerra. Visto esto, los marcianos decidieron atacar a través de los Alpes.

Los marcianos estaban acostumbrados a la guerra en las montañas, habiendo luchado guerras intermitentes con los enclaves Séroni que se escondían en las enormes cadenas montañosas de Marte. El trípode estaba diseñado para luchar en esas montañas; un arma alta y maniobrable que podía pasar por encima de los bloqueos Séroni que de cualquier otra forma hubieran frenado el avance marciano. Los marcianos también creían que el aire frío y ligero de las montañas de la Tierra se aproximaría más al entorno natural de los marcianos, dándoles la ventaja fisiológica. El general Isidora sabía que iniciar una batalla en las cadenas montañosas sería largo, arduo y requiriría de un desvío irrevocable de tropas, así que esperó a que llegaran los refuerzos antes de lanzar su ofensiva.

El Concordato previno que los marcianos podrían atacar por los Alpes, pero el establecimiento de la Línea Bismarck drenaba todos los recursos de la humanidad en Europa, no se tomó en cuenta hasta la primavera de 1864. Los suizos rompieron su neutralidad durante el establecimiento del Concordato, sabiendo que los marcianos no la respetarían, y contribuyeron con sus soldados a la Línea Bismarck. La responsabilidad de defender los Alpes recaía sobre Austria, y coordinaba planes defensivos con Italia, Suiza y la República francesa. Los planes se basaban en llenar de barricadas los pasos de montaña y establecer vigilancia con cañones en todos los asentamientos grandes. Se trazaron planes de evacuación y los pueblos fueron obligados a realizar un simulacro de evacuación cada mes.

Las primeras fuerzas marcianas cruzaron la vieja frontera francesa el 3 de Marzo de 1865. Esperando una gran resistencia, los marcianos se sorprendieron al encontrar los pueblos abandonados mientras avanzaban y la única resistencia eran milicias poco equipadas. Creyendo que los humanos se retiraban en pánico tal como en los primeros aterrizajes, los marcianos siguieron avanzando. Finalmente se encontraron con las fuerzas del Concordato a finales de Marzo, cuando éstas bombardearon la retaguardia de la fuerza marciana. Éstos ataques fueron seguidos por una ofensiva contra las líneas marcianas algunos días después. En pánico, los mandos locales marcianos ordenaron una retirada a la ocupada Francia, pero estas órdenes fueron rebatidas por Isidora, que decía que los marcianos podían derrotar a los humanos allí. La confusión terminó llevando a muchas unidades marcianas a desviarse del camino hacia territorio desconocido, donde fueron rodeadas y capturadas por tropas del Concordato. Para mediados de Junio, un quinto del total de la fuerza marciana había caído ante el enemigo y el resto de unidades estaban rodeadas por el Concordato alrededor del río Ródano.

Los marcianos pronto se dieron cuenta de que la guerra en las montañas de la Tierra no se parecía en nada a aquella de las montañas marcianas. Aunque ágiles en el planeta rojo, los trípodes eran lentos y pesados la Tierra, y los más estrechos pasos de montaña acabaron con muchos trípodes en el fondo de algún valle. La maniobrabilidad estaba limitada en las montañas, haciendo más fáciles de matar a las fuerzas marcianas. Los humanos sabían como moverse por los Alpes, mientras que los marcianos estaban obligados a avanzar por caminos amplios, haciendo de sus movimientos predecibles y fáciles de atacar. El aire fino acabó siendo una desventaja para Marte, pues la alta gravedad de la Tierra les hacía consumir más dióxido de carbono, lo que se traducía en que los marcianos debían parar a descansar más a menudo en las montañas.

Los humanos tenían sus propias dificultades. Con la lucha aumentando en el este, las tropas austríacas acabaron por ser retiradas de los Alpes para luchar allí, dejando la responsabilidad de la guerra a los menos preparados suizos e italianos. Aunque podían recibir recursos más a menudo, las fuerzas del Concordato seguían en lugares bastante poco accesibles y sufrían de desnutrición, falta de munición, entre otros. Los refugiados civiles fueron enviados a las fábricas de armas de Prusia y Austria con el consentimiento del gobierno, y solían ser tratados mucho peor que los obreros locales. Cuando llegó el invierno, los humanos sufrieron más que los marcianos, y murieron por lo menos 3.000 tropas del Concordato por congelación.

El frente alpino terminó siendo una victoria para la humanidad. En la primavera de 1866, el Concordato lanzó un asalto final contra los focos de resistencia que marcianos que aún quedaban y se rindieron rápido. Los humanos consiguieron capturar incluso a los pfifltriggi, los ingenieros del Imperio marciano, que eran clave para desvelar los secretos de la más alta tecnología marciana. Para Octubre de 1866, los marcianos habían retrocedido hasta la frontera francesa, y el Concordato empezó a planear un asalto final para liberar Europa.

Tiempos desesperados[]

Los aterrizajes de 1864 pusieron un enorme estres en los ya exhaustos ejércitos confederados. Más pequeños y menos indsutrializados que sus contrapartes del norte, la única ventaja de los confederados es que gran parte de su territorio seguía en manos humanas. Como un miembro del Concordato por condición del Tratado de Richmond, los confederados seguían obligados a luchar contra los marcianos, que solían acabar con enormes bajas confederadas.

En casa, la sociedad confederada poco a poco se hacía más similar a la del norte. En los primeros meses de la Guerra Marciana, algunos creían que la esclavitud aún podría sobrevivir intacto, si los confederados dejaban que la Unión soportara el peso de la batalla. Sin embargo, cuando los ejércitos de Norteamérica pedían más armas, la Confederación tuvo que responder. Las demandas de la guerra forzaron una industrialización rápida a gran escala. Minas de carbón, hierro y fábricas aparecieron por toda la Confederación y estaban trabajadas por aquellos que no estaban en el frente: mujeres, niños y esclavos. Las plantaciones fueran ocupadas por el ejército para producir comida o para construir fábricas. Los amos de esclavos fueron obligados a alquilar sus esclavos a la nueva clase alta de de obreros y mineros. El mito agrario Jeffersoniano colapsó en favor del militarismo industrializado, el único sistema que permitía aguantar contra la superioridad tecnológica marciana.

Para los esclavos, la vida era detestable: las azadas y hoces fueron reemplazadas por martillos y piquetas, pero el trabajo seguía siendo difícil, y en algunos casos, aún peor. Muchos fueron reclutados en el ejército como sirvientes, especialmente para cavar trincheras. Aunque los siempre paranoicos blancos de la Confederación temían una rebelión, los esclavos eran lo bastante listos para saber que la esclavitud bajo Marte era peor que la esclavitud bajo la Confederación; eligieron el diablo que conocían sobre el que no conocían. Si los esclavos se revelaban y la humanidad ganaba, serían ejecutados por los vengativos blancos con el apoyo del resto del mundo. De hecho, la mayoría de la violencia procedía de los jefes de plantaciones y los blancos pobres, que creían que el gobierno confederado se estaba volviendo dictatorial y ya no respondía a sus intereses.

El reclutamiento de afroamericanos en el ejército confederado fue bastante controversial en los principios de la Guerra Marciana, pero ésto fue descart cuando quedó claro que los marcianos no eran invencibles. Grandes cantidades de hombres blancos se fueron al frente, pero sus trabajos en casa fueron reemplazados por esclavos. Surgieron muchos argumentos en contra de armar a los esclavos: podrían usar las armas contra sus antiguos amos, serían pésimos soldados, significaría el final permanente de la esclavitud, destruiría la cultura sureña, y cosas así.

Fueron los aterrizajes de 1864 los que resolvieron la situación. El general Robert E. Lee, ahora convertido en un héroe de los Estados Confederados, escribió personalmente al congreso que cada hombre que pudiera luchar era necesario en el frente. Los esclavos deberían tener la opción de alistarse en el ejército a cambio de la libertad, mientras tuvieran el consentimiento de sus amos, que recibirían una compensación del estado. Lee argumentaba que el gran daño causado por la guerra y la industrialización habían convertido a la esclavitud en inviable. Los soldados negros luchando en los ejércitos de la Unión demostraron ser igual de valientes e (in)capaces que sus contrapartes blancas, y contra los trípodes marcianos los hombres negros morían igual que los blancos. Además, permitir que los esclavos tuvieran una forma de ser libres ayudaría a mejorar las relaciones con el resto del mundo una vez que la guerra hubiera terminado. Finalmente, el 13 de Marzo de 1865, los Estados Confederados aprobaron una ley que permitía la formación de compañías negras, pero bajo la supervisión de oficiales blancos.

Los confederados al principio tuvieron bastantes problemas para encontrar amos de esclavos dispuestos a liberar sus esclavos para el servicio militar, pero una vez que los amos de las plantaciones cayeron en acusadas deudas por la destrucción de sus plantaciones, dejar a sus esclavos unirse al ejército de la Confederación era lo más rentable. La promesa de la libertad hizo que muchos esclavos probaran suerte contra los marcianos; las detestables condiciones de los campos de batalla no podían ser peores que las de las minas y fábricas. Los comandantes confederados seguían siendo cautelosos con los soldados negros, y los mantuvieron separados de los hombres blancos. Las compañías negras también solían ser lanzadas como punta de lanza por delante de los blancos para que soportaran el peso de la batalla. A pesar del obvio maltrato, muchos soldados negros demostraron ser capaces soldados de la humanidad.

El teatro de Europa oriental[]

Europa del este permaneció relativamente tranquila durante la fase inicial de la Guerra Marciana. La única lucha fue un pequeño alzamiento polaco en 1863 contra la ley de conscripción universal en Rusia, pero fue brutalmente reprimido por fuerzas del Concordato, sirviendo como precedente para futuras rebeliones en el mundo. Europa central y oriental eras lugares seguros para la construcción de fábricas y envio de comida a la Línea Bismarck. Dándose cuenta de que la integridad de Europa oriental era clave para las operaciones de la humanidad, los marcianos atacaron.

Múltiples aterrizajes tuvieron lugar a lo largo de Prusia, Polonia y Hungría, pero estos cilindros estaban llenos de simples reclutas y máquinas anticuadas. Por otra parte, con las mejores unidades estacionadas en la Línea Bismarck, los humanos fueron sorprendidos y obligados a frenar cualquier acción hasta la llegada de refuerzos. Los marcianos tuvieron éxito en asediar grandes ciudades como Danzig, Breslau o Praga; ciudades importantes para la humanidad, importantes centros industriales, pero no fueron suficiente para hundir la producción de la humanidad. Aunque Europa oriental sirvió como el principal centro industrial del Concordato durante los primeros años de la guerra, el lanzamiento del Bessemer en 1863 por el exiliado inventor británico Henry Bessemer hizo clave el uso del hierro en el valle del Rühr. Los marcianos arrasaron muchas fábricas en el este, pero se construían más en el oeste.

Los marcianos también subestimaron la velocidad con la que las tropas del Concordato se movían por el continente. Aunque los ferrocarriles eran escasos al principio de la guerra, la demanda de tropas y suministros al oeste estableció una masiva red de ferrocarriles conectando los estados europeos supervivientes. Prácticamente todos los grandes centros de población del este de Europa estaban conectados, hasta Rusia construyó un primitivo ferrocarril hasta Omsk con ayuda de hierro e ingenieros prusianos. Para Enero de 1865 los reforzados ejércitos de la Línea Bismarck estaban cazando a los marcianos en Europa oriental.

Al contrario que en el oeste, la guerra en el este era móvil pues los marcianos no querían quedarse atrapados en otra guerra de trincheras. Empezó lo que sería conocido como la gran persecución, en la que los ejércitos marcianos y del Concordato moviéndose en zigzag por el este. El Concordato se percató de esto y trató de encerrar a los marcianos en las vastas extensiones de Rusia mediante ataques constantes, mientras el enorme ejército ruso se desplazaba desde el oeste para liberar su patria. Aunque estos esfuerzos fallaron en desplazar a los marcianos hacia el este, sí que tuvieron éxito en alejar a los marcianos de los principales centros industriales. El flujo de tropas occidentales tras la derrota marciana en los Alpes le dio al Concordato la fuerza necesaria para empujar a los marcianos al este. La retirada marciana quedó atrapada entre los ejércitos occidentales y rusos y terminó por rendirse tras la batalla de Brest.

La guerra en el oeste[]

La guerra en Norteamérica al otro lado del Mississipi no fue tan intensa como en el este industrializado. Tanto los marcianos como los humanos pusieron poca atención al frente; los humanos eran incapaces de mover grandes contingentes de tropas al oeste, y aunque los marcianos consideraron designar la zona como lugar de asentamiento para los marcianos telúricos, se preocuparon más por acabar con la resistencia humana. Un sólo cilindro y un puñado de tropas aterrizaron el Gran Cuenca y aniquilaron la escasa resistencia humana en la zona.

Los humanos en el oeste estaban mucho menos coordinados que en el este. Un batiburrillo de colonos y nativos americanos sin leyes dominaba la zona. Ocasionalmente, refugiados y criminales del México arrasado por la guerra cruzaban al suroeste americano. Aunque muchos individuos estaban armados, no poseían artillería de campo ni la organización que sí había en el este. Esto permitió a los marcianos ocupar rápidamente los territorios de Nevada y Utah, amenazando California y el norte de México para 1863. Los marcianos se dieron cuenta de que con su escaso equipamiento no serían capaces de romper completamente las defensas humanas y se centraron en ocupar el máximo territorio posible.

Los humanos de la zona, incapaces de confrontar directamente a los marcianos, iniciaron una guerra de guerrillas. Siendo extraterrestres, hostiles y teniendo una tecnología muy superior a los locales, los marcianos pronto se convirtieron en el objetivo de todos los grupos armados del oeste. Los criminales y nativos americanos, que solían esconderse del gobierno americano, lanzaron ataques rápidos y se retiraban cuando capturaban algo, tomando todas las armas marcianas posibles.

Los estados de la Unión el oeste que no enviaron sus ejércitos al este organizaron sus propias milicias estatales. Inicialmente, las tropas de la Unión lo hicieron bien contra los marcianos, pero fueron masacradas en un intento de forzar su posición en la batalla de Reno en 1864. Antes de la batalla los marcianos organizaron algunos trípodes que tenían de reservas y organizaron una retirada organizada por el valle de Reno, atrayendo allí a las tropas de la Unión. Los marcianos rodearon a los humanos tan pronto como estaban en posición y atacaron a los jefes militares. Los marcianos dejaron un camino de retirada intencionalmente y dejaron que escaparan por ahí y luego atacaron por el flanco forzando a las tropas supervivientes a vagar por el desierto.

Con el ejército oficial diezmado y sin esperanza de ayuda alguna desde el este, la gente del oeste se dio cuenta de que tendrían que valerse por si mismos. Surgieron milicias para la defensa ante los ataques marcianos y para recapturar ciertos territorios. Con las fuerzas federales ocupadas en otros asuntos, los nativos ganaron mayor autonomía. Con todas las comunicaciones con el este cortadas, se extendieron los rumores que decían que todo el planeta había caído en manos marcianas y la población del oeste era la última esperanza de la humanidad. Las reclamaciones por la independencia de los Estados Unidos, hechas aún incluso antes de la invasión, resurgieron, y esta vez en un contexto en el que el gobierno federal del este era incapaz de enviar nada, y estaban mejor operando por su propia cuenta. Para el 1865, el estrés de la guerra acercó a los pueblos del oeste y surgió un nuevo nacionalismo local.

El movimiento independentista más fuerte surgió en California, que ya declaró su independencia de México una década atrás. Los pequeños movimientos secesionistas ya fueron aplastados al inicio de la guerra civil americana, pero las fuerzas de la Unión que hicieron eso ya habían perecido contra los marcianos. Mientras seguía la guerra, los locales se unieron contra el gobierno federal. Los que voceaban por la independencia decían que el gobierno federal podría ya ni existir, y que el oeste ya era de-facto independiente. Los más cínicos decían que el gobierno federal sí que era capaz de suministrar ayuda al oeste, pero que les interesaba más ceder ese territorio como ofrenda de paz. Para 1865, la mayoría de los californianos creían que estarían mejor por su cuenta.

Los alzamientos sureños[]

Para 1866, el descontento con el gobierno confedereado había alcanzado un nuevo máximo. El júbilo del movimiento independentista oficial se perdió con los aterrizajes de 1864. Muchos estaban cansados de la incesante guerra, y algunos de los menos educados en la Confederación se preguntaban por qué su gobierno no negociaba con los marcianos. Los granjeros pobres lo pasaban cada vez peor para tratar de sobrevivir, ya que los hombres enviados al frente no volvían y más y más comida era tomada por el ejército. Las plantaciones más ricas, o por lo menos las de aquellos que no aceptaron transformarlas en parcelas industriales, condenaron la destrucción del agrarismo jeffersoniano, reclamando que el sur había vendido su alma al diablo industrial.

El aumento del centralismo en el gobierno confederado y la lenta desmantelación del sistema esclavista también conllevaron una masiva oposición política por parte de algunos de los primeros partidarios de la Confederación. Hombres como Alexander Stephens y Louis Wigfall criticaron públicamente lo que ellos veían como una creciente dictadura del presidente Davis. Hubo voces que pedían la secesión de Carolina del sur de la Confederación, utilizando gran parte de la retórica usada para justificar la secesión de los Estados Unidos. El gobierno confederado, por su parte, argumentaba que ningún estado tenía el derecho de separarse, y que una rebelión contra el gobierno sería vista como una traición a toda la humanidad.

Los alzamientos sureños empezaron el 11 de Marzo de 1866, cuando dos soldados de color de la Confederación fueron linchados por una turba, compuesta sobre todo de pobres campesinos blancos, en las afueras de Atlanta, Georgia. Cuando las tropas confederadas fueron a castigar a la turba, empezó una confrontación armada que vio morir a dozenas de hombres. Las noticias del suceso se extendieron por toda la Confederación, y muchos condenaron eso como una señal clara de que el gobierno confederado había traicionado los propios principios sobre los que se fundó. Los radicales formaron grandes concentraciones en muchos centros urbanos de la Confederación, mezclando la retórica política con promesas de pan y paz.

Los alzamientos alarmaron a Davis, quien rápidamente declaró la ley marcial y ordenó a las tropas del frente volver para cargar contra los rebeldes. Esta acción fue muy controversial, aún entre los más firmes partidarios de Davis, ya que creían que esas tropas estarían mejor luchando contra los marcianos y rehusarían a disparar contra sus paisanos. Se propusieron muchas ideas para solucionar el problema, incluyendo propuestas para el uso de soldados de la unión, pero al final se decidió que las tropas reprimirían alzamientos en los estados que no fueran los suyos. Este plan tuvo éxito, ya que muchos de los veteranos del frente no querían ver a su país colapsar en el caos y ser arrollado por los marcianos. Sólo un estado consigió liberarse del control confederado: Texas.

A pesar de que Texas era uno de los estados confederados originales, la población seguía profundamente dividida sobre la secesión. Muchos, incluyendo el influente político Sam Houston, creían que Texas tenía el derecho de separarse, pero que la secesión solo traería una guerra y la victoria para el norte industrializado. Con el comienzo de la guerra marciana, Texas se convirtió en una fuente de comida y tropas para los Estados Confederados. A lo largo de la guerra, muchos texanos empezaron a creer que su estado estaba contribuyendo mucho pero recibiendo muy poco a cambio. El centralismo cada vez más evidente del gobierno confederado también hizo que muchos texanos se questionaran la idea de seguir con la Confederación, aunque la distancia a Texas les hacía fácil ignorar muchas de las órdenes de Richmond. La identidad texana se volvió más fuerte cuando las fuerzas marcianas empezaron a atacar desde el oeste, obligando a los texanos a mobilizar sus propias fuerzas sin ayuda confederada. La batalla de El Paso de 1865 resultó en la derrota de las ligeras fuerzas marcianas por parte de los locales. Las historias sobre la batalla se popularizaron por toda Texas, uniéndose a la del Álamo dentro de la mitología nacional texana.

Cuando empezaron los alzamientos sureños, muchos texanos se unieron, queriendo separarse de la Confederación y seguir su propio camino. Tropas confederadas fueron enviadas a Texas para pacificar el país, pero no pudieron aplastar el alzamiento pues los texanos se retiraron de las zonas urbanas para luchar una guerra de guerrillas. Lejos de los suministros, y ansiosos de volver a luchar contra los aliens, muchas tropas confederadas desertaron de vuelta a la línea de frente. En 1867 el presidente Davis fue obligado a retirar todas las tropas confederadas de Texas para contribuir con la Gran Contraofensiva, dejando Texas a los revolucionarios. Se proclamó una nueva república texana, con su capital en Austin. La nueva república mobilizó rápidamente su propio ejército para luchar contra los marcianos y posibles ataques confederados, y envió diplomáticos a California, Deseret, y otros estados independientes en el oeste. Irónicamente, el gobierno de los Estados Unidos reconoció diplomáticamente a Texas cuando aceptó el Tratado de Rischmond. El reconocimiento estadounidense ayudaría a Texas a ser reconocida como un miembro del Concordato y prevenir otro intento confederado de retomar el estado. Los Estados Confederados terminaron por reconocer la independencia de Texas con la formación del Segundo Concordato en 1898.

La Gran Contraofensiva[]

Por todo el planeta, los éxitos marcianos ganados en el segundo asalto de 1864 habían sido revertidos para Enero de 1866. El Sangriento 1865 le costó mucho a la humanidad, pero mucho más a los marcianos. Oleadas de soldados marcianos, muchos de ellos reclutas de los distritos más pobres de Marte, eran tomados prisioneros y eran llevados a campos de trabajo humanos o laboratorios. Los ingenieros esclavos marcianos, los pfifltriggi (así se llamaban), trabajaron con lignuistas humanos para traducir las lenguas de los marcianos no-pelágicos y trabajaron con científicos humanos para revelar los secretos de la tecnología marciana. Por todas partes, los ejércitos humanos estaban orgullosos de poder enfrentarse y hasta derrotar una amenaza extraterrestre que hace solo cuatro años parecía invencible.

A principios de 1866, Marte estaba en el lado opuesto del sistema solar a la Tierra, pero los astrónomos humanos sabían que los dos planetas se estaban acercando y que estarían bastante cerca a final de año. Los marcianos podrían enviar otra oleada, ésta última mucho más fuerte que la enviada en 1864, y derrotar al Concordato. Los marcianos capturados revelaron que muchos de los soldados que luchaban en la Tierra no apoyaban la guerra, apuntando a posibilidad de problemas domésticos que los humanos podrían usar en propio beneficio. Los mandos del ejército del Concordato rápidamente llegaron a la conclusión que una serie de victorias contra las fuerzas marcianas podrían romper la moral morciana y obligar a su gobierno a negociar. Se creó un plan para una ofensiva masiva y corrdinada entre las grandes potencias, la primera reunión de ese tipo en la historia de la humanidad. El plan de lo que se llamaría la Gran Contraofensiva no tenía precedentes: una ofensiva en todos los frentes, empezando a la vez. Un esfuerzo así debería hacer saber a los marcianos que la humanidad estaba unida en su resistencia y que cada humano lucharía hasta el final.

El esfuerzo titánico para coordinar la Gran Contraofensiva fue una prueba de lo mucho que la humanidad había avanzado desde el principio de la guerra. Los ferrocarriles zigzageaban por toda Europa y Norteamérica donde antes solo había bosques y prados. Los trenes llevaban ejércitos enteros desde Europa oriental a la Línea Bismarck en solo dos semanas. Las fábricas expulsaban armas y municiones a ratios que se creían impensables para un hombre de 1861. Los innovadores métodos de manufactura se implementaron. Los principios de producción másiba y partes intercambiables, usados en Marte durante siglos, fueron usados por sus enemigos humanos en masa. Los principios de manipulación del éter y la teoría avanzada del flogistón aún seguían más alllá del desarrollo científico humano, pero esos desarrollos fueron acelerados por la guerra marciana.

Hasta las armas que los humanos llevaban al campo de batalla eran distintas. Con la ayuda de ingenieros marcianos capturados durante la Batalla de Colonia y varias otras derrotas por todo el mundo, los humanos pudieron construir mejor artillería en masa. Nuevos sistemas de retroceso permitían a los cañones seguir disparando con el cañón fijado y las ruedas en el mismo sitio. Enormes cañones de ferrocaril de 45 centímetros, basados en los cañones espaciales marcianos, fueron diseñados para bombardear marcianos a decenas de miles de metros de distancia. La pólvora sin humo se volvió común, igualando la ventaja marciana de disparar sin ser vistos. Los rifles de repetición se volvieron más baratos y útiles, reemplazando los rifles de disparo único de los ejércitos del Concordato. Las máscaras de gas se volvieron habituales, y con las mejoras marcianas el humo negro que tan devastador fue al principio de la guerra ahora solo era útil como pantalla de humo. Se hicieron experimentos con los Ironclad terrestres, pero no verían un uso extensivo hasta el final de la guerra.

La sociedad humana fue cambiada irrevocablemente por la guerra. Aunque resentimiento, que a veces se manifestaba violentamente, la mayoría de la gente puso su fé en los gobiernos y especialemente en sus ejércitos. ¿Acaso sus valientes soldados no lo habían sacrificado todo para mantener libre a la humanidad? Tras las derrotas marcianas de 1865, por primera vez los humanos creyeron que tenían una oportunidad de ganar la guerra. La gente se acostumbró a la guerra total, y a pesar de que anhelaban los antiguos y prósperops días estaban dispuestos a dar todo lo que pudieran por la victoria. Cuando los gobiernos de todo el mundo hicieron una llamada a las armas para la Gran Contraofensiva, millones se unieron.

La Gran Contraofensiva empezó el primero de Junio de 1866 a las 9:05 AM, tiempo central europeo, con un bombardeo continuo de doce horas seguidas. En el norte de Virgina, donde la artillería era menos común, el ataque empezó cuando los soldados del Concordato hicieron volar decenas de toneladas de explosivos en una mina que tomó un mes, justo debajo de una fortaleza marciana. El bombardeo fue seguido por un asalto masivo de infantería; a lo largo de los ríos más importantes, la Gran Contraofensiva contaba con la mayor fuerza anfibia de la historia humana, un rasgo que no sería repetido hasta la guerra del Tercer Concordato.

Las líneas marcianas colapsaron casi inmediatamente con el asalto de la infantería. En casi todos los casos, las tropas marcianas que no fueron inmediatamente destruidas por el bombardeo fueron reubicadas para devolver el frente a un lugar más seguro, y fueron incapaces de contraatacar antes de que el Concordato hubiera tomado las líneas defensivas marcianas. El pánico entre los comandates marcianos resultó en retiradas generales, que a su vez se convirtieron en colapsos cuando se supo del avance humano. Los marcianos no esperaban encontrarse con un ataque tan coordinado y el pánico se extendió entre los altos mandos. Algunos sugirieron un contraataque inmediato, mientras que otros querían retirarse a otra posición más defendible. Esas peleas retrasaron la habilidad marciana para responder a la Gran Contraofensiva, dando a los humanos aún más territorio. En Francia y los Estados Unidos ocupados, los grupos de resistencia que estaban en contacto con el Concordato lanzaron un alzamiento masivo poco después de la Gran Contraofensiva, aumentando aún más la confusión. Las muerzas marcianas se desplazaban sin ton ni son entre los campos de batalla mientras los comandantes se debatían sobre dónde sería mejor ubicarlas.

Para finales de Junio, los marcianos consiguieron reagruparse lo suficiente para luchar contra las fuerzas del Concordato, pero ya habían avanzado una media de 70 kilómetros en un territorio que había sido marciano por casi cinco años. Sólo en china, dónde los cañones eran mucho más difíciles de hacer, falló la Gran Contraofensiva, pero los japoneses tuvieron éxito en desembarcar y liberar gran parte de la península coreana. Las leyendas de experimentación con humanos y matanzas masivas se contaban y extendían por los rangos del Concordato. Varios centros de reparación marcianos y armerías fueron capturadas casi intactas junto con las increíbles máquinas que fueron llevadas a estudio. Cientos de miles de soldados marcianos fueron capturados y llevados a territorio del Concordato para su encarcelamiento. Aunque la guerra estaba lejos de acabar, estaba claro para todos que la Gran Contraofensiva fue una gloriosa victoria para el Concordato. La posición marciana en la Tierra estaba degenerando rápido. La victoria estaba a la vista.

La liberación de Europa occidental[]

Europa occidental fue, desde el principio de la guerra, su punto focal. La caída de las líneas marcianas en el oeste fue el principio del fin para Marte, pero los marcianos aún no habían sido derrotados. Ahora el Concordato tenía la farragosa tarea de destruir lo que quedaba de resistencia marciana en Europa.

Las tropas del Concordato al principio se mostraban optimistas sobre liberar al final a sus compatriotas; el autoproclamado Ejército Libre Francés dirigió la carga durante la Gran Contraofensiva y el gobierno humano de Francia demandaba la devolución de su país. Los soldados del Concordato esperaban enlazar con movimientos de resistencia locales y tenían fantasías en las que marchaban por París victoriosos. La verdad sobre la liberación de Francia fue muy diferente a como se imaginaba.

El Concordato tuvo que luchar contra la pesadilla logística de alimentar a millones de civiles; los marcianos, frustrados por su continua resistencia, quemaron sistemáticamente las granjas y anegaron los canales con hierba roja. Algunos tuvieron que degradarse a comer hierba roja o los cuerpos de las tropas marcianas para hacer desaparecer al hambre, a pesar del hecho de que las formas de vida marcianas no pueden ser digeridas por los humanos. Mientras los ejércitos del Concordato avanzaban por Francia se encontraron con masas de civiles hambrientes, algunos de los cuales reaccionaron violentamente cuando se les pidió que esperaran por comida. Alimentar a los civiles limitaba las capacidades logísitcias del Concordato y obligó a sus fuerzas a detenerse.

Los soldados del Concordato también vieron el horror producido por cuatro años de brutal ocupación. Cuando las fuerzas del Concordato se acercaban a cualquier centro de población sustancial, se encontraban partes de cuerpos colgando de los árboles, ubicados ahí por los marcianos y la propia resistencia para advertir a sus enemigos. Los humanos tenían que luchar frecuentemente con milicias lunáticas, que creían que las tropas del Concordato eran colaboradores con los marcianos. Otros creían que los gobiernos humanos habían abandonado a Francia a su suerte y se negaban a obeder cualquier autoridad que no fuera la francesa. Prácticamente todos los ejércitos del Concordat tuvieron que luchar contra compatriotas humanos en una capacidad u otra, destruyendo la idea de que luchaban por toda la humanidad.

A pesar de todo, la resistencia maciana caía con el avance humano. En Iberia, que estaba fuertemente disputada entre el Concordato y los marcianos, los humanos lanzaron otra ofensiva que expulsó a los marcianos al otro lado de los Pirineos. Para Septiembre de 1866, la propia París fue liberada, y el gobierno colaboracionista francés fue abolido y reemplazado por la Tercera República. La princesa Séptima y sus partidarios fueron ejecutados públicamente en una guillotina especial diseñada para cortar las cabezas de los marcianos pelágicos. Con la caída de París, las tropas marcianas en Europa occidental se rindieron. La victoria les dio a los humanos un tesoro aún mayor de maquinaria marciana, incluyendo aeroplanos experimentales.

Sin embargo, el problema de la Gran Bretaña ocupada persistía. El general Isidora se retiró a Gran Bretaña y se temía que las fuerzas marcianas en las islas serían usadas en una contraofensiva. Los británicos pidieron la liberación de sus islas antes de que llegara una tercera ola marciana. De hecho, la liberación de las islas británicas fue una condición para su entrada al Concordato. El almirantazgo de la Royal Navy se pasó toda la guerra planeando la liberación de las islas británicas y el Concordato seguía en contacto con resistencia británica hasta 1865, cuando se callaron las comunicaciones. Un esfuerzo de evacuación gradual tuvo éxito en llevar a más de un millón de civiles a Canadá o la India. Ahora que el continente ha sido liberado, es hora de tomar Gran Bretaña. En Noviembre de 1866, justo cuando Marte se aproximaba a la Tierra, los primeros buques del Concordato tomaron tierra en las costas de Dover.

Los humanos se encontraron con un paisaje que era prácticamente alien. Aunque vieron devastación por doquier en Francia, eso no era nada comparada con lo que vieron en Gran Bretaña. La hierba roja cubría casi todo, suplantando o haciendo mutar a la flora terrestre. Colonias de hongos, que después provaron ser de origen venusiano, crecían en otras áreas, a veces liberando esporas tóxicas o pequeñas y venenosas criaturas que atacaban a las tropas del Concordato cuando dormían. Ciudades enteras yacían abandonadas, con los edificios cubiertos por hierba roja. El Concordato aún encontró algunas bases militares marcianas operativas, con cañones espaciales y fábricas. Las fuerzas del Concordato no vieron seres humanos vivos hasta días después del primer desembarco, y ellos también estaban famélicos.

La resistencia marciana fue particularmente feroz, y los marcianos tenían la ventaja de estar más familiarizados con el nuevo paisaje británico que los invasores humanos. El último enfrentamiento del teatro de Europa occidental fue la batalla de Londres en Enero de 1867. Los británicos estaban determinados a recuperar su capital, y dado que la ciudad estaba cerca de los puntos de aterrizaje iniciales fue usada como base de operaciones. Anticipando un ataque, los marcianos cavaron trincheras en anillos concéntricos alrededor de la ciudad, pero los marcianos ya se encontraban al límite de su capacidad logística. El Concordato bombardeó la ciudad durante dos días seguidos antes de lanzar un ataque que diezmó a los restos marcianos. El general Isidora fue capturado en combate y fue obligado a rendirse al Concordato a punta de pistola. Las noticias de la derrota ayudaron a la reina Aurelia a retomar el poder en Marte y a firmar un arminsticio definitivo con la humanidad.

El imperio marciano se tambalea[]

El imperio marciano de mediados del siglo XIX era una institución inestable. La Guerra Cosúm les dío a los venusianos nativos más autonomía en el imperio; a pesar de que Marte seguía controlando sus asuntos internos y todo el planeta seguía siendo el dominio de la reina Aurelia, los cabecillas de Venus recibieron autonomía local casi completa. Sin embargo, la situación estaba lejos de ser estable. Los venusianos idealistas, educados en las universidades marcianas, se preguntaban por qué Venus necesitaba la protección de Marte y reclamaban la independencia total. La conquista de las lunas jovianas, el golpe militar y la invasión de la Tierra hicieron que muchos venusianos se preguntaran si sus derechos ganados en la Guerra Cosúm serían eliminados por el nuevo régimen militar. Protestas masivas empezaron en 1863 cuando el gobierno marciano empezó a levar venusianos para luchar en la Tierra, las protestas se convirtieron en motines esporádicos en 1864. Para 1866, cuando era obvio que los marcianos estaban perdiendo la guerra en la Tierra, los grupos pro-independencia venusianos organizaron un alzamiento masivo que expulsó a los marcianos temporalmente. Temiendo una segunda Guerra Cosúm, el gobierno marciano desvió tropas que en otro caso habrían sido utilizadas en la Tierra para detener la rebelión.

Mientras tanto, en las lunas jovianas, el gobierno marciano estableció el gobierno títere de Sasúm. Las lunas jovianas eran la morada de los morgors, o hombres esqueleto, una civilización avanzada cuya tecnología rivalizaba, y en algunos casos superaba, a la marciana. Fueron los morgors quienes descubrieron y perfeccionaron el viaje con cavorita, siglos antes que Tesla. Sin embargo, la civilización joviana estaba desunida en un un grupo de tambalenates ciudades estado tras una apoláctipica guerra civil, y fracasaron en cooperar los unos con los otros durante la invasión marciana. Los jovianos odiaban a los marcianos y hasta los colaboradores trataron de impedir los intentos marcianos para anexar las lunas. Con cada vez más y más guarniciones marcianas siendo enviadas la Tierra, las organizaciones terroristas jovianas vieron una oportunidad para atacar, bombardeando diversas instalaciones militares marcianas durante 1865 y 1866. Una princesa marciana fue capturada y tortuda, con las imágenes de la tortura siendo enviadas al palacio imperial. Los marcianos respondieron violentamente, quemando ciudades jovianas enteras y matando civiles en público.

El descontento se extendió al propio Marte. La Guerra Jasúm era increíblemente impopular entre los sectores marcianos. Durante gran parte de la guerra, esta protesta solo se hizo evidente entre los intelectuales: pfifltriggi y marcianos pelágicos universitarios. Ésto cambió en 1866 cuando se filtraron noticias de que los hrossa, la clase servil tradicional de Marte, iban a ser levados en masa para luchar en la Tierra. Aunque los hrossa siempre habían odiado a sus señores marcianos, se contentaban de tener la seguridad de que nunca serían enviados a la guerra, ya que esa era la responsabilidad de los marcianos telúricos. Una violación de ese contrato social era inaceptable. Los trabajadores hrossa organizaron huelgas masivas, parando la industria marciana. Sorprendentemente, los industrialistas marcianos se alinearon con sus trabajadores, pidiendo que el gobierno terminara la guerra, o al menos asegurara a los hrossa que nunca serían reclutados para que pudieran volver al trabajo. Además, los séroni, una especie marciana marginal, se unió a la revuelta y empezaron a pedir la caída del gobierno militar. Enfrentándose a la oposición de sectores masivos de la sociedad marciana, algunos de los militaristas no pudieron más y desertaron, dejando solo a los más extremistas en el poder. Insistían en que Marte nunca se rendiría ante la Tierra, causando aún más descontento. La puerta estaba abierta para la revolución de Febrero.

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